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Sentido de Vida en Jóvenes Unversitarios. Universidad Iberoamericana. Un estudio descriptivo

Primera parte

Estamos viviendo en un período de transición en el que los antiguos valores están vacíos para muchas personas y las costumbres tradicionales han perdido habilidad. Es un momento en que la persona encuentra una enorme dificultad para encontrarse a sí misma en su mundo, que resulta difícil de superar.

Uno de los mayores problemas del ser humano a fines del Siglo XX, es encontrarse carente de significado. Es un momento en que la tecnología se ha desarrollado enormemente, como nunca en la historia del hombre, y que lo empequeñece; pero al mismo tiempo es una época de angustia o de aburrimiento. Algunos autores han hablado de esta época como la era de oro y de la angustia. Se vive una fuerte “crisis de identidad o pérdida del sentido de significación”. Algunas personas han estado hablando de que, aun cuando supieran quiénes eran, no importarían como individuos.

Camus (1956 y 1979) y muchos otros, ha señalado que para mucha gente el sentido de ser un tornillo en el engranaje es muy amenazante. Para muchos “rebeldes” lo que los ha llevado a sublevarse, es la necesidad que tienen de obligar a las autoridades o sistemas impersonales a mirarlos y reconocerlos
para admitir que existen y que tienen poder.

May (1990) habla de una sensación de insignificancia. Cuando viven este sentimiento, sufren un debilitamiento paulatino de su sentido de responsabilidad humana ¿Por qué cargarse de responsabilidades si lo que uno hace no cuenta realmente para nada y, de todos modos hay que estar con los nervios de punta para huir? Existe una fuerte impotencia ante las heridas. No obstante, el ser humano nunca renuncia fácilmente o a la ligera, a su impotencia. La ansiedad fuerte lleva a la apatía. Ésta, a su vez, a un odio creciente que desemboca en un mayor aislamiento de la persona respecto de su prójimo. Un aislamiento que finalmente aumenta el sentimiento de insignificancia y desamparo del individuo.

Más adelante, dice May (op. Cit), la suspicacia y la enemistad hacia el vecino se tornan aceptables y “morales”, demanera que causaría verdadero horror en tiempos normales. Es la desintegración del sentimiento de significación como individuo que tiene el hombre y, en consecuencia, la pérdida de su capacidad para tomar decisiones y asumir responsabilidades individuales.

Cuando el individuo pierde su significación, aparece una sensación de apatía como expresión de su estado de enamoramiento de la conciencia y obviamente existe un fuerte peligro de que se desplace en dirección al hombre que espera que las drogas lo hagan sentirse más cómodo y que las máquinasno sólo satisfagan todas sus necesidades, sino quebajo la forma de mecanismos psicoanalíticos lo hagan feliz y capaz de amar.

El demonio, dice May, no es la tecnología, sino el hecho de que se sucumba a la tentación de usarla como una manera de evitar la ansiedad, lo único que logrará es sentirse a la larga más ansioso, aislado y alineado, porque progresivamente lo va despojando de su conciencia, como una persona centrada y plena de significado. El empleo autodestructivo de la tecnología, consiste en utilizarla para llenar el vacío de nuestra propia conciencia disminuida. Por otro lado, el desafío que enfrenta el hombre moderno, es la posibilidad de ampliar y profundizar su propia conciencia para llenar el vacío creado por el fantástico crecimiento de su poder tecnológico.

La pérdida de la vivencia del significado de uno mismo, desemboca en el tipo de ansiedad que Paul Tillich (citado por May, op. Cit.) denominó, la ansiedad de falta de sentido. O lo que Kierkegaard califica de ansiedad “como el temor de la nada” (ibid). Existe una nueva neurosis propia de la segunda mitad del Siglo XX, a la que Frankl (1979) llama noogénica. Ésta puede formularse de diferentes maneras. Algunas de ellas son:

¿Cuál es el significado de mi vida? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Por qué vivimos? ¿Por qué nos ponen en este mundo? ¿Para qué vivimos? ¿De acuerdo con qué principios tenemos que vivir? Si tenemos que morir y nada es perdurable, ¿qué sentido tiene vivir?

León Tolstoy (1975), relata en su obra Mi confesión, el tormento que le causó reflexionar acerca de las cuestiones, y que estuvieron a punto de llevarlo al suicidio. Él comenta que las razones que tuvo fueron algunas de estas preguntas existenciales:

¿Cuál será el resultado de lo que estoy haciendo ahora y de lo que haré mañana? ¿Cuál será el resultado de toda mi vida? En otras palabras, ¿por qué vivir? ¿Por qué desear algo? ¿Por qué hacer algo? Aún más sencillo: ¿Hay algún significado en mi vida que no destruya la muerte que me está esperando?

Mucha gente ha muerto porque no consideraba que valía la pena vivir. De aquí que la cuestión del significado de la vida es la más urgente de todas. Jung, en su obra Practice of psychotherapy (1966), decía que la carencia de un sentido vital inhibía la plenitud de la vida y, por tanto, “era un equivalente a la enfermedad”. Más aún, escribió que la “carencia de un significado vital desempeña un papel crucial en el desarrollo de la neurosis”. Hegel, citado por Jaffe en su obra Myth of Meaning (1962, p. 145), dice: Sin el mundo, Dios no es ningún Dios... Dios es Dios, en la medida en que se conoce a sí mismo, y este conocimiento de sí mismo es su conciencia a través del hombre y del conocimiento que éste tiene de Dios. Thomas Man (citado también por Jaffe en la obra mencionada,p. 140), expresa lo siguiente: Con la generación de la vida a partir de la materia inorgánica, la finalidad última era la creación del hombre. Con él se inició un gran experimento cuyo fracaso hubiera sido el fracaso de la creación misma...Independientemente de si es cierto o no, al hombre le conviene actuar como si lo fuese. 

