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El modo humano de enfermar

 

Después de mucho pensar, posponer y analizar, escogí este libro para hacer el resumen y comentario como cierre del último trabajo para entrevista IV de Logoterapia.  La razón es mi interés en el enfermar humano, el final de la vida y la muerte, algo relacionado con Tanatología que fue lo que me trajo aquí. 

 

Este ha sido un tiempo difícil para mi: tiempo de cambios, crisis, toma de conciencia y enfrentamientos conmigo misma, durante el cual me he sentido como estancada en un charco de barro, me he acercado mas íntimamente a mis emociones, me he sentido desesperanzada, he sentido que parte de mi alegría se fue. 

 

Hacer este trabajo ha sido lento, no encuentro la disciplina e inspiración de otros momentos y no tengo paciencia. ¿Dónde esta mi equilibrio interior? , ¿Y mis motivaciones internas?, También extraño la energía que otras veces me movía, y qué decir del entusiasmo para hacer algo, eso que me facilita el camino, eso que hoy… no está.

 

Aun así Leti, la responsabilidad me obliga, aunque no quiera, lo estoy haciendo a última hora, (tarde) ni siquiera al cuarto para las doce.

 

Ayer pensaba en hacerlo diferente, con ilustraciones de árboles, fotos tomadas por mí e imágenes prestadas de alguien más; troncos retorcidos, llenos de cicatrices, cortezas irregulares, raíces que dijeran algo, bellos en su formación.  Algunos con muchos años, talados salvajemente, por el hacha del hombre por conservar el tronco, pero retoñando, con ese deseo de vivir, esa parte de la naturaleza que se resiste a la adversidad, que como ave fénix resurge de las cenizas, cenizas reales, después de un incendio o viviendo la fuerza de la naturaleza en un huracán, un tornado o un rayo, que deja huellas y cicatrices, pero en los que la sabia naturaleza manifiesta y que están como yo estoy hoy, aunque no lo entienda: de pie. 

 

Al cerrar los ojos puedo imaginarme esa gama de verdes en la tonalidad de sus hojas, la variedad de cafés y negros en sus tallos, ramas y raíces.  Las copas de algunos de estos árboles ofreciendo su sombra o pudiendo pasear entre sus copas con malacates y sillas colgantes, teniendo una visión distinta del mundo, imaginando ser ave en una selva tropical. O ¿por qué no? esas tonalidades otoñales que encienden cualquier atardecer, que pueden quitar la respiración por la variedad y los coloridos intensos, ese caminar entre hojas muertas que tapizan el suelo, ese ruido crujiente, ese contacto con la naturaleza que puede ser una forma de vivir los valores de experiencia, eso que recibimos gratuitamente del mundo.

 

Estos árboles podrían reflejar el modo humano de enfermar y las cicatrices, la recuperación, y bien tratado serían el ejemplo de la Logoterapia en la vida humana.

Pero… no hay tiempo, hay que entregarlo como salga, como lo puedo hacer hoy con el tiempo y la energía que no siento que me ayuden, no siento que estén de mi parte, y que arrastro para terminar.

 

 

 

- Por favor, doctor, sea franco. Quiero saber la verdad.

 

- Bueno, tengo una mala noticia. Evidentemente, usted tiene… una enfermedad irreversible, de evolución lenta… caracterizada por una degeneración de las células y…

 

- Escuche, doctor, sea claro: ¿tengo cáncer?

 

-No he dicho eso.

 

-Usted dice irreversible. Es mortal. Entonces es cáncer. Hablemos francamente… ¿Cuánto tiempo de vida me queda?

 

-Pues sí. Sus días están contados. Pienso que en el mejor de los casos le restan de treinta a cuarenta años de vida.

 

-Pero si no es cáncer, ¿cómo se llama la enfermedad?

 

-“La vida”

 

 

Para poder hablar de enfermedad, tenemos que hablar de salud y de medicina, del modo humano de curar, y para poder hablar de muerte, tenemos que hablar de vida. Y Viktor Frankl la define “La vida no es algo, sino que es siempre, simplemente, la ocasión para algo” Vivir no es solo existir, sino existir de cierta manera.

