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La logoterapia aplicada al divorcio a través de un enfoque de género

Introducción

En mi trabajo como psicoterapeuta, el tema del divorcio es muy frecuente. He atendido tanto a hombres como a mujeres en este proceso, pero en este estudio me enfoco de manera particular en la mujer de clase media, en la Ciudad de México.

A lo largo de este estudio, hago un análisis de la cultura patriarcal y las consecuencias derivadas de cómo viven las mujeres su papel en una sociedad que ha tenido cambios sorprendentes en los últimos años. Esto nos da una visión más amplia, que nos permite darnos cuenta de cómo ellas fueron educadas dentro de los modelos tradicionales dominantes de género, en el que el papel del hombre y de la mujer estaban muy bien definidos; pero estos papeles han ido cambiando en los últimos años, lo cual les crea a ambos, confusión y temores.

Más adelante introduzco el tema del matrimonio, haciendo un análisis acerca del enamoramiento y las expectativas que influyen para la relación de la futura pareja en su convivir cotidiano. Todo esto para entender mejor, en ciertos casos, el desenlace final que es el divorcio y la manera de cómo lo enfrentan estas mujeres. Lo que me ha tocado ver, es que la mayoría de ellas que viven este proceso, llegan con una sensación de impotencia ante una situación a la que no estuvieron preparadas para enfrentar: la ruptura de uno de sus valores quizá más importantes, que es el matrimonio.

Estas mujeres que viven el proceso de divorcio, suelen sentirse limitadas, desorientadas e incapaces para enfrentar su nueva libertad que no saben cómo manejar, así como para asumir la responsabilidad de ser independientes.

Y finalmente, mi intención es, desde la filosofía de la logoterapia, mostrar un modelo para acompañar a estas mujeres a que vayan descubriendo sus valores, sus sentidos y su misión en este mundo, para que recuperen sus capacidades y su confianza para salir adelante. Que logren enfrentar sus angustias y sus temores y que aprendan a manejar sus emociones. Que descubran que pueden encontrar una historia alternativa a la que habían creado por su misma educación, y que sus temores a la libertad y la responsabilidad pueden ser superados.

Espero que este trabajo sirva para hacer otras investigaciones que permitan una mayor ampliación sobre este tema. El divorcio en estos tiempos, aunque no deseable, ya es una práctica muy común en nuestra cultura, y de lo que se trata es que la mujer lo enfrente con mejores elementos, tanto en el área emocional, como en la psicológica, y en la espiritual. Que reconozca su ser-en-el-mundo, participando en él y respondiendo a lo que el mundo le plantea en estos momentos.

El papel de la mujer a través de la historia

Antecedentes:

Desde la privación de sus derechos más elementales, como elegir marido, trabajar o estudiar, hasta los obstáculos legales que les impedían heredar o ser sujetos de crédito, ya sin mencionar el ejercicio de su sexualidad, la historia de las mujeres fue hasta el siglo pasado de privaciones y prohibiciones. Y esto, debido en gran parte a la influencia religiosa y moralista, así como a una cultura patriarcal que influyó en el sometimiento de la mujer ante el hombre. Así es como, a partir del surgimiento del judaísmo, el islamismo y el cristianismo, la participación de la mujer se vio muy limitada, ya que se le prohibía administrar los sacramentos, o participar en la oración colectiva junto con los hombres. Además, se llegaba a amenazar a los obispos con la deposición de sus cargos si toleraban la entrada a las iglesia de las mujeres que se hubieran atrevido a cortarse el pelo como manifestación de su independencia. (Duby, G.; Perrot, M. 1993 ).

La Iglesia ordena a las mujeres humildad y contención y funda su principio en la subordinación de la mujer al hombre, y tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, infieren que el hombre no ha sido sacado de la mujer sino la mujer del hombre; y que éste no ha sido creado para la mujer, sino la mujer para el hombre. (De Beauvoir, 1989)
En cambio, la iglesia reservó a las mujeres el cuidado de los enfermos y la ayuda a los pobres, pero eso sí, especificando cuál debía ser su comportamiento según las normas, que implicaba el tipo de ropa que debían usar y el modo de vida honesta que habían de llevar.

Desde la antigüedad hasta nuestros días, la información sobre las mujeres se manifiesta con una sobreabundancia de imágenes y discursos y así, se representa y se habla de la mujer mucho antes de que ellas lo hagan por sí mismas. Aunque más adelante las imágenes literarias serán más profundas ya que la fluidez de las palabras permite más libertad que la iconografía. Pero no habría que olvidar que lo que se escribe no es más que la imagen que los hombres se forjan de ellas.

Por otro lado, hay una proliferación de discursos provenientes de pensadores, filósofos, teólogos, juristas, moralistas, pedagogos, que dicen qué son las mujeres y cuáles son sus deberes: “Dar placer [a los hombres], serles útiles, hacerse amar y honrar por ellos, criarlos de jóvenes, cuidarlos de mayores, aconsejarles, consolarlos, hacerles agradable y dulce la vida; he aquí los deberes de las mujeres en todos los tiempos, y lo que se les ha enseñado desde la infancia”. Esto es lo que escribe Rousseau para la Sofía que destina a Emilio, y que refleja claramente lo que se esperaba del papel de la mujer en esa época. (Duby, G.; Perrot, M. 1993, p. 9). Sin duda que el contenido de estos deberes se modifica en el curso de los siglos, pero no podríamos decir que cambia significativamente.

En un principio, la mujer empieza a tener acceso a la palabra, aunque limitada por los hombres, y hay ciertos géneros literarios que ellas mismas eligen como primeros intentos: la escritura privada, principalmente la epistolar y religiosa. Pero por otro lado, hay dominios casi vedados: la ciencia, la historia y sobre todo la filosofía.
La voz de las mujeres crece con el paso del tiempo, pero sobre todo en los dos últimos siglos debido especialmente al impulso feminista que comenzó en Europa. Por ejemplo, De Beauvoir (1989) señala que las leyes fueron hechas por los hombres favoreciendo a su sexo, y que legisladores, sacerdotes, filósofos y escritores, se han empeñado en demostrar que la condición subordinada de la mujer era grata al Cielo y provechosa en la tierra.

El siglo XX es el siglo en el cual cada vez más mujeres toman la palabra y el control de sus identidades, intentando romper los estereotipos y proponiendo múltiples vías de realización personal. Esto es una revolución inacabada pero profunda, que sacude las relaciones entre hombres y mujeres en las sociedades occidentales. Aunque vemos que en los países latinoamericanos, el feminismo tardará más para poder transformar en igualitarismo la estructura autoritaria de la familia.

El hecho de que la imagen de las mujeres se haya vuelto más compleja y cambie hoy más rápidamente, constituye un primer signo de mutación. El feminismo ha modificado a la vez las condiciones de existencia de las mujeres y de los hombres así como del paisaje político. Ahora ellas incursionan en todos los terrenos, lo que sigue inquietando a los hombres que de alguna manera las tratan de sabotear.

Aunque sigue persistiendo una resistencia de ciertos grupos conservadores que ven en la emancipación de la mujer un peligro que amenaza su moral y sus intereses, aun así los avances en cuanto a las oportunidades de ocupar nuevos espacios han sido evidentes, ya que hoy las mujeres han invadido universidades, espacios políticos, y han destacado en el arte y en los negocios; pero todavía no en condiciones de igualdad en cuanto a puestos y salarios.

