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La oposición del espíritu en los niños de la calle: Un enfoque logoterapéutico hacia una realidad esperanzadora

INTRODUCCIÓN 1. El niño de la calle y la sociedad contemporánea El motivo por el cual es necesario plantear diversas respuestas a las diferentes preguntas relacionadas con la atención a los niños de la calle, es porque, contribuyendo a elevar su calidad de vida mediante el descubrimiento de sus recursos y herramientas internas (las cuales les son necesarias en la elección de su camino y de su sentido de vida) puede ayudarlos a entender que no están determinados por sus circunstancias sociales, ni por la herencia y el medio ambiente, encontrando en ellos la opción para que su vida sea el resultado de la elección personal. Al proporcionarles herramientas de vida, se puede despertar la conciencia contra las dependencias, el robo y la delincuencia, así como la prevención en el incremento de niños de la calle y una mejor vida y desempeño en la sociedad. 2. La pobreza y la marginación en México Hablar de pobreza en México es hablar de cinco siglos de historia. Mucha gente sigue siendo víctima de la pobreza y la desigualdad, y este problema está y ha estado lejos de ser resuelto. Más aun, se ha incrementado en términos alarmantes. Actualmente, la sociedad contemporánea consta de complejas reglas que rigen las relaciones de los grupos que las componen, lo cual crea nuevos problemas en todos los ámbitos de la vida humana. La proliferación de niños y niñas de la calle es consecuencia de una sociedad en plena crisis, cuyo origen es el rompimiento de las estructuras tradicionales de la familia, los trastornos de los cambios sociales, la inestabilidad causada por la migración de uno o varios miembros de la familia, de las zonas rurales a las ciudades o a otros países, y las elevadas tasas de desempleo y subempleo. De acuerdo con el ultimo Censo General de Población y Vivienda realizado en 1990, el total de la población entre 0 y 19 años es de alrededor de 40 millones; es decir, aproximadamente el 50% se encuentra en la categoría de niño y joven. UNICEF señala que en México 14 millones de niños son pobres, y su futuro se vislumbra cada vez peor. Como producto de la crisis que vivimos, hoy más que nunca las calles de las principales ciudades del país han sido tomadas por miles de niños, que han hecho de la calle un lugar para el trabajo infantil. El niño de la calle es el resultado de la marginación, donde termina la familia empieza la calle y la falta de acceso a bienes sociales que por norma le corresponde a cada individuo. En un ambiente a la vez hostil y atractivo, que lleva a la droga y a la soledad, se dibujan pequeñas siluetas de niños durmiendo en terminales de autobuses, bajo los puentes, en coladeras, terrenos baldíos, en donde desarrollan una serie de hábitos y costumbres que, en último término, los llevan a la destrucción o la muerte. Esto conlleva a encontrarse con situaciones donde el rechazo y el desprecio se vive, y sólo encuentran comprensión con sus compañeros que son como ellos y los entienden. Marginados y sin acceso a la educación escolarizada temprana, el panorama no es muy prometedor. El periódico Reforma publicó un estudio piloto de valorización social y de salud hecho en niños en situación de calle en la ciudad de México, llevado a cabo por la psicoanalista Janet Shein-Szydlo junto con especialistas de la Universidad de Yale. Esta investigación abarcaba a niños entre 12 y 18 años de edad. En el trabajo de campo que se realizó se encontró que el 68% de los niños declaró haber sido golpeado o asaltado en el último año, el 65% reportaron falta de reglas claras por parte de sus padres, el 60% presentaron desordenes por estrés postraumático y 35% fueron atacados con una arma blanca. “Obtuvimos más información de la que creíamos muy confiable, una de las cosas más importantes fue el alto grado de estrés postraumático. El estrés postraumático se encuentra en las personas luego de grandes catástrofes. Los índices elevados de exposición a la violencia y amenazas a su integridad física se asocian a que padezcan este desorden y esto genera que sufran otros problemas emocionales y mentales asociados que comprometen su desarrollo.” 3. Los niños de la calle 3.1. ¿Quiénes son los niños de la calle? Los niños de la calle son los menores en situación crítica, son aquellos que se encuentran en circunstancias especialmente difíciles. Estos niños son víctimas de la irresponsabilidad y del egoísmo, de situaciones económicas adversas, en donde representan una carga para sus familias, que los someten a la indigencia y al trabajo callejero o que caen en desgracia por el fallecimiento de alguno de los padres y el padre/madre queda imposibilitado para hacer frente a la manutención de los hijos, o son hijos de madres solteras, o producto de hogares disfuncionales, en los que se da el abuso en todos los sentidos, a tal grado que huyen de la violencia así como del alcoholismo de alguno de los padres o familiares. La UNICEF distingue claramente dos categorías en el hecho social conocido genéricamente como el “niño callejero”: “Niño en la calle es aquel menor de edad que realiza diversos tipos de actividades en la vía pública, pero que mantiene contacto más o menos permanente con su grupo familiar.” “Niño de la calle es aquel menor de edad que ha roto con los lazos familiares, vive, come y duerme en la calle y dedica las horas del día a conseguir su subsistencia en la vía publica.” En 1996 el gobierno de la ciudad de México realizó un estudio sobre los niños en situación de calle en las 16 delegaciones políticas del D. F., en el cual se identificaron 13,373 menores, de los cuales 4, 212 son niñas (31.5%) y 9,161 son varones (85.40%). 3.2. Situación de los niños que viven en la calle Estos niños trabajan en las calles vendiendo chicles, limpiando parabrisas, cuidando coches o realizando alguna otra labor semejante, la mayoría de ellos para ayudar a la familia con el gasto familiar y los demás para mantenerse a sí mismos. La edad de la mayoría de estos niños oscila entre los doce y los diecisiete años. 3.3. Situación del niño de la calle en términos de salud Las enfermedades más comunes son las respiratorias y las gastrointestinales. Estas enfermedades están íntimamente ligadas con su permanencia en las calles, la mala alimentación, la falta de higiene y los altos índices de contaminación que reporta la ciudad de México. Otro problema que enfrentan estos niños es el consumo de drogas inhalantes para evadirse de una situación tan adversa como es la de la vida de la calle, así como para disminuir el hambre y el frío que destrozan sus sistemas nervioso, respiratorio y gastrointestinal. Ante la falta de una orientación adecuada estos niños mantienen una vida sexual activa (sin medios de control), lo cual conlleva problemas de embarazos no deseados, abortos mal atendidos, enfermedades infecciosas y VIH-SIDA. 3.4. Situación del niño de la calle en lo social y ubicación Los niños de la calle viven en terrenos baldíos, lugares deshabitados, no pertenecen a un lugar específico, van de un lugar a otro, no buscan bandas porque estas bandas son territoriales y se definen con un nombre. Desarrollan habilidades para sobrevivir y pierden su autoestima debido a que tienen que dejar de ser niños, prostituyéndose, robando o drogándose para obtener dinero y así obedecer a la necesidad de subsistencia básica. 3.5. Situación psicológica del niño de la calle Tienen gran tolerancia a la frustración, ingenio y agudeza mental, defienden su libertad que nace de la negación de las figuras que representan la autoridad, sufren depresiones profundas, originadas por sentimientos como el rechazo, el abandono o la autodevaluación. Un problema más es el maltrato y abuso por parte de las personas mayores, sobre todo de los policías que los detienen y extorsionan por consumo de droga, vagancia, por trabajar en la calle o sin causa aparente, además de abusar sexualmente de ellos. Estos niños crecen con un gran resentimiento social, una desesperanza aprendida, una muy baja autoestima, grandes carencias emocionales y afectivas, sensación de abandono, desorientación e impotencia. 4. La familia y su influencia Los obstáculos en el desarrollo se presentan en la niñez cuando el niño tiene conocimiento de sí mismo y desarrolla una necesidad de amor o estimación positiva. Esta necesidad es universal y persistente. Es de extrema necesidad que se les restituyan a estos niños y niñas sus derechos básicos, mismos que le fueron negados al carecer de una familia integrada. Como los niños no separan sus acciones de su ser total, reaccionan ante la aprobación de una acción, con la aprobación de ellos mismos. El amor es sumamente importante para el niño. El niño comienza a obrar de manera que pueda lograr amor o aprobación, sin tener en cuenta si las conductas que realiza son o no saludables para él, es decir, que puede actuar contra su propio interés para lograr agradar o calmar a otros. La familia es de suma importancia para el desarrollo afectivo del niño: intimidad, afecto, autoridad y educación son necesarios para su desarrollo, la importancia del padre como la autoridad y de la madre como el ser que da amor. Es preciso decir que, aun cuando falta en el niño la intimidad el afecto y la educación que la familia le proporciona, puede quedar grabado en el fondo de su memoria algo que haya creado una estabilidad interna que le permita hacer frente a su vida. 4.1. La figura de la madre En los primeros años del niño, el contacto con la madre es de mucha importancia, a pesar de que todavía es incapaz de apreciar los significados, el mundo del sentimiento está despierto en él. El niño siente si se le quiere o si representa una carga, si se le cuida o se le abandona. “Desde muy temprana edad existe en los niños un conocimiento intuitivo de la situación real, que no deja de trastornar su afectividad y comportamiento.” La presencia materna le transmite al niño este sentimiento de seguridad. Dicha seguridad consiste en sentirse querido y aceptado por la madre, es ella quien le da amor, indispensable para el desarrollo físico, intelectual y social; los niños que carecen de este amor buscan sustitutos que llenen esta carencia y, en ocasiones, se vuelven incapaces de establecer lazos profundos. Un ambiente confiable le da la posibilidad de confiar en sí mismo y ser merecedor de confianza. 4.2. La figura del padre La presencia del padre se manifiesta más tarde en la vida del niño y juega un papel de igual importancia, porque esta autoridad, que el niño recibe de un padre, en realidad es ejemplaridad, que no es autoritaria ni punitiva, sino un modelo a imitar (ofrece un modelo a seguir). “De esa ejemplaridad, le vendrá la autoridad al padre; pero no una autoridad ordenadora y legislativa, ni punitiva, sino autoridad de ejemplaridad, como un modelo a imitar para conseguir el ideal que se forja en los niños: ser como su padre. Y entonces la ejemplaridad del padre –hacia el bien o hacia el mal– se transforma en el niño en autoridad, mandato tácito, porque los niños, aparte de la bondad o maldad moral, descubren en el padre el ejemplo que deberán seguir.” 4.3. El papel de los hermanos Con los hermanos se aprenden las relaciones horizontales, de igual a igual, en estas relaciones se educan unos a otros, hay una continua interacción de dar y tomar, de servir y dominar, de amarse a ellos mismos y, a su vez, a los hermanos. Estas relaciones en el interior de la familia suelen depender del genero, de la edad y el lugar que ocupa el niño en la familia. 4.4. El niño abandonado y la familia “No existe sociedad viable sin un equilibrio permanente entre amor y autoridad, entre solidaridad y rivalidad. En la sociedad familiar estos cuatro papeles se encuentran representados por la madre, por el padre, por los hermanos y por otro personaje que, a pesar de no ser de carne y hueso, tiene características de no menos importancia: el hogar.” Hemos citado que el amor es sumamente importante para el niño. “De sus relaciones con el ambiente, y casi exclusivamente con su familia, en particular durante su infancia, depende el equilibrio y la evolución normal de su afectividad.” Cuando ellos, los niños de la calle, son abandonados o deciden abandonar a su familia y hogar de origen, suelen presentarse en ellos signos de apatía y rebeldía: detienen sus estudios, sufren sin estar enfermos y, a largo plazo, puede que repitan en la familia que formen lo que ellos vivieron en sus familias de origen. Como lo he mencionado, estos signos como la rebeldía, la apatía, y la repetición de patrones negativos de conducta de los padres, no se presentarían si el niño fuera aceptado en cuanto a sus sentimientos, aun si algún comportamiento fuera inhibido por los padres. Así el niño, en esta situación ideal, no estaría presionado a renunciar o desconocer partes desagradables, pero verdaderas, de su personalidad. 