Teilhard de Chardin, en su obra El fenómeno humano (1974), sugiere la existencia de una coherencia cósmica en su ley de “complicación controlada”, y dice que la vida es una sola unidad; que todo el mundo viviente es un organismo gigantesco que, mediante unas directrices predestinadas, entra en proceso evolutivo. De este modo, toda evolución constituye un proceso ortogenético, y es así como los factores internos de un organismo en desarrollo determinan el resultado final del proceso evolutivo cósmico, proceso encaminado a llevar al ser humano a un estado absoluto de amor y unión espiritual.

Según el autor, cada individuo, al desempeñar un papel en esta empresa compartida, obtiene un sentido de su significado personal. Añade: Aunque sólo una pequeña fracción de aquellos que tratan de escalar las alturas de la realización humana llegan cerca de la cima, es imperioso que haya muchos escalando. De lo contrario, es posible que nadie llegue a la cima. Las multitudes de seres anónimos y olvidados no habrán vivido en vano, con la condición de que hayan hecho el esfuerzo de escalar. De esta manera se llega a una entrada común y compartida hacia el reino sobrehumano. Las puertas del futuro sólo admitirán una avanzada de todos juntos, en una dirección que puedan tomar en conjunto, para lograr la renovación espiritual de la tierra. 

Asimismo, Jung, en su obra Memories, Dreams, Reflexions (1961), dice que en nuestro siglo se creó un fuerte compromiso religioso, y él pensaba que nadie puede curarse o encontrar un sentido vital sin recuperar sus creencias religiosas, ya que el propósito de la vida personal era completar la labor de Dios en lo relativo a la creación.

Frankl (1969), en su obra The will of meaning, comentó que el 20% de las neurosis que encontró en su práctica clínica, tenía un origen noogénico, esto quiere decir que se derivan de que carecían de un sentido vital. Agrega el autor que las crisis de falta de sentido vital, que aún no han configurado una neurosis, son todavía más comunes y que abarcan a la mitad de sus pacientes en un hospital de Viena. Más aún, dice Frankl, la falta de sentido vital es: la tensión existencial fundamental. Para él, la neurosis existencial es equivalente a la crisis de falta de sentido vital.

Salvador Maddi (1970, p. 137), en su artículo “The Mith of Meaning in the works”, dice que la enfermedad existencial proviene de un fracaso generalizado en la tarea de encontrar un sentido vital. En otro lugar, este autor indica que la “neurosis existencial” es aquella en la cual el componente cognoscitivo es “la carencia de un sentido vital o la incapacidad crónica para creer en la veracidad, importancia, utilidad o valor, de cualquiera de las cosas a las que uno se dedica o podría dedicarse” (cfr. también: Maddi, 1967). Benjamin Wolman (1975, p. 50), en su artículo “Principles of International Psychotherapy”, define así a la neurosis existencial: Es el fracaso para encontrar un significado en la vida, el sentimiento de que uno no tiene ninguna razón para vivir, para luchar, para esperar... de que uno es incapaz para encontrar una meta o una directriz en la vida, el sentimiento de que, aunque los individuos se esfuercen mucho en su trabajo, en realidad no tienen ninguna aspiración”. N. Hobbs (1962, p. 742) en su artículo publicado en American Psychologist, dice: “La cultura contemporánea produce con frecuencia un tipo de neurosis diferente de las que describió Freud. Si las neurosis de nuestros días ya no se caracterizan por la represión y la conversión... no es tanto por la falta de un conocimiento interno, sino más bien por la carencia de un propósito y de un significado para la vida”. 

La psicoterapia incluye también, en el fondo, la meta de la exploración resuelta de uno mismo. El terapeuta tiene que aceptar y examinar de entrada todas las preguntas fundamentales.

Por tanto, la cuestión del sentido, la más sorprendente e insoluble de todas, no puede negarse en la psicoterapia. Yalom (1984) habla acerca de las diferencias entre el “significado”y el “propósito”. Dice que tienen connotaciones diferentes, aunque en el uso convencional se suele emplear indistintamente ambos términos. Los define de la siguiente manera:

1° Significado: se refiere al sentido, a la coherencia. Es un término general para indicar lo que se desea expresar por medio de algo. La búsqueda de significado quiere decir búsqueda de coherencia. El ser humano necesita de un significado. El hecho de vivir sin él, sin metas, valores o ideales, parece provocarnos considerables trastornos. Más aún, en casos extremos, puede llevarnos a la decisión de poner fin a nuestra vida. Frankl señaló que dentro del campo de concentración, era muy poco probable que sobreviviera un individuo con poca noción de significado de su vida.

Aparentemente necesitamos principios absolutos e ideales fuertes que nos permitan aspirar, así como guías para configurar nuestras vidas. Según la teoría existencial, el mundo es contingente, es decir, que todo lo que es pudo haber sido de otra manera. Que los seres humanos constituyen su propio yo, su mundo y sus limitaciones dentro de ese mundo. Que no existe ningún significado universal, ni un gran diseño en el mundo, ni ninguna guía para vivir que no sean las que crean los individuos. Significado tiene connotación de “importancia” o “consecuencia”. Por tanto, está la pregunta siguiente: ¿Cómo puede un ser, que necesita un significado, encontrarlo en un mundo que no lo tiene?

2° Propósito: se refiere a la intención, la meta, la función.Cuando preguntamos ¿cuál es el propósito de algo?, estamos inquiriendo sobre su papel o función. ¿Qué cumple? ¿Cuál es su finalidad? Sentido de vida. El autor va a hablar acerca de dos aspectos del sentido de vida: El sentido terrenal y el sentido cósmico.

1) Sentido terrenal. Éste habla acerca de la pregunta sobre cuál es el significado de mi vida. Abarca un propósito: el que posee un sentido del significativo, vive la vida como algo que tiene un propósito o una función que cumplir, una meta fundamental a la cual se consagra el ser humano. Éste puede tener fundamentos completamente ajenos a toda religión, es decir, que se puede tener un sentido personal del significativo sin poseer un sistema de significados cósmicos.