En los últimos 30 años ha habido grandes cambios en el derecho familiar y el derecho de la mujer. Casi todos los países se han visto obligados en mayor o menor medida a adaptarse a las reglas cambiantes de una nueva concepción del matrimonio, más igualitaria, pero también más conflictiva, ya que estos cambios han provocado un choque entre los valores existentes en el código civil, la religión y las tradiciones por un lado y los nuevos valores a los cuales hay todavía una resistencia.

Los Roles de Género

Bleichmar (1991) entiende por género la agrupación de los aspectos psicológicos, sociales y culturales de la feminidad/masculinidad, reservándose el término sexo para los componentes biológicos, anatómicos y para designar el intercambio sexual en sí mismo. Por lo tanto, nos dice que el rol de género es el conjunto de expectativas acerca de los comportamientos sociales apropiados para cada uno de los dos, hombre y mujer. En cada cultura se halla rígidamente pautado qué se espera de la feminidad o de la masculinidad; de una niña o niño.

Con las expectativas que los padres tienen acerca de sus hijos desde antes de nacer, ya se les marca una pauta para la adquisición de roles de género. De alguna manera se piensa y se desea en función de lo que se espera del hijo por nacer, y en la mayoría de los casos, las preferencias se inclinan hacia el deseo de tener un varón, ya que se supone que ser varón es tener un papel privilegiado en la sociedad.

Si nos detenemos a observar, nos daremos cuenta que el comportamiento de los padres dentro del seno familiar, es diferente frente a los niños que frente a las niñas, a ellas se les induce a atender a los hermanos y a las tareas del hogar y a ellos a ser atendidos y pensar que no es su tarea participar en estos quehaceres. Posteriormente estas conductas son reforzadas en la escuela ya que se sigue el mismo patrón cultural. La niña aprenderá, escuchará y verá que la mujer sólo es reconocida como alguien que ha cumplido con las expectativas que sus padres o la sociedad tienen sobre ella, y esto será si es que alcanza el status de la mujer casada con hijos, para lo cual es importante ser bella y atractiva. En cambio, para el hombre, el reconocimiento y el aplauso lo espera fuera del hogar y con los otros hombres.

El período de la formación del patriarcado fue un proceso que se desarrolló en el transcurso de 2500 años. Y surge por el deseo de los hombres de controlar la naturaleza y asegurar la paternidad e imponer una forma nueva de organización socio-política. Por lo tanto, ha habido una fuerte resistencia al cambio hacia una igualdad de géneros.
Criticar el poder masculino y sus resultados no significa que las mujeres a su vez intenten dominar a los hombres, sustituyendo el patriarcado por un matriarcado. De lo que se trata es, de la lucha por la transformación del poder mismo, sus términos y sus condiciones, lo cual deberá apoyarse en una legislación que tome en cuenta los intereses femeninos.

“Los roles de los géneros han sido organizados de manera que se coloca a los hombres en una posición dominante y a las mujeres en una posición subordinada” (Miller, 1976 citado por Goodrich, 1989. p.24). Esta organización no permite una posibilidad de igualdad y reciprocidad entre los sexos, dando como resultado, una rigidez y polarización que les afecta en su relación. Y lo que es más significativo, afirma y mantiene el poder de los hombres y la impotencia de las mujeres. Esto implica una serie de consecuencias, no del todo benéficas para la relación de la pareja.

La ideología de los roles de géneros son: que el padre sea el sostén económico y jefe de la familia, que implica ser el que tiene el poder y el control. Y, por otro lado, la madre que debe dedicarse exclusivamente a su papel de ama de casa, buena compañera de su esposo y encargada del cuidado de los hijos.

La mujer sacrifica más cosas que el hombre al casarse, ya que debe abandonar su trabajo, amigos, lugar de residencia, apellido, etc., y tiene que adaptarse a la vida del marido. Los estudios realizados al respecto indican que el matrimonio acrecienta el bienestar físico de los hombres, mientras que el de las mujeres disminuye. (Goodrich et al 1989))

Existen ciertos estereotipos de los roles sexuales que influyen en nuestras relaciones desde la infancia:

  • A las mujeres se les impulsa a ser dependientes y se les ve como débiles sin un hombre como compañero.
  • En el cortejo y las relaciones sexuales, las mujeres asumen, de forma estereotipada, el papel pasivo, mientras que el hombre, el papel activo.
  • En la relación hombre-mujer, la competencia y la habilidad intelectual son vistos como dominio de los hombres.
  • A los hombres se les enseña a ser más intelectuales y a las mujeres más emocionales.
  • Se glorifica la ingenuidad y la inocencia en la mujer, mientras que en el hombre, la experiencia. (Goldhor, H.1989)

Y así, vemos como, si desde la infancia hombre y mujer asumen su papel como un hecho inmodificable, esta rigidez no les dará la posibilidad de fluir y adaptarse, en función a las nuevas circunstancias que empujan a los cambios en los roles masculinos y femeninos.

No podemos negar que los estereotipos se han ido modificando de alguna manera. Ahora, hombres y mujeres participan juntos en el cuidado de los hijos, siendo esto ventajoso para todos; para la mujer que tiene más tiempo para sí misma; para los hombres que les da la oportunidad del aprendizaje de la ternura, que de algún modo también se les había arrebatado al imponérseles un modelo rígido de género; y a los hijos o hijas la posibilidad de abrirse al mundo con dos figuras de identificación. (Hierro, G. 1997). Pero todavía existen muchas resistencias a otros cambios, necesarios e importantes para una sociedad más justa e igualitaria.

Las feministas ofrecen una alternativa al pensamiento patriarcal y a sus estructuras. Tienen una creencia muy simple, que las mujeres son seres humanos, y que los dos géneros son importantes y diferentes unos de los otros, no como sexo sino como individuos y que esas diferencias individuales son más importantes que las de género; y que esta igualdad debe ser públicamente reconocida. Que el rol femenino es por lo menos tan valioso como el masculino. (Hierro, opcit.)

Es importante resaltar, para los propósitos de este trabajo, el hecho de que algunos hallazgos han demostrado que lo que afecta y deprime en gran porcentaje a las mujeres, son las consecuencias derivadas de la forma en que deben vivir su feminidad. Y no a consecuencia de la naturaleza de su cuerpo, que es lo que se ha planteado como enfermedades típicamente femeninas. Que sus características y forma de ser tienen mucho más que ver con la forma en que han sido educadas a lo largo de su historia que con la naturaleza de su cuerpo. La identidad femenina se ha cultivado solo para estar por y para los otros, olvidándose de ellas mismas.

El cuidado de los otros no está en oposición a un autocuidado y respeto por ellas mismas. Habría que modificar en las mujeres sus propias creencias que operan en sus mentes como dogma, que les “indican” cómo debe ser la mujer. (Bleichmar, E. 1991)

El matrimonio

Aunque un gran número de parejas ya deciden vivir en una unión no institucionalizada como el matrimonio, la gran mayoría todavía lo elige a pesar del compromiso que esto implica. Pero, ya sea de una forma o de otra, la pareja con problemas sufre de diversas maneras, ya sea la dificultad para adaptarse el uno al otro, la desilusión por las expectativas no cumplidas, una incapacidad para comunicarse entre sí, amén de problemas económicos que puedan surgir, y la llegada de los hijos que complica aún más su situación por diversas razones. Los hijos suelen absorber una gran cantidad de energía y atención de parte de la madre, lo que ocasiona que el padre se sienta desplazado. La relación sexual para la mujer en estos momentos puede pasar a segundo término, mientras que para el hombre pueda serle de más importancia por la necesidad de sentirse amado. Es en estos momentos en que se puede dar un distanciamiento.

El vínculo conyugal exige un constante cuestionamiento y un continuo trabajo de creación. La pareja vive distintos períodos de ajuste y éstos le sirven para poner a prueba y ajustar el nivel de intimidad, el reparto del poder y el modo de comunicarse.

