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Más allá del principio de la autodestrucción de M. A. Villanueva Reinbeck

 

RESUMEN.

Cada ser humano es, en sí mismo, una semilla única e irrepetible que puede dar el fruto que es en potencia o permanecer aguardando el convertirse en aquello que podría; es una promesa de vida plena, una esperanza de amor humano y productivo que anhela ser guiado por la razón bien orientada para brotar en forma siempre nueva y diferente. Cada individuo es un cofre que guarda tesoros secretos e inigualables riquezas; pues como cada fruto lleva dentro la semilla que dio origen a su existencia, así, cada persona es portadora de la grandeza infinita de Vida y Conciencia que lo vivifica y que constituye su verdadero Ser, su escencia trascendental supraconsciente, su más íntima naturaleza.

          Según los investigadores humanistas, el hombre no sólo puede serlo, sino que posee una tendencia natural a desarrollar sus potencialidades y a encontrar el significado verdaderamente valioso de la vida; tiene un impulso vital tan imperioso, que puede considerarse su más profunda necesidad: la voluntad de autorrealización.

          Sin embargo y a pesar de todo esto, ¿qué le ha pasado al ser humano que somos todos en potencia que en la realidad cotidiana dista de ser, ese ser humano? ¿porqué si en verdad tiende en forma natural hacia la autorrealización como todo lo que existe en el Universo, se encuentra imposibilitado de ser lo que podría ser

Freud (1920) consideraba que la tendencia a la destructividad es una pulsión básica en el ser humano y que el propósito, la finalidad, el sentido, “la meta de toda la vida es la muerte” (ibid, pág. 2526). Este postulado carece de bases científicas y Fromm ha mostrado con toda claridad que se opone a las pruebas provenientes de campos tan diversos como la neurofisiología, la paleontología, el estudio del comportamiento animal y la antropología. En este libro el autor nos dice que esta hipótesis freudiana sólo es aceptable si se toma como marco la psicología transpersonal que afirma que la verdadera naturaleza o escencia del hombre es la del Ser, la del Absoluto, y que su propósito es el de reconocer esto y, trascendiendo el ego fundirse con el Todo (Wilber, 1979), es decir si en verdad hemos nacido plenamente cuando morimos, podemos afirmar que la muerte es la más alta de las metas, es aquella hacia la que se dirige el impulso humano más poderoso, el impulso de muerte, que es, en el fondo, el mismo impulso de vida plena y autorrealización perfecta. Esta visión esperanzadora del hombre que va más allá de la creencia acerca de la tendencia autodestructiva como algo inherente a la naturaleza del ser humano nos vuelve entonces a la pregunta ¿porqué el hombre se comporta con tanta frecuencia como si no lo fuera?, entonces la respuesta parece evidente: deben existir obstáculos que le impiden al individuo realizar su potencial humano y satisfacer sus más profundas necesidades. ¿Y cuáles son estos impedimentos?

         

          Existen dos grandes clases de obstáculos para la autorrealización del hombre:

·       los factores condicionantes y

·       los factores decisivos.

 

 

FACTORES CONDICIONANTES.

 

          Son aquellos que el individuo no puede controlar, que le imponen condiciones a su vida. Entre ellos se encuentran:

- factores básicos,de naturaleza física o biológica determinados por causas genéticas, congénitas, fisiológicas adquiridas, etc

- factores inhibidores o facilitadores,que están relacionados con las condiciones socioculturales del momento histórico que vive el individuo,

- factores predisponentesque pueden hallarse en la historia particular de la persona, en las frustraciones patógenas crónicas o agudas, positivas o negativas que haya sufrido durante sus primeros años de vida, en las creencias que le hayan sido enseñadas y en las conductas que le hayan sido reforzadas en su ambiente,

- factores precipitantesque pueden encontrarse en sucesos críticos y traumantes de su vida.