4.5. El niño y su entorno Como hemos visto, todo lo que rodea al niño tiene una gran influencia sobre él, lo que capta e incorpora a su vida, los gestos, tonos de voz, las conductas transmiten mensajes de ansiedad, inseguridad o de agresividad; más tarde, cuando el niño trata de buscar en lo más íntimo de su ser, se encuentra con estos signos que recibió de muy temprana edad, por eso la reincidencia de muchos niños de la calle a las drogas o a los penales por actos delictivos y violentos es alta, debido a que estos códigos que le fueron transmitidos los tiene en lo más familiar y característico de su persona, lo que le transmitieron quienes lo rodeaban es lo que lo vincula a su familia de origen, esto se puede modificar a través de la revisión de las necesidades emocionales actuales y la adaptación a su medio ambiente, se modifica si se obtiene una imagen satisfactoria de sí mismo y de las personas que en esta etapa lo rodean y están al cargo de su seguridad. Si la persona queda dañada en su valoración personal entonces aparecen espejismos que son como mecanismos de defensa que modifican su percepción, realizando una regresión a fases infantiles en donde la realidad estaba influenciada por fantasías y deseos donde encontraban una especie de satisfacción. Las carencias afectivas son sustituidas por otras dependencias. “En general hasta los diez años de edad el niño no puede establecer una verdadera distinción entre la realidad del mundo y su subjetividad. La realidad del mundo se les aparece conforme a sus deseos, apetencias y fantasías, constantemente deformadas y fundidas en una unidad con sus representaciones […] El niño proyecta en su interior –introyecta– el mundo que lo rodea, y a la vez piensa que todas sus alegrías y temores son determinados por causas externas y que su felicidad o desgracia dependen de la intervención de los seres y de las cosas que los rodean.” 5. El niño de la calle y las instituciones Una de las soluciones que han surgido para atender este grave problema es a través de la constitución de instituciones y organizaciones específicas que, como Hogares Providencia, han tratado de ayudar a estos niños con el propósito de suplir lo que en sus hogares les hizo falta: salud, educación, vivienda y nutrición. Las instituciones ven la forma de restituirle a los niños los derechos que le fueron privados. Sin embargo, surgen los siguientes cuestionamientos: ¿Son las instituciones capaces de suplir el vacío de amor, cariño y atención de la madre, la identificación y ejemplaridad del padre, y además establecer entre ellos dentro del nuevo “hogar- institución” las relaciones de rivalidad, el dar y tomar de los hermanos? ¿Cómo pueden las instituciones ayudar a estos niños a llenar el vacío, a combatir la apatía, a hacer conciencia entre sus componentes de sus actitudes y comportamientos, para que así estos niños tengan otros patrones de conducta más funcionales que los vividos con sus propias familias? 5.1. La función de las instituciones Las instituciones protegen al niño del abandono material, proveen asistencia alimenticia, vestido, vivienda, además de tratar de restituirles los derechos de los que fueron privados; los protegen del descuido, el maltrato y la explotación. Estas instituciones de asistencia enfrentan grandes problemas en cuanto a organización y selección de personal de calidad debido a que no pueden, en la mayoría de los casos, permitirse pagar a profesionales y dejan la educación del hogar a personas que con buena voluntad hacen lo que pueden por los niños. 5.2. Los problemas que afrontan las instituciones Los procesos organizacionales y de sistematización, ocupan un gran tiempo a las instituciones, por lo que es muy probable que la parte humana del desarrollo emocional se deje en un segundo término, por falta de recursos y porque el empleo de los mismos se canaliza a lo más necesario y apremiante: la educación escolar, la nutrición y la salud. Es importante que la institución, además de ser un centro educativo y protector, sea también un centro de vida que cuente con elementos que le permitan la formación psicológica, espiritual, social y física que integran al niño. Pocas instituciones cuentan con el personal capacitado para atender la parte emocional y social del niño de manera que este se sienta seguro, y no como un número más, víctima de la despersonalización, en fin, que se sienta en un lugar en donde se fomente su individualidad. Hay ciertos riesgos que suceden en las instituciones como es la “masificación”, en donde la intervención personal es anulada; esto hace que el niño se haga irresponsable de lo que decide simplemente porque se supone que carece esa facultad, por lo que se hace a un lado su iniciativa esto es el tomar sus propias decisiones y asumir las consecuencias en la vivencia. La desmasificación, por el otro lado, trata de comprender al niño individualmente y lo trata dentro de un grupo no dentro de una masa. No obstante, no basta la mera actuación terapéutica, sino que es importante que se aborde el problema interdisciplinariamente, estoy consciente de que es difícil que las instituciones puedan suplir las carencias de la vida familiar natural, por lo que puede ser de gran utilidad a ayudar a resolver, con amor, el caso concreto de cada uno con dinámicas específicas. 6. Mi experiencia en Hogares Providencia A lo largo de mi vida muchas veces me han conmovido y preocupado los niños de la calle; mi madre varias veces nos ayudo a hacer conciencia, y no darle la vuelta al dolor ajeno, por lo que no me fueron indiferentes. Continuamente teníamos contacto con gente de muy bajos recursos, pasábamos temporadas en una casa de campo, en donde mi mamá invitaba a los niños del pueblo a convivir conmigo, me di cuenta de muchas diferencias que la falta de recursos generaba entre nosotros, pero había una similitud enorme: nuestro espíritu. Las diferencias eran la alimentación, la educación, la pobreza, pero adentro de todos nosotros había amor; de ellos recibí muchos regalos de cariño inmateriales porque apenas contaban con zapatos, pero compartían conmigo risas, alegría, cariño y juegos. Empecé a trabajar con los niños de la calle como una decisión personal que tomé cuando recién salía de un divorcio, mis expectativas y sueños de vida se habían derrumbado, dándole entrada a todas mis inseguridades. Al trabajar dos años con ellos encontré que me identificaba a veces por mi propia historia, porque contactaba al ver a esos niños con esa niña interior herida, o tal vez era mi necesidad de tratar de encontrar ayuda y esperanza fuera de mí, cuando era dentro de mí misma donde tenía que buscar las respuestas. Fue así como decidí ingresar al Diplomado de Logoterapia. Desde chica pensaba que no importando las adversidades, había algo dentro de nosotros que nos podía hacer salir adelante, así que el pensamiento de Viktor Frankl me inundó el corazón; era justamente lo que yo había visto en aquellos días en el campo y que ahora en la ciudad de México me hacía voltear a ver debajo de los puentes y en las banquetas a estos niños. Pensaba: ¿puede haber una esperanza para ellos? Si había esperanza para mí; si había aprendido a través del divorcio grandes cosas de mí misma; si yo podía ver mis inseguridades, si me podía responsabilizar y aprender, pensé que eso también puede pasar con ellos si así ellos lo deciden: creo en el ser humano que hay en ellos. Contacté al Padre Chinchachoma y le presenté un proyecto de talleres de costura para niñas; así es como empecé a darles clases, el promedio de edad de estas niñas era entre 13 y 17 años, adolescentes. Trabajaba en este proyecto los sábados y domingos en los Hogares Providencia. El padre parecía entusiasmado y reunió a todos los hogares de niñas para la primera clase de costura, a la que todas asistieron eran alrededor de unas 70 niñas, ya que así se los había pedido el padre, por lo que no podían faltar. En la segunda clase, que ya fue voluntaria, fueron 5 niñas y a la tercera clase para mi sorpresa ya no tenía a nadie. Observé que para tomar una clase en sábado, que era el día que ellas tenían como descanso, y que además tenían que trasladarse desde lugares lejanos, ya que los hogares estaban alejados, no hacía para ellas la clase muy motivante. Para mí lo importante era la convivencia con ellas, el taller era una consecuencia, así que le propuse al padre que lo hiciéramos directamente en los Hogares donde vivían las niñas. Él accedió y me asignaron al Hogar Nuevo Amanecer. Después de dos años de trabajo comprendí lo que pasaba: el sentimiento de abandono o de huir de una familia desintegrada y violenta creaba en ellas, por un lado, una necesidad de ser queridas y, por el otro, su seguridad interior les obligaba a desconfiar, y evitar nuevas situaciones de abandono; por lo que tratan de no ligarse afectivamente, por miedo de no perder a esa persona de nuevo, era como una coraza que se ponían porque tenían miedo de volver a sufrir. “La inseguridad e insatisfacción afectiva que han sufrido va a regir toda su existencia, mostrándose apáticos o demasiado juiciosos, y la regresión a formas primitivas de conducta constituye el medio más cómodo de evasión para su carencia afectiva, siendo muy frecuente el hurto de compensación afectiva.” Después comencé en los Hogares y sucedió más o menos lo mismo: a la primera clase, asistió todo el hogar y para la tercera sólo tenía a dos interesadas; con ellas empecé, les proporcionaba telas y patrones que ellas podían usar, así que cada vez más y más se fueron entusiasmando hasta que todo el hogar participaba en la clase; resultó mejor de lo esperado, el trabajo de grupo hizo que el Hogar se uniera, ya que necesitaban unas de otras para poder cortar y trazar, las más avanzadas enseñaban a las otras, la comunicación entre ellas a veces era nula, pero la comunicación fue creciendo hasta volverse el taller de costura en un espacio de convivencia. En la medida en que fueron capaces de realizar sus propias prendas, se dieron cuenta de su creatividad y de que contaban con la capacidad de hacerse su propia ropa; se convertía esto en un logro personal, cuando podían acabar un pantalón, un “top” o una blusa, la creencia en ellas mismas despertó, una de ellas incluso me decía que era incapaz de hacer nada; sin embargo, en la clase, con paciencia, se daba cuenta de que muchas de sus compañeras le pedían aquel pantalón que ella había confeccionado, se transformaban exteriormente, jamás me esperé que esto tuviera tantos cambios en ellas; empezaron a transformar el entorno, su hogar; lo vistieron con colchas, cortinas, almohadas, cambiando sus recámaras, haciendo del lugar un sitio acogedor, creándoles un sentido de pertenencia; ya no era un problema si un uniforme estaba grande o chico, algunas empezaron a hacer camisetas y a venderlas en la escuela, había una relación de ayuda entre ellas. Por otro lado, había cuestiones pendientes entre ellas mismas, a pesar de los cambios que eran notables, yo observaba cómo su parte emocional estaba descuidada, tenían sentimientos de rencor muy comprensibles con sus familias de origen, hablaban de ellos con desinterés o con mucho dolor. Resulta más fácil aceptar la muerte de los padres que el rechazo, la violencia o el abandono. Presentaron características en sus relaciones como la agresividad y la apatía. Además tenían otro tipo de comportamientos inaceptables para la convivencia en sociedad como “la mona”, que son sustancias varias como la gasolina, el resistol o el “tiner” que vierten en un trapo y lo inhalan, así como la droga y demás sustancias. En la Institución ya no había la “lucha de la calle” por conseguir el alimento, eso estaba resuelto, pero observé que eso los hacia albergar síntomas de vacío, como el aburrimiento por carecer de una actividad, dedicándose a ver la televisión por horas; carecían de motivación personal que los llevara a darle un significado al día a día. Yo observaba que su cara se transformaba cuando se les preguntaba por sus sueños, la luz en su ojos y la sonrisa de sus labios se veían opacados por un: ¡No, pero eso está en chino!, era bastante probable estos sueños los pudieran alcanzar, pero dentro de ellas había una desesperanza de lo vivido que no entendían como podían mejorar su vida. Así comencé con la ayuda de otras dos personas bien intencionadas un taller de desarrollo humano que para mi sorpresa resultó muy bueno, se les enseñaba el autoconocimiento: saber quién soy en este momento, autoconcepto ¿quién me creo que soy?, aceptación, autorrespeto, autoestima; el apoyo didáctico se hacía con recortes de revistas pegados en cartulinas o dibujos, plastilina, ejercicios vivenciales y lecturas. Hubo más cohesión de grupo pero al principio costó trabajo la aceptación de las personas involucradas, pero después tuvieron magníficos resultados, como los cambios que ellas tenían con sus mismas compañeras, en su escuela y con las personas que se relacionaban. Ellas nos comentaban que se habían dado cuenta de que se habían apropiado de muchas etiquetas negativas que les habían dicho y que ahora podían quitárselas, reconocían cosas positivas en ellas mediante el trabajo de autoconocimiento. Yo me fui dando cuenta, a medida que pasaba el tiempo, que esto era insuficiente, que era importante aplicar la logoterapia: reforzar su sentido de vida y tratar con ese vacío; así que pedí ayuda para incorporar un taller de logoterapia, pero ya no se concretó porque desafortunadamente murió el Padre Chinchachoma y todo se vino abajo. El duelo fue muy fuerte y casi la mayoría de la población del Hogar se salió y no regresó en un tiempo. Algunas de ellas se drogaban en los funerales del Padre, y entendí que esto era muy fuerte y que la única esperanza hubiera sido el mirar hacia un significado de esto o un sentido a lo que estaba pasando y poder así abrir los ojos a la responsabilización personal de lo que se puede llegar a ser con la vida hacia sentidos que están más elevados y espirituales, que no pueden arrancarse o morir, incluso en terribles circunstancias de tensión física y emocional; a elegir otra actitud y no el camino de las drogas, la alcantarilla y la desesperanza que adormecen el espíritu. Yo por mi parte con este suceso me desanimé, me hizo pensar en mis propios problemas y cuestionarme: ¿Por qué yo no resolvía y ponía orden en mis sentimientos y mis pensamientos, en lugar de fijarme tanto en los demás?, tenía varios asuntos internos a los que no había puesto atención y que me empezaban a “brincar” al avanzar en la especialidad de logoterapia y en el trato con las niñas en los Hogares. Dedicaba casi todo mi tiempo libre a los Hogares, porque además trabajaba desarrollando una línea de ropa de una tienda departamental, pero había estado tan entusiasmada para que el proyecto funcionara que no me vi a mí misma, tuve que dejar por un tiempo todo esto: las niñas de la calle, la logoterapia y darme un fuerte vistazo a mí misma, llorar mis propios duelos, comprenderme, escucharme y preguntarme hacia dónde iba. Ahora, después de “caminar hacia mis adentros” y de saber por el momento hacia dónde voy, ahora me doy cuenta de que para ir hacia el otro primero es necesario contar con uno mismo. Viendo hacia lo que fue el trabajo con las niñas de la calle, aún creo que la logoterapia es una muy buena herramienta, para este tipo de instituciones, por lo que la propongo como una buena ayuda terapéutica para este tipo de problemas. 