Es importante que la persona haya resuelto sus conflictos internos para aprender a expresar necesidades, deseos, temores, y para comunicarse con quienes los rodean y así lograr hacer una vida en común.

Los conflictos en los recién casados, se inician frecuentemente desde el momento de la cohabitación ya que esto les hace ver de inmediato, si existen sus incompatibilidades. Además, la comunicación es un aprendizaje en todos los planos, lo que no siempre es fácil, y la adaptación sexual a veces es difícil.

En la primera etapa del matrimonio, “ se requiere de una gran capacidad para limitar las propias necesidades en beneficio de una relación que empieza. [Y esto implica que] la calidad del matrimonio depende en parte del grado de satisfacción y complementariedad que se le pueda dar a las expectaciones de cada uno de los cónyuges” (Estrada, L. 1987. P. 59). Pero para esto hay una limitación ya que las expectativas de cada individuo están basadas en su historia y en las experiencias que ha compartido durante varios años con su familia. El resultado de esto es que cada uno viene con su propia idea de cómo “debería” ser y actuar el otro.

No importa cuán enamorados se hayan casado, muchas veces sucede que, como dice Lemaire, la decepción está en proporción con la proyección que se ha hecho sobre el objeto elegido. Hay un momento en que el proceso de idealización ya no se puede sostener y uno de ellos, o los dos, se sienten defraudados en sus expectativas, aun cuando el otro no haya cambiado sustantivamente de actitud (1988.) Empiezan las quejas y los reclamos, lo que conduce, si no hay tolerancia y disposición para escuchar y dialogar, al deterioro de la relación.

Hoy en día en que las crisis económicas han sido una constante en México, las familias viven en un estado de alienación sometidas a un trabajo y a un desgaste permanente para poder cubrir sus necesidades más apremiantes. El instinto de conservación es anterior al principio del placer. Y así, los criterios de intimidad de la pareja se ven modificados: el romance, el amor y la comunicación ya no son lo más importante, sino los problemas existenciales cotidianos como el trabajo, las tareas domésticas y el cuidado de los hijos. (Tordjman, G. 1989). Esto va produciendo, en muchos casos, un sentimiento de frustración y hartazgo, para llegar finalmente, con frecuencia, a un alejamiento.

Enamoramiento y expectativas

El enamoramiento, como una experiencia extraordinaria, puede marcar y comprometer profundamente la existencia de dos personas sin crear amor. Y en cambio un amor puede surgir sin este tipo de enamoramiento, sino más bien de un encuentro sereno, del placer de estar juntos con un proyecto de vida conjunto. El problema es que lo que puede ser bello en lo extaordinario, se puede volver insoportable en lo cotidiano. (Alberoni. 1993)

Con el enamoramiento surge una fuerza que tiende a fusionar a la pareja. Se piensa que el otro es insustituible, y el único ser capaz de dar esta felicidad que se vive. Es en síntesis, lo que llama Alberoni “un estado naciente” en la cual la persona, que hemos encontrado y nos ha respondido, se nos presenta como plena de deseo.

La persona enamorada se abre a una existencia diferente sin ninguna garantía realizable. “Su grandeza es desesperadamente humana porque ofrece instantes de felicidad y eternidad, crea su deseo apremiante pero no puede ofrecer certezas” (Alberoni, F. 1983 p. 37)

Este período de enamoramiento transporta a la pareja a un estado idílico de su relación en la que todo parece ser perfecto y esto, en la realidad no es más que eso, una idealización del otro, un no ver más que a través de los ojos del otro, algo que no puede durar por siempre en estas condiciones. Ya que como dice Lemaire, (1986) amar al otro es amarse a sí mismo a manera de proyección, y frecuentemente cuando se rompe esta idealización del otro, se rompe la idealización del sí mismo, lo que puede provocar un gran dolor.

A mayor idealización del otro, más insignificante es el soporte, ya que el compañero será juzgado a través de un prisma invertido, acusado de traición por no corresponder a la imagen amada que se había idealizado. En la medida en que un compañero fue elegido para llenar ciertos vacíos o carencias del pasado, ya sean afectivas, sociales o económicas, se vive como una falla si estas expectativas dejaron de cumplirse por ciertas circunstancias.

En el proceso de las “pruebas” que llevan al amor, cada uno pide al otro que renuncie a una parte esencial de sí, y cuando el otro lo acepta para sentirse amado, renuncia por su voluntad para que el amado sea feliz. Aunque más adelante, aquel que había pedido esta transformación por miedo a lo nuevo y por tranquilidad, termina por darse cuenta que la persona que tiene delante ya no es lo que había buscado, ya no es la de antes. Porque pedir al otro que elija entre dos cosas entre las que no hay posibilidad de una elección, implica anular una parte de su ser. (Alberoni. opcit).

Cabe la pena señalar que en este sentido son las mujeres las que sufren más este papel, ya que son deseadas mientras son libres, coquetas y brillantes, para después ser obligadas a convertirse en algo común, aquello que ellas no eran , el lugar donde termina-por definición- no sólo el enamoramiento sino hasta el amor.

La clave de una solución está en que cada uno de ellos pida pero no exija, entender que limitar al otro es también limitarse a sí mismo, lograr producir un pacto en donde surja el amor, en el que cada uno sabe lo que el otro no puede pedirle, y de esta manera se dé una reciprocidad. La certidumbre de esta reciprocidad se da en el punto firme de una confianza mutua. Se tiene la conciencia de que se ama y no se puede dejar de amar, y de que hay un límite que no se puede tener y se acepta. (Alberoni, opcit).

La vida en pareja

“En las buenas y en las malas, en la riqueza y en la pobreza, en la enfermedad y en la salud, hasta que la muerte nos separe”. Así reza el juramento de los recién casados, y esto nos muestra hasta qué punto el amor que en esos momentos siente la pareja les hace sentir seguros que así será. ¿Pero, se es consciente en esos momentos de lo que se está ofreciendo? ¿Cuánto tiempo dura este deseo ya en la vida cotidiana del matrimonio? Por la cantidad de divorcios que se realizan diariamente la realidad resulta muy diferente a lo que se había esperado y prometido. Las idealizaciones se vienen abajo y las expectativas también.

Los temas conflictivos de las parejas son muy diversos y pueden estar vinculados a la intimidad, el poder y los límites. Pero también hay una gran confluencia de planos que pueden ser: la reactivación de angustias infantiles, que nos cuestiona en nuestra relación con nosotros mismos y que es una condición necesaria para la comunicación con el otro. Y muchas veces sucede que nuestros conflictos externos son más bien la traducción de nuestros conflictos internos, mal reconocidos y mal asumidos, que se reflejan en nuestras relaciones con el otro. (Tordjman. 1988).

Por lo tanto, vemos frecuentemente cómo, con el tiempo, el joven matrimonio empieza por ir adjudicando al compañero ya no sólo cualidades e idealizaciones, sino al mismo tiempo se le va responsabilizando de muchos problemas personales que ya existían, aun antes de conocer al otro. Problemas que estaban muy en el inconsciente de la persona y que quizá nunca había detectado.

