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La locura del sentido en tiempos de una normalidad enajenada

 

Antes de iniciar el desarrollo del presente artículo me gustaría señalar que éste es el resultado de una mezcla de reflexión, crítica y experiencia personal, debido a lo cual uso muy pocas referencias bibliográficas, solamente las incluiré para sustentar algunas reflexiones y para aclarar en voz de los autores citados algunos conceptos.

Desde mi infancia he tendido a pensar en el valor de las cosas más allá de las cosas por sí mismas, en hacerme muchas preguntas y cuestionar siempre “lo establecido”, actitud que se agudizó en mi adolescencia (y que aun no desaparece en mi vida adulta). Dicha “rebeldía”, como algunos le llaman, me trajo muchos problemas en la escuela, sobre todo en la universidad, ya que no me callaba mi opinión al no coincidir con la de los maestros. Esta actitud de no creer todo lo que me dicen o leo y de dudar de todo, incluso de lo que yo creo que creo, que creo que se y que creo que soy, me hizo casi nunca encajar con los estándares establecidos, tanto de la moda, de mi forma de pensar, de mi gusto por la música, así como de tener actividades que no llenan mis bolsillos pero sí mis emociones y mi espíritu.

Ya desde la universidad había ciertas teorías con las que no me identificaba y otras tantas con las que sí, llegando de esta forma a la corriente humanista, por supuesto sin dejar de dudar y de cuestionar todo lo que llegaba a mis oídos. Es así como le encontré el verdadero sentido a esa corriente, identificándome mucho con la psicoterapia gestalt y después con la logoterapia, enfoques que me han ayudado muchísimo en ese camino constante de búsqueda personal y que han reafirmado mi convicción por el valor intrínseco de las personas y de las cosas, y ya no por el simple hecho de discutir por discutir, como algunas veces lo hacía, creando con esto un nivel de cuestionamiento más humano, con más sentido y espíritu.

En esa búsqueda constante de sentido, me he topado con mucha gente que también anda en esa búsqueda, afortunadamente más gente de la que yo en realidad pensaba, y que se ocupan más en dar amor y de vivir en sus valores y en su espíritu que en entregarse a cosas superficiales. Gracias a eso me di cuenta de que no soy el único loco que piensa en ese tipo de tonterías (como algunas veces me lo han dicho). Pero también, me he encontrado con gente, desafortunadamente más de la que yo en realidad pensaba, que vive muy preocupada por el “qué dirán”, por quedar bien con los demás, por verse siempre “como de revista”, por la calidad y la etiqueta de su ropa y no por la calidad y profundidad en sus relaciones personales y en la entrega a sus sueños. Esta diferencia me ha llevado, para variar, a preguntarme de dónde viene esta postura de la gente ante los demás y ante la vida misma. Por lo que me gustaría tratar de definir primero que nada una de las palabras que todos usamos para referirnos a aquello que parece que todo mundo hace y que no necesitamos mucha profundidad de investigación y reflexión para darnos cuenta de que en realidad no todo mundo hace. El término en cuestión es nada más y nada menos que la controversial “normalidad”.

 

Normalidad

 

Es muy difícil definir el término “normalidad”, siempre lo ha sido, sobre todo cuando éste es aplicado a la conducta, por lo que también ha sido motivo de debate dentro y fuera de la psicología. Debido a esta problemática del tema se han propuesto algunas definiciones del término,  vistas con un poco más de detalle en el libro de Jerry Phares titulado “Psicología clínica. Conceptos, métodos y práctica”. Siendo estas definiciones: 1) Conformidad a la norma; 2) Angustia subjetiva y 3) Incapacidad o disfunción. Algo importante que hay que recalcar es que el autor señala que aunque cada una de estas definiciones destaca una parte importante de la comprensión de la conducta anormal cada definición por sí sola es incompleta.

 

1)    Conformidad a la norma: Infrecuencia estadística o violación a las normas sociales.

Cuando la conducta de una persona tiende a conformarse con las normas sociales dominantes o cuando esta conducta en particular se observa con frecuencia en otras personas, es probable que el individuo no llame la atención de los profesionales de la salud mental. Pero cuando la conducta se desvía de manera abierta, es extravagante o inusual en otros sentidos, entonces es más probable que a un individuo se le categorice como anormal.