7. La obra de Alejandro García Durán:“El Padre Chinchachoma” 7.1. Breve Semblanza El Padre Alejandro García Durán, conocido como el ”Padre Chinchachoma” o simplemente “el Chincha”, como le decíamos cariñosamente los que tuvimos el privilegio de conocerlo, y que quiere decir “Chincha” sin cabello y “Choma” cabeza. Nació en la cuidad de Barcelona, España, el 29 de junio de 1935, siendo el segundo de seis hermanos. A la edad de 18 años ingresó a la Orden de los Padres Escolapios, cuyo objetivo principal es la educación de los niños y jóvenes, principalmente sin recursos. En el seminario cursó el bachillerato y el magisterio, además de los estudios de Filosofía y Teología, propios de la carrera eclesiástica. Por su misión educativa en esta orden, donde la disciplina de la pedagogía los ha definido y caracterizado, se ordenó como Sacerdote y trabajó con familias de escasos recursos en el Barrio de las Arenas, en Barcelona, España. En 1969 fue enviado a México como profesor de una escuela llamada Fray Pedro Gante en la ciudad de Apizaco, en el estado de Tlaxcala, en donde fue director de la secundaria. Más tarde se mudó a Puebla, donde fue director de la escuela popular de los escolapios. Siendo vicario de la parroquia y encargado de un grupo de “boy scouts”, el Padre Alejandro, en un viaje a la ciudad de Mexico, conoció a seis niños callejeros y se percató que uno de ellos era detenido por estar drogándose en el metro. El habló con la policía, tranquilizó a los demás niños que estaban con el detenido y los invitó a cenar y a platicar; este contacto con el niño callejero fue el principio de una toma de decisión personal a favor del cuidado y educación del niño de la calle. Sin embargo, el Padre Alejandro pudo ver desde el principio de su trabajo la distinción que existe entre practicar la ayuda caritativa a los demás, en especial al niño de la calle, y la obligación de hacer justicia a niños y adolescentes que fueron privados de sus más elementales derechos: el derecho de ser amados, de tener padres, un techo, comida, atención en la enfermedad, cuidado familiar, educación; son derechos que se han de dar en la sociedad, no como obra de caridad y sujeto a la buena voluntad de las personas, sino como actos de justicia elemental. Esto constituye el pensamiento fundamental del Padre Chinchachoma, quién tuvo una idea clara ante este problema social la cual fue su principal aportación humana, que caracterizaba a sus Hogares Providencia. Ciudadanos preocupados por el problema del niño callejero y amigos del Padre hacían aportaciones económicas a su proyecto para poder solventar los gastos de los hogares. La orden envío al Padre Chinchachoma a España, en donde permaneció por un tiempo, quedando los hogares bajo la supervisión de los padres escolapios; al regresar se fue a vivir un año a la correccional de la ciudad de Mexico, donde profundizó en el conocimiento de los niños ahí recluidos. Durante cuatro o cinco años, la obra fue creciendo y se vio en la necesidad de legalizarla para lo que pidió ayuda a la Junta de Asistencia Privada y así Hogares Providencia se convirtió en institución. 7.2. La filosofía del Padre Chinchachoma La labor del Padre Chinchachoma fue llenar a estos niños de sentido, reafirmando sus valores. Valores inherentes al ser humano, tales como el amor y la pertenencia, alentándolos a cambiar la concepción de sí mismos y la definición negativa de su persona, reafirmándoles el sentido de su valor, su autoestima y el fortalecimiento de su yo. También acompañaba a estos jóvenes a encontrar los sentidos de sus vidas, apoyándolos con todos los medios materiales, afectivos y espirituales necesarios para su desarrollo y para que descubrieran la dignidad que existe en su propia persona. El vivió con los niños de la calle, pensaba que para serle útil a esos niños era necesario conocerlos, saber cómo viven y cómo son. El afirmaba que un niño de la calle se reconstruye a pesar de todo y es de admirar la fuerza de estos niños para debatirse contra el mundo y su destino, a pesar de ser abandonados por sus familias, marginados por una sociedad acostumbrada a verlos como parte del paisaje urbano, por una sociedad que a veces se niega a verlos, mostrándose indiferente. Esta indiferencia algunas veces es comprensible, porque se viste de impotencia, de desconocer qué hacer, esto también es producto de una sociedad en la que el problema del desempleo, la desigualdad y la pobreza hace que apenas cada uno sea capaz de resolver los problemas de la propia vida y sus responsabilidades. ¿Es que al ver a un niño de la calle nos recuerda nuestras propias miserias? Yo pienso que a veces le volteamos la espalda a lo que no queremos ver, el niño abandonado, olvidado, herido, es nuestro niño interior que vive dentro de cada uno de nosotros con nuestras carencias de infancia. “Cuando el desarrollo de un niño se frustra, cuando los sentimientos se reprimen, especialmente la ira y el dolor, ese pequeño se convertirá físicamente en un adulto, pero en su interior permanecerá ese niño, airado, herido, ese niño interno contamina espontáneamente la conducta de la persona adulta. Creo que este descuidado niño herido que se aloja en el alma del adulto es una fuente importante del dolor humano.” Él fue un logoterapeuta por intuición, fue un tutor de resilencia y promotor de la logoterapia, creía profundamente en lo que estos niños y jóvenes podían llegar a ser, los miraba con amor, confiaba en su capacidad, anticipando sus posibilidades personales. El decía que: “Amar a un niño de la calle es amar lo que Dios ama, independientemente de la conducta de ese ser, el acto de amor no depende de las cualidades o defectos que posee en concreto la persona, sino del valor trascendente que posee”. En mi propia experiencia observé que esto no significaba que él consentía conductas que afectaran el desarrollo del niño tanto dentro como fuera del mismo hogar, sino que daba a los jóvenes el apoyo para que entendieran de qué modo podían conducirse en su vida. Viktor Frankl decía: “Se puede definir el amor como poder llamar tú a alguien y además poder aceptarle positivamente; en otras palabras, comprender a otra persona en su esencia, tal como es, en su singularidad y peculiaridad, pero no sólo en su esencia y tal como es, sino también en su valor, en su deber ser, y esto quiere decir aceptarle positivamente.” El trabajo que realizaba el Padre era un trabajo de acercamiento, humanización y amor, que se hacía presente en sus vidas al descubrir que estos niños podían ser amados, que la luz volvía a resplandecer en sus vidas, y, con ella, aparecía el sentido y propósito de vivir. 7.3. Ser o no ser, del no ser al ser: el trabajo del Padre Chinchachoma Es importante conocer los escritos, el testimonio y el trabajo que el Padre Chinchachoma realizó a lo largo de muchos años con los niños de la calle; como lo he escrito anteriormente, su vivencia fue directa, fue un padre adoptivo además de tratar con miles de ellos. Lo que a continuación se expone pretende que se entienda de manera más profunda, y analizar de manera concreta, los problemas en relación a los niños de la calle. Ser o no ser, del no ser al ser fue un libro que escribió el Padre en donde explica como un ser gestado en la violencia, el abandono, el rechazo, el maltrato, el abuso, las drogas y la falta de amor, puede llegar a ser un ser con conciencia y con sentido. El Padre afirmaba que había diferentes escalas de gestación: el “ser gestado en negativo”, que es el resultado de una concepción negativa, concebido en un acto irracional, pasional, instintivo, sin usar la conciencia, por ejemplo, el de una violación, o nacer en el seno de una familia donde hay violencia, drogas, abuso o con graves problemas disfuncionales, de este acto racional negativo tiene una carga genética con adrenalina y tensión, este niño se inicia con un proceso de negatividad sin conciencia. Esto lo contrastaba con “el ser gestado en positivo”, que es resultado de una gestación consciente, con amor y que a través de esa unión se da una concepción deseada, amor que engendra en el ser del otro, esto es un acto de amor consciente. La conciencia de sí la comienza a tener el niño por medio de las sensaciones recibidas, va acumulando experiencias que quedan grabadas en positivo o en negativo, por ejemplo cuando un bebé llora. El niño concebido en positivo tiene un diálogo amoroso con la madre, recibe un mensaje subconsciente que él percibe como “yo valgo y me quieren”, una experiencia en negativo es como cuando llora el niño y la mamá se acerca y le dice: ¡ya estás otra vez llorando!, !cómo molestas!, lo toma y le da de comer, el mensaje es: lo importante no eres tú sino la satisfacción de tu hambre; así como también un padre ausente, que no ha dado amor y caricias a su hijo, provoca que la madre contrapuntee el amor del esposo y del hijo, y así excluya a su hijo, o lo haga con el esposo privando al niño del proceso de identificación con el padre. 7.4. El ser gestado en negativo El yo engendrado en negativo tiene una conciencia negativa de sí mismo, esto se debe a que no recibe un trato en el que se dé cuenta de la importancia de su persona, generalmente ha concebido su cuerpo desde lo negativo; le duele, tiene miedo, su sistema nervioso y su sistema biológico están llenos de adrenalina “tensional”; esta definición subconsciente está dentro del niño y permanece: “Yo no valgo porque no me quieren”, de ahí se construye una lógica que busca afuera lo que no tiene en sí mismo, incluso se presentan cambios neurofisiológicos porque los mensajes de las células recibidos son: alerta, hay daño, huye. A continuación se presenta un ejemplo: Diálogo de un niño de la calle con el Padre Chinchachoma: Padre: ¡Oye tu! ¿cuánto vales? Niño: Yo no valgo nada, padrecito. Padre: Algo debes valer. Niño: Yo no valgo nada padrecito. Padre: ¿Mil pesos? Niño: ¡Padrecito, eso es mucho dinero! Padre: Me indigno. Lo tomé de los hombros, lo agité, lo miré amorosamente. Padre: Mírame –me mira a los ojos. Como digas que no vales mucho te la parto – cerré el puño amenazante. Padre: ¿Cuánto vales? Niño: ¡Mucho! – me sonríe. Cuando el niño tiene este proceso psicológico en negativo, siente que no vale, percibe una constante amenaza del rechazo y carece de la capacidad de obtener una perspectiva de sí mismo, de los demás y de los acontecimientos. Por ejemplo: violencia -- ----- desamor asesinato sexualización autoritarismo robo rebeldía ------ obligación económica Por lo tanto, se torna difícil, si se ha tenido una experiencia de vida negativa, desarrollar una definición positiva de sí mismo. En una persona que recibe violencia, desamor, en que la obligación económica lo obliga a trabajar desde muy temprana edad y el autoritarismo tiende a desarrollar sentimientos de temor, culpa, angustia, ansiedad y soledad, el modo de actuar y de ser es desde su propia historia. Por ejemplo, la violencia es la causa y el efecto es el asesinato, la obligación económica es otra causa y el robo el efecto, el autoritarismo resulta en rebeldía y el desamor lleva a la sexualización. Como es lógico, la sociedad los reprueba por sus acciones, pero no se toma en cuenta que están rechazando sus carencias y su propio desarrollo, la persecución de la autoridad lo hace revivir al padre golpeador. Con esta definición negativa de su propia persona viene una tortura de pensamiento, ya que no ha podido tener una familia en donde apoyarse, su autoestima se anula. Busca la seguridad en el dinero, que representa al padre y busca el mundo afectivo que no recibió de su madre, canalizándolo en su perro, por eso cuando llora y cuando se siente angustiado en su baldío abraza al perro buscando cariño e inconscientemente pone su corazón junto con el del animal. 7.5. El ser gestado en positivo El yo engendrado en positivo se caracteriza por la valoración de sí mismo, trata su cuerpo con un trato positivo, porque así lo conoció y tiene cargas de endorfinas que lo hacen sentirse bien, se acepta, es seguro, su verdad lógica es una verdad vivencial. El ser gestado en positivo es un ser equilibrado, en su constitución biológica, su sistema nervioso y su contenido neuronal. Es un ser estable, consciente; es un ser capaz de amar y de disfrutar la vida porque se siente merecedor. En lo anterior se puede notar que se están manejando dos polaridades: el ser engendrado en positivo y en negativo, pero hay infinidad de variantes entre estas dos, por ejemplo un niño indefinido en este aspecto es alguien que recibió amor y algo de negatividad y está confuso. 