Se puede llegar a pensar que el ser amado era excelente y merecía ser amado, pero que su transformación fue lamentable. Al ver modificada su nueva realidad psíquica, el sujeto experimenta una decepción que le es dolorosa. Pero esto puede tener efectos de maduración importantes, que si son manejados adecuadamente, pueden ser beneficiosos tanto en lo individual como en su relación de pareja. (Lemaire, opcit)

Depende del grado de complementariedad y satisfacción que se dé a las expectativas de cada uno de los cónyuges, para lograr alcanzar una armonía en el matrimonio. El problema es, que las expectativas de cada persona están basadas en su propia historia y experiencias que ha compartido durante varios años en el seno de su familia. Esto da como resultado que cada uno de ellos perciba sus propias necesidades y deseos según su capacidad introspectiva, sin darse cuenta que sus esfuerzos por satisfacer al compañero están basados en la creencia inconsciente de que el otro es, siente y percibe las cosas tal como uno lo hace. (Estrada, L. 1983).

Otro problema que se presenta frecuentemente en el joven matrimonio, es la incapacidad para poner límites tanto dentro como fuera del ámbito conyugal. Esto empieza por deteriorar las bases mismas del nuevo matrimonio, en especial cuando las familias parentales son muy intrusivas.

El nacimiento del hijo, el amor por el hijo, puede fortalecer la unión y estabilizar el amor, pero de alguna manera disminuye y hasta puede acabar con el enamoramiento. Con el nacimiento del hijo cada uno siente que el otro lo descuida o que ya no existe ese impulso y ese deseo total que manifestaba antes. Si estas pruebas se superan, el enamoramiento pasa al régimen de las certidumbres cotidianas que llamamos amor, si no, aparece otra cosa: “la renuncia, la petrificación o el desenamoramiento” (Alberoni, 1993. P. 91).

Esto puede incidir también, para que cada uno de los padres tome un rol diferente. La madre se dedique en cuerpo y alma al hijo y el padre se sienta desplazado y se refugie en su trabajo o en las amistades. Si en esta etapa de la vida la pareja no busca compartir el cuidado y la atención de los hijos y además darse tiempo para su relación, a la larga se puede ir creando un abismo entre los dos que puede llegar a dañar su relación de manera irreversible.

Hay algunas señales en el conflicto conyugal que están relacionadas con los ritmos de transición de cada individuo según la edad. Las crisis existenciales de los treintas, cuarentas y cincuentas, provocan una necesidad de reflexión y evaluación de la vida, hacer un balance de lo que se hizo. Esto puede, muchas veces, sacudir las estructuras del matrimonio.

La aptitud de cada pareja para manejar estas etapas críticas, puede consolidar o dañar el vínculo conyugal. Sería importante para las parejas estar al tanto de los problemas que surgen durante las etapas de transición, pues aunque parezca haber un buen entendimiento entre ellos, estas situaciones se pueden ir presentando durante todo el ciclo de la vida conyugal. (Tordjman, G. 1989).

Los cuarenta y los cincuenta años de vida del individuo, dentro del matrimonio, pueden ser una época crítica. Con los hijos ya crecidos y más autónomos, el área sexual en el hombre empieza a declinar, mientras que en la mujer está en su plenitud. Y frecuentemente empieza una búsqueda de la sexualidad como renovación y fuente de juventud, a veces en uno de ellos, a veces en los dos. Es la época en que más divorcios se producen.

Los terapeutas pueden tomar un papel importante en estas crisis transicionales de las personas y ayudar a moderar los cambios precipitados, pedir a las parejas tiempo, antes de trastornarlo todo. Aunque algunas veces la terapia de pareja es necesaria casi desde el principio, antes de que empiece el deterioro del vínculo y se logre una mejor adaptación a la convivencia conyugal.

Como vemos, estos son algunos de los aspectos que se muestran al interior del matrimonio. Las parejas que tienen la capacidad de durar largo tiempo en su relación, se manifiestan en una capacidad de construir y reconstruir constantemente sus vínculos. Por el contrario, en aquellos que sólo soportan el desgaste de forma conformista, va provocando un gran resentimiento que se convierte en agresividad hacia el compañero, culpándolo y responsabilizándolo de las fallas del matrimonio, dejando así en manos del otro su propio destino.

El divorcio. La última alternativa

Una de las experiencias más dolorosas para el ser humano es la separación definitiva de aquel a quien se ama o amó. En un grado de desesperación, surge desde nuestro interior la pregunta carente de respuesta: ¿Era necesario? ¿Por qué tenía que sucederme a mí?

Desafortunadamente, vivimos en una cultura narcisista y egoísta que rechaza el compromiso afectivo y daña al lazo conyugal y a la familia. Se busca la autosatisfacción sin preocuparse por las necesidades y expectativas del otro. Esto frecuentemente va provocando una desilusión en cada uno de ellos y un deterioro de la relación en su conjunto.

En el matrimonio, al no sentirse feliz ninguno de los dos, no hay posibilidad de confirmar al otro en su capacidad de hacer feliz, lo que los va llevando de crisis en crisis, a una situación cada vez más intolerante, terminando finalmente con la disolución del vínculo.

La incomunicación es otra causa que lleva al desgaste de la relación. En muchos casos, existe en la pareja una avalancha de información, pero que realmente no dice nada. Esto, sólo les sirve para protegerse de una comunicación a la que temen enfrentar y que termina por ser sólo un enredo de mensajes. (Lemaire, 1986). Los reproches se multiplican, cada uno culpa al otro de no ser claro en lo que dice, y la mayoría de las veces ninguno de ellos entiende por qué les sucede esto.

Por otro lado, el elogio o los comentarios positivos van desapareciendo con el tiempo y por el contrario, lo que se da de manera frecuente es la crítica constante como ataque personal y los estallidos de rabia e histeria por cualquier tontería. Todo esto se va acumulando para terminar en una ruptura, vivida la más de las veces, como un fracaso.

En algunos casos, la pareja decide separarse en función de la incapacidad de cada uno para modificar las representaciones proyectadas sobre el otro. Muchas veces lo que buscaba cada uno de ellos, quizá estaba ligado a los aspectos más arcaicos de su personalidad, buscando vivir dentro de la pareja lo que no se podía vivir fuera de ésta. (Lemaire, opcit.).

La unión de la pareja representa muchas veces, una tentativa múltiple, una de cuyas finalidades es facilitar la existencia material; y cuando esta expectativa se viene abajo por diferentes circunstancias, la desilusión es tan grande, para la mujer en especial, que la imagen del compañero cae y toda la frustración va directa contra él, como si fuera el único culpable de la situación a la que se ven arrastrados.

Uno de los problemas más comunes de nuestra época es las expectativas de la mujer, a la que le enseñaron a esperar que el esposo fuera el proveedor y ella sólo la esposa y madre de sus hijos. No fue preparada para enfrentar una situación en la que ella también pudiera participar en esa área. La comodidad de la dependencia económica a veces la tiene atada a una relación que pende de alfileres y al momento de romperse la seguridad de ésta, la relación se descubre en sus deficiencias, olvidando y menospreciando lo que pudo haber habido de buena en ella.

Por otro lado, la descalificación al esposo, por no ser ya el proveedor que se esperaba, crea un círculo vicioso en la relación. El hombre pierde su autoestima por no cumplir el papel que la sociedad y la pareja le habían asignado. Su capacidad para enfrentar nuevas situaciones de trabajo se ve disminuida por la misma presión. Luego viene el enojo y la agresión hacia la esposa, a la que también culpa por la situación que están viviendo, lo que va creando condiciones para la separación definitiva.

El divorcio puede darse de forma precipitada, o por el contrario, ser retrasado por años y por diferentes causas. Las esperanzas de rehacer la relación, el deseo de no romper el vínculo para no dañar a los hijos, el miedo a la soledad, el temor a perder el status o el enfrentarse a una nueva situación económica que puede parecer amenazante (en especial las mujeres) y otras razones más, pueden aplazar esta decisión.