 

Nadie escapa al sufrimiento, nadie puede evitar la muerte y todos nos sentimos culpables cuando fallamos en algún momento. De aquí la triada trágica. La enfermedad tiene recetas; los problemas, soluciones; la vida alternativas. La salud es el desarrollo del ser, en su esencia y sentido.

 

La Logoterapia no habla, en realidad del sentido de la vida; habla del sentido en la vida. Habla del significado en cada situación de vida. Cada situación de vida es única, como es única cada persona que enfrenta esa situación.

 

Debido a la frustración del sentido, la gente también se enferma orgánicamente. El poder de resistencia del organismo decrece. La inmunidad depende de la condición emocional, y ésta depende de la motivación del ser humano, particularmente de su orientación hacia el sentido. Porque éste es precisamente el sitio donde se asientan y dominan los recursos para la supervivencia.

 

El ser humano tiene el poder espiritual de desafiar su destino si tiene la fuerza interior necesaria para sobreponerse al pasado y ser padre de su porvenir. El hombre nunca está realizado: se está realizando; no es un enfermo: padece una enfermedad. No es un ser, sino un siendo.  Hay que preguntarnos por las potencialidades humanas, en las dimensiones del ser, tener, hacer y estar.

 

El profesor Güemes citado por Acevedo decía: “La medicina es y seguirá siendo una ciencia difícil, un arte delicado, un humilde oficio, una noble misión”

Y de Frank Crane: “eres tan joven como tu fe, tan viejo como tu alma; tan joven como la confianza que tengas en ti mismo, tan viejo como tu temor; tan joven como tu esperanza, tan viejo como tu escepticismo”.

 

Esta cultura de lo intrascendente se constituyó en la cultura del “éxito”, olvidando que hay medios que no se justifican por ningún fin, y generó una medicina que ha olvidado su función (el para qué), la de servir, y se transformó, como el genio esclavizado de su amo (el “éxito”), en el sometimiento de sus caprichos, en lo que Mounier denomina el poseedor poseído.

 

Cuando el ser humano enferma, como consecuencia, acude en busca de alivio a su padecer, lleva consigo una carga emocional imponderable y también una dosis más o menos grande de confianza. El enfermar sorprende al hombre. Su consecuencia es la búsqueda de quien o quienes sean capaces de solucionar ese estar “parado”, “detenido” en una situación que personalmente no pudo elaborar.  Cuando interpretamos el proceso de enfermar como una situación causada por un agente determinante, priorizamos la causa: si es interna, externa, múltiple, específica, iatrogénica, humoral, accidental, etcétera.

 

Dieter Frey ha estudiado que la confrontación filosófica con situaciones traumáticas influye en el proceso de curación en alto grado.  Algunas personas se recuperan rápidamente de graves accidentes, mientras que otras con traumatismos similares tardan muchísimo más. 

Los que tardan más son:

  • Los que continuamente cavilan si hubiesen podido evitar el accidente.
  • Los que se sintieron totalmente indefensos y dependientes de la ayuda de los demás.
  • Los que riñeron acerca de la injusticia del destino.

Contrastando con estos, se encontraban con una importante ventaja aquéllos que aceptaron su destino, se preocuparon por una recuperación rápida de su capacidad funcional y su independencia, y miraron con esperanza el futuro, al que veían enriquecido con proyectos de diversas índoles.

 

Las personas que se encuentran en un ‘vacío existencial’, permanecen por más tiempo enfermas y sufrientes, porque su ‘poder para la transformación’ no es activado.  Si puede activarse es porque la vida y el deseo de seguir viviendo están incluidos en un hechizo de una realización futura, que depende del restablecimiento del enfermo. El dolor se trasmite por una vía y un código universal, pero cada vivencia es única e irrepetible para cada ser humano.