 

 

2)    Angustia subjetiva.

Ahora cambiamos el centro de atención de las percepciones del observador hacia las percepciones del individuo afectado. Aquí los datos básicos no provienen tanto de la observación de desviaciones de la conducta como de los sentimientos subjetivos y de la sensación de bienestar del individuo.

 

3) Discapacidad o disfunción.

Para que la conducta sea anormal, debe crear cierto grado de problemas sociales (es decir,  interpersonales) o laborales para el individuo. Con frecuencia la disfunción en estas dos esferas es bastante notable tanto para el individuo como para el clínico. Por ejemplo, la falta de amistades o relaciones debido a la carencia de contacto personal podría considerarse como indicación de disfunción social, mientras que la pérdida del empleo debido a problemas emocionales (por ejemplo, depresión) sugeriría disfunción laboral.

 

            Por otra parte están los teóricos que hablan de la normalidad como una construcción social, dicha construcción por supuesto es relativa al contexto social, cultural y temporal, debido a que incluso en una misma sociedad, el concepto de ésta es cambiante con respecto a la época en la que se vive. Por lo tanto, ¿quién puede decir qué es normal y qué no?, es decir, ¿bajo qué lente ver ese valor atribuido a eso que llaman realidad?, debido a que las definiciones propuestas no parecen ser convincentes. Además de que sería interesante preguntarse si en realidad serviría de algo poder delimitar la conducta anormal de la normal. Ya que, a través de los años se ha observado que deja más lesiones que salud a las personas que por obra y gracia de la ciencia positivista han recibido la etiqueta de ser “anormal”. Pero bueno, más allá del medio científico, esa normalidad deja heridas más fuertes y profundas en el entorno social, en donde el “anormal” se desenvuelve, ya que es víctima del rechazo y del constante señalamiento.

Asimismo, el psicologismo en el lenguaje coloquial ha contribuido a una creciente ola de “trastornos” diagnosticados por la vecina, el profesor o el conductor del programa de televisión de moda. Ahora cualquier niño que sobrepase el nivel de tolerancia del que emite el juicio es “hiperactivo”; ahora ya no existe esa manifestación natural, por algunos aún llamada tristeza, que surge cuando algún objetivo se ve truncado, sino que ahora ya todos están “deprimidos” (o más “In”, en la “depre”). Así de fácil es formular un diagnóstico, una etiqueta.

 

Enajenación

 

Ahora bien, esa “normalidad” de la sociedad contemporánea se rige en gran medida por valores creados por los medios de comunicación, por el marketing de la televisión (hablo de la televisión porque siento que sintetiza la visión occidental del “éxito”, pero no es la única causante de esta problemática), por dar solo un ejemplo, la cuál aun no se si es la sociedad la que da la pauta de lo que se transmite en ella o viceversa; aunque pensándolo bien, talvez es un intercambio muy bien coordinado, teniendo por un lado a la televisión que crea necesidades superficiales para vender el producto que lo soluciona y por otro lado a una cultura que compra para llenar un sinsentido enorme de su vida. Solo se necesita ver un momento la televisión y observar que lo que ofrece es una existencia que solo tiene sentido si tienes estatus y “éxito”, siendo éste el “tener”, además de cosas materiales, la aprobación de los demás, los cuales puedes conseguir muy fácilmente comprando el producto milagroso y, eso sí, 100% natural que ya todo mundo usa y que sólo faltas tú (cabe recalcar que todos ofrecen productos “naturales” por si lo que te detenía a comprarlos era el miedo a los efectos secundarios). Para este cometido, es importante seguir los lineamientos establecidos:

 

  1. “Mi autoestima depende de que los demás no vean los barros que tengo en la cara”.
  2. “Puedes perder a tu mejor amigo, pero nunca tu programa favorito de televisión en tu celular”.
  3. “Tener vellos en los brazos y piernas es horrible, usa la crema de depilación permanente o el aparato láser para conseguirlo sin problemas (¿y sin riesgo de cáncer?), la actriz guapa lo recomienda”.
  4. “Lo primero que la gente mira son tus pies, cuídalos con la nueva pedicura ultrarrápida”.
  5. “Usa el desodorante X y regálate a la chica que quieras”.
  6. “Baja de peso con el producto 100% natural más rápido y eficiente, tendrás al hombre más guapo a tus pies” (¿y la salud?).
  7. “El antidepresivo e inductor del sueño natural es la solución para el estrés del hombre de hoy”.
  8. “Con el nuevo gel podrás tener muchos orgasmos”.