Es tristemente para muchos, el final de un proyecto de vida en el que se habían puesto grandes expectativas que se fueron diluyendo por la presencia de los problemas cotidianos, y por una incapacidad para superar las crisis juntos.

Al terminar la relación se sufre de un sentimiento de vacío, se pierde el significado de sus vidas y hay una sensación de desesperanza que magnifica frecuentemente la pérdida. Estos sentimientos pueden sumergir al ser humano en las profundidades de un vacío existencial. Es importante, en estos momentos, buscar los sentidos que les puedan ayudar a llenar ese vacío en sus vidas (Frankl, 1989).

En este sentido, la logoterapia apunta hacia el hecho de cómo, una situación externa muy difícilmente puede dar la oportunidad al ser humano de crecer más allá de sí mismo, probar su fuerza interior y no cerrar los ojos y vivir en el pasado.

Más adelante me referiré, de forma más extensa, a estos temas que pueden ayudar a la mujer para a enfrentar de forma más adecuada estas situaciones difíciles.

La crisis de la separación

Como señala Caruso, la separación amorosa conduce a la pareja a una catástrofe única, que tiene algo que ver con la muerte, ya que es de alguna manera desaparecer o borrarse en la conciencia del otro. (1970). Pero, ¿qué pasa con aquellos que sienten que dejaron de amarse? ¿Que deciden separarse? ¿Están exentos de sufrir esta experiencia? ¿La separación no les dejará una herida?

En el sentido metafórico, el divorcio es como una cirugía que afecta todos lo aspectos de la vida de una persona. Así que no podemos ignorar que también ellos puedan padecer, de alguna manera, esta catástrofe.

Somos seres destinados a la muerte, pero al mismo tiempo vivimos en una rebelión permanente contra ella. Es una lucha constante en el duelo como en la separación. Y para que a la muerte en la conciencia no siga la extinción física, se ponen en juego de inmediato diferentes mecanismos de defensa.

Un mecanismo de defensa puede ser la agresividad hacia el otro, desvalorizándolo. Lo que le sirve para lograr una desidentificación de él. Otro, puede ser la indiferencia, que ayuda para la disminución del ideal del Yo. O en un exceso de actividad o búsqueda de placeres.

La desesperación, la represión, la idealización, así como la resignación o la racionalización, son otros mecanismos que se pueden manifestar dependiendo de las necesidades defensivas de cada quien. (Caruso, opcit.)

Dice Satir, “para muchas personas el divorcio es una experiencia de ruptura y, antes de que puedan proseguir sus vidas, es necesario que logren juntar los pedazos” (citado por Fisher, 1999 p. v). Asimismo, señala los sentimientos de profunda desesperación, decepción, venganza, desesperanza e impotencia que sufren en este período. Por lo tanto, es necesario orientarse hacia una nueva vida y darse tiempo para guardar luto por sus esperanzas perdidas.

La relación que se tuvo, el amor que en algún momento se compartió, los proyectos que se lograron y, en muchos casos, el vínculo que siempre seguirá presente, si es que hubo hijos, les dejará una herida en la que tendrán que trabajar para lograr restaurarla.

Fisher señala que en el divorcio hay un proceso de adaptación acompañado de ciertos procesos de aprendizaje en este doloroso camino. Y para la adaptación es necesario reconstruirse. Esto es como escalar una montaña, lo cual nos dice, no es nada fácil. En este proceso, a veces se prefiere distraer la atención con otra relación amorosa, antes que aprender todo sobre el dolor. (1999).

En estos momentos, en los que ellas sienten que su destino es sufrir, es necesario que acepten dicho sufrimiento. El sufrimiento no se puede erradicar, es parte de la existencia humana, nadie puede sufrir en su lugar y su oportunidad reside en la actitud que adopten al soportar esta carga. (Frankl, 1989).

Hay quienes prefieran refugiarse en su propio mundo para evitar el esfuerzo del ascenso a la cima. El ascenso debe hacerse al ritmo de cada persona. Hay quienes que pueden llegar a la cima en un año, y otras que pueden tardar entre tres y cinco años. Pero lo importante es saber que al igual que la vida misma, el proceso de escalar y crecer es la fuente de grandes beneficios. (Fisher, opcit).

Cuando la relación termina y la pareja ya no está ahí, muchas veces surge un sentimiento de estar totalmente solo. Los sentimientos de afecto que brindan los hijos o la familia no son suficientes, la soledad es mayor que todos estos afectos. Hay un vacío interno del que se duda que algún día desaparezca. Pero, si de alguna manera aprenden a apoyarse en la familia y los amigos este sentimiento disminuirá poco a poco hasta que desaparece el vacío (Gray, 1999), con el sentido que en los valores y en la propia vida se vayan descubriendo.

Surgen también sentimientos de culpa que muestran en el ser humano la falibilidad de sus acciones y decisiones, lo que puede tener una función destructora si se presentan insistentemente. La culpa puede hacer que estas mujeres en proceso de divorcio, se centren en su pasado, olvidándose de su presente y anulando su proyección al futuro. Si se cometió un error habrá que reconocerlo, de lo contrario se puede volver una culpa neurótica en la que hay un deseo de castigo. Si se siente culpable de lo que sucedió, que en algo se equivocó para que el vínculo se rompiera, si no hay posibilidad de cambiar la culpa, sí existe en cambio, en el ser humano, una libertad interior para cambiar su actitud ante ésta.

Le sigue la ira dirigida especialmente contra el ex-cónyuge. La persona siente desesperanza y ansiedad por esta pérdida y convierte su coraje en ira. Se requiere de expresar todo el coraje que se siente, para así pasar a la aceptación de la pérdida. Esto le hará sentir un alivio que le permitirá darse cuenta que todo fluye y que ella permanece en este fluir.

Aplicación de la logoterapia

El propósito de esta parte del trabajo será el de dar un mejor encuadre a la aplicación de la logoterapia en la mujer que vive un proceso de divorcio dándole importancia al enfoque de género.

El Análisis Existencial y la Logoterapia de Frankl ve a la persona como a un ser-en-el-mundo en relación con los otros y con las cosas pero sin dejar de ver qué sentido tiene ese ser y ese estar-en-relación-con. El mundo de los objetos y las personas son importantes porque son parte de la realidad, y la actitud que se tenga ante el mundo dará esencia a nuestra existencia.

La mujer, al divorciarse, se encuentra en un período de transición, enfrentándose a un mundo nuevo en el que la responsabilidad va a tener un gran peso en sus decisiones. Pasa de ser dependiente y sumisa, a ser independiente y activa, a tomar decisiones y hacer elecciones a las que quizá no estaba acostumbrada. Necesita aprender a vivir una “libertad de”, que rechaza la autoridad exterior para avanzar hacia una “libertad para”, que exige de una autoridad autoimpuesta proveniente de su interior. Aquí es donde ella hace uso de su fuerza de espíritu para mostrar su sentido de ser en el mundo y de estar en relación con ese mundo.

Para los hombres, este nuevo papel de las mujeres les ha significado una gran sacudida. Todavía no acaban de reconocer que la cultura patriarcal que les favorecía, y a la que todavía se resisten a renunciar, está cambiando. Las crisis en México han afectado económicamente a muchos hombres y las mujeres han tenido que salir a la calle a trabajar para contribuir al sustento del hogar. Esto ha favorecido una baja autoestima en el hombre y en muchos casos el desprecio de la compañera por lo que ya no es: el proveedor.

Tanto para uno como para el otro, la situación de un divorcio los empuja a cuestionar sus valores y sus sentidos de vida, que si no están bien fundados, los pueden llevar a una crisis existencial. Por lo tanto, es importante revisar los siguientes conceptos de la logoterapia.