2) Sentido cósmico. Es una indagación acerca de la vida en general o la vida humana en particular, encaja dentro de un patrón global y coherente. Implica que existe un diseño previo, externo y superior al individuo, que invariablemente se refiere a una ordenación mágica o espiritual del universo. El que posee este sentido, suele experimentar también un significado terrenal, esto es, que el propio sentido terrenal consiste en la realización o armonización con el significado cósmico; v. gr., una persona puede concebir la vida como una sinfonía en la cual se le asigna a cada vida la interpretación de uno de los instrumentos. Un individuo puede creer en el significado cósmico, pero ser incapaz, al mismo tiempo, de comprender su propio lugar en ese gran diseño. Asimismo, puede sentir que, debido a su conducta, ha perdido el derecho a ocupar su puesto en el plan cósmico. Sin embargo, sufremenos por la falta de sentido vital que por el sentimiento personal de culpa o de “haber caído”.

La tradición religiosa judeocristiana ha ofrecido un amplio esquema de significados, basados en el principio de que el mundo y la vida humana son parte del plan divino ya establecido. La justicia divina es un corolario de ese postulado: La vida que se vive en forma apropiada, tendrá una recompensa. El “significado de la vida” del ser individual, está ordenado por la divinidad: la tarea de todo ser humano es averiguar y cumplir la voluntad de Dios. Sin embargo, ¿cómo se puede saber cuál es esa voluntad? Existen varias posibles respuestas:

a) Un enfoque fundamentalista: Dios está contenido en la palabra sagrada, y la vida pura es aquella que se ciñe estrechamente a las escrituras.
b) Sólo es necesario tener fe. No sabemos nada con certeza, ya que sólo tenemos atisbos y conjeturas acerca de los significados de Dios. No podemos albergar la esperanza de conocer la mente de Dios.
c) En el S. Xvii, Pascal dijo: “La rama no puede aspirar a conocer el significado del árbol. El ser humano no puede albergar la esperanza de comprender en toda su plenitud, el significado de algo que existe más allá de su comprensión (Frankl, 1965).
d) Otra hipótesis acerca del sentido cósmico, es que la vida humana debe estar consagrada a la imitación de Dios. Él representa la perfección y el propósito de la vida es luchar por la perfección; así:

1) Aristóteles, por ejemplo, consideró que la perfección intelectual era la más elevada (con él toda la tradición racional que inició).
2) Maimónides, en su Guía de perplejos, definió las cuatro principales vías para lograr la perfección.

  1. La perfección de la posesión física: ésta la rechazó por ser imaginaria y perecedera.
  2. La perfección del cuerpo: también la rechazó porque no permite diferenciar al hombre del animal.
  3. La perfección moral: aunque le parecía digna de alabanza, la consideraba limitada por cuanto a los demás, en lugar de a la persona misma.
  4. La perfección racional: a ésta la considera como la “verdadera perfección humana”, ya que permite al ser humano convertirse en hombre. Esta perfección es la meta última, porque gracias a ella el hombre puede comprender a Dios.

e) Parece ser que el significado cósmico inherente a la concepción religiosa del mundo, permite numerosas interpretaciones del propósito de la vida individual, algunas de ellas son doctrinas u otras imaginarias. Así, Jung, citado Por Jaffe en su obra Mith of Meaning (p. 130), decía que nadie puede curarse o encontrar un sentido vital sin recuperar sus creencias religiosas... y que el propó- sito de la vida personal era completar la labor de Dios en lo relativo a la creación. Jung (1960) dice: “El hombre es indispensable para completar la creación. En realidad es el segundo creador del mundo, porque es el único que le ha dado a éste su existencia objetiva. Sin ella, sin que nadie la escuchara, sin que nadie le viera, comiendo en silencio, reproduciéndose, muriendo, inclinando la cabeza a lo largo de millones de años, se hubiera hundido ya en lo más profundo de la noche del no ser, hasta desaparecer”.

f) Frankl (1990) cita a Einstein (1950), quien dijo: “Ser religioso significa haber encontrado una respuesta a la pregunta de cuál es el sentido de la vida”. Asimismo, dice Wittgewnstein (1960), citado por Frankl (op. Cit.) “Creer en Dios es ver que la vida tiene sentido”

SEGUNDA PARTE

RESUMEN:

Se presentan los resultados de dos cuestionarios aplicados a 282 estudiantes de la Universidad Iberoamericana acerca del sentido de la vida que tienen y de sus dificultades noógenas o de sentido de vida a fin de conocer si han alcanzado un equilibrio crítico. Dentro de los principales resultados se encontró que las mujeres en contraste con los hombres, tienen un mayor significado en sus vidas, sensación de libertad y disposición a considerar que la vida merece la pena. Quienes asisten a tratamiento psicológico suelen encontrarle sentido a la muerte y tener menos ideas suicidas que quienes no han asistido a algún proceso psicoterapéutico.

Palabras clave: sentido de vida, significado, satisfacción por la propia vida, miedo a la muerte, libertad, neurosis noógena, universitarios, logoterapia, vacío existencial.

El cumplimiento del sentido de vida hace feliz a las personas. Cuando esté no sucede, se intenta conseguir el sentimiento de felicidad por medio de un rodeo, v. gr. substancias químicas, drogas, alcohol, etc. Cuando se busca la felicidad por la felicidad, se pierde, dado que el ser humano está siempre orientado a algo que no es el mismo (de manera egocéntrica). Lo que busca realmente NO es la felicidad en sí sino un fundamento para ser feliz.

