Seguidamente me referí a las muchas
oportunidades existentes para darle
un sentido a la vida. Hablé a mis
camaradas (que yacían inmóviles, si
bien de vez en cuando se oía algún
suspiro) de que la vida humana no
cesa nunca, bajo ninguna circunstancia,
y de que este infinito significado
de la vida comprende también el sufrimiento
y la agonía, las privaciones y la
muerte. Pedía a aquellas pobres criaturas
que me escuchaban atentamente en la
oscuridad del barracón que hicieran
cara a lo serio de nuestra situación.
No tenían que perder las esperanzas,
antes bien debían conservar el valor
en la certeza de que nuestra lucha
desesperada no perdería su dignidad
ni su sentido. Les aseguré que en
las horas difíciles siempre había
alguien que nos observaba -un amigo,
una esposa, alguien que estuviera
vivo o muerto, o un Dios- y que sin
duda no querría que le decepcionáramos,
antes bien, esperaba que sufriéramos
con orgullo -y no miserablemente-
y que supiéramos morir. (...). Mis
palabras tenían como objetivo dotar
a nuestra vida de un significado,
allí y entonces, precisamente en aquel
barracón y aquella situación, prácticamente
desesperada. Pude comprobar que había
logrado mi propósito, pues cuando
se encendieron de nuevo las luces,
las miserables figuras de mis camaradas
se acercaron renqueantes hacia mí
para darme las gracias, con lágrimas
en los ojos. Sin embargo, es preciso
que confiese aquí que sólo muy raras
veces hallé en mi interior fuerzas
para establecer este tipo de contacto
con mis compañeros de sufrimientos
y que, seguramente, perdí muchas oportunidades
de hacerlo." (PG. 82-84).
Después
de la liberación "No
podíamos creer que fuera verdad. ¡Cuántas
veces, en los pasados años, nos habían
engañado los sueños! Habíamos soñado
con que llegaba el día de la liberación
(...). Y entonces un silbato traspasaba
nuestros oídos -la señal de levantarnos-
y todos nuestros sueños se venían
abajo. Y ahora el sueño se había hecho
realidad. ¿Pero podíamos creer de
verdad en él?” (PG. 90).
"Un día, poco después de nuestra liberación,
yo paseaba por la campiña florida,
camino del pueblo más próximo. Las
alondras se elevaban hasta el cielo
y yo podía oír sus gozosos cantos;
no había nada más que la tierra y
el cielo y el júbilo de las alondras,
y la libertad del espacio. Me detuve,
miré en derredor, después al cielo,
y finalmente caí de rodillas. En aquel
momento yo sabia muy poco de mí o
del mundo, sólo tenía en la cabeza
una frase, siempre la misma: 'Desde
mi estrecha prisión llamé a mi Señor
y él me contestó desde el espacio
en libertad'.
No recuerdo cuanto tiempo permanecí
allí, de rodillas, repitiendo una
y otra vez mi jaculatoria. Pero yo
sé que aquel día, en aquel momento,
mi vida empezó otra vez. Fui avanzando,
paso a paso, hasta volverme de nuevo
un ser humano." (PG. 91). ( M.A. Noblejas.
1994 ".Tesis Doctoral. Educación.
Univ. Complutense de Madrid.)
La madre de Víktor murió en la cámara
de gas de Auschwitz, el hermano en
una mina de carbón del mismo campo,
mientras que el padre había muerto
tiempo atrás en el campo de Therezin.
Su esposa embarazada, es enviada a
abortar por los nazis que no permitían
en el campo, mujeres embarazadas.
Frankl asegura que para vivir, el
hombre necesita algo que merezca la
pena ser vivido, y ese significado
tiene el valor de la supervivencia
en el mundo; como sobreviviente de
cuatro campos de concentración en
donde perdió a su familia, padres,
esposa e hijo no nacido, nos da su
testimonio: “Dios sabe que no me encontraba
en el mejor estado de ánimo para dar
explicaciones psicológicas ni para
tener una sesión psicoterapéutica,
ni tampoco para cura médica espiritual.
Tenía frío y hambre, me sentía débil
y nervioso, pero debía esforzarme
y aprovechar aquella excepcional oportunidad....
Hablé del pasado, de las alegrías
y de las luces que aún emanaban de
él y la oscuridad de nuestros días.
Cité al poeta que dice que lo que
has vivido ningún poder del mundo
puede quitártelo. Lo que hayamos realizado
en la plenitud de nuestra vida pasada,
con toda la riqueza de la experiencia,
nadie puede quitártelo. Pero, no sólo
lo que hayamos vivido sino también
lo que hayamos hecho, pasado y sufrido....
Todo lo hemos salvado haciéndolo real
de una vez y para siempre. Y precisamente
por ser pasado, se encuentra a salvo
para la eternidad. Porque ser pasado
es una manera de ser, quizás la más
segura. Les dije que hay muchas posibilidades
de dar significado a la vida; en el
trabajo, en el amor, en el dolor.
Hasta en el sacrificio la vida adquiere
un significado y valor incalculables...
Con gran esfuerzo traté de infundir
en mis compañeros un hilo de esperanza
y fe en una vida significativa. Pronto
supe que mi esfuerzo había logrado
el fin deseado: casi al mismo tiempo
se encendió la luz y vi las míseras
figuras de mis compañeros que se me
acercaban tropezando con los ojos
llenos de lágrimas, para darme las
gracias...”
Se prometió a sí mismo que no se quitaría
la vida como muchos de sus compañeros.
Se propuso aprender algo de aquél
terrible lugar para después ponerlo
al servicio de la humanidad.
Continúa...
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