Libertad de la voluntad y responsabilidad. El primer fundamento del análisis existencial y la logoterapia, es la libertad de la voluntad humana para decidir qué hacer frente a situaciones difíciles, junto con la responsabilidad. (Pareja, 1989). Y este es el momento de tomar una actitud ante el divorcio, ya que si hay una ausencia de responsabilidad, esto les puede crear un sentimiento de soledad y angustia que las puede paralizar.

En los términos de la logoterapia, experimentar la libertad es aceptar el riesgo de aprender- y a equivocarse con frecuencia- a ser libre. Y pese a los condicionamientos biológicos, psicológicos y sociales entre otros, el ser humano tiene la capacidad de tomar una actitud libre ante ellos.

La libertad es para buscar un sentido de lo que está pasando y ésta estará siempre acompañada de la responsabilidad. (Pareja, opcit) De otra manera la persona puede caer en un vacío existencial que le producirá inquietud y angustia. Si nada le es significativo puede sobrevenir una depresión.

Voluntad de sentido. El segundo fundamento es la voluntad de sentido que empuja al hombre a ir al encuentro de algo o alguien que está más allá de él, sin dejar de ser él mismo. (Pareja, opcit).

En el momento en que el vínculo conyugal se disuelve, suele suceder que la persona se centre sólo en sí misma y su angustia de un futuro incierto. Lo que necesita es descubrir el sentido de ese momento y hacer reales los valores que estas situaciones concretas le piden.

El divorcio puede ser una experiencia devastadora, pero si se supera, esta dolorosa etapa traerá recompensas para comenzar de nuevo. El sufrimiento puede transformarse para darle un nuevo significado a su vida.

La logoterapia busca ayudar a las personas que viven este período de crisis ya que ellas experimentan una profunda confusión y caos que es necesario clarificar. Necesitan saber qué les ha sucedido y cuál es el significado de su existencia, de su sufrimiento y de su cambio personal.

Frankl señala que hay una diferencia entre el hombre y el animal en cuanto a los instintos. En el hombre los instintos son guiados desde su espiritualidad. A diferencia del animal que “es” sus instintos, el hombre “es frente a ellos”, lo que constituye su libertad. (1989).

Cuando las personas pasan por el difícil trance del divorcio, y se dejan llevar por sus instintos (de ira o agresión), es como si renunciaran a la capacidad de elegir con libertad y responsabilidad, que es su condición humana. No se puede pensar que estos impulsos no se pueden controlar.
El ser humano es responsable de lo que hace. No importa lo que haya recibido anteriormente como agradable o doloroso. A diferencia de la psicología tradicional que analiza simplemente lo recibido negativo para aclarar que lo anormal ha dejado impresa su huella, la logoterapia sí observa lo que ha marcado al individuo, pero su implementación parte de la perspectiva ampliada del ser humano y de su responsabilidad de lo que él mismo emite al mundo (Lukas, E. 1994).

El matrimonio fue una responsabilidad compartida, lo mismo será la separación. No se puede, en aras del enojo y la frustración, hacer daño al otro. Ya sea de forma física, psicológica o emocional. Se tiene que asumir la propia responsabilidad. No se puede asumir el papel de víctima culpando sólo al otro.

Por eso, para Frankl, la libertad y la responsabilidad constituyen la esencia de la existencia humana. Una libertad para decidir y no abandonarse a lo que los demás decidan y una capacidad para responder a las preguntas que el mundo nos presenta cada día. (Pareja, 1989). Es en estos momentos del rompimiento del vínculo, en que la toma de decisiones produce una serie de angustias. En vez de temer lo que les pueda deparar la vida, habría que aprender a responder qué es lo que la vida les pide.

El poder superar todo esto les permitirá iniciar una nueva relación amorosa, más productiva y significativa que la anterior. O decidir ser feliz como persona soltera. Tendrá la libertad de ser ella misma.

El sentido de vida. El tercer fundamento es el sentido de la vida. La libertad del ser humano es para buscar el sentido de su propia existencia y para esto hay tres caminos que son aplicados al tema del trabajo, de las relaciones, del estudio, del uso del tiempo libre, del sufrimiento y las pérdidas.

Los valores de creación: Que ellas logren descubrir cuáles son sus posibilidades en el dar, con la dimensión del hacer, de crear y transformar al mundo, con el trabajo como un medio y no un fin, lo que pueden aportar como seres únicos e insustituibles. Este es el momento de romper los atavismos y demostrar que son capaces de ser independientes.

Los valores de experiencia: Ellas como seres humanos no sólo tienen la capacidad de dar sino también de recibir. Existe una inmensidad de riquezas gratuitas, contenidas en el cosmos y en los otros seres humanos. La admiración de la naturaleza en sus diversas manifestaciones; así como a través del amor y la amistad. En este sentido hay la posibilidad de relacionar su Yo con un Tú único, singular e irrepetible, que puede ser ella misma en toda su dimensión humana y espiritual, o en una amistad en la que confíe y se apoye. Lo mismo en la contemplación de las obras de arte o en el encuentro con la música y la poesía. El amor se relaciona con todas las dimensiones humanas que se viven y que se manifiestan en -el desaliento, gozo, frustración, coraje o amargura- y así responder con toda su humanidad a la vida dentro y fuera de ella, a otros y a Dios.
Valores de actitud: Frente al triple desafío que representan, el sufrimiento, la culpa y la muerte. Poder ejercer una esencial libertad espiritual interior, y así tomar una actitud ante las preguntas de las circunstancias que en ese momento les avasallan. (Pareja, opcit). Lo cual es esencial en estos momentos de crisis por el que están pasando, al sentir que fracasaron, que piensan que algo hicieron mal para que la relación no funcionara, que a lo mejor nunca se las amó y que se quedarán solas para siempre. Ellas tendrán que poner a prueba su fuerza interior para tomar una actitud sana ante esto.

Es en los momentos más difíciles del término de una relación, en que estas mujeres pueden sufrir un vacío existencial y perder la voluntad para encontrar su sentido, sea en la presencia de sus hijos, en su propio desarrollo o en encontrar un sentido a su sufrimiento.

Hay una necesidad de poder responder quiénes son ellas en estos momentos de crisis y de encontrar una nueva identidad con los recursos que tienen, de darse cuenta de lo que están perdiendo (amor, amistad ), del para qué este sufrimiento y saber qué hacer ahora.

Si ellas logran la adaptación a estos sentimientos, se logrará llegar a la libertad.

Lo cual les permitirá iniciar una nueva relación amorosa, más productiva y significativa que la anterior. O decidir ser felices como solteras. Tendrán la libertad de ser ellas mismas.

Además, buscar un cambio personal, no encerrarse en sí mismas y quedarse en la apatía. Tratar de encontrar los significados que le den soporte a la angustia y que darán origen a la recuperación y clarificación de sus valores.

La logoterapia indica, que para superar el vacío que se puede presentar en estos momentos, ellas necesitarán buscar y encontrar cometidos y sentidos a realizar en el futuro, sacando la fuerza interna de su espíritu que tiende a reaccionar a todo lo vivenciado, sea positivo o negativo, en forma diferente, ya que ni lo positivo ni lo negativo tienen el poder absoluto para marcarlas. De lo que se trata en estos momentos es de tener la capacidad para libremente decidirse por lo positivo, lo que en logoterapia se denomina “pleno de sentido”.

Descubrir esta nueva libertad

Viorst nos señala que para entender nuestra historia debemos incluir la continuidad y el cambio. Que no podemos llegar a ser personas individualizadas, responsables, relacionadas con otros seres humanos, sin estar sujetos a pérdidas, a partir y dejar partir a los demás. (1996).