En la actualidad uno de los principales problemas que provoca el vacío existencial, es la falta de sentido, especialmente en la juventud. Es importante, por tanto clasificar la información para tener un punto de partida que nos ayude a entender lo que significa esta “neurosis noógena”, que ha sido considerada como una de las que provocan con más fuerza la angustia existencial en esta segunda mitad del siglo XX. Maslow (1969) dice que está de acuerdo con Frankl en que las personas que buscan la autorrealización directamente, separada de una misión en la vida, de hecho no lo logran. Más aún, que la voluntad de sentido es lo que primariamente concierne al hombre.

Cuando se da una voluntad frustrada de sentido, entonces se compensa, ya sea por la búsqueda de placer (Freud) o por la voluntad de poder (Adler). La búsqueda del placer como fin no sólo se opone a la autotrascendencia, sino que obstruye el camino a la propia consecución del placer. Cuando más se busca el placer, tanto más se diluye .

Frankl (1988) dice que el ser humano no sólo tiene un propósito de significado, sino también un sentido personal de responsabilidad. La vida es un camino de apreciación y, por tanto, la persona debe responder, pero tiene quedar una solución propia. Para la logoterapia de Frankl, la responsabilidad sería la verdadera esencia de la existencia humana. se trata de una “educación para la responsabilidad”. Por esta razón la educación debería ocuparse no sólo de trasmitir conocimientos, sino también de refinar la conciencia para que el hombre sea capaz de escuchar en cada situación la exigencia que contiene. De acuerdo con esto, dice Frankl (op. Cit), que al parecer se ha perdido la vigencia de los diez mandamientos. Sin embargo, existen diez mil mandamientos que están comprendidos en las diez mil situaciones con que se enfrenta la vida.

Frankl, en su artículo “La autotrascendencia como fenómeno humano”, (1966, 97-107), dice:

El aburrimiento y la apatía son cada día mayores. Lo que he denominado Vacío Existencial puede señalarse como la neurosis masiva de nuestro tiempo”... “Lamentablemente, continúa, el Vacío existencial se refuerza en la vida académica actual, dado el reduccionismo predominante que prevalece en la misma”. El autor se ha ce las siguientes preguntas: ¿Cómo pueden los jóvenes hallar una vida que valga la pena ser vivida y que tenga sentido, si se les adoctrina de acuerdo al reduccionismo? ¿cómo pueden preocuparse por ideales y valores si se les interpreta como simples mecanismos de defensa? Agrega el autor. “Se puede asumir que una sólida filosofía de la vida es lo que necesita para superar el vacío existencial”.

En su libro Ante el vacío existencial (1979) Frankl habla del sufrimiento de la vida sin sentido. Dice que cada época tiene sus neurosis y que cada tiempo necesita su psicoterapia. Freud hablaba de una frustración existencial, el cual se observa a nivel mundial. Dice Frankl que el hombre ha perdido gran parte de sus instintos que lo guíen (como lo hace el oso al invernal), y al mismo tiempo los valores tradicionales han perdido su fuerza. De este modo ha desperdiciado muchas de las posibilidades de elección: no sabe lo que quiere y puede hacer. De aquí que en muchos casos quiere lo que quieren los demás (conformismo) o acata la voluntad ajena (totalitarismo).

Esta frustración existencial puede desembocar en una sintomatología neurótica y que entonces se llama neurosis noogénica o neurosis del vacío existencial. El hombre tiende “genuinamente” a descubrir un sentido en su vida y a llenarlo de contenido, a lo cual llama Frankl “voluntad de sentido”. Esta es una motivación que no se deduce ni deriva de otras necesidades. Frankl (1988) discrepa de Maslow, respecto a que la voluntad de sentido pertenece a las necesidades superiores, que sólo pueden cubrirse si las necesidades inferiores han sido satisfechas. Frankl sostiene, como resultado de sus investigaciones, que tanto personas que están en extrema pobreza como en la opulencia se preguntan por el sentido de su vida.

Frankl (1988) habla dentro de esta “sólida filosofía de la vida” de la necesidad que existe de vivir esta realidad a través de tres caminos que tiene que ser humano para lograrlo. Son los valores de creación, de experiencia y de actitud. Por medio de estos senderos el hombre puede encontrar y descubrir el “sentido de su vida”. De aquí surgen las propuestas fundamentales de la logoterapia.

  1. Aceptar que la búsqueda del sentido de mi vida es la expresión de mi impulso hacia el crecimiento, hacia la salud.
  2. Buscar mi autoconocimiento, la autoexploración de mí mismo con honestidad.
  3. Reconocer que soy un ser único e irrepetible. Que nadie ha nacido ni nacerá igual a mí. Que nadie hace lo que yo hago y vive como yo vivo, y lo que yo realizo es único.
  4. Aceptar la responsabilidad que tengo “yo-y-sólo-yo” sobre mi vida y de responderle a la vida sobre los retos que me plantea.
  5. Ejercer mi capacidad inevitable de elección, de libertad y hacerme cargo de las consecuencias de mis elecciones. Por tanto, la verdadera libertad es la capacidad de elección.
  6. Desarrollar mi capacidad de “dar” a los demás y al mundo. De ofrecer algo de mí a los demás.
  7. Desarrollar mi capacidad de “recibir” de los demás y del mundo. De abrirme a la experiencia.
  8. Ser capaz de “actuar” dignamente frente a las tragedias inevitables de la vida, esto es, la triada trágica: el sufrimiento, la culpa y la muerte.
  9. Trascenderme a mí mismo para encontrar lo mejor de mí en contacto verdadero con los demás y con el Misterio (se le puede llamar Dios, el Todo, etc.