          Si sólo existieran los factores antes mencionados, la vida humana carecería de sentido y colocarían al individuo como un títere de un destino ciego e irracional. Porfortuna el hombre, con todassuslimitaciones, es un ser consciente, volitivo y racional, que puede percatarse de su propia existencia en el mundo, darse cuenta del curso que lleva su vida y tomar conciencia de sus limitaciones y capacidades. Cuenta con una voluntad, aptitud para tomar decisiones y llevarlas a cabo y crear su existencia dentro del marco de las condiciones que lo limitan. Y sin embargo ¿porqué con demasiado frecuencia el hombre se priva del privilegio de ser todo aquello que podría?. Porque existen otro tipo de factores que el autor llama “factores decisivos”, que a diferencia de los anteriores, sí pueden ser modificados, reducidos y hasta eliminados por el propio sujeto. *  Estos factores para su estudio pueden clasificarse en cuatro categorías diferentes: dinámicos, existenciales, espirituales y volitivos.

          Antes de comenzar la descripción de cada uno de ellos sería necesario explicar brevemente los factores condicionantes precipitantes que contribuyen a la creación de obstáculos para el desarrollo psicológico. Para lograr un desarrollo psicológico saludable, el ser humano debe satisfacer en forma adecuada una serie de necesidades básicas desde que nace (Maslow, 1970; Erikson, 1950). En sus primeros años no sólo debe cubrirlas a nivel fisiólogico sino que requiere sentirse tranquilo, seguro, apreciado, cuidado, protegido, libre de una ansiedad excesiva y amado en forma incondicional por sus seres significativos. Posteriormente requiere sentirse emprendedor, audaz, autónomo, capaz de tomar sus propias decisiones por elementales que  estas sean. En edad escolar necesita además sentirse inteligente, hábil, apreciado por sus cualidades y con conocimiento de sus aptitudes, todo ello en vías de enfrentarse a una vida exitosa y de descubrirse como una persona valiosa, digna, importante y respetable en la vida adulta; pero es importante considerar que las frustraciones mínimas no solo son innevitables sino deseables.

          Cuando un niño se siente rechazado o no querido por manifestar ciertos sentimientos, emociones o impulsos, aprende que todo ello es “malo” y que no puede tolerarlo como parte de sí mismo, por lo tanto los reprime y comienza a actuar de manera contraria a ellos y a mantenerlos fuera de su autoimágen reconocible o ego, para de esta forma  obtener los reforzadores más importantes que existen en su mundo: seguridad, amor y aprecio de los demás y de sí mismo. Al mismo tiempo surge en él una tendencia a ser todo lo que se le ha enseñado que debería ser, que puede llegar a verdaderos extremos.

           Ahora bien, en la medida que un niño no es capaz de identificar las razones por las que es aceptado o rechazado por incongruencia en los mensajes que recibe o en la inconsistencia de los premios o castigos, con frecuencia llega a la conclusión de que es un ser despreciable y que es impotente para controlar mediante sus conductas la aprobación de los demás. En tanto que el niño no haya satisfecho adecuadamente sus necesidades básicas en los períodos críticos del desarrollo, se quedará fijado en tales etapas, como si una parte de él continuara siendo un pequeño que anhela la seguridad, el amor, el aprecio y la autoestima que siempre necesitó y que nunca obtuvo, lo cual propiciará que busque relacionarse de una manera poco adecuada o a realizar conductas en vías de estas necesidades no cubiertas. Además su tendencia será evitar entrar en contacto con las emociones que todo ello le provoca lo cual significa que la persona deja de ser honesta consigo misma y con los otros, pues emplea máscaras para pretender ser lo que no es y para ocultar lo que sí es. Esto es a grandes rasgos lo que sucede en el pequeño a nivel emocional, por lo general a nivel inconsciente.

FACTORES DECISIVOS.

Factores dinámicos.

          Existen cinco tipos que pueden obstruir al individuo en su proceso de llegar a ser él mismo.

1. El miedo condicionado a reconocer y aceptar como parte de sí mismo aquellos impulsos, emociones y sentimientos que ha aprendido a ver como repudiables, malos, peligrosos, y por supuesto, el miedo a expresarlos conductualmente.

          Para trascenderlos en primer lugar es necesario que reconozca y acepte sus sentimientos acumulados, así como sus impulsos y emociones, y que los deje fluir; en segundo que aprenda a expresar naturalmente sus emociones en el momento adecuado, hacia la persona indicada y en forma conveniente.

 

2. El sentimiento de culpa y minusvalía por no ser lo que “debería” de acuerdo con la autoimagen idealizada de la persona.