La mujer, al terminar con una unión, que en muchos casos le estaría haciendo daño, quizá no se da cuenta que recupera una libertad que le puede dar la oportunidad para un autodescubrimiento y una autorrelización satisfactorias en su vida.

La logoterapia proclama la libertad como un atributo exclusivamente humano que le permite elevarse por encima de toda limitación, biológica, psicológica o ambiental. No obstante, Frankl no deja de advertir que la libertad debe ser vivida en términos de responsabilidad, de otra manera puede degenerar en libertinaje. (Fabry, 1990).

Esta nueva libertad para la mujer divorciada, puede constituir un valor positivo, que no es una “libertad de” hacer lo que le plazca, sino una “libertad para”, en el compromiso con una causa o una persona, o con sus hijos si es que los tiene, en respuesta a una exigencia proveniente del exterior, libremente aceptada. (Fabry, opcit.). De otra manera, la libertad, lejos de dotar de sentido su existencia, solamente habrá de intensificar un vacío existencial.

Las mujeres empiezan a ganar terreno en lo que concierne a sus libertades, pero esto también implica responsabilidades. El peso de su existencia es mucho mayor, ya que para independizarse se hacen responsables tanto de su hogar como de su trabajo. Esto ciertamente da satisfacción, pero la carga es agobiante por la cantidad de elecciones y decisiones a las que se someten a diario.

La libertad no es solamente hacia ataduras externas, sino también para liberarse de ataduras internas; miedo a decidir, a expresarse, a aprender, a conocer, a demandar respeto, a ser seres humanos más completos.

Muchas mujeres pasaron de la sumisión del padre, a la del esposo, y no aprendieron a tomar decisiones por sí solas. De repente, al quedarse solas, sin una autoridad a la que responder, sino solamente a la propia, puede hacerlas sentir temerosas y desorientadas. Pero esta es una oportunidad para aprender de lo que se vivió, y tener el valor de enfrentar los nuevos retos que se le presenten.

Quizá es el tiempo de aprender que la libertad es la capacidad de decidir con responsabilidad a lo determinado por las circunstancias.

La logoterapia y la mujer

El hombre, al comer del fruto prohibido se encontró a sí mismo, no sólo para ser libre y conocer el bien y el mal, sino al mismo tiempo para ser responsable de vivir con su libertad fuera de la seguridad del paraíso. (Fabry, J. 1990). La mujer que termina el vínculo que la unía a su pareja, se encontrará a sí misma como mujer y como ser humano y aprenderá a ser responsable de vivir con su libertad fuera de la “comodidad de la dependencia” de su pareja.

El enfoque feminista trata de ver el problema de la mujer desde el punto de vista de sus propias necesidades como ser humano y no sólo de las de los otros a los que ella se “debería” entregar. Es no basarse en los estereotipos a los cuales ha sido encasillado el papel de la mujer en la cultura patriarcal.

La sensibilidad del terapeuta ante el género afectará la forma y características de las intervenciones, así como podrá entender mejor cuáles serán las dificultades a las que se irán enfrentando estas mujeres.

Muchas mujeres fueron educadas de manera tradicional, para formar una familia y ser dependientes afectiva y económicamente, y crecieron con una sensación de incapacidad para enfrentarse al mundo de afuera. Con el divorcio ellas enfrentan una nueva situación de independencia que las puede asustar y dejar paralizadas para cualquier acción. Frankl (1990) señala, acertadamente, que no hay nada que tengamos que temer tanto como el propio miedo; y que el ser humano está capacitado para el riesgo, pero el temor puede aparecer como una fuerza contraria. No es un temor normal, sino un miedo ante el fracaso que puede anular toda oportunidad de éxito, miedo ante sí misma y a la soledad.

La mujer necesita recuperar la confianza para darse cuenta que es capaz de elegir entre ser dependiente y quedarse estancada, o ser libre para crecer y realizarse al mismo tiempo que cumple con sus responsabilidades ante ella y el mundo que la rodea. Tiene la posibilidad de redescubrirse como mujer sensible y creativa, capaz de participar en el mundo de afuera, y reconocerse como ser humano completo y no parcial como se le hizo creer en un momento de su vida.

Es natural que muchas mujeres, en el momento de romper con su pareja y con un estilo de vida al que estuvieron acostumbradas por cierto tiempo, entren en un estado de crisis. Por lo tanto es importante señalar los pasos que se habrían de seguir para ayudar a estas mujeres a salir del bache en que se encuentran. Ayudarlas a aceptar la vida tal como es y a distinguir entre sus sueños y realidades.

La relación logoterapeuta-paciente

Antes que nada, habría que especificar que la función del logoterapeuta es ir al encuentro de la persona que acude al consultorio y acompañarle en su proceso de búsqueda, descubrimiento y realización del sentido de su vida, a través de significados parciales que se van integrando.

Estos significados se pueden ir dando en una relación entre el espíritu objetivo que es el mundo y el espíritu subjetivo que es el ser humano. Aquí es en donde la mujer divorciada se puede contactar con los sentidos de sus situaciones vitales, las cuales se le presentan, en diferentes momentos, con preguntas que sólo ella puede responder para encontrar los valores que sólo ella puede realizar, en esta relación de su ser con el mundo. (Pareja, 1989).

La paciente tiene la decisión en cuanto a lo que quiere trabajar en cada sesión, incluyendo presente, pasado y futuro, para encontrar respuestas y hacerse responsable de su existencia al hacer uso de su libertad para hacer elecciones. Elegir un camino significa renunciar a otro, esto implica muchas veces sentir una culpa por aquello que no se realizó. Aquí es donde ellas necesitan tener la modestia de aceptar que no se puede elegir todo.

El logoterapeuta deberá comprender a la mujer divorciada como un ser-en-el-mundo, al mismo tiempo que va favoreciendo la corresponsabilidad y la autonomía de ella. La meta es que ella se esfuerce para llegar a lograr esto, lo que le permitirá experimentar su soledad esencial para reconocer que ella elige y decide a su propio riesgo y al mismo tiempo, que asume la responsabilidad para su crecimiento y desarrollo. (Goldhor, 1989).

Es importante ayudarla a promover el proceso de aprendizaje de elementos constructivos, pero no decidir por ella en situaciones concretas. El objetivo del terapeuta no es “evitar” problemas y tensiones a toda costa. Más bien, a través de esta tensión espiritual llevarlas a descubrir su misión en la vida.

La unicidad de cada una de ellas les hará vivir de modo único e irrepetible sus propias situaciones vitales. Esto quiere decir que tendrán su propia misión o tarea que realizar, y esta misión implica la aceptación de su existencia, acompañada con la responsabilidad de aceptar su propia vida tal como le tocó vivirla, experimentando de esta manera su ser-en-el-mundo. (Pareja, 1989).

Es tarea del terapeuta favorecer a que exprese sus sentimientos, emociones, experiencias y conductas, a través del análisis existencial, dirigido hacia lo espiritual del ser humano, para así facilitarles el sentido de su existencia. El diálogo socrático, la autoexploración y el autodistanciamiento son técnicas que ayudarán a contactar con sensaciones y sentimientos. Con esto se logrará clarificar lo que en esos momentos le parece confuso, ayudándole así a responder a las exigencias externas e internas, guiándola para encontrar respuestas desde dentro, donde se construye el propio proyecto existencial.