7.6. Las dependencias En un ser engendrado en negativo la adrenalina con el alcohol se combinan, esto sucede porque piensan desde la mentira “yo no valgo porque no me quieren”, por lo que tiene una bioquímica que se equilibra con el alcohol, con la droga, con la emoción del robo, con la tensión que produce la droga y del asesinato. El pensamiento vivencial que se forma es una definición falsa que va construyéndose en la persona, el Padre afirmaba que, bajo este principio, la dependencia era fácil, porque cuando uno no depende de alguien, depende de algo; ya que dependemos al principio de nuestra madre para que nos de amor y seguridad, y conforme nos vamos desarrollando, con el amor y el desarrollo de nuestras capacidades, logramos la independencia; pero cuando es violenta o prematura, se rompe el equilibrio y el ser se vuelve dependiente de algo o alguien. “En un dependiente del alcohol su fluctuación será entre la angustia de no ser nada y la exaltación, con el alcohol, de ser el más importante.” La dependencia a las drogas, entre otras causas, surge de la necesidad de encontrar un lugar en la sociedad a la que sienten que no pertenecen, es como una especie de protesta social; esto responde a la incapacidad que se le presenta al adolescente de percibirse como programado por la sociedad y por los padres que tratan de construirles con el mundo de ayer. El “sexoadicto”, depende de la sexualidad porque está inseguro de su masculinidad, por lo que continuamente trata de demostrarse a él mismo y a los demás su hombría, una relación sexual incapaz de amor, su estructura mental que le impide la hombría lo convierte en macho, inseguro con las mujeres. En la mujer puede ser la falta del amor paterno, un vacío afectivo del padre, tratándolo de encontrar en cada hombre. El sexo entonces se utiliza como liberación de la ansiedad y de este vacío. El “roboadicto”: el robo es una dependencia porque produce adrenalina, la tensión del mismo, exaltación por la emoción del robo, tensión del mismo y en sentimientos de grandeza al tomar lo ajeno, esto produce gozo y una actitud por tratar de repetir los sentimientos que esto acompaña. 8. La codependencia en el niño de la calle 8.1. Concepto de codependencia El concepto de codependencia ha surgido en los últimos años, Melody Beattie dice que la persona codependiente es aquella que ha permitido que su vida se vea afectada por la conducta de otra persona y que está obsesionada tratando de cambiar esa conducta. Sharon Wegsheider Cruce la define como una condición específica, caracterizada por preocupación y extrema dependencia social, emocional y a veces física de una persona o de un objeto, a veces tan patológica que afecta todas sus relaciones. Es la incapacidad para lograr participar positivamente en una relación, se caracteriza por confusión mental y emocional que hace dudar de nuestras percepciones y de nuestros sentimientos, incapacidad de juicio cada vez mayor que impide ver la realidad. En un principio, las personas codependientes eran aquellas que vivían en relación directa con un adicto al alcohol, a los fármacos, al juego y al sexo. Se ha descubierto que también el codependiente es el que ha vivido en una familia disfuncional o viven con una persona discapacitada, neurótica o enferma, presentan las mismas conductas y sufren igualmente de confusión cansancio y bloqueo emocional. Estas características se presentan en muchas de las familias de niños de la calle, donde el alcohol, las dependencias y las enfermedades familiares forman parte de la disfunción familiar, donde las necesidades básicas de los niños no fueron cubiertas; entonces empiezan a desarrollar conductas de adaptación, empiezan a sentir algo malo en ellos e influyen para que los demás no se preocupen por ellos, comienzan sin darse cuenta, a actuar a través de un sí mismo falso, codependiente; ya que sienten que, siendo lo que los demás esperan que ellos sean tendrán la atención de sus padres o personas cercanas y que, de esta manera, les harán caso y atenderán sus necesidades. 8.2. Ambientes disfuncionales Hay ciertos ambientes que pueden favorecer el desarrollo de la codependencia, los cuales tienen ciertas características como las siguientes: a) No se hablan los problemas familiares, predomina el decir entre ellos “aquí no pasa nada”, no se habla de los sentimientos de cada uno de los miembros, la comunicación se da a niveles indispensables y superficiales. b) Represión de sentimientos: no se expresan los sentimientos por miedo a la desaprobación y el rechazo. c) Expectativas indefinidas: Hay continuos conflictos porque no se establecen claramente las reglas en la familia y éstas cambian de acuerdo al humor de los padres o familiares u otras circunstancias. d) Manipulación y control: Las cosas se obtienen por control directo, por imposición o se emplea la manipulación para lograr objetivos. e) Sistema caótico de valores y actitudes rígidas: Los criterios tienden a ser muy rígidos, se establecen reglas rígidas y no pueden variarse aunque las circunstancias lo ameriten. No hay criterios claros en donde exista diálogo y se adopten valores, sino que cambia según el estado de ánimo de los padres. f) Tradiciones inmovibles: Se mueven alrededor de tradiciones que son más fuertes que las circunstancias del momento. g) Atmósfera desagradable: Se percibe la tensión entre los miembros. h) Enfermedades frecuentes: Físicas y psicosomáticas. i) Se establecen relaciones de dependencias: Estas relaciones no permiten el crecimiento y la maduración en las personas. j) Se establecen relaciones de desconfianza y envidia: Los miembros desconocen cómo alegrarse por los éxitos de alguno de ellos. 8.3 Gestación de la codependencia en la familia Aunque las características codependientes surgen en la familia, hay también otros ambientes como la escuela o la iglesia, que favorecen la represión de los sentimientos, el perfeccionismo, la competencia desleal, el constante tratar de ser mejores en el exterior, en apariencia. La sociedad y la cultura también fomentan la codependencia con frases como: los hombres no lloran, la ropa sucia se lava en casa, no hables de sexo, es vulgar hablar de dinero, o las niñas deben ser complacientes con los demás. Todo esto son expresiones de la cultura. Esto depende del género y de la educación; en nuestra sociedad a las mujeres mexicanas se les ha enseñando a complacer en todo a sus maridos, esta sumisión se cumple porque desde niñas se les ha inculcado que deben ser objetos deseables y deben complacer al otro, impidiendo que piensen en ellas mismas, olvidando sus propias necesidades. Los hombres, en cambio, no deben de expresar sus sentimientos porque hacerlo es señal de debilidad, como mostrar el dolor o el miedo y están orientados a una cultura del éxito, mostrando en esto su superioridad, por eso se cultiva la expresión machista de tener mujeres, de la incapacidad de expresar el cariño a su mujer si no es a base de golpes o sexo y no tener una aproximación con los hijos por no permitirse las manifestaciones de cariño, como resultado tenemos un padre alejado y una mujer sumisa. 8.4 Manifestaciones de la codependencia Se pueden distinguir cinco formas de coodependencia: 1) Rescate: El rescatador es el que carga sobre sus hombros de manera obsesiva la responsabilidad de la vida del otro. Desconoce sus propias necesidades y es incapaz de demostrar sus verdaderos sentimientos porque él mismo no los reconoce. La necesidad del otro esta por encima de la suya. Rescatar aparenta ser un acto de generosidad y amor, pero no lo es porque cuando se rescata se considera incapacitada a la persona para resolver sus propios problemas, esto genera enojo en el rescatado y asombro en el que rescata que no comprende como el otro es malagradecido y, a su vez, enojado por hacer algo que no quería hacer por encima de sus necesidades. Este acto de rescatar es frecuentemente acompañado por una necesidad interna de culpa, de una necesidad de reconocimiento, o de ser necesitados por otros. Sienten que ellos ayudan mucho y que nadie los ayuda a ellos y toman tiempo de su descanso y distracción para atender las necesidades de los demás, tienen una necesidad de aceptación, descuidan su persona y salud y se vuelven malhumorados, áridos, secos e irritables. No disponen de un lugar y tiempo para renovarse. Muchos codependientes tratan de compensar sus sufrimientos y carencias de la infancia en su edad adulta, volcándose en ayudar a los otros en lo que ellos sufrieron. 2). Reacción: Es aquel que reacciona a los sentimientos de otra gente, a lo que los otros puedan pensar, decir o sentir, reacciona a sus propios sentimientos y pensamientos. Reacciona con culpa, coraje, vergüenza, preocupación, dolor, control, desesperación, furia, con miedo y con ansiedad, no es una respuesta que provenga de la conciencia, de la inteligencia y de la voluntad en la forma de expresarse en beneficio propio, permitiendo que otros determinen cuando será feliz, tomando los comportamientos de los otros como reflejo del propio valor, lo que difiera se toma como ofensa o algo intencional para molestar, reaccionando por igual al rechazo. 3) Atadura: Es vivir atado a otra persona, no hay libertad para que esa persona sea ella misma ni para tomar decisiones. Se ha descubierto que el origen de la atadura proviene del nacimiento cuando se presentan peligros en el parto, amenaza de muerte o alguna enfermedad que separa al bebé de la madre. También se puede desarrollar cuando hay una experiencia de peligro o muerte de uno de los padres o del niño, el que sobrevive queda atado fuertemente al que murió. También puede darse cuando el hijo anterior o posterior al nacimiento del hijo atado murió por enfermedad o aborto, el miedo de que el que vive muera impide a los padres desprenderse de él. 4) Dependencia: Significa dejar de ser uno mismo y carecer de opciones, actitudes ni comportamientos libres y depender emocionalmente de otra persona, poniendo la felicidad del otro por encima de la de ella, por eso le permite a la persona de la que depende que tome decisiones que sólo corresponden a la persona, entregándole el control de su propia vida. 5) Control: El control lleva una carga de desaprobación que da en el blanco de las emociones de otros, ya que descubre sus puntos débiles y los explota. El controlador busca estrategias conscientes e inconscientes para lograr que la otra persona haga lo que él quiere, mostrándole su desaprobación de alguna manera, dándole el mensaje que está mal por lo que piensa, hace o siente; esto crea tensión, enojo y lucha a su alrededor. Algunas formas de control son: • El silencio: que produce en la persona controladora una gran cantidad de culpa y enojo. • La enfermedad: pueden experimentar enfermedades reales o imaginarias, emocionales o físicas y muchas veces los enfermos no se quieren curan para seguir controlando a su familia. • La fuerza física: el miedo a ser lastimado le da al controlador la fuerza aparente. Cuando un niño es golpeado en forma constante, difícilmente regresa los golpes, pero su enojo acumulado por años lo dirige hacia sus propios hijos o alguien más débil, como su esposa o sus hermanos menores. • La agresión verbal: Simulada o abierta, sarcástica o disfrazada, e incluso en forma de consejo hace mucho daño. Otras formas son: la amenaza de muerte, la seducción, el dinero, el esposo logra lo que quiere de la esposa controlándola por el dinero, los padres lo hacen con los hijos. También se incluyen la sobreprotección, las expectativas, la crítica y la manipulación. Las raíces vienen desde la infancia, en donde la conducta de los miembros de la familia era impredecible y causaba mucha ansiedad y angustia, por eso los hijos tratan de controlar lo externo para disminuir la angustia interna. 8.5 Cómo tratar la codependencia Al tratar la codependencia nos damos cuenta cómo el niño interior y el sí mismo auténtico detienen su desarrollo, dando paso a la existencia del sí mismo codependiente que surge en respuesta para poder sobrevivir en un mundo hostil. Ese ser coodependiente aparece como controlador, dependiente, reactivo, rescatador o atado a otra persona. Lo siguiente es un proceso de cuatro pasos para que los niños de la calle puedan descubrir y contactar a niño interior: 1) Mediante este proceso los niños pueden descubrir su sí mismo, esto es por medio de identificar cuáles son sus necesidades y cuáles de éstas en su familia no fueron satisfechas, el siguiente ejemplo es un testimonio de un grupo de Al-Anon de codependientes: “Aprendí a hablar de mí y a considerar mis sentimientos, logros y preocupaciones como validos e importantes.” 2) Conocer las necesidades actuales en los planos físicos, emocionales y espirituales y tratar de satisfacerlas por medio de un grupo de apoyo. Este trabajo es un poco lo que realiza Al-Anon, que son una hermandad de parientes y amigos de alcohólicos o drogadictos que comparten su experiencia, fortaleza y esperanza con el fin de encontrar solución a un problema, ya que tienen la idea de que un cambio de actitud puede ayudar a la recuperación de la codependencia. “Muchos de nosotros decidimos entregar nuestro “sí” a un Poder Superior. Al hacerlo, abandonamos el papel de víctimas, esperando que las cosas cambien. Optamos por cumplir un papel más activo en la búsqueda de la felicidad, ahora mismo. Hay muchos aspectos de mi vida que no puedo cambiar. Lo que si puedo cambiar es mi actitud. Hoy puedo aceptar mi vida tal cual es. Puedo sentirme feliz y agradecido con lo que tengo ahora mismo.” 3) Para identificar, experimentar y llorar las pérdidas es importante vivirlas en un proceso completo grupal de duelo, donde exista contención y acompañamiento. 