Etc, etc, etc…

 

Pudiéramos seguir con la lista, pero nos llevaríamos varios tomos de esta revista sin terminarla realmente. Así que invito al lector a observar con más detalle lo que ese medio masivo de comunicación ofrece y cómo coparticipa en la creación de un mundo de fantasía y vaciedad, aunque si me gustaría mencionar que en lo personal considero que hay programas buenos aun, desafortunada y penosamente muy pocos.

            Y esos son los valores a seguir hoy en día, no importan los riesgos que implican los medicamentos sin prescripción médica si logran bajarte de peso “sin esfuerzo”, “sin ejercicios”; las relaciones pueden ser totalmente huecas y carentes de afecto y entrega, pero eso sí, puedes conseguir tener muchos orgasmos, (¡y sobre todo si a esa pareja la consigues usando un desodorante!) es decir, usar a las personas como un medio para “tener” (placer o estatus) y no como un fin. El problema probablemente está en que para los medios el fin es vender, pero lo hacen sin ningún tipo de conciencia del poder que tienen para crear realidades, talvez siguiendo la filosofía de que “El fin justifica los medios”, sin tomar en cuenta, en palabras de Viktor Frankl, que “hay medios que corrompen hasta el más puro de los fines”.

 

            Y con respecto a ese tipo de consumo Erich Fromm dice: “El acto del consumo debiera ser un acto humano concreto, en el que deben intervenir nuestros sentidos, nuestras necesidades orgánicas, nuestro gusto estético, es decir, en el que debemos intervenir «nosotros» como seres humanos concretos, sensibles, sentimentales e inteligentes; el acto de consumo debiera ser una experiencia significativa, humana, productora. En nuestra cultura, tiene poco de eso. Consumir es esencialmente satisfacer fantasías artificialmente estimuladas, una creación de la fantasía ajena a  nuestro ser real y concreto”

 

Esa es la normalidad social en la que vivimos, una normalidad que huye a cualquier precio del dolor por mínimo que éste sea, todo por alcanzar el gran premio: “El reconocimiento”. Realmente  me pregunto si existe alguien que lo haya conseguido y de suceder, sería interesante observar si alguien se daría cuenta, ya que nunca es suficiente, el estándar es cada vez más alto y dicho premio jamás llega. Esta normalidad social es una normalidad enajenada, una sociedad que no se siente y que no existe por sí misma, si no es a través del juicio que viene del afuera.

 

“Entendemos por enajenación, un modo de experiencia en que la persona se siente a sí misma como un extraño. Podría decirse que ha sido enajenada de sí mismo. No se siente a sí mismo como centro de su mundo, como creador de sus propios actos, sino que sus actos y las consecuencias de ellos se han convertido en amos suyos, a los cuales obedece y a los cuales quizás hasta adora. La persona enajenada no tiene contacto consigo misma, lo mismo que no lo tiene con ninguna otra persona”.Erich Fromm.

 

Los resultados de esta nueva cultura del “rápido y sin esfuerzos” se han empezado a ver, los primeros días del  2007, ya se llevaba la cuenta de 5 muertes de mujeres adolescentes en Brasil a causa de la anorexia, dichas muertes dadas en el transcurso de 2 meses. Asimismo, recuerdo algo muy penoso, una psicóloga me decía que los esfuerzos de las mujeres por bajar de peso y por siempre “verse bien” es porque ese es el estándar en nuestra cultura y que si los hombres no lo exigieran, las mujeres no se verían en la necesidad de hacerlo, demostrando con esto que en la actualidad el autoconcepto está a expensas de los demás, por lo que siempre hay que tratar de encajar con lo que se espera de nosotros, aunque esto vulnere nuestra identidad como personas únicas, viviendo en una confluencia irresponsable con el mundo.

Esto no es más que la manifestación del gran vacío existencial que vive el hombre contemporáneo, el cual es definido por Viktor Frankl de la siguiente forma:

 

“Con este término quiero significar la experiencia de una falta total, o de una pérdida, del sentido último de que haría que la vida fuera digna de ser vivida”.