          En la medida que una persona no se perdona a sí misma el ser un simple ser humano, con impulsos, deseos, miedos, errores y debilidades; se castiga imponiéndose exigencias mayores, que por supuesto le causan más angustia y aumentan la probabilidad de que fracase en sus intentos por alcanzar metas sobrehumanas. El resultado es que entre más se culpa y se castiga por no ser lo que “debería”, menos puede desarrollar sus verdaderas capacidades.Si ha de hacerlo es necesario, por lo tanto, que deje de rechazarse y castigarse por ser quien es y que se acepte y se valore tal como es, ni más ni menos, un simple y grandioso ser humano.

 

3. Todas aquellas preconcepciones rígidas sobre sí mismo, los demás y su propia vida, que ha adquirido en el pasado.

          Con mucha frecuencia el ser humano, basándose en sus experiencias tempranas, se forma una serie de constructos personales y decide que debe esperar de la vida, de los demás y de sí mismo. Estas expectativas generalizadas no hacen sino provocar que interprete la realidad de una forma errónea y que la perciba de manera distorsionada. Por otro lado los libretos congnocitivos hacen que la persona se conduzca de tal forma  que finalmente provoca aquello que “ya sabía”, y esto sólo  fortalece aún más sus prejuicios sobre la realidad.  Se trata de un círculo vicioso en el que las expectativas generalizadas, los constructos personales y el libreto de la vida dan lugar a distorsiones de la realidad, transferencias y a conductas supersticiosas que acaban por reforzar los prejuicios y las creencias irracionales del individuo.

          Para romper con este círculo vicioso es indispensable que la persona abandone sus prejuicios y creencias irracionales; que acepte el hecho de que ni él, ni los otros, ni la vida son o serán necesariamente como le hicieron creer sus experiencias tempranas; que rompa sus antiguos libretos y etiquetas y que se redefina a sí mismo como un ser libre y capaz de relacionarse de manera satisfactoria consigo y con los demás.

 

4. La falta de reconocimiento y aceptación del pasado tal como fué y de lo que no puede cambiarse en el presente, de lo que no puede modificarse.

          Cuando en ocasiones las frustraciones son tan dolorosas, que la persona sin darse cuenta de ello, no las acepta ni renuncia a lo que tanto necesitó y nunca obtuvo (seguridad, protección, amor, ternura, estima, valía, ....), comienza a vivir esperando  (de otros) que sus necesidades insatisfechas algún día sean saciadas. Por desgracia, estas esperanzas y necesidades neuróticas lo llevarán a manifestar una serie de actitudes y conductas que tan solo provocarán reacciones en los demás que lo frustrarán aún más. No acepta el hecho de que lo que pasó, pasó y no puede modificarse y no sólo eso, sino que  aceptarlas y despedirse de ellas resulta una de las tareas más difíciles y dolorosas a las que ha de enfrentarse en la vida.¿Por qué?, porque por lo general, estas frustraciones la persona las interpreta como el resultado de su propia incapacidad para ser amada y apreciada, o  la maldad o vileza de aquellos que la frustraron...

          Para salir de esta situación  sería necesario que la persona aceptara su pasado tal como fué, que renunciara a las imágenes idealizadas de las personas que siempre hubiera deseo tener junto a ella y nunca tuvo, y que, reinterpretara sus carencias para entender que no se debieron a su propia indignidad ni a la maldad de quienes la rodeaban, sino nada más a que  éstos, en aquel momento, y por sus propias limitaciones personales, no pudieron satisfacer sus necesidades. Unicamente así podrá deshacerse de los rencores que solo la llenan de amargura, elevar su autoestima y perdonar a los seres que la lastimaron, solo así, podrá vivir con plenitud su presente.

 

5. Los reforzamientos y ganancias secundarias que la persona obtiene mediante sus conductas y actitudes no sanas.Estas ganancias pueden ser los reforzadores positivos sociales que el sujeto obtiene como consecuencia de su patrón de conducta, la seudogratificación de sus necesidades neuróticas, los reforzadores negativos cuando una situación temida por la persona no se presenta y su ausencia es interpretada por ella como el resultado de sus conductas y la satisfacción morbosa de la persona al “comprobar” sus expectativas generalizadas cuando sus mismas conductas y actitudes han provocado, sin que ella se de cuenta, las reacciones que tanto temía en los demás.

