Tomó la tarea de ofrecer sus servicios
como médico y psicoterapeuta.
No era nada fácil cumplir sus propósitos.
Vivió esos dos años y medio como el
prisionero 119 104. Comiendo solo
un plato de caldo aguado y una pequeña
ración de pan. Trabajando largas jornadas
en climas extremosos – fríos de 20
° bajo cero- y todas las carencias
imaginables. Presenciando atrocidades,
enfermedades y muertes día tras día.
Frankl se apoyó en varios aspectos
para lograr sobrevivir:
La experiencia del amor: El amor que
sentía por su familia y por su esposa
le daban la fuerza para continuar
luchando. Así, escribiría después,
“el amor es la meta más elevada y
esencial a la que puede aspirar el
ser humano…la plenitud de la vida
humana está en el amor y se realiza
a través de él”.
La vivencia de la naturaleza –esperaba
con ansia el momento del atardecer
en el bosque bávaro- ya eso daba sentido
a su día.
La experiencia del arte –se reunían
en los pocos ratos libres a recitar
poesías, a cantar o recordar obras
de teatro.
El sentido del humor fue también un
elemento importante para la supervivencia:
contaban chistes y se reían de la
alegría que les daba oir las sirenas
que anunciaban bombardeos, ya que
éso les autorizaba a interrumpir el
pesado trabajo.
El sentido del pasado: no para quedarse
en él sino para poder soportar la
pobreza espiritual del aquí y del
ahora, enriqueciéndolo con vivencias
anteriores.
La vivencia de la espiritualidad:
Oraba cotidianamente y en la barraca,
cuando era posible, rezaban en grupo
y cantaban los salmos en hebreo. Para
Frankl, la oración es un diálogo íntimo
con el más íntimo de los amigos.
Y por último, la soledad –esos breves
momentos en que podía recuperar algo
de su intimidad y privacía-.
Después de 25 meses en Terezín, aun
habría de conocer los campos de Auschwitz-Birkenau
en Polonia y de Turkheim en Alemania,
hasta el 27 de abril de 1945, día
de su liberación.
Después
de la liberación "No
podíamos creer que fuera verdad. ¡Cuántas
veces, en los pasados años, nos habían
engañado los sueños! Habíamos soñado
con que llegaba el día de la liberación
(...). Y entonces un silbato traspasaba
nuestros oídos -la señal de levantarnos-
y todos nuestros sueños se venían
abajo. Y ahora el sueño se había hecho
realidad. ¿Pero podíamos creer de
verdad en él?" (PG. 90).
"Un día, poco después de nuestra liberación,
yo paseaba por la campiña florida,
camino del pueblo más próximo. Las
alondras se elevaban hasta el cielo
y yo podía oír sus gozosos cantos;
no había nada más que la tierra y
el cielo y el júbilo de las alondras,
y la libertad del espacio. Me detuve,
miré en derredor, después al cielo,
y finalmente caí de rodillas. En aquel
momento yo sabia muy poco de mí o
del mundo, sólo tenía en la cabeza
una frase, siempre la misma: 'Desde
mi estrecha prisión llamé a mi Señor
y él me contestó desde el espacio
en libertad'.
No recuerdo cuanto tiempo permanecí
allí, de rodillas, repitiendo una
y otra vez mi jaculatoria. Pero yo
sé que aquel día, en aquel momento,
mi vida empezó otra vez. Fui avanzando,
paso a paso, hasta volverme de nuevo
un ser humano
La madre de Víktor murió en la cámara
de gas de Auschwitz, el hermano en
una mina de carbón del mismo campo,
mientras que el padre había muerto
tiempo atrás en el campo de Therezin.
Su esposa embarazada, es enviada a
abortar por los nazis que no permitían
en el campo, mujeres embarazadas.
Frankl asegura que para vivir, el
hombre necesita algo que merezca la
pena ser vivido, y ese significado
tiene el valor de la supervivencia
en el mundo; como sobreviviente de
cuatro campos de concentración en
donde perdió a su familia, padres,
esposa e hijo no nacido, nos da su
testimonio: "Dios sabe que no me encontraba
en el mejor estado de ánimo para dar
explicaciones psicológicas ni para
tener una sesión psicoterapéutica,
ni tampoco para cura médica espiritual.
Tenía frío y hambre, me sentía débil
y nervioso, pero debía esforzarme
y aprovechar aquella excepcional oportunidad....
Hablé del pasado, de las alegrías
y de las luces que aún emanaban de
él y la oscuridad de nuestros días.
Cité al poeta que dice que lo que
has vivido ningún poder del mundo
puede quitártelo. Lo que hayamos realizado
en la plenitud de nuestra vida pasada,
con toda la riqueza de la experiencia,
nadie puede quitártelo. Pero, no sólo
lo que hayamos vivido sino también
lo que hayamos hecho, pasado y sufrido....
Todo lo hemos salvado haciéndolo real
de una vez y para siempre. Y precisamente
por ser pasado, se encuentra a salvo
para la eternidad. Porque ser pasado
es una manera de ser, quizás la más
segura. Les dije que hay muchas posibilidades
de dar significado a la vida; en el
trabajo, en el amor, en el dolor.
Hasta en el sacrificio la vida adquiere
un significado y valor incalculables...
Con gran esfuerzo traté de infundir
en mis compañeros un hilo de esperanza
y fe en una vida significativa. Pronto
supe que mi esfuerzo había logrado
el fin deseado: casi al mismo tiempo
se encendió la luz y vi las míseras
figuras de mis compañeros que se me
acercaban tropezando con los ojos
llenos de lágrimas, para darme las
gracias..."
Continúa...
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