Ante esta situación, Frankl hace una de las preguntas más difíciles de contestar: ¿cuál es el sentido de la vida? En las diversas conferencias que imparte (1986, 1987, 1988), se hace esta pregunta de distintas maneras. Sin embargo enfatiza dos aspectos muy importantes:

  1. Cada persona tiene que encontrar su propia respuesta. La respuesta del individuo sólo puede ser válida para sí mismo y respecto a un momento determinado de su vida, ya que el hombre y su situación están sujetos a un cambio constante y, de la misma manera, cambia el sentido que en cada caso se le exige consumar.
  2. El otro aspecto muy importante es que esa respuesta es la clave de la “angustia” de nuestro tiempo. Este es el problema fundamental de la logoterapia. Uno de los aspectos más importantes acerca del sentido de la vida es tener la capacidad de vivir especialmente con responsabilidad y libertad.

Antecedentes sobre el sentido de vida.

Estamos viviendo un periodo de transición en el que los antiguos valores están vacíos para muchas personas y las costumbres tradicionales han perdido viabilidad. Es un momento en que la persona encuentra una enorme dificultad para encontrarse a sí misma en su mundo, situación que le resulta difícil de superar.

Uno de los mayores problemas del ser humano de fines del siglo XX es encontrarse carente de significado. En un momento en que la tecnología se ha desarrollado enormemente, como nunca en la historia del hombre y que lo empequeñece; pero al mismo tiempo es una época como la de oro y de la angustia. Se vive una fuerte “crisis de identidad o pérdida del sentido de significación”. Algunas personas han estado hablando de que, aun cuando supieran quiénes son, no importarían como individuos.

May (1990) habla de una sensación de insignificancia. Cuando viven este sentimiento, sufren un debilitamiento paulatino de su sentido de responsabilidad humana. ¿ Por qué cargarse de responsabilidades si lo que uno hace no cuenta realmente par nada y, de todos modos hay que estar con los nervios de punta para huir ? Existe una fuerte impotencia ante las heridas. No obstante, el ser humano nunca renuncia fácilmente a su impotencia o a la ligera. La ansiedad fuerte lleva a la apatía. Esta, asu vez, a un odio creciente que desemboca en un mayor aislamiento de la persona respecto de su prójimo. Un aislamiento que finalmente aumenta el sentimiento de insignificancia y desamparo del individuo.

Cuando el individuo pierde su significación, aparece una sensación de apatía como expresión de su estado de enamoramiento de la conciencia. Obviamente existe un fuerte peligro de que el individuo se desplace en dirección al hombre que espera que las drogas lo hagan sentirse más cómodo y que las máquinas no sólo satisfagan todas sus necesidades, sino que bajo la forma de mecanismos psicoanalíticos lo hagan feliz y capaz de amar. La pérdida de la vivencia del significado de uno mismo, desemboca en el tipo de ansiedad que Paul Tillich (citado por May, op. Cit.) denominó la ansiedad de falta de sentido. O lo que Kierkegaard califica de ansiedad “como el temor de la nada” (ibid)

Existe una nueva neurosis propia de la segunda mitad del siglo XX, a la que Frankl (1979) llama n o o g é n i c a “. Esta puede formularse de diferentes maneras. Algunas de ellas son: ¿Cuál es el significado de mi vida? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Por qué vivimos? ¿Por qué nos ponen en este mundo? ¿Para qué vivimos? ¿De acuerdo con qué principios tenemos que vivir? Si tenemos que morir y nada es perdurable, ¿qué sentido tiene vivir?

León Tolstoy (1975) relata en su obra Mi confesión, el tormento que le causó el reflexionar acerca de las cuestiones, y que estuvieron a punto de llevarlo al suicidio. El comenta que las razones que tuvo fueron algunas de estas preguntas existenciales: ¿Cuál será el resultado de lo que estoy haciendo ahora y de lo que haré mañana? ¿Cual será el resultado de toda mi vida? En otras palabras, ¿Por qué vivir? ¿Por qué desear algo? ¿Por qué hacer algo? Aún más sencillo: ¿Hay algún significado en mi vida que no destruya la muerte que me está esperando? Mucha gente ha muerto porque no consideraba que valía la pena vivir. De aquí que la cuestión del significado de la vida es la más urgente de todas. Jung, en su obra Practice of psychotherapy (1966), decía que la carencia de un sentido de vital inhibía la plenitud de la vida y, por tanto, “era un equivalente a la enfermedad”. Más aún, escribió que la “carencia de un significado vital desempeña un papel crucial en el desarrollo de la neurosis”. Hegel, citado por Jaffe, en su obra Myth of Meaning, (1962, p. 145) dice: Sin el mundo, Dios no es ningún Dios... Dios es Dios, en la medida en que se conoce a sí mismo, y este conocimiento de sí mismo es su conciencia a través del hombre y del conocimiento que esté tiene de Dios. Thomas Man (citado también por Jaffe en la obra citada, p. 140), expresa lo siguiente: Con la generación de la vida a partir de la materia inorgánica, la finalidad última era la creación del hombre. Con él se inicio un gran experimento, cuyo fracaso hubiera sido el fracaso de la creación misma... Independientemente de si es cierto o no, al hombre le conviene actuar como si lo fuese.

Teilhard de Chardin, en su obra El fenómeno humano (1974) sugiere la existencia de una coherencia cósmica en su ley de “complicación controlada”, y dice que la vida es una sola unidad; que todo el mundo viviente es un organismo gigantesco que, mediante unas directrices predestinadas, entre el proceso evolutivo. De este modo, toda evolución constituye un proceso ortogenético y, así como los factores internos de un organismo en desarrollo determinan su resultado final del proceso evolutivo cósmico, proceso encaminado a llevar al ser humano a un estado absoluto de amor y unión espiritual.

Según el autor, cada individuo, al desempeñar un papel en esta empresa compartida, obtienen un sentido de su significado personal. Añade: Aunque sólo una pequeña fracción de aquellos que tratan de escalar las alturas de la realización humana llegan cerca de la cima, es imperioso que haya muchos escalando. De lo contrario, es posible que nadie llegue a la cima. Las multitudes de seres anónimos y olvidados no habrán vivido en vano, con la condición de que hayan hecho el esfuerzo de escalar. De esta manera se llega a una entrada común y compartida hacia el reino sobrehumano. Las puertas del futuro sólo admitirán una avanzada de todos juntos, en una dirección que puedan tomar todos en conjunto, para así lograr la renovación espiritual de la tierra.