           Como es lógico, estos reforzamientos o ganancias secundarias no hacen sino incrementar  la probabilidad de que una persona persista en sus conductas y actitudes autodestructivas, y para romper el nuevo círculo vicioso, es indispensable que renuncie a ellas. ¿Cómo? Dándose cuenta primero que son ficticias; segundo, que impiden su propio desarrollo; tercero, que son incalculablemente menos deseables que el emplear su capacidad para ser en realidad auténtica y para relacionarse en forma armoniosa consigo misma y con los demás.

Factores existenciales.

          Son de naturaleza universal, aplicables al ser humano por el solo hecho de existir. No son forzosamente impedimentos para el desarrollo, al contrario, pueden ser de gran ayuda para el individuo, no obstante, por ser muy ansiógenos, con frecuencia el ser humano intenta huir de sus condiciones existenciales, y al hacerlo, éstas se convierten en obstáculos para su desarrollo.

          El miedo a confrontar la existencia, el propio ser-en-el-mundo, generado por la resistencia a reconocer y aceptar las angustiosas propiedades existenciales, constituye el meollo de los obstáculos de naturaleza existencial que impiden el desarrollo de la personalidad, y aunque este miedo es uno, para su mejor comprensión podemos dividirlo en cuatro diferentes tipos:

 

1. El miedo a reconocer la propia libertad para elegir por parte de la persona.

          La libertad, esa capacidad inalienable para elegir el propio camino (dentro de sus limitaciones), esa propiedad irrenunciable, impone una pesada carga sobre el ser humano: la incertidumbre, la angustia de no tener un camino prefijado, la desorientación, la carencia de rumbo, el caos (Bugental,1965; Yalom, 1980; Fromm, 1955). Esta carga angustiosa es a veces tan penetrante que orilla a la persona a que se aferre con rigidez irracional a un estilo de vida en el cual el individuo niega su libertad para elegir y para sorprenderse y descubrirse a sí mismo en el proceso siempre cambiante de ser-en-el-mundo. Al optar por la irracionalidad  se impide enfrentarse con la aventura de vivir en una forma racional, conciente y total. Sólo si se reconoce a sí mismo como elector y acepta la carga de la incertidumbre podrá trascender la angustia de desorientación y encontrarse consigo mismo de manera consciente, al crear su propia existencia en el aquí y el ahora.

 

2. Negar la responsabilidad por la propia vida; negarse a firmar el cuadro de la existencia. En tanto el hombre es libre para elegir, es responsable de lo que haga o deje de hacer con su vida.

           La responsabilidad existencial amenaza a todo ser humano con el sentimiento de culpa que emana principalmente de todo lo que podría haber sido y no fué, debido a su propia indiferencia. Para escapar de ella es común que el hombre niegue su propia responsabilidad y trate de huir extraviándose a sí mismo en la corriente humana que lo rodea, perdiéndose en el anonimato, fundiéndose en la masa. Pero entre más se pierde, entre más potencialidades desaprovecha mayor es la culpa y de manera paradógica, entre más trata de huir de su responsabilidad, más hondamente se sumerge en el pozo de la culpa. Para romper este nuevo círculo, no existe otra opción que el reconocer la responsabilidad por la propia existencia y aceptar la inevitable culpa, pues al hacerlo, de inmediato el hombre principia a ser lo que es, a descubrirse como un individuo único en la historia del universo y a encontrar su verdadera identidad: él mismo.

 

3. El terrror a aceptarse como un individuo, un ser separado y diferente de los demás; un ser, por tanto, aislado, solo en el Cosmos.

          Para escapar del sentimiento de soledad y aislamiento, con frecuencia el hombre trata de negar su individualidad fundiéndose en forma narcisista, incestuosa o simbiótica con otras personas, instituciones o grupos que lo rodean (Fromm, 19550). Al fundirse con el otro para anular su soledad, la persona pierde la capacidad de relacionarse en forma fraternal y amorosa con él, por lo que se siente aún más aislada y extraviada; y para escapar de este sentimiento intenta reforzar más su fusión narcisista, lo que sólo consigue aumentar su desesperación y su dependencia. La opción saludable que le queda para salir de esta encrucijada, es reconocer su aislamiento y aceptar su soledad, pues sólo así podrá trascender su “separatividad” mediante la fraternidad y el amor genuino.