4) Se puede sanar el niño interior mediante visualizaciones que ayudan al reencuentro con ellos mismos mediante ejercicios guiados. “La recuperación es un proceso. Lleva tiempo recuperar la confianza, lleva tiempo cambiar, curar viejas heridas; no hay soluciones instantáneas o inmediatas. Todos pasamos por épocas oscuras en nuestras vidas, pero el viaje a tiempos mejores es lo que a menudo nos hace más felices y más fuertes. Cuando dejemos de esperar el alivio instantáneo puede que lleguemos a creer que hoy nos encontramos exactamente donde nuestro Poder Superior quiere que estemos.” La logoterapia los puede hacer entrar en un proceso de sanación en donde los niños de la calle tengan un abordaje logoterapéutico, como el que Efrén Martínez hace para adictos, que puede ser aplicable para los codependientes. Los temas de grupo que propone son: responsabilidad, voluntad y sentido, valores, la triada trágica, el sentido de vida y el suprasentido, de manera didáctica y con ejercicios de cuestionamiento personal. Los temas se experimentan, se abordan y se revisan con el apoyo didáctico de ejercicios. Efrén Martínez desarrolla la Red Existencial como un grupo de apoyo, en el que a través de cuentos referentes a determinados temas, el grupo hace una reflexión sobre el tema, lo aplica a la propia vida y habla de su propia experiencia, compartiéndola, dándose cuenta que hay similitud entre sus compañeros, encontrando cohesión, apoyo, afirmando que las dependencias son un mal-estar existencial dado por el vacío existencial y por la búsqueda del placer y el poder. 9. La resilencia 9.1. ¿Que es la resilencia? El término “resilencia” se refiere originalmente a la capacidad de un material para adquirir su forma inicial, después de someterse a una presión que lo deforme. El hablar de resilencia en términos humanos, se refiere a la capacidad de un individuo o de un sistema social de vivir bien, de desarrollarse positivamente a pesar de las difíciles condiciones de la vida y, más aún, de salir fortalecidos y ser transformado por ellas. “La resilencia es una capacidad profundamente espiritual que no aparece por la intrusión de ciertos factores, sino que es descubierta, al igual que el sentido, por medio de valores que colaboran para la ampliación de un campo fenoménico vivido por la persona de una forma particular, construyendo un repertorio de actitudes y conductas constructivas y existenciales frente al mundo, a sí mismos y su interpretación.” Resumiendo lo anterior, la resilencia es la capacidad humana para enfrentar, sobreponerse y ser fortalecido o transformado por experiencias de adversidad. Es la capacidad para superar las crisis como el dolor, la muerte y la pobreza, que son situaciones límite, ante las cuales el ser humano se resiste o se opone con su espíritu, esta resistencia la trae en esencia como luchador innato y sobreviviente de la esperanza. Esta resilencia es aplicable a los niños de la calle, en donde se les enseña que son capaces de construir o reconstruir su propia vida a pesar de las circunstancias difíciles, y a usar las crisis como oportunidades para crecer, porque las crisis son conflictos de alta intensidad y, por lo tanto, con un alto poder de transformar individuos y sociedades; porque a pesar de las dificultades hay algo positivo en la vida y ellos pueden darle coherencia y orientación a la misma. Crear vínculos o lazos de ayuda en donde se acompaña en el dolor, unirse a la angustia del sinsentido para dar esperanza y así puedan crear vínculos con ellos mismos y con los demás. 9.2. Los pilares de la resilencia Resilencia personal: I. Autoestima II. Capacidad de relacionarse III. Iniciativa IV. Creatividad V. Moralidad VI. Humor Resilencia comunitaria: i. Autoestima colectiva ii. La identidad cultural iii. Liderazgo iv. Honestidad 9.2.1. Resilencia personal: I. Autoestima La autoestima es considerarse a sí mismo alguien valioso. Jorge Bucay emplea la palabra valor en forma horizontal, dándole una definición a cada letra de la palabra. Yo creo que ésta es una de las más completas y claras definiciones que pueden ayudar en términos resilentes: Verdadero: La persona es valiosa por el simple hecho de ser quién es, auténtico y aceptante, sin ser como las otras personas esperan que sea. Autónomo: Esta persona es capaz de fijar sus propias normas, es aquella que decide por sí misma lo que es bueno o malo para sí. Limitante: Es la persona que establece límites del espacio que ocupa. Se da a ella misma un lugar y establece desde allí el respeto a los demás. Orgulloso: Es la persona que se siente orgullosa de ser quien es, se siente contenta, aceptada y conforme consigo misma. Receptivo: Es la persona que se sabe digna de recibir y acepta de la vida lo que ésta le concede. Jorge Bucay lo resume en lo siguiente: “En suma tener una buena autoestima significa ser verdaderamente quien soy, autónomo, capaz de poner límites, orgulloso de ser quién soy y, por último, absolutamente abierto a recibir del universo lo que me he ganado.” II. Capacidad de relacionarse Gracias a la capacidad de relacionarse, los niños de la calle encuentran vínculos con otros, donde pueden expresar sus sentimientos amorosos, sus tristezas y sus alegrías. Gracias a estos vínculos pueden tener la capacidad de relacionarse más sanamente con ellos mismos. La capacidad de relacionarse con el mundo y con ellos la desarrollarán aún más cuando sean adultos. Las aptitudes de supervivencia prácticas de la vida cotidiana como administrar dinero, lavar ropa, convivir y adaptarse en la sociedad. Pertenecer a la sociedad, sentirse como una parte de ella y encontrar su lugar en el mundo. Para esto es necesaria la comunicación afectiva para el crecimiento humano, porque al comprobar que los otros nos escuchan, aumenta el respeto a nosotros mismos, esto se puede experimentar con los niños de la calle, por ejemplo en la bandas; sin embargo, la banda tiene comportamientos sociales inaceptables, en cambio, pueden crearse lazos como grupo de ayuda en donde se dé la comunicación, la pertenencia, el vínculo afectivo y el acompañamiento para superar las crisis y el dolor mediante la red de ayuda grupal. III. Iniciativa Para que la respuesta sea una respuesta de recuperación y la lucha tenga un sentido, es importante la iniciativa para activar el potencial humano y que se logren buenos resultados. Se necesita iniciativa para superar los miedos y tener la fortaleza de convertir el trauma en una oportunidad de crecimiento, implica desarrollar y fortalecer factores que dinamicen y activen el potencial humano para poder superar las dificultades y salir fortalecidos de ellas. IV. Creatividad Es la capacidad de crear sentidos y significaciones o un entendimiento profundo a pesar de las dificultades, de que hay algo positivo en la vida. Este modo de ver la propia vida que es capaz de dar orientación y congruencia a la misma. Crear es hacer algo nuevo con lo viejo, aceptar la propia rabia y convertirla en fuerza de trabajo. V. Moralidad Este tipo de moralidad es actuar llevado por lo que eleva a la persona a alcanzar un bien para él mismo o para el otro, este bien es universal, personal único y en él se puede encontrar la realización. Los valores son esta parte de la moralidad que ayuda a encontrar lo valioso e importante. Esta moralidad es fruto de la propia conciencia y no de las creencias de los demás, sino de la propia creencia, por eso es importante apelar a la reflexión para diferenciar lo propio de lo ajeno y tener una dirección hacia el sentido. VI. Humor Las personas que son capaces de reírse de sus males, llevan la mitad del camino recorrido. La base del sentido del humor es el mismo sufrimiento. Esto sucede cuando se reconoce el humor ante lo imperfecto, el fracaso, la capacidad de admiración ante lo inesperado y cuando la respuesta es una sonrisa, tal vez no acaba con el sufrimiento, pero lo aligera. Quien logra reírse de sí mismo gana libertad interior y fuerza, porque con el humor se dinamiza el potencial humano en situaciones límite. El humor es la capacidad de conservar la sonrisa ante la adversidad. “En ocasiones, el humor ayuda a transformar el dolor oculto en dolor digerido, integrado en el tejido de la vida.” “El humor como expresión de la ternura hacia la imperfección vuelve soportable la tensión entre el ideal y la realidad, preservando aquella.” “Lo que este tipo de humor pretende es crear una distancia entre la persona y su problema.” 9.2.2. Resilencia comunitaria i. Autoestima colectiva Los pueblos que poseen una rica cultura con estructuras filosóficas y metafísicas en sus tradiciones, son factores importantes en la resilencia porque es más fácil reanimarse cuando uno tiene un punto de anclaje en sí mismo que proviene de la cultura, como las tradiciones espirituales, por ejemplo, en sus enseñanzas señalan que una cara que vemos es la material, con su juego de poder y relaciones, que va de nosotros a nuestro entorno y del entorno hacia nosotros. La otra cara que no vemos es la espiritual, ahí reside la autoestima colectiva, que consiste en el transcurrir de las relaciones simbólicas, historias sobre lo humano con un contenido fuerte de sentidos y significados que elevan al ser humano por encima de sus sufrimientos y lo ayudan a ser resilente porque posee otra manera de ver las cosas, por ejemplo las historias de los grandes maestros como Jesús y Buda, su ejemplo de amor y búsqueda de un conocimiento interior, las historias bíblicas como la de José el soñador es un gran ejemplo de resilencia. “Esos corresponsales simbólicos de nuestra experiencia son las ideas. Nos adentramos en un dialogo del alma con el alma. Pasamos a otro plano. La existencia encuentra su traducción en otra parte, de tal modo que no se encuentra bloqueada. Vivir simbólicamente las cosas es no tomar nunca el camino corriente, es decir, la vía bloqueada. Es ver siempre la salida, una salida proveniente de otro lugar. Esto es lo que quiere decir dar un alma a la existencia” ii. La identidad cultural Son las redes de apoyo que un ser humano requiere para sentirse parte del mundo, de la sociedad, del país, de la familia, intercomunicación afectiva que es la base de todo crecimiento humano. Crear lazos es acompañar, los seres humanos en circunstancias difíciles requieren una mano amiga, un cómplice significativo que les permita crear lazos y vínculos consigo mismos, con los otros y con su entorno. Estos caminos que vinculan son los que suscitan el potencial humano de la resilencia. El reconocimiento de los derechos de los niños de la calle, en función de los valores sociales, les permite transformar sus emociones, reparándolas mediante la construcción de una identidad social legitimada y sostenida por valores culturales y sociales. iii. Liderazgo La resilencia hace que los niños de la calle puedan superar traumas y heridas del robo, de la violencia y de la soledad de las dependencias, reconociendo su valor, fortaleciendo sus vínculos, teniendo la iniciativa y creatividad de una actitud positiva acompañada del humor que pueda reparar los daños sufridos, para responsabilizarse y actuar con libertad de conciencia se les puede mostrar el modo de hacerlo. Para eso se necesita el liderazgo que es en realidad una ayuda mutua, ayudar a dar sentido a la tragedia, compartir sus experiencias con otros que le puedan entender y escuchar y la pueda proyectar en un espacio de creatividad. Si se les da esa oportunidad, pueden descargar sus problemas en una realidad menos cruel, más esperanzadora y así no tener que recurrir a las actitudes hostiles, a la comisión de actos delictivos y a las múltiples violencias. Al ser resilentes pueden reparar con creatividad encontrando imágenes de ellos mismos y con ellas les den ganas de combatir la fatalidad, que les den valor para cambiar y actuar. iv. Honestidad Uno de los problemas que plantean los problemas dirigidos a los niños de la calle es el que se les considere como víctimas, esto es tener la incapacidad de ver en ellos las potencialidades que existen en cada humano y que cada uno tiene para enfrentar las adversidades. La honestidad se puede practicar en la forma cómo se ayuda. En cualquier tipo de trabajo comunitario se empieza por la honestidad del tutor o facilitador resilente, por eso es importante dejar a un lado el protagonismo del tipo salvador, paternalista y asistencial y ver en ellos la posibilidad de transformar su propia manera de verse como personas capaces de afrontar sus vidas a pesar de las adversidades. El poder trabajar honestamente es posible mediante la continua revisión personal para ser una persona capaz para este tipo de trabajo. La madurez emocional, el control sobre la propia salud mental, la paciencia, la tolerancia y la conciencia para no tratar de controlar los eventos y las personas, son elementos que se cultivan con la honestidad hacia uno mismo, para poderlo hacer con los demás. 