Así mismo, Jung, en su obra Memories, Dreams, Reflexions (1961), dice que en nuestro siglo se creó un fuerte compromiso religioso, y él pensaba que nadie puede curarse o encontrar un sentido vital sin recuperar sus creencias religiosas, ya que el propósito de la vida personal era completar la labor de Dios en lo relativo a la creación. Frankl (1988) en su obra La voluntad de sentido, comenta que el 20% de las neurosis que encontró en su práctica clínica tenían un origen noogénico, esto quiere decir que se derivan de que carecían de un sentido vital. Agrega el autor que las crisis de falta de sentido vital que aún no han configurado una neurosis, son todavía más comunes y que abarcan a la mitad de sus pacientes en un hospital de Viena. Más aún, dice Frankl, la falta de sentido vital es LA tensión existencial fundamental. Para él, la neurosis existencial es equivalente a la crisis de falta de sentido vital.

Salvador Maddi (1970, p. 137) en su artículo “The Mith of Meaning in the works”, dice que la enfermedad existencial proviene de un fracaso generalizado en la tarea de encontrar un sentido vital. En otro lugar, este autor indica que la “neurosis existencial” es aquella en la cual el componente cognoscitivo es “la carencia de un sentido vital o la incapacidad crónica para creer en la veracidad, importancia, utilidad o valor de cualquiera de las cosas a las que uno se dedica o podría dedicarse” (cfr. también: Maddi, 1967).

Benjamin Wolman (1975, p. 50), en su artículo “Principles of International Psychotherapy.” define así a la neurosis existencial:

“Es el fracaso para encontrar un significado en la vida, el sentimiento de que uno
no tiene ninguna razón para vivir, para luchar, para esperar... de que uno es
incapaz para encontrar una meta o una directriz en la vida, el sentimiento de que,
aunque los individuos se esfuercen mucho en su trabajo, en realidad no tienen
ninguna aspiración”.

N. Hobbs (1962, p. 742) en su artículo publicado en American Psychologist, dice: “La cultura contemporánea produce con frecuencia un tipo de neurosis diferente de las que describió Freud. Si las neurosis de nuestros días ya no se caracterizan por la represión y la conversión... no es tanto por la falta de un conocimiento interno, sino más bien por la carencia de un propósito y de un significado para la vida”.
La psicoterapia incluye, también, en el fondo la meta de la exploración resuelta de uno mismo. El terapeuta tiene que aceptar y examinar de entrada todas las preguntas fundamentales. Por tanto, la cuestión del sentido, la más sorprendente e insoluble de todas, no puede negarse en la psicoterapia.

Para Yalow (1984) existen dos proposiciones aparentemente opuestas e igualmente ciertas, dice:

1) El ser humano necesita de un significado:
Cuando vivimos sin él, sin metas, valores o ideales, parece provocarnos trastornos considerables, que pueden culminar con el suicidio. Sin embargo, los individuos que se enfrentan a la muerte, como Frankl en el campo de concentración, pueden vivir mejor su vida, esto es, vivirla con plenitud y entusiasmo, si están dotados de un propósito.

2) El concepto de libertad nos dice que lo único absoluto verdadero es que no hay absoluto.
Según la teoría existencial el mundo es contingente, esto es, que todo lo que es pudo haber sido de otra manera. Que los seres humanos constituyen su propio yo, su mundo y sus situaciones dentro de ese mundo. Más aún, no existe ningún significado universal, ni un gran diseño en el mundo, ni una guía para vivir que no sean las que crean los individuos. En otras palabras: ¿”Como puede un ser que necesita un significado encontrarlo en un mundo que no lo tiene”?

Sartre (1974) expresa acerca de la filosofía de la vida: todo lo que existe ha nacido sin ninguna causa, se tambalea por el mundo y un día muere por accidente. Nuestro nacimiento, agrega el autor, no tiene sentido alguno ni tampoco lo tiene el hecho de morir. Su concepto de libertad deja al hombre sin ningún significado personal y sin guías de conducta. Sin embargo, el autor en otra de sus obras: Las moscas, concede un valor a la búsqueda de significados, llegando incluso a sugerir caminos de búsqueda: encontrar un hogar y una camaradería en el mundo, la acción, la libertad, la rebelión contra la opresión, el servicio a los demás, la autorrealización y el compromiso; sin embargo, por encima de todo, está el compromiso.

Yalom , (1984, pp. 506-507) comenta que en el mundo occidental, la tradición religiosa judeocristiana ha ofrecido un amplio esquema de significados, basados en el principio de que el mundo y la vida humana son parte de un plan divino ya establecido. La justicia divina es el corolario de ese postulado: si de vive la vida en forma apropiada, tendrá una recompensa. De aquí que “el significado de la vida” del ser individual está ordenado por la divinidad. La tarea de toda persona es “averiguar y cumplir la voluntad de Dios”. Frankl dice que el sentido de vida no se inventa, sino que se descubre. Por tanto, el logoterapeuta no puede indicar a la persona cuál puede ser su sentido de vida. Es por esto que en la presente investigación se pretende conocer el sentido de vida en jóvenes universitarios, las dificultades (neurosis noógenas) que tienen y su posición crítica al respecto. Se encontraron algunas variables socio demográficas.

METODO

Sujetos

Al analizar los determinantes de la población objeto de estudio (12,000 alumnos), se escogió a través de un muestreo no probabilístico por cuotas, de acuerdo alas diferentes divisiones de la universidad, un tamaño de muestra representativo del parámetro o población total con el fin de poder generalizar las inferencias de una muestra de 282 estudiantes de la UIA.