 

4. La resistencia del individuo a reconocerse y aceptarse a sí mismo como un ser débil, frágil, limitado, expuesto a sucesos impredecibles, incontrolables e incomprensibles que pueden transtornar y aún destruir su vida sin el menor aviso y en cualquier momento; un ser desamparado, vulnerable, finito, y en último término, irremediablemente desahuciado.

          El sentimiento de impotencia, de incertidumbre y desamparo es tan devastador que comúnmente la persona intenta huir de él negando su finitud o rebelándose contra ella, destruyendo su propia existencia, su propio ser-en-el-mundo. Entre más se esfuerza la persona en ello más aniquila su potencial parar vivir en plenitud. La única forma de trascender la finitud es aceptarla para poder empezar a vivir con verdadera intensidad en el aquí y el ahora; entonces la existencia se torna creativa, productiva, llena de riquezas y valores inagotables y profundos. Es por eso queaprender a morir es aprender a vivir, y aprender a vivir es aprender a morir.

Factores espirituales.

          Las inquietudes más profundas y a la vez más elevadas del ser humano brotan desde su escencia trascendental, su verdadero Yo, su núcleo medular y más íntimo, su auténtico Ser. Ahora bien, si el núcleo escencial de todo cuanto existe es de naturaleza espiritual, entonces sus necesidades más fundamentales deben ser de esta misma naturaleza, y de la satisfacción de ellas dependerá la Suprema Autorrealización, la de “Dios en nosotros”.

          En la actualidad parece ser que el hombre se ha apartado cada vez más de los métodos tradicionales en esa búsqueda cada vez más impetuosa por satisfacer sus necesidades de encuentro de espiritualidad. Los principales  factores para ello son: que vivimos en un sistema tecnológico-industrial-comercial que ha mostrado que no sólo es incapaz de satisfacer las necesidades del individuo y procurarle un vida más armónica sino que lo han llevado a angustiarse más,  los juegos de poder entre las grandes potencias ante los cuales surge un peligro de extinción total, la pérdida de valores básicos de la sociedad actual que dejan con frecuencia un vacío existencial, el fracaso del cristianismo y la aparición de un fanatismo enajenante. Más específicamente podríamos enumerar los impedimentos a la autorrealización de naturaleza espiritual los siguientes:

1. La desorientación.

          La confusión que provoca la existencia de numerosos centros de espiritualidad , la charlatanería y la multitud de opiniones y enseñanzas conflictivas pueden orillar al individuo al consumo de drogas, lo cual no sólo resulta altamente destructivo para el individuo sino que  le impide funcionar  de modo adecuado en el mundo y desarrollarse espiritualmente en forma natural y espontánea.

2. El fanatismo.

          Cuando una persona se aferra en forma neurótica y obsesiva por una creencia de tipo religiosa y se convence a sí misma de que ha hallado lo que siempre había necesitado, lo que en realidad está haciendo es bloquear su desarrollo psicológico, arruinar sus relaciones interpersonales y obstaculizar sus potencialidades espirituales verdaderas y su auténtica trascendencia.

3. La desesperanza.

          Cuando las necesidades espirituales de significado trascendente, verdad, bondad, etc no son satisfechas, aparecen las llamadas metapatologías las cuales en última instancia llevan al ser humano al desgano, a la fatiga, a la torpeza y a la inhabilidad para gozar de la vida. Cuando el deseo de autosuficiencia y significado vital se ve frustrado por la contingencialidad y el sin sentido, el hombre responde despojándose de la responsabilidad por su vida y todo carece de significado. (Maslow, 1971).

4. El escepticismo.

          Entre más los seres humanos reprimen o niegan su espiritualidad, más vacíos, se sienten los escépticos (Frankl,1975) y con mayor ahínco intentan llenar su hueco con valores materiales, que jamás serán un alimento adecuado para el hambre lo Infinito. Lo único que alcanzan es a obstaculizar su propia realización

Ahora bien ¿cómo  y dónde puede hallar el hombre respuesta a sus inquietudes e interrogantes escenciales?. Según los auténticos místicos de todas las culturas, la Realidad Absoluta es la esencia de todo cuanto existe, pero puede encontrarse principalmente en el Yo, en el propio Ser de cada individuo, pues el meollo del verdadero Sí Mismo, es uno con el Absoluto.

Factores volitivos.