10. Los niños de la calle y la logoterapia Cuando trabajé con los niños de la calle en el hogar Nuevo Amanecer, ahí, en este amanecer, se formó mi espíritu, mi conciencia y mi voluntad; ahí observé como la logoterapia tiene vida, evaluando mis propias actitudes frente a las dificultades, teniendo valor para ver de frente mis propias inseguridades y miedos, abriendo mi corazón a los mensajes y aprendizajes que recibí de ellos: los niños de la calle. ¿Puede un ser que ha sido concebido en el rechazo, en el maltrato, en la fuerza de la violencia del alcohol, en la adicción a los inhalantes, percibirse como un ser con capacidades humanas para encontrarle sentido a su vida, darle un valor a su experiencia y a su persona única e irrepetible? ¿Puede un ser que ha sido abandonado o que ha decidido abandonar la opresión de su hogar de origen en busca de la sobrevivencia, entender que es un ser con gran valor, merecedor de afecto, poseedor de un espíritu capaz de revelarse frente a las adversidades? ¿Son estos niños un producto de la herencia y del medio ambiente? ¿Pueden llegar a ser lo que desean, volviendo su atención a una meta, una tarea o una persona? ¿Pueden ser libres y responsables para elegir y accionar la libertad de la voluntad, eligiendo entre una variedad de valores, que se encuentran más allá de su entorno, del medio ambiente y la herencia? En resumen, ¿pueden los niños de la calle darle un sentido a su sufrimiento? Estas preguntas me surgen cuando observo de cerca el problema de los niños de la calle: es de maravillarse que, a pesar de haber vivido rechazo, maltrato y violencia en sus familias, a pesar de sufrir adicciones y vivir en la calle un sinnúmero de abusos, yo fui testigo de cómo algunos de ellos salían adelante, tienen el poder desafiante del espíritu humano; en algunos otros casos, las cosas eran diferentes, aunque todos tienen ese espíritu capaz de revelarse ante las adversidades, algunos no lo activan, operan dentro de ellos el rechazo, el maltrato y la violencia física y verbal que siguen ejerciendo dentro de ellos mismos. Surgen más cuestionamientos: ¿por qué unos pueden y otros no? ¿Es lo vivido en el medio ambiente o la calle lo que los determina, o ellos se autodeterminan? La respuesta está en la diferencia de que unos tienen sueños y esperanzas a pesar de todo; activan su parte humana: la herencia y el medio ambiente no los determina. Surge lo humano que hay en ellos a pesar de lo vivido en la calle, ellos tienen la libertad interior de decidir por caminos más saludables, es claro que mientras ellos luchan por su sobrevivencia se vuelve difícil apelar a la libertad y a la voluntad, pero es importante subrayar que algunos de ellos lo hacen, son dueños de su libertad. Es irreal pensar que todos pueden llegar a alcanzar esto, es verdad, el factor hereditario no lo podemos cambiar, y tampoco el medio ambiente. Sin embargo, creo firmemente que a pesar de esto y con la ayuda de la logoterapia el niño puede apelar a su voluntad, esto puede ser enseñándole al niño que la tiene, que es dueño de ésta y puede aprender cómo con ella puede decidir y así defender su libertad frente a su campo de acción que le deja el destino, es decir, con su voluntad puede modificar sus actitudes, darle un sentido a lo vivido y tener un significado o tarea que lo impulse. De esta manera se activa y se apela en ellos el poder de su espíritu humano y se puede dejar a un lado al fatalismo característico de los niños y adolescentes de la calle que viven día a día un tipo de existencia provisional. 10.1. La existencia provisional Por mi experiencia pude ver a los niños viviendo la existencia provisional, ellos viven día a día porque están inseguros de lo que mañana les pueda pasar en la calle; desconocen si se van a morir en el “pasón” (que es inhalar en exceso sustancias tipo solventes que pueden causarles la muerte), si van a comer o si van a estar seguros de dónde dormirán, si se van a enfermar, o van a ser víctimas de los traficantes o si van acabar en la prostitución infantil o la policía abusará de ellos, sexual, físicamente o quitándoles su dinero. En fin, al sólo tener la supervivencia del momento, viven continuamente atentos a lo que acontece en la calle sólo tratan de sobrevivir, procurándose, a veces sin éxito, lo básico para subsistir. Experimenta la “neurosis de expectativa” que hace que se vuelvan impulsivos, que queden a merced de sus reflejos y reacciones. El Padre Chinchachoma solía decir que viven una angustia permanente que les hace sentirse culpables, tener sentimientos negativos hacia su familia o hacia la sociedad, que no ha satisfecho sus necesidades básicas, por lo que se definen como “malos” por albergar estos sentimientos hacia sus padres. Están en continuo desplazamiento físico, buscan la seguridad en el dinero, viven una libertad física que les causa placer y les permite crear un mundo imaginario. Comienzan a vivir provisionalmente, sin equilibrio, entre la constante amenaza de la supervivencia y la carencia de obtener una visión positiva de sí mismos; por lo tanto, el “yo” se debilita su autoconcepto es: ”yo no valgo por que no me quieren”. Lo que cito a continuación es un diálogo que sostuvo el padre Chinchachoma con un niño de la calle, que ejemplifica lo anterior: Padre: ¿Por qué te fuiste de tu casa? Niño: Porque no me quieren Padre: ¿Por qué no te quieren? Niño: Porque me pegan Padre: ¿Por qué te pegan? Niño: Porque robo Padre: ¿Por qué robas? Niño: Porque soy malo El Padre Chinchachoma sostiene que hay un pensamiento vivencial, que viene de un proceso lógico como el anterior ejemplo de contenido negativo derivado de las experiencias vividas del pasado, esto causa dualidad en el pensamiento, por ejemplo, en el caso de la madre golpeadora de un niño, él se dice: ¡se ve mala! Y, por otro lado, se responde: ¡pero es mi madre! Esto genera una culpa angustiosa y el niño se cree culpable, por lo que concluye con una definición falsa, en donde se devalúa, por considerarse sin valor se castiga y entonces enfrenta la vida desde una postura de temor e impotencia de desesperanza. Como no se valora, busca fuera de sí su valor, en elementos ajenos a la propia persona. La base de la concepción negativa del propio ser se origina en la falta de dependencia de alguien; en este caso, de la familia tanto del padre como de la madre, por consiguiente lo lleva a diversas variantes de dependencia de algo, como pueden ser las adicciones. También él explica que los niños de la calle buscan fuera de sí porque están en la necesidad de tener que abastecerse por sí mismos, buscan su propio sustento en la calle; es decir, buscan fuera lo que dentro de ellos no pueden encontrar, por ejemplo a través del robo recuperan su concepto de valía, según su habilidad de robar cosas, el robo, aparte de vivirlo como un logro con su dosis de adrenalina, los hace sentirse seguros el poder tener dinero aunque sea momentáneamente. Otro ejemplo es el de un trato violento de golpes continuos donde el padre somete al niño, esto hace que éste, cuando sea adulto, repita la conducta y se valore sometiendo al niño por los golpes que le propicia. Un trato violento y abusivo del padre a la madre hace que el hijo interprete la violencia como amor. Estas cargas emocionales están llenas de adrenalina por el miedo causado, por la emoción del robo y la violencia y por consiguiente esto hace que combinen muy bien la droga con la adrenalina que les genera la acción de la emoción del robo y la tensión que se requiere para lograrlo. “Negada la verdad de su valor personal, buscará la valoración afuera de sí, es decir, en elementos ajenos a la propia persona y al propio ser. Esto nos dará un ser humano que buscará los valores de sí, de la persona, en elementos ajenos a sí mismo.” Mencionado lo anterior, es muy importante resaltar que los impulsos, los reflejos y las reacciones son la energía que los niños necesitan para sobrevivir en la calle, pero ellos están regidos por algo superior a esto: ellos mismos, al darse cuenta de esto pueden construir a largo plazo una vida digna y verla como una prueba, como el punto culminante de su existencia. 10.2. El poder desafiante del espíritu humano La herencia, la genética, el medio ambiente y los impulsos de sobrevivencia son necesarios, son parte de un todo, de la unidad que acompaña al ser humano en su ser total, como lo físico, biológico y lo psicológico. “El hombre tiene impulsos, pero los impulsos no lo tienen a él. Toda afirmación de los impulsos está determinada y condicionada, por el hecho de que el hombre tiene también la libertad de negar un impulso.” Esta totalidad forma parte del existir de la persona, “ex-sistir” significa salir de sí mismo y ponerse frente a sí mismo, esto quiere decir que el hombre tiene la capacidad de ponerse frente a sí mismo, frente a sus limitaciones físicas, biológicas y psicológicas, sus pronunciamientos negativos y sus cargas emocionales, frente a su medio ambiente, lo vivido en el lugar de origen y en la calle y la herencia, drogadicción, alcoholismo y violencia, esto hace que salga de ellas, que se pueda distanciar y llegue por encima de ellas a sí mismo, a su espíritu que no enferma y es ahí es donde acontece su existencia. ¿Cómo sale el ser humano de sí mismo para situarse frente a sus limitaciones? Esto lo hace cuando establece un diálogo entre lo corporal, lo psíquico y lo espiritual, lo que es frente a su cuerpo y frente a su pensamiento: “El hombre como espíritu está siempre adoptando una postura ante sí mismo, en cuanto cuerpo y alma; el hombre como espíritu se enfrenta siempre consigo mismo en cuanto cuerpo y alma. Lo que el tiene frente a sí, es el cuerpo y el alma; lo que es frente al cuerpo y el alma es el espíritu. El hombre tiene cuerpo y alma, pero es espíritu.” ¿Pueden los niños de la calle enfrentar su existencia desde la postura de que su vida puede tener una misión o tarea, o que tal vez pueda ser una prueba? En mi opinión, cuando los niños están en las calles sobreviviendo se vuelve difícil ver la vida como una tarea, una misión o prueba, cuando lo básico como el techo, la comida y la salud falta; pero muchos de ellos se encuentran en instituciones donde esto está cubierto, ahí es donde ellos pueden darse cuenta de que pueden elegir, que pueden decidir por ellos; esta elección los eleva por encima de los condicionamientos porque a pesar de la herencia y el medio ambiente, pueden adoptar una actitud ante lo que les tocó vivir en su pasado, ante sus circunstancias presentes y lo que es su sentido, misión o tarea en el futuro. Entonces ellos pueden ser más fuertes que las condiciones exteriores que vivieron en sus familias y en la calle, y la interiores, como son las cargas emocionales de abandono, la violencia y el abuso. Pueden hacerle frente a su vida, pueden resistir las molestias y dificultades mediante descubrir sus significados y su sentido de vida. Por consiguiente, evaluar lo que es importante en su existencia única e irrepetible, es escoger vivir a través de valores como son: los valores de creación, de experiencia y de actitud, dicha elección lo hace responsabilizarse por la elección libre de cada uno, hace que se cuestione lo que es valioso y significativo. Esto es tener un concepto positivo de la vida y el mundo, porque cuando la vida se presenta como una prueba y es sometido a prueba, cuando algo o alguien lo mueve interiormente y le interesa, cuando para el niño vale la pena, puede resistir las adversidades, puede ser más fuerte que las limitaciones interiores y exteriores, esto lo hace que las resista, que elija un campo de acción frente al destino, que sea libre para salir al encuentro de sí mismo mediante esta forma de hacer frente, de obstinarse, ahí es cuando sale la fuerza del espíritu: el poder de obstinación que hay en él: “Nada hace superar al hombre tanto, nada es capaz de activarlo más, nada le hace superar las molestias o dificultades tanto, como la conciencia de la responsabilidad personal, la experiencia vivida de su misión especial.” Como ya lo he expuesto, cuando aparecen los valores y el sentido desaparece este modo impulsivo desarrollado en la existencia provisional; porque al elegir lo valioso y significativo, hace que aparezca la conciencia de ver con claridad y responder con esa actitud; el saberse libre y responsable, el cambiar el modo de verse a sí mismo, el darle un valor a la experiencia pasada y a las actitudes presentes, surge un sentido al dolor, a las pérdidas y a lo sufrido. ¿Como podemos fomentar en los niños de la calle la capacidad de oposición del espíritu? Se puede fomentar la conciencia en ellos para que puedan transformar su calidad de vida, esto se puede hacer mediante los ejemplos de historias de vida de personas que han dado ejemplo y han sido resilentes, a pesar de las dificultades y sufrimientos para cambiar la posición que tienen ellos ante los destinos biológicos, sociológicos y psicológicos. 10.3. Capacitación para el sufrimiento ¿Por qué el sufrimiento capacita a quien lo tiene? El sufrimiento los puede capacitar para dominar su destino desde adentro, desde ellos mismos, responsabilizándolos de lo que van a ser y quieren hacer con su vida, esto es: cómo van a responder. La respuesta surge de la elección interior de cada uno, si estos niños de la calle aprenden que sus repuestas forjan lo que son y las dirigen hacia una dirección, entonces están decidiendo por ellos y no el destino ni las demás personas. Entonces sufrir significa obrar y significa crecer, pero significa también madurar. Madurar es superarse a sí mismo, esto significa elegir, darle un significado o sentido al sufrimiento, o tener una actitud ante él, esto es superarse a sí mismo, es alcanzar la libertad interior, que no depende de los condicionamientos externos y que a pesar de estos pueden elegir cómo van a actuar ante las circunstancias. “Sí, el verdadero resultado del sufrimiento es un proceso de maduración. Pero la maduración se basa en que el ser humano alcanza la libertad interior, a pesar de la dependencia exterior.” Esto puede pasar con este tipo de niños y adolescentes, que viven en las calles situaciones extremas, en condiciones que le son impuestas, con circunstancias que los hacen reaccionar impulsivamente, pero los dejan libres para el dominio interno de su destino, esto es la libertad interior, estas situaciones extremas hacen que la alcance. Entonces, esto puede ser, asumiendo el sufrimiento, dándole significado o asumiendo una actitud ante él, hace que lo trágico que acontece en la existencia pueda ser afrontado, puede dar uno sentido a su vida ejecutando una acción o la persona puede hacerlo suyo y trascenderlo, porque está más allá de sí mismo: por algo, para algo, por alguien. Estos hacen que descubran un sentido. “Mas la capacidad de sufrir no es en último término otra cosa que la capacidad de realizar lo que llamamos valores de actitud. No solamente el acto creador (que corresponde a la capacidad de trabajo) puede dar un sentido a la existencia, hablamos en este caso de la realización de valores de creación, y no solamente la vivencia, el encuentro y el amor, los valores de vivencia, sino también el sufrimiento, como la posibilidad de realizar el supremo valor, de la oportunidad de cumplir el mas profundo sentido.” El sufrimiento tiene una función: la de enseñar, porque crea y anuncia una insatisfacción y una esperanza que nos lleva al crecimiento, esto lo hace cuando el que lo experimenta ahonda en el significado, valor y sentido de su vida. ¿Cómo se puede crecer a través del sufrimiento? 