 

“El vacío existencial parece seguir una doble pérdida humana: La pérdida de esa seguridad instintiva que rodea la vida del animal y la ulterior y más reciente pérdida de aquellas tradiciones que han orientado la vida humana en tiempos pasados. En la actualidad, los instintos no dicen al hombre lo que tiene que hacer ni le dirigen las tradiciones hacia lo que él debería hacer; pronto ni tan sólo va a saber el hombre lo qué es realmente lo que quiere hacer y se dejará llevar por lo que los demás quieren que haga, sucumbiendo así al conformismo”.

 

Muy probablemente este sea el motivo por el cual la depresión es catalogada como la enfermedad del siglo. Al cual pertenece un hombre que se olvidó de su libertad de elegir y se sentó a esperar el “gran premio”, y como alcanzar éste es imposible, su frustración es tal, que se hunde en una desesperanza que le hace pensar que su vida no tiene sentido.

 

Sentido

 

Hasta aquí me gustaría llegar con la descripción de lo que en este artículo he llamado la “normalidad enajenada” y pasar ahora a la “locura del sentido”. Con este término me refiero, tomando como referencia el criterio de normalidad social, a que si se considera “normal” la expectativa social de comportamiento, entonces el “loco” es aquel que no se apega a esa norma, aquel que se sale por completo de ese estándar. Ante lo cual es importante decir que hay muchos locos, afortunadamente, que realizan una tarea que de alguna forma da un sentido a su existencia, sin que ésta sea algo que “todo mundo hace” y que dicha tarea simplemente “no cabe en la cabeza” de los demás.

La realización del sentido esta en cualquier parte, por más pequeña e irrelevante que ésta pudiera parecer a ojos de los demás, no tiene que ser necesariamente un acto heroico. La realización de un sentido está también en la vida cotidiana.  En palabras de Viktor Frankl:

 

“Puede dar uno sentido a su vida, realizando una acción o ejecutando una obra. Pero uno puede también dar sentido a su vida, acogiendo en sí lo bello, lo bueno, lo verdadero, o experimentando a un solo hombre en su ser, en su singularidad y en su unicidad y experimentar a una persona en su unicidad y singularidad -es decir, como tú- significa: amarla”.

 

Por dar ejemplos que hacen alusión a la definición dada, puedo mencionar a una fotógrafa que no está interesada en vender sus fotos, aunque le han salido compradores, y que por otro lado le han preguntado que porqué no “hace negocio” y toma fotos para fiestas, ya que eso le “dejaría buen dinero”. Simplemente las toma porque es algo que le llena espiritualmente y punto. Recuerdo también a un hombre del Distrito Federal que vio a un muchacho con síndrome de down en la calle, el joven estaba extraviado, y ante la apatía y negativa de las autoridades “competentes” decidió llevárselo a su casa y anunciarlo por televisión para que sus padres lo busquen, corriendo el riesgo de ser acusado de secuestro el hombre solo dijo: “no lo podía dejar ahí, le podía pasar algo, así que después de no recibir ayuda de las autoridades decidí llevármelo a mi casa”.

Y pudiéramos seguir con una lista sin fin en la que incluiríamos al que le habla a sus plantas mientras las riega, al que recoge al pájaro que vio herido en la calle, al que sonríe con complicidad a un niño en la calle, al hombre que acepta haberse equivocado, al que puede entregarse en un abrazo al ver al amigo extrañado o al que puede ofrecer su hombro para que aquel que lo necesita, llore sobre él. Ahí, en esas cosas “circunstanciales”, ahí está el sentido; en todas esas experiencias, a final de cuentas qué sería de la vida sin esas experiencias, no sería muy diferente a la existencia de un mueble. Sería únicamente un cuerpo esperando a cumplir con sus funciones fisiológicas y la llegada de la muerte, sin saber lo que es la alegría y el amor; y ¿porqué no? el dolor y la tristeza. Esto me remonta a una frase de Miguel de Unamuno: “Vive de tal manera que, al morir, tus semejantes sientan tu muerte como una injusticia” (Unamuno, Citado por Castanedo).