          El ejercicio de la voluntad es un elemento indispensable para la realización de cualquier cambio en el curso de la existencia. El ser humano es un ser autoconciente y por ende, libre dentro del marco de sus limitaciones y, aunque existen factores que condicionan su estilo de vida, dentro de esas condiciones, cada quien debe ejercitar su voluntad para decidir el curso de su existencia.

          El obstáculo fundamental para  el desarrollo del individuo, para su autorrealización, es la negación de lo que es, la no aceptación de la verdad; pero lo que determina esta negación es, en el fondo su propia voluntad, él mismo.

          La responsabilidad de la vida de cada persona reacae en sí misma, es ella la que no se permite vivir y paladear el gusto por la vida, es la propia persona quien se niega a decirle sí a la vida. Nadie es responsable por no ser lo que no puede ser, pero todos somos responsables por lo que hacemos con nuestras capacidades, por lo que somos en potencia. La infelicidad de la persona radica en que no reconoce el hecho de que no acepta lo que es y que esto es su propia responsabilidad.

          La tendencia fundamental del ser humano, su voluntad primaria es la que lo impulsa hacia la autorrealización. La meta de la voluntad transpersonal, la de desarrollar al máximo sus propias potencialidades, influye a todo lo que existe, y el hombre no es la excepción; pero siendo autoconsciente, es libre para oponerse a su voluntad esencial. Entonces ¿porqué el ser humano se opone?. La respuesta es evidente: porque la autorrealización implica autodestrucción; es un proceso, una continua despedida, una muerte perenne. En el proceso de ser esta implícito el no ser, la creación continua es, en forma simultánea, destrucción perpetua, entonces lo que frena y obstaculiza el desarrollo pleno es la tendencia a la autoconservación del ego,  el no querer reconocer que se rehúsa a darse cuenta de que no acepta los aspectos dolorosos de la verdad. De ahí que la base del cambio positivo se encuentre en reconocer que no quiere reconocer  sus negaciones, o cuando menos, en la apertura o disposición a darse cuenta de ello., en aceptar integralmente sus propias resistencias contra la voluntad de ser.

          Sin la voluntad para dar el primer paso y para realizar los cambios necesarios para eliminar los obstáculos de todo tipo , todo es en vano, y nos referimos a la voluntad como”el puente entre el deseo y el acto”, “el estado mental que precede a la acción”, al “motor responsable” a “la fuente primaria de acción”. Sólo en la medida en que la voluntad individual esté dirigida hacia el descubrimiento de la verdad, la voluntad transpersonal podrá fluir y conducir al hombre hacia la plena autorrealización.

APRENDIZAJE  PERSONAL.

Al ir leyendo a M. A. Villanueva R. en su libro Más allá del Principio de la Autodestrucción, me fueron surgiendo pensamientos acerca de lo que Viktor Frankl y otros autores hablando sobre  la Logoterapia proponen. Yo creo al igual que M. A. Villanueva que la tendencia fundamental del ser humano es ser lo que ES, un verdadero “ser humano”, y que no sólo posee una tendencia natural a serlo, a desarrollar sus potencialidades latentes y a encontrar el verdadero significado de la vida, sino que ese impulso vital puede considerarse su más profunda necesidad, la voluntad de autorrealización.

Algunos de estos conceptos logoterapéuticos:

“...... el problema del significado de la vida es una cuestión típicamente humana........... Es (la expresión)........ de aquello que de más humano hay en el hombre”

“...... efectivamente preguntarse por el sentido de la vida es entrar en “el camino del crecimiento personal”

“..... El estar-en-el-mundo implica la búsqueda de un sentido, y quien lo encuentra, encuentra la razón de su existencia, lo que le permite conocer la felicidad”

M. A. Villanueva: “Sin embargo la realidad muestra con demasiada frecuencia que el hombre no es lo que podría. La razón de esto se encuentra en que existen factores diversos que, si bien pueden ser aprovechados para acelerar la autorrealización, por lo común constituyen obstáculos definitivos para la misma.