1) Ver la crisis como una oportunidad, el sentido de la crisis es crecer. 2) Libertad y elección: distinguir las situaciones que pueden cambiar los niños de la calle de aquellas que sólo pueden aceptar, la actitud ante las situaciones límite, porque lo que opten en el presente hace su futuro. 3) Responsabilidad: Ser responsable de él mismo. 4) Aceptación: La aceptación hace que vuelvan a creer en ellos 5) Transvaloracion de valores: significa transformación, cambio y sustitución de valores. Establecer nuevos valores y los principios de una nueva valoración, que es la aceptación y recuperación de la fe. El sufrimiento bien asumido es fuente de crecimiento. 6) Adaptación: Significa ir hacia la propia misión. Es cuando se acepta el cambio. 7) Cumplimiento de uno mismo: Es aprovechar las crisis como oportunidad para crecer, para que puedan hacer lo mismo en crisis posteriores, una crisis bien procesada hace que la persona aprenda su propia manera de vivir y de cómo superar las crisis. 8) Dignificacion del esfuerzo: son los valores de actitud, la oposición del espíritu. Los valores superiores son los que exigen el máximo esfuerzo y honestidad, movilizan lo valioso de la persona. Los valores individuales de la libertad interior son los valores que hacen crecer, porque guían una actitud desde dentro de nosotros asumiendo una actitud de dignidad. 11. Una propuesta dirigida a los niños de la calle Como resultado del desempleo, la extrema pobreza, la falta de información en la educación y la violencia intrafamiliar, el numero de niños y niñas de la calle que huyen de situaciones muy adversas en su núcleo familiar va creciendo desproporcionadamente, así como lo expuse en los anteriores capítulos, donde datos de la UNICEF junto con el periódico Reforma, así como la investigación realizada por Alberto Segrera Tapia de la Universidad Iberoamericana, muestran datos y porcentajes de esto. Estos niños a veces no llegan a instituciones y viven en un ambiente en el cual muchas veces ellos mismos procrean más niños de la calle con los mismos problemas. Muchos de ellos ingresan a instituciones que apenas cuentan con ayuda económica para la subsistencia de estos niños y jóvenes. Desde mi punto de vista personal, considero de extrema necesidad que se vea al niño como un ser individual, único e irrepetible y se le proporcionen las herramientas para que pueda tener una mejor calidad de vida, una mejor autoestima, modificar sus actitudes y comportamientos con mayor conciencia, responsabilidad y encontrarle un sentido y significado, que le permita valorar lo que quiere ser y hacer en su vida. El siguiente escrito trata de un programa dirigido a los niños y niñas de la calle que se encuentren en instituciones, las cuales a veces enfrentan situaciones difíciles de sustento básico como dar comida, techo y educación, debido a veces a la falta de donativos o a la creciente población no pueden dar, como quisieran, una ayuda psicológica a estos niños proporcionándoles herramientas de vida que los ayuden a afrontar su vida, a encontrar sentido y significado al pasado y al presente para forjar un proyecto de vida, una tarea o misión, que les permita elevarse por encima de sus circunstancias. Es una labor en conjunto con la institución, que consiste en proveer a aquellos niños que lo requieran con ayudas psicológicas y afectivas; así como las sociales, como el contacto con el medio externo, de relación y juego, y las familiares, sustituyendo a las familias “parentales”, esto quiere decir que como no se puede contar con los padres y los hermanos, se puede hacer una sustitución, como por ejemplo, lo que hacia el Padre Chinchachoma en su institución. Él tenía un encargado por hogar, que fungía como representante familiar al que nombraba tío, éste manejaba una imagen de protección emocional, que es básica para el desarrollo y de ayuda. El Padre Chinchachoma era, a su vez, el padre de los niños, un padre amoroso que les daba seguridad. Para que los tutores sean sustitutos “parentales” o “facilitadores”, es necesario que ellos cuenten con ayuda terapéutica. La propuesta consiste en proporcionar a estas instituciones un perfil de profesionales de calidad para capacitar a los facilitadores, sustitutos parentales o tutores, a través de un proceso personal grupal en el que pueda externar sus problemas y preocupaciones, así como entender de mejor manera su labor, darle sentido y propósito, además de llevar a cabo un continuo cuestionamiento personal, esto ayudara a que las relaciones en los hogares sean mas sanas e impide la proyección y la contratransferencia de manera excesiva. Además de la capacitación de su personal, se requiere prestar a dichas instituciones un servicio logoterapéutico: un programa orientado a los niños y los adolescentes para que ellos, si así lo deciden, puedan darse cuenta que pueden tener la libertad para elegir y la responsabilidad de llevar una vida digna, verla como una prueba de su existencia; explicarles a ellos el poder desafiante de su espíritu como esa fuerza, como esa voluntad que hay frente a lo que ya no se puede cambiar; evaluar lo que es importante en su existencia, lo que es valioso y significativo en su vida, los valores de experiencia y actitud, ya que dichos valores invitan a realizarse, a modificar sus actitudes, a valorarse a ellos mismos, aprender a manejar los conflictos para llenar de significado el aprendizaje de su pasado, recurriendo al apoyo didáctico de fábulas, grupos de encuentro existencial, para que estos niños puedan manejarse de manera que puedan modificar sus actitudes y el conflicto con ellos mismos y con quienes los rodean. Este programa consta de una combinación de herramientas logoterapéuticas con los métodos utilizados por el padre Chinchachoma, sustentado en relación a la metodología de trabajo por la resilencia. Se trata de orientar a la comprensión y análisis de las experiencias de lo ocurrido, con cuentos, comunicación y diálogo en donde se reflexione y se retroalimente lo vivido. Los cuentos comunican experiencias vividas de historias comunes a los niños de la calle, las cuales narran la situaciones vividas en la familia, en las calles, coladeras y baldíos expresando los sentimientos que pasaron para darles un significado, aprender de lo vivido y cambiar el autoconcepto. Estos cuentos se leen, cada participante expresa lo que significa el cuento para él y después se retroalimenta y se aprende, así de esta manera se cuestionan las creencias recibidas en la educación de los padres, en donde la aceptación y la valoración personal eran inexistentes. Estos cuentos son vivenciados por los niños para hacer conciencia con temas acordes a lo que ellos vivieron o están viviendo, otras herramientas pueden ser el canto y los medios creativos como son el teatro, esto genera procesos regresivos mediante una vivencia que los sitúa en el origen de su problema para cambiar las falsas identidades y etiquetas aprendidas de los padres para ver realmente quienes son. El proceso para entender al yo engendrado en negativo hace que la persona finalmente encuentre su valor y que cese de identificarse con un mensaje ajeno a sí mismo. Encontrar la propia identidad y valoración consiste en dejar a un lado las mentiras aprendidas en el hogar de origen como las falsas etiquetas, aceptar las conductas negativas vividas por otros, o sea por los padres, asimilarlas, reclamar lo que se les quitó, el derecho que tenían de ser amados y que sus padres eran responsables de darles estos derechos que les fueron negados. Hacer un proceso de perdón para poder reconocerse y construirse en la vida y poder así lograr la paz, comprender lo que es el perdón y los duelos, pasar por el proceso para que puedan entender que a pesar de todo sus familias hicieron lo que podían hacer porque no tenían la capacidad para dar más o porque desconocían cómo expresar el cariño. Procurando de esta manera que se pueda procesar la rabia y el resentimiento. Llegar a ser ellos mismos, es decir tratar con las dependencias para producir los cambio sinceros, estos cambios internos que “el chincha” afirmaba que se dan porque existe un cambio neuronal, por ejemplo, un foco que recibe mucha luz brilla más, pero después se descompone y se apaga. Él explicaba cómo pasaba con las drogas; las neuronas se mueren, pero él decía que hay muchas más no utilizadas que se pueden utilizar y que hay una especie de cambio de neuronas. Este cambio lo observó con varios de sus hijos, se realizaba como un proceso en donde el individuo comenzaba a operar un cambio en él y por consiguiente, un cambio de neuronas. Contaba de un niño que llegó con él, casi parecía retrasado y gracias a que alcanzó una nueva conciencia de si mismo, las caricias y el amor ayudaron a que cambiara las drogas por las endorfinas, como él decía, el cambio por las endorfinas es el cambio por las drogas positivas, cuando este niño efectuó el cambio al año siguiente le dieron un premio en la escuela publica a la que asistía. El sentido del humor lleva el miedo hasta lo absurdo. Es uno de los pilares resilentes, el poder reírse de las adversidades, utilizar la resilencia como forma de recuperación, utilizando el humor, la autoestima, los vínculos, la moralidad y la creatividad, como ya se ha mencionado para ayudar a modificar sus actitudes y la visión de ellos mismos y de su vida. El sentido de vida como respuesta al vacío, a los golpes de la vida, a las crisis personales, cuando no cuentan con ellos mismos, apelando a la conciencia para que haga contacto con su ser en honestidad y desde ahí pueda elegir con libertad, haciéndose responsable y no víctima, y así encuentre su sentido, escuchar esa voz interior sabia y profunda, aprender a confiar en ella y transformar sus actitudes en dirección al sentido, adoptar actitudes frente a cada circunstancia de la vida. 11.1 Aplicación Este programa está dirigido a instituciones de niños y niñas de la calle que deseen una ayuda para sus integrantes, ya sean los niños, jóvenes o las personas que conviven con ellos, que tengan problemas de adaptación, de autoestima, de comportamiento, vacío interior, apatía, agresividad o sentimientos de soledad y desesperación. También está diseñado para capacitar a tutores o líderes de grupo para que a su vez puedan aplicarlo en beneficio de las personas que integran la institución. 11.2 Objetivo del programa Al finalizar el curso todos los participantes, niños, niñas, o grupos de convivencia, facilitadores y tutores cercanos a ellos, serán capaces de identificar o clarificar lo que es el sentido de vida, a través del autoconocimiento y definición de lo que es valioso para ellos y puedan conocer la fuerza de oposición de su espíritu y redescubran sus recursos y herramientas internas. Cada sesión cuenta con ejercicios vivenciales así como con una parte teórica en donde se explica el tema a tratar. Los ejercicios vivenciales son prácticas en las que se experimenta lo tratado en la teoría, se lleva a la propia experiencia y vida. 11.3 Contenido del programa 1. Presentación e integración del grupo y encuadre (Duración: 2 horas) 1.1 Objetivos y expectativas del grupo. 1.2 Encuadre, establecimiento de las reglas del grupo. 1.3 Ejercicio vivencial para un grupo estructurado: a) La comunicación como medio para aprender a escuchar y comunicar. b) La inclusión como manifestación del grupo, sentirse dentro y fuera, así como pertenecer. c) El control, el arriba y abajo, los sentimientos no son ni buenos ni malos, autocontrol, respeto, no hay juicios, cada uno es responsable de su decir. d) Las semejanzas y diferencias que se dan en el grupo y sus componentes. e) El afecto como compasión por mí y por el otro. 2. Autoestima (Duración: 8 horas, 2 horas por sesión) 2.1 Autoconcepto ¿Quién creo que soy? a) El yo engendrado en negativo a través de un cuento, en éste se narra cómo un niño se creyó un mensaje ajeno a sí mismo, cómo adoptó el mensaje de “eres malo” y trato de desarrollar esa identidad, cómo se vivió con falsas etiquetas que fueron las mentiras aprendidas en el lugar de origen. El objetivo es tratar de entender conductas negativas de los padres, que no tienen que ver con lo que en realidad la persona es. b) Retroalimentación de grupo, ¿qué parte del cuento refleja algo de mí?, ¿Recibo un mensaje del cuento? y ¿Qué aprendí? 2.2 Autoestima a) ¿Cómo lograrla? - Agrado por ti mismo - Valor de la persona - Errores ¿pérdida de valor? - Ejercicio vivencial b) Trucos de la mente - El juez - Mente que interpreta en tu contra - El tirano: “debes” - Ejercicio vivencial c) Tu mejor amigo eres tú Compasión, empatía: ponerse en el lugar del otro y autoestima. La autoestima y los demás. Los mensajes positivos de autoestima. Ejercicio vivencial. 3. La pertenencia (Duración: 2 horas) 3.1 La pertenencia a) La capacidad para relacionarse b) La identidad cultural desde la resilencia. Las desventajas de la pertenencia mal entendida en la adolescencia. 