 

Hay que tener en cuenta que el dolor es un constituyente ineludible de nuestra vida, que existen dolores inevitables y dolores evitables, a los evitables hay que tratar de evitarlos, es innecesario sufrirlos, se debe erradicar a través de la terapéutica en caso de sufrimiento físico y en caso de sufrimiento psíquico a través de la terapia, pero a los inevitables hay que encontrarles el sentido, no todo es curable, ni dominable, y en este caso aceptarlo es la actitud adecuada. Se pueden rescatar tres aspectos positivos en lo negativo del dolor:

  • el valor de prestación (ejemplo para otros),
  • de crecimiento (de lo factible a lo existente) y
  • de madurez (alcanzar la libertad interior)

 

El dolor crónico constituye una crisis inmersa e invisible, en el centro mismo de la vida contemporánea. Que la medicina actual, reduccionista que impregna nuestra cultura, nos lleva a pensar que el dolor es una sensación, un síntoma, un problema bioquímico, y no una experiencia personal.

La Asociación Internacional para el estudio del Dolor define al dolor como: “una experiencia sensorial y emocional desagradable relacionada con el daño real o potencial de algún tejido o que se describe en términos de tal daño”. Se debe destacar que no define el dolor como una sensación sino como una “experiencia”.

 

 Pero habrá que recordar que la medicina debe ocuparse no sólo del hombre que padece sino también de la relación del médico con el paciente.  Y para Frankl esto no es un sistema cerrado, sino abierto donde esta la dimensión espiritual.

 

La salud es el desarrollo del ser en su esencia y sentido. El sentido no es la causa de la salud sino el motivo para tenerla, es capacidad de respuesta, por lo tanto, para expandir la salud es preciso transformar al paciente en un protagonista activo y responsable, capaz de dar respuesta, y de esta capacidad de dar respuesta surge el concepto de responsabilidad, como equivalente de salud.  La salud viene dada, no por la ausencia de crisis, sino por la capacidad de superarlas para instaurar un nuevo orden funcional. En esta parte podrían entrar los logoterapeutas, para posibilitar al paciente el hallar el sentido a lo que vive.

 

Entendemos la salud, no como ausencia de enfermedad, sino como:

  • Sentido de vida, en un plan de vida incluido en el proyecto familiar y social.
  • La posibilidad de escribir la propia historia vital en la propia familia, el trabajo y la comunidad
  • La posibilidad de expresar lo “no dicho” en el dialogo y la reflexión
  • La posibilidad de sentirse querido y de querer, privilegiando el encuentro con el otro
  • La posibilidad de transformar y transformarse
  • La posibilidad de comprometerse, de participar y de sentirse participando
  • La posibilidad de establecer vínculos afectivos solidarios, en la convivencia.

 

Hay que tener en cuenta el vacío existencial, la carencia de valores y la motivación significativa al momento de enfermar pues es imposible que un hombre conserve una salud aceptable sin que organice un proyecto de vida con sentido. Problemas como el temor, la codicia, la ira, la venganza, la violencia, etc., son en si mismos canceres.

 

El hombre puede hallar un sentido para su sufrimiento, y es esa capacidad de autodistancíamiento la que utiliza la medicina humanista en la práctica médica, no sólo para formular una propuesta filosófica, sino también una actitud terapéutica: el hombre puede encontrar un sentido y trascenderse, y esto permite su supervivencia física.

 

El médico debe explicitar lo que el paciente quiere saber y no lo que el médico sabe.  Hoy en día la muerte esta siendo vista de manera trágica. Parece que el ser humano ha sido privado del derecho de vivir su propia muerte. Y así, el enfermo se encuentra en una sala conectado a múltiples aparatos, pero desconectado de todo afecto familiar. La vida en el campo es y ha sido diferente, y al estar mas conectado con lo natural, tienen un sentido más profundo de la existencia. 

Sería bueno poder medir la calidad de vida, el estar aquí, como medir el tiempo y la intensidad de la vida partiendo de saber que un minuto de felicidad y uno de angustia, son magnitudes totalmente distintas.