            Afortunadamente no todo en la actualidad está perdido en la atractiva fantasía de la enajenación, ya que nunca han dejado de haber personas que se comprometen con un sentido y en diferentes áreas de expresión se entregan a ello, como en la literatura, en el cine, en las diferentes manifestaciones musicales con respecto a la cual me gustaría hacer mención de que incluso en el, en  muchas ocasiones, mal juzgado rock hay muchos grupos que van más allá de las superficialidad y tocan el tema de altos valores humanos. Tal es el caso de un grupo español que a través de sus letras expresa el deseo de un mundo incluyente y que le devuelve la importancia al espíritu. El grupo al que me refiero es Mago de Oz. A continuación mencionaré una canción llamada “Molinos de Viento” (Album Folktergeist, 2002), en la cual se habla del dialogo que tienen Sancho y Don Quijote cuando éste confunde unos molinos con unos gigantes. Sancho le recrimina por su confusión y Don Quijote le explica que él no ve con los ojos, sino con el corazón y la imaginación.

 

Si acaso tú no ves
más allá de tu nariz.
Y no oyes a una flor reír.

Si no puedes hablar
sin tener que oír tu voz
utilizando el corazón.

Amigo Sancho escúchame,
no todo tiene aquí un porqué.
Un camino lo hacen los pies.

Hay un mundo por descubrir
y una vida que arrancar
de brazos del guión final.

A veces siento al despertar
que el sueño es la realidad.

Bebe, danza, sueña.
Siente que el viento
ha sido hecho para ti.
Vive, escucha y habla
usando para ello
el corazón.

Siente que la lluvia
besa tu cara
cuando haces el amor.
Grita con el alma,
grita tan alto
Que de tu vida, tú seas
amigo el único actor.

Si acaso tu opinión
cabe en un sí o un no
y no sabes rectificar.

Si puedes definir
el odio o el amor,
amigo que desilusión.

No todo es blanco
o negro, es gris.
Todo depende del matiz,
busca y aprende a distinguir.

La luna puede calentar
y el sol tus noches acunar.
Los árboles mueren de pie.

He visto un manantial llorar
al ver sus aguas ir al mar.

 

            Como ya hemos visto es muy fácil caer en manos de la enajenación como resultado de la seducción que la superficialidad comercial ofrece, creando un consumo y un estilo de vida sin conciencia, sin responsabilidad. Es por eso que mucha gente anda en busca de soluciones, pero que desafortunadamente siguen siendo las que se les ofrece como soluciones milagrosas, haciendo aun más grande el círculo de la desesperanza, contribuyendo a que la persona se hunda más y vea distante el encontrar un sentido a su sufrimiento, a su sinsentido, a su vaciedad.

            Pero por otro lado, es bueno saber que hay mucha gente que se empieza a dar cuenta de esta situación y comienza a actuar y a recuperar su autonomía y sobre todo su capacidad de entregarse a una tarea, a sus seres queridos, a salir de sí. Empiezan a hacer contacto con sus emociones, con su espíritu.

Quizás ya es momento de que la sociedad actual se empiece a desapegar de esa construcción capitalista y enajenada de la realidad y retomar los valores más altos como son la libertad, la responsabilidad y el amor para poder ver de nuevo con los ojos del corazón y encontrarle un sentido a nuestra existencia, un sentido que no tiene un valor económico o de estatus, sino un valor puramente espiritual.

            Cuando empecemos a tomar conciencia de la riqueza que hay en nuestro interior y en el de las personas que nos rodean y nos aventemos sin miedo a vivir la “locura” del sentido, todo lo demás saldrá sobrando y talvez dejemos de vivir en estos tiempos de “normalidad” enajenada.

 

 

JÁALKABILE’ U BEEJIL

(En lengua maya: “La libertad es el Camino”)

 

 

 

Referencias bibliográficas.

 

Castanedo, Celedonio. (2003), Grupos de encuentro en terapia gestalt. España. Herder.

Frankl, Viktor. (1992), Teoría y terapia de las neurosis. Iniciación a la logoterapia y al análisis existencial.   

          España. Herder.

Frankl, Viktor. (2001), Viktor Frankl/ Psicoterapia y existencialismo. Escritos selectos sobre logoterapia.   

          España. Herder.

Fromm, Erich. (1955), Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. México. Fondo de cultura económica.

Phares, Jerry. (1999), Psicología clínica. Conceptos, métodos y práctica. Estados Unidos. 2ª Ed. Manual    

          Moderno.