4. Valores de creación, valores de experiencia y valores de actitud (Duración: 2 horas) 4.1 ¿Qué es un valor? a) Construcción de la propia escala de valores 4.2 Valores de creación a) El trabajo como misión que le da sentido a la vida b) El trabajo como vínculo con los demás c) El sentido del trabajo d) Mi unicidad frente al trabajo e) El trabajo sin sentido, el aburrimiento y la desocupación 4.3 Valores de experiencia a) El sentido del amor b) Fromm y las características del amor: cuidado, respeto, cariño, responsabilidad y conocimiento c) Diferentes tipos de amor d) La relación amorosa 4.4 Valores de actitud a) La tríada trágica 5. La voluntad de sentido como herramienta personal (Duración: 2 horas) 5.1 Distinción entre desear y querer a) Tendencia y anhelo b) Determinación, evaluación de la meta pretendida c) Esclarecimiento de lo que se quiere d) Persistencia e) Iniciativa f) Orden y constancia g) Ejercicio 6. Libertad y responsabilidad (Duración: 4 horas) 6.1 ¿Qué es la responsabilidad? a) La responsabilidad no es una obligación b) Tipos de responsabilidad 6.2 Relación entre responsabilidad y libertad a) Libertad de hacer b) Libertad de ser c) La libertad se conquista d) La libertad y la actitud ante el destino e) Grupo semiestructurado: cuenteria y ejercicio vivencial 6.3 Autoconocimiento ¿Quién soy? a) Restitución del derecho negado: ejercicio vivencial, reclamar lo que se les quitó para que salga el enojo. El derecho a recibir amor, entender las propias conductas negativas que hacían que se valoraran hacia afuera, al robar y robarse, esto no era por maldad, sino por la necesidad de valorarse. Ejercicio de regresión del feto. b) ¿Quien soy?, ejercicio de expresión con recortes de revistas y pintura, retroalimentación ¿qué aprendí? 7. El sentido de la culpa (Duración: 2 horas) 7.1 La traición a mí mismo ¿Por qué no acepto mis sentimientos? Ayudar a hacer conciencia de los comportamientos incongruentes de los padres, a través de comprender que lo que dieron fue lo que ellos pudieron dar porque no sabían dar otra cosa, es importante concientizar que el comportamiento de los padres no era una cuestión personal, sino que no sabían cómo expresar ni su amor, ni resolver sus propios conflictos, para que no esté dividido en sus sentimientos. a) La dualidad de sentimientos hacia los padres b) Las maneras de usar la culpa para escapar de mi presente y vivir en el pasado. c) La culpa como resultado de la falta de límites para evitar los problemas. d) Vivir aquí y ahora, aceptar mi responsabilidad. e) El arrepentimiento sano, ejercicio vivencial y retroalimentación. 8. El sentido del Sufrimiento (Duración: 2 horas) 8.1 Actitud ante el sufrimiento a) Sufrimiento vivido con sentido 8.2 Crisis a) Pérdida y renuncia b) Soledad c) Valor, fe y esperanza d) Elección, paciencia y humildad e) Sentido del humor f) Retroalimentación 9. El proceso del perdón 9.1 ¿Qué significa perdonar? a) Lo que no es el perdón b) Perdón a mí mismo. Visualización, ejercicio vivencial c) El perdón al otro: el resentimiento d) El proceso interior: negación, tristeza, enojo, negociación y aceptación e) Ejercicio vivencial: visualización 10. Manejo del conflicto y modificación de actitudes 10.1 Comunicación Asertiva a) ¿Qué agrava el conflicto? b) Soluciones para el manejo del conflicto c) La negociación d) Las relaciones sanas comienzan con uno mismo 10.2 Modificación de actitudes a) ¿Cómo puedo modificar mis actitudes? b) Ejercicio rol playing del conflicto 11. Sentido de vida (Duración: 4 horas) 11.1 Sentido de vida a) Mis capacidades y las cualidades de mi ser b) Las metas a corto y a largo plazo: misión y tarea c) El vacío, las crisis y la ausencia de mí mismo me lleva al sentido d) La voz de la conciencia: el sentido del momento e) La importancia de lo vivido y lo pasado f) Mi misión especial como proyecto de vida 11.2. Ejercicio Vivencial a) Respiraciones con afirmaciones b) El grito c) Visualizaciones para el sentido de vida 10. Evaluación y cierre (Duración: 4 horas) 12.1 Autobiografía a) Mis padres b) Mi tiempo pre-escolar c) Mi escolaridad d) Lo que he aprendido hasta hoy e) Mi situación actual f) Mi futuro próximo g) Mi futuro lejano h) Mi morir i) Mis huellas en este mundo 12.2 Cierre a) ¿Cómo asumir la propia existencia? b) Ejercicio Al finalizar el programa el facilitador entregará una evaluación a los participantes, esto es con el fin de que los participantes den su opinión en cuanto al programa, el lugar y los facilitadores, las evaluaciones se entregan a la institución para que conozca los resultados del programa y esto nos sirva para evaluar nuestra participación y a nosotros mismos para el mejoramiento y futura aplicación del mismo. CONCLUSIONES El trabajo con los niños de la calle me dio muchos aprendizajes personales, lo que considero más importante es que para ser una persona de ayuda necesito tener una mirada honesta y constante en mi misma, es como cuando inicié el diplomado de logoterapia, fue un viaje a mi interior y tuve que cuestionarme mis maneras de actuar. Me di cuenta que actuaba inconscientemente, movida por la codependencia y eso me daba cansancio y fatiga emocional, poco a poco aprendí y sigo aprendiendo formas para llenarme y descargar, escribía acerca de mis sentimientos y lo que me pasaba adentro de los hogares y de mí misma; empecé a tener una vida espiritual más rica, lo que me ayudaba a sentirme con más energía para seguir y ya no me vaciaba porque atendía mis emociones, a mí misma, mis propias necesidades y cuidaba mi relación espiritual. Actualmente medito y practico yoga, cuento con más ayuda de supervisión, tengo más equilibrio en mi vida, tengo mi propia familia y he jerarquizado mis prioridades respecto a esto. Con el tiempo la desilusión me hizo desistir porque tenía muchas expectativas de los demás. Es muy importante abrir el camino, pero sólo la otra persona decide si lo camina o no, aún si se decide por la resilencia, puede haber retrocesos, crisis, problemas que a su vez le servirán para aprender más de sus errores y convertirlos en aprendizajes. Yo creo en este proyecto, yo he visto que muchos de estos niños tienen la esperanza de la resilencia, pero también hay factores a considerar y a veces a pesar de trabajar y de que se produzcan algunos cambios en los niños de la calle, la reincidencia, la droga, la banda, la familia de origen, la fascinación y necesidad por la calle y la prostitución están presentes, yo observé que estos retornos a esa vida son importantes para ellos, porque ganaron satisfacciones en la calle que más tarde se volvieron logros como la sobrevivencia, el trabajo y la sensación de libertad y muchas impresionantes habilidades como obtener dinero, poderse sostener monetariamente, ser independientes y tomar decisiones por ellos mismos. Al verme desalentada con la cantidad de niños que regresaban a las calles o reincidían en la droga, entendí poco a poco que era parte de su proceso y aprendí a no tomarlo como un fracaso personal, esto me llevo tiempo y reflexión, y fue sólo cuando dejé el trabajo con los niños de la calle que me pude dar cuenta, estoy aprendiendo a entender y a lidiar con mi desesperación y frustración, como dice Kierkegaard, la desesperación es una relación que se relaciona consigo misma. A pesar de todo lo anterior quisiera compartir lo que pasó a siete años del trabajo, había en el hogar alrededor de 12 a 15 niñas, todas ellas tomaron el taller de costura y de Desarrollo humano, es importante recordar que no se llegó a la parte logoterapéutica. Tatiana y Yolanda eran dos huérfanas a las que sus hermanos no podían mantener, por lo poco que podían recordar conservaban una buena imagen de sus padres. Tenían grandes habilidades en las clases de costura, el Padre Chinchachoma contaba con la ayuda de muchos jóvenes españoles durante los veranos; dos de las trabajadoras sociales españolas vieron las habilidades y el potencial de estas dos niñas, era impresionante cómo aprendían y en la próxima clase ya sabían hacer otras variantes de pantalones. Ahora trabajan en España en una casa de modas, se mantienen ellas mismas y empezaron una nueva vida. Por otro lado, Lucía intentó suicidarse, tuvo mucho valor para encontrarle sentido a la vida después de una historia de continuos abusos y maltratos, la última vez que hablé con ella rentaba un cuarto y trabajaba en una fábrica de cierres. Con Alejandra viví una historia muy difícil, ella se embarazó a los quince años y decidió dar en adopción a su niño, con lágrimas en los ojos yo vi como besaba a la bebita y le hablaba de la esperanza de una mejor vida de la que ella había tenido. Maqui se juntó con su novio, otro niño de la calle, tienen ahora una familia, son comerciantes y tienen un puesto. Cuando dio a luz a su hija Maqui en el hospital yo vi como la abrazaban con ternura los dos y con lagrimas en los ojos, al verlos así pense: este bebé al menos va a tener más amor del que ellos recibieron. También conozco la historia de otras personas que no son tan favorecidas porque tienen una historia de abusos, violencia, prostitución, violación y sufrimientos. Esto siguió, bajaron los brazos dándose por vencidas entregándose a las drogas o a la prostitución y las entiendo porque no es fácil librarse de la violencia, el abuso y el maltrato, eso era normal, eso era lo conocido para ellas, lo familiar, pero sé que en algún lugar de su corazón quedó algo, que a pesar de esto yo vi y viví con ellas en sus caras llenas de esperanzas, y me admiraba por verlas afrontar la vida como lo hicieron. Tanto en mis propias vivencias como en los muchos ejemplos en los libros del Padre Alejandro García “Chinchachoma”, yo vi en estos niños a la resilencia como un parte real en esta problemática, aún sin ningún conocimiento logoterapéutico muchos de estos niños son representantes de la logoterapia en vida, pero yo observé que si se les enseña a estos niños la parte del sentido de vida, los valores, la libertad y la responsabilidad, así como la autoestima, son herramientas muy valiosas que pueden ayudarlos si ellos quieren tener otro tipo y calidad de vida, así se da la posibilidad a más y más niños, y para aquellos que no traigan la resilencia como parte natural de ellos mismos, puedan surgir en ellos esa capacidad y ayudarse a superar sus traumas y sus heridas. Con esta actitud vital positiva se estimula a reparar los daños sufridos, con la confianza y la solidaridad de tutores, facilitadores, el grupo y terapeutas, para que puedan recuperar la confianza en ellos mismos y su capacidad de afecto. Para mí, tengo la experiencia de alguien que vivió tan de cerca el problema y que buscó fervientemente soluciones con éxito, como es el trabajo del Padre Chinchachoma lo definió como un tutor resilente que intuitivamente enseñaba todas las características resilentes a sus niños, el incluir sus investigaciones, así como sus métodos de ayuda: esto complementa y enriquece este trabajo. Además puedo entender y observar el porqué de muchas actitudes que se dan en los niños de la calle porque fueron engendrados en negativo, y cómo influyen en ellos las mentiras que surgen del pensamiento vivencial “no me quieren porque soy malo” para poder comprender y perdonar a sus familias en el entendimiento de que eran incapaces de darles lo que en su derecho les correspondía. Confío plenamente en que este trabajo tiene una gran aplicación en este tipo de comunidad, la propuesta que yo ofrezco trata de ver al niño de la calle en muchos aspectos y problemáticas, por lo que es práctico, incluso yo comprobé cómo la primera parte del proyecto funcionó, los talleres de costura y el Desarrollo humano contribuyeron de muchas maneras, pero tengo mucha fe en la logoterapia porque yo la he vivido y presenciado y pienso que la logoterapia junto con la resilencia pueden hacer grandes cosas, ayudar a transformar los vacíos, la depresión y el aburrimiento, así como dar significado al pasado y sentido al futuro, conciencia y responsabilidad de cómo vivir el presente para forjar el futuro, los valores y las actitudes ante el sufrimiento y para mí, una de las fórmulas de peso y que es un motor espiritual, es la fuerza de oposición del espíritu. Los pilares de la resilencia: la autoestima, la capacidad de relacionarse, la iniciativa vista desde la voluntad, la creatividad para crear sentidos, la moralidad en el sentido de los valores y el humor son grandes herramientas que pueden convertir a muchos niños en resilentes. Los vínculos, la honestidad, el liderazgo y la identidad cultural permiten encontrar en ellos mismos esperanza y pertenencia en la institución que es su nuevo hogar y llevar en sus corazones a sus padres tal como son para tomar la vida y así integrarse de una manera sana en la sociedad, restablecer derechos que les fueron quitados y negados, todo esto con una labor terapéutica y de acompañamiento. En mi experiencia yo creo que el trabajo se puede hacer efectivamente cuando los niños de la calle están en las instituciones. Hay personas que trabajan en la calle con ellos y hacen una gran labor, pero yo he visto que en la calle es más difícil porque la prioridad es sobrevivir, básicamente: comer, conseguir dinero y las drogas que son una gran tentación, por lo que esta propuesta es sólo para los niños que se encuentran en instituciones donde se puede formar un grupo de apoyo continuo y el programa y las sesiones se puedan llevar a cabo con regularidad. Otra gran aportación puede ser la formación de tutores resilentes que sean como semilleros y ellos mismos puedan con una capacitación, impartir el programa y enseñar a otros a hacerlo. Mi sueño es hacer una fundación de segundo piso de ayuda psicológica integral para el niño de la calle, en el que varios terapeutas desarrollen programas de ayuda para los niños de la calle y se pueda pagar personal de calidad y profesionales para desarrollar la resilencia. 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