         La postura frankliana es la abierta afirmación de que, pese a los condicionamientos presentes de orden biológico, psicológico y social, entre otros, el ser humano tiene la capacidad de tomar una actitud libre ante ellos. La libertad, en este sentido no es una libertad concebida como carente de obstáculos, sino que para ser tal, tiene que hacer referencia, en sentido negativo, a los obstáculos o condicionamientos de los que es capaz de liberarse. Ser libre significa “tomar una actitud” frente a esos condicionamientos y a pesar de ellos, y esto solo es posible desde la dimensión del espíritu ( capacidad de o-posición del espíritu). Tomar una actitud es responder. La responsabilidad es la capacidad de responder frente a lo que nos plantea la vida. El hombre al tomar conciencia de su “estar en el mundo se da cuenta  de que tiene la tarea de “hacerse cargo” de su vida, sea esta como sea, que nadie más puede hacerlo por él.

          Una de las frases más bellas de Frankl y uno de los conceptos más importantes que lo hacen uno de los grandes psicólogos de nuestro tiempo es:

“....   incluso cuando la vida queda reducida a su mínima expresión y todo aparece carente de significado, permanece aún una libertad fundamental, la libertad de escoger la propia actitud frente al destino. Esta elección quizás no cambie el destino, pero ciertamente cambia a la persona

El hombre nace dentro de las coordenadas de sus  “destinos biopsicosociales” y con las potencialidades de libertad y responsabilidad. Para mí, la búsqueda de sentido es esa labor de navegar la vida entre las corrientes de los destinos sin encallar o encallando lo menos posible, y esta labor la hace el hombre apoyándose en la fuerza de su espíritu.

M.A. Villanueva:Todos estos factores pueden ser escalones hacia la realización del ser humano, no obstante, con excesiva frecuencia éste los utiliza como obstáculos para la misma; la razón de esto es que se resiste a aceptar el sufrimiento como parte de su vida.

         Cuando V. Frankl habla de la tragedia del ser humano se refiere a ella también como el triple desafío del hombre y se refiere al sufrimiento, a la culpa y a la muerte. “El hombre madura en el dolor y crece en “el”. “El sufrimiento crea en el hombre una tensión fecunda, y hasta podríamos decir revolucionaria y el descubrir el sentido de éste es una tarea personal, única e irrepetible. El sufrimiento cualquiera que sea es el campo propio y específico de los valores de actitud y exigen del hombre su máximo esfuerzo y honestidad, movilizan lo más valiosos de la persona.

          El prisionero Frankl descubrió en lo cotidiano de su cautiverio la verdad de que al brindar consuelo al grupo, él mismo salió reconfortado. Su sufrimiento y el de sus compañeros fué un verdadero crecimiento. Crecimiento significa la transformación de nuestro ser. Sólo se crece en humanidad cuado el sufrimiento lo asimilamos. El sufrimiento es algo más que crecer, significa también madurar. La maduración tiene como base que el ser humano llegue a alcanzar su libertad interior, es decir, un ser-libre-pese a las circunstancias, pese a las dependencias externas. El sufrimiento, una vez asimilado e integrado, enriquece pues agudiza la capacidad humana de comprensión de la existencia.

 

          Estas y otra serie de anotaciones sobre la postura frankliana me llevan a la conclusión de que, ante los planteamientos de M.A. Villanueva en este libro, la Logoterapia va más allá,

·        promoviendo el contacto con  la dimensión espiritual, con la parte más sabia y honesta del ser humano, con esa dimensión que nos diferencía del resto de los seres de la creación, que nos permite buscar la plenitud a través del crecimiento

·        enseñando y orientando al hombre en la búsqueda de sentido, y no sólo eso, sino que rescata su dignidad ante los sucesos irremediables de la vida,

·        educando a la persona en la libertad y en la responsabilidad

·        le da sentido al sufrimiento humano inevitable, y lo convierte en una experiencia de crecimiento

·        proponiendo tres clases de valores como vías al sentido,

·        llevando a la acción, al compromiso hacia algo o hacia alguien, a trascenderme a mí mismo para encontrar lo mejor de mi mismo en lo que soy capaz de dar a los demás,

·        buscando hacer contacto con el inconsciente espiritual del ser humano donde existe siempre un estado de relación con Dios.

 

 

“La llave para la mirada positiva de la vida es darse cuenta de que la vida tiene sentido bajo cualquier circunstancia y que cada uno tenemos la capacidad de encontrarle el sentido si así lo deseamos, haciendo uso de nuestra libertad, que nadie puede arrebatarnos y de nuestra responsabilidad que solamente a nosotros mismos nos pertenece”.

                                                                                                       Viktor Frankl.