Instrumentos

Se utilizaron los siguientes cuestionarios de actitudes que las personas deben clasificar y puntuar de acuerdo con una escala de 7 puntos en cada uno de los ítems; la posición cuatro se considera “neutral” y se emplean distintos términos descriptivos para las posiciones 1y 7, a saber:

a) PIL (Purpose in life test)

Entre los años 1963-64 se ensayó una medición psicométrica a propósito de la “frustración existencial” en el Bradley Center de Columbia (Georgia, U. S. A.). Crumbaugh y Maholick desarrollaron y validaron este test, basado en los conceptos de Frankl. Aunque tiene tres partes, sólo se verificó científicamente la primera, que contiene 20 ítems con perfiles de polaridad (la segunda tiene 13 reactivos y la tercera es abierta) ( Cfr Crumbaugh y Maholick (1964). El planteamiento que proponía el test era tratar de encontrar las posibilidades que corresponden a la concreción de la voluntad de sentido. Para encontrar lo anterior, se interrogó a numerosas personas, ya que la sólo intuición no era suficiente.

El test tiene cinco aspectos:

  1. Significado de vida: tiene siete ítems (3, 4, 7, 12, 17, 20) se refieren explícitamente a un propósito o a una misión.
  2. Satisfacción por la propia vida: aburrida, rutinaria, excitante o dolorosa. Tiene seis ítems (1, 2, 5, 6, 9, 19).
  3. Libertad: tiene tres ítems (13, 14, 18).
  4. Miedo a la muerte: tiene un ítem (15)
  5. Explorar si la persona considera que su vida merece la pena: tiene un ítem (10).

Yalom (1984) sintetiza en cinco grandes puntos los hallazgos que se han logrado a través de la investigación de la prueba del PIL y son los siguientes:

  1. La carencia de un sentido vital se asocia con la psicopatología en un sentido lineal; esto es, a menor proporción de significado vital, mayor gravedad en los síntomas psicopatológicos.
  2. Un sentido positivo en el significado vital se asocia con creencias religiosas profundamente arraigadas.
  3. Un sentido positivo en el significado vital se asocia con los valores de trascendencia de uno mismo.
  4. Un sentido positivo en el significado vital se asocia con la pertenencia a grupos, con la consagración a causas y con la adopción de metas vitales claras.
  5. El significado vital debe contemplarse desde una perspectiva que permita apreciar su desarrollo: los tipos de significados vitales cambian a lo largo de la vida del individuo, ya que existen otras tareas que tienen que cumplirse antes de conseguir el desarrollo de los significados.

b) Logo- Test.

En Viena se elaboró el LOGO-TEST por Elisabeth Lukas entre los años 1963-64, cuyo proceso se encuentra descrito en Frankl (1988), junto con otros investigadores. La pregunta básica fue: ¿Cuáles son las posibilidades que corresponden a la concreción de la “voluntad de sentido” que son capaces de colmar la necesidad natural de sentido del hombre tal como lo postula la logoterapia?

Los autores pensaron que, dado que la problemática del sentido en una vida término medio normal, está más bien latente en la conciencia, y sólo toma cuerpo debido al estrés, a la frustración o al defecto extremo de tensión, durante la encuesta fue necesario atraerla directamente al plano consciente. Es un test abreviado para descubrir dificultades noógenas en el ámbito de la normalidad.

Se validó según dos criterios: la autovaloración de la persona referente a su propia orientación al sentido y un criterio interno o sea el psicograma de Rorschach de la persona. El test se estandarizó y posee una normación de cuartiles o bien de deciles. Su significado práctico reside en que le da la alarma cuando las dificultades noógenas ya han alcanzado una proporción crítica y podrían señalar el momento necesario de la intervención logoterapéutica.

c) DATOS GENERALES

En la primera hoja del formulario se les preguntaron datos generales: Sexo, edad, licenciatura, semestre que cursa, estado civil, ingresos mensuales familiares, si trabaja, con quien vive, se está asistiendo a algún tipo de psicoterapia y tipo de psicoterapia.

Procedimiento

Se llevó a cabo una amplia investigación bibliográfica acerca del tema. Básicamente se analizarán textos provenientes de la psicología y filosofía humanista existencial. Se realizo un estudio de campo de tipo ex post facto en población estudiantil universitaria. Aunque existen ya algunas investigaciones y, por tanto, ciertas hipótesis acerca del sentido de vida. A través del estudio se pretende lograr una nueva aproximación al fenómeno en esta población. Esto nos dará una base para la elaboración de posteriores hipótesis de trabajo. asimismo, será prospectivo porque se va a registrar la información conforme se vayan presentando los hechos.

Se solicito la colaboración voluntaria de los alumnos y se dio una breve explicación acerca de los objetivos de la investigación. Se utilizará la prueba psicológica del propósito de la vida, de James Crambaugh y Leonard Maholick. Este cuestionario llamado PIL o “prueba de los propósitos vitales”, consta de 20 ítems que la persona debe clasificar y puntuar de acuerdo a una escala de siete puntos. En cada uno de los ítems, la posición 4 se considera “neutral” y se emplean distintos términos descriptivos para las posiciones 1 y 7. Por ejemplo, el ítem 1 dice: “Generalmente me encuentro...” La posición 1 afirma: completamente aburrido; mientras que la 7 dice: exhuberantemente entusiasmado.

Y Logo test, que es otro cuestionario, consta de 2 partes: la primera con 9 reactivos de una escala del 1 al 7, y la segunda parte con 7 reactivos y 4 opciones de respuesta: Siempre, muy frecuentemente, pocas veces y nunca. Ambos cuestionarios son de autoaplicación y se les proporcionaban en los salones de clases en una sola sesión de 20 minutos aproximadamente.

Con los datos así obtenidos se efectuaron análisis estadísticos usando el paquete estadístico Stat View 512+ (1992), para llevar a cabo la descripción de la muestra e identificar diferencias entre los puntajes obtenidos en las dos aplicaciones de los instrumentos. Se hicieron diversos cortes de la población de estudio (estudiantes universitarios UIA), con variables sociodemográficas: sexo, edad, tipo de carrera, semestre que cursa, estado civil.

RESULTADOS

Los resultados que se exponen a continuación se refieren a la muestra obtenida (n= 282 sujetos) 159 de sexo masculino y 123 de sexo femenino. Con una media de edad X= 21.46. Del total de sujetos, 29 estudian primer semestre; 31 de segundo semestre; 47 de tercer semestre; 37 de cuarto semestre; 30 de quinto semestre; 28 están en sexto semestre; 30 en séptimo; 23 en octavo; 21 en noveno; 4 en décimo, y sólo 2 sujetos en undécimo semestre. Al preguntarnos su trabajan contestaron 70 sujetos que sí lo hacen y 207 no trabajan.

207 estudiantes viven con su familia nuclear (padres y hermanos), 28 sólo con su mamá y hermanos. 8 únicamente con su padre, 12 solos, 3 con sus hermanos, y 23 en otras condiciones, por ejemplo: abuela, esposo, amigos, novio, casa de asistencia, etc.

En cuanto a su religión, 217 sujetos son católicos, 14 judíos, 11 cristianos, 14 no profesan ninguna religión y 11 otras, por ejemplo: musulmana-mahometana, testigos de Jehová, ecuménica, protestante, etc.

Al preguntarle si han asistido a algún proceso terapéutico, 63 si lo han hecho y 218 no han recibido ningún tratamiento. Los principales tipos de terapia recibida son: sujetos, psicoanálisis, 1 alumno terapia humanista, 3 con orientación psicoanalítica, 3 han estado en terapia grupal, 1 en atención psiquiátrica, 3 en terapia familiar y 8 se pueden agrupar en otras, por ejemplo: individual, de lenguaje, orientación vocacional, hipnosis, desarrollo humano, etc.

Para determinar si existían diferencias entre los puntajes de las diferentes escalas de los instrumentos, se realizaron comparaciones postest únicamente con las variables sociodemográficas para todos los sujetos utilizando pruebas T para muestras independientes y análisis de varianza con la prueba de Scheffé.

Se encontraron diferencias significativas en el Test de Sentido en los puntajes de los factores: Significado (X = 40.87 M y X = 42.05 F), Libertad (X= 16.06 M y X = 17.13 F) y en explorar su la persona considera que su vida merece la pena (X= 5.86 M y X = 6.22 F). Siendo los puntajes más altos para las mujeres en todos los factores del PIL que el de los hombres. Sin embargo en el Logotest no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en cambio los puntajes fueron mas altos para los hombres.

Se dividieron a los sujetos en 4 grupos de edades: grupo 1 (18-20 años), grupo 2 (21 a 23 años) grupo 3 (24 a 26 años) y grupo 4 mayores de 26 años. No se encontraron diferencias estadísticamente significativas en ninguno de los factores de los instrumentos.

Dependiendo de la carrera que estudiaban se les agrupo por 5 divisiones: Arte, Ciencias del Hombre, Humanidades, Ciencias e Ingenierías y Ciencias Económico-Administrativas. No se encontraron diferencias estadísticamente significativas en ninguno de los factores de los instrumentos aplicados.

En relación a su estado civil se encontró solo una diferencia estadísticamente significativa en el factor de satisfacción por la propia vida entre los solteros y casados.

Por último, en la variable relativa a si han asistido o no a algún tratamiento psicoterapéutico, se encontró una diferencia estadísticamente significativas en el factor: Ideas suicidas (X= 5.11 Sí y X = 5.94 No) y una tendencia en los resultados a un nivel de significancia de .04 en el factor miedo a la muerte ( X = 4.62 Sí y X= 5.13 No).

DISCUSION

El hombre tiene toda la carga de la familia sobre él. De aquí que al preguntarse sobre su sentido de vida se incrementa su depresión y tiene un menor propósito o misión de vida.

La mujer ve con mayor posibilidad el suicidio que el hombre. Sin embargo, cree que la vida vale más la pena vivirla que ellos. La mujer está empezando a vivir otros roles sexuales que la angustian, pero no pueden renunciar a las tradiciones.

El sentido de vida del estudiante universitario de la Ibero está consolidado. Por lo tanto, en relación a la variable edad, no se observan diferencias estadísticamente significativas, se da la protección familiar y universitaria, así como el que no se han enfrentado aún a la vida profesional fuera de la universidad.

En cuanto al estado civil, el casado tiene un sentido de vida más aburrido, rutinario, menos excitante y es, al parecer, más dolorosa su vida.

La experiencia terapéutica confronta la vida de los pacientes-clientes, ya que ayuda a conocerse. Existe un menor miedo a la muerte; sin embargo, muchas veces no les gusta lo que ven y se responsabilizan. Hay un principio de realidad más que un principio de placer.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Chardin, T., (1974) El fenómeno humano. Madrid: Taurus.
Crumbaugh, J., Maholick, L., (1964). “An Experimental Study in Existencialism: The approach to Frankl´s Concept of Noogenic Neurosis”. Journal of Clinical Psychology, 20, 200-207.
Crumbaugh, J., (1968) “Cross- Validation of Purpose of Life Test”. Journal of individual Psychology, 24, 74-81.
Frankl. V., (1966) “Self Trascendence as a Human Phenomenon”. Journal of Humanistic Psychology, 6 (1966) 97-107.
Frankl, V., (1979) Ante el vacío existencial. Barcelona: Herder.
Frankl, V., (1988) La voluntad de sentido. Barcelona: Herder.
Hoobs, N., (1962) American psychologist, 17, (49-59). Jaffe, Myth of meaning.
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Wolman, B., (1975) Principles of International psycotherapy, “Psycotherapy: theory, research and practice”, 12, (1975), 49-59.
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