El logoterapeuta encontrará momentos en que quizá crea conveniente compartir sus propias experiencias personales, y puede dar resultados interesantes. Por ejemplo, cuando se vivió una experiencia semejante a la de la paciente y ésta pueda servir para que ella se sienta identificada con el problema, o para animarla a hablar del suyo. Pero para esto, se requiere tener una actitud genuina de apertura, cercanía, y respeto hacia la paciente.

El terapeuta deberá tener la facultad para ayudar a que la mujer divorciada vaya avanzando poco a poco, para así ir descubriendo que detrás de los sentidos simples se pueden encontrar misiones más importantes. Hacerle ver que su pasado no puede ser modificado, pero sí su presente y su futuro. Que es un ser limitado pero no determinado ya que es dueña de su libertad y del uso que haga de ella va a depender que su vida sea plena o vacía. Que enfrente su realidad, vista en su totalidad que incluye la dimensión sobrehumana donde reside el sentido último de la existencia. (Fabry, 1990).

El logoterapeuta inculcará en la mujer el valor para emprender el camino de la comprensión de sí misma, pero al mismo tiempo reafirmándola para que ella misma se haga responsable de esta tarea. Todo ser humano viene dotado de poder para realizar acciones. La pobre valoración de la propia acción que presentan muchas mujeres puede ser corregida con el intercambio de reflexiones, aunque es difícil, esto se puede lograr. Habrá que hacerles recordar lo que sí lograron hacer. (Lukas, 1995)

El estar- en- el mundo implica la búsqueda de un sentido que le dé una razón para vivir e ir por el camino de lo que llamamos felicidad. Pero ésta siempre deberá ser consecuencia de su propia búsqueda y de sus actos intencionales. Sólo siendo capaz de salir de ella misma sin dejar de ser ella- misma, para ir al encuentro del mundo y de otros seres, es que puede experimentar felicidad, esto como consecuencia de su dirección intencional libremente optada (Pareja, opcit).

El proceso de la logoterapia

Como Virgilio que acompaña y guía a Dante por el infierno para ahondar en sus conflictos, de forma semejante el terapeuta acompañará a la paciente por el difícil camino para comprenderse a sí misma y el propósito de su vida. El infierno de cada persona está ahí, esperando a que se le enfrente y para avanzar en ello se requiere de una ayuda para lograrlo. (May, 1992). La logoterapia puede jugar un papel importante en esto.

La mujer que viene a psicoterapia ya está dando el primer paso para un cambio en su vida, pero esto no es suficiente, se puede quedar estancada en el presupuesto de que el terapeuta sea sólo un simple escucha, o el responsable de las expectativas de lo que ella quisiera lograr. Es muy importante, como logoterapeutas, hacer consciente a la paciente que los cambios y la responsabilidad son de ella, que el terapeuta está ahí para acompañarla, ayudarle a clarificar lo que vive como una confusión, y para hacerle ver sus contradicciones y sus incongruencias.

La mujer que acude al consultorio, necesitará estar dispuesta a explorar su propia frustración existencial, que muchas veces va acompañada de manifestaciones como la ansiedad, el temor, el coraje, la soledad, la apatía, la culpabilidad y la angustia.

La ansiedad puede estar provocada por la confusión del cambio de valores que le resulta de esta separación. Quizá antes su valor más importante era estar casada, tener una pareja y una posición dentro del marco que dicta la sociedad. Ahora teme ser excluida del grupo social al que pertenecía, no volver a tener a alguien a quien amar y quien la ame, no ser capaz para cumplir con su nuevo rol, que implica nuevas responsabilidades, muchas veces ser madre y padre a la vez, amén de tener que resolver la parte económica que, en muchos casos la ex-pareja no está dispuesta a compartir.

El temor puede estar ante la pérdida de un estilo de vida y de algunas seguridades. El temor a enfrentar y buscar lo significativo en ella misma, en los demás y en el mundo. El temor a abrirse a una autoexploración por el dolor de lo que pueda descubrir.

El coraje o enojo puede ser el resultado de que aquello que más deseaba se malogró, de que un valor que fue importante en un momento de su vida desapareció. Esto puede implicar sentimientos de separación, de soledad.

Una tarea central en el consultorio es ayudar a esta mujer a entender sus miedos inconscientes e irracionales para expresar su enojo. Aquí las técnicas logoterapeúticas ayudan a sacar ese enojo, que es el resultado del dolor, hay que ayudarle a que lo exprese, lo exteriorice. La meta es que ella se esfuerce para lograr una autonomía, ya que es a través de la capacidad de ser separado y diferente, que le permitirá convertirse en una mujer libre no sólo para expresar enojo en respuesta a la violación de sus derechos, sino también para amar desde una posición de verdadera igualdad.

La soledad que es parte inherente del ser humano, es en estos momentos a lo que más se le teme. El deseo de pertenencia se va manifestando desde la niñez, la adolescencia, y luego en la búsqueda de la pareja. Cuando la mujer rompe el vínculo con su compañero, surge el sentimiento de quedar sola y desamparada. Alemany señala que la soledad duele, pero también duelen las relaciones interpersonales y sin embargo, las procuramos y buscamos. “Sólo en un diálogo con nuestra soledad descubriremos quiénes somos y lo que queremos de nosotros, de los demás y de la vida” (1997). Sólo si ella asume su propia soledad, podrá vivir en compañía de los demás, sin dependencias infantiles, sino con una dependencia madura.

La apatía que muchas veces se manifiesta en un descuido de su persona, de su trabajo, de sus placeres y de sus familiares y amigos. Esto la puede ir llevando a un aislamiento lo que le va produciendo un sentimiento de soledad, que es lo que ella tanto temía.

Vive la culpa pensando en qué fue lo que hizo mal para que su relación fracasara, o por lo que no realizó, o porque no supo cómo comunicarse con el otro o con ella misma, o por aquello que no se atrevió a decir y ahora es demasiado tarde. La culpa es inherente al ser humano y provoca una angustia que no nos permite actuar con sentido común.
El lograr superar estos sentimientos le permitirá más adelante alcanzar la confianza en sí misma y aceptar las tensiones que pueden ser fructíferas, para así, descubrir sus sentidos de vida y realización de sus valores. En el proceso ella irá adquiriendo más conciencia de ser la responsable de conducir su vida bajo las circunstancias y condicionamientos que la vida le marque. Poco a poco irá ganando en conciencia histórica y en su vivencia del tiempo al estar integrando su futuro en el presente, enriqueciéndose para encontrar respuestas al momento actual. Esta es una actitud básica para un diseño de su proyecto existencial.

Sobreviviendo al divorcio

El primer paso logoterapéutico para trabajar con la mujer divorciada y que está viviendo un proceso de crisis, es que ella descubra que tiene una capacidad de elección para decidir superarla. Que requiere de soltar su pasado, para centrarse en su presente y así poder planificar su futuro.

Para soltar el pasado, habrá que llevarla a enfrentar las frustraciones y carencias que se padecieron. En esos momentos, quizá habrá una resistencia a esto por miedo a descubrir que se sufrió mucho. Aceptar el pasado tal como fue, renunciando a imágenes idealizadas le ayudará a reconsiderarlo, a comprender a los demás como son y no como le gustaría que fueran. Nietzsche decía que la infelicidad humana es debido al espíritu de venganza, y la venganza es el odio del pasado, lo que no se puede modificar.
Frankl dice que hay que ir al pasado revisando la cosecha vital imperdible que es, el granero lleno. Que el pasado se confronta con la genuina obstinación del espíritu y con el sentido personal del momento que es único para cada quien y para cada situación.

Vale la pena mencionar el caso de una paciente en proceso de divorcio que cuando llegó al consultorio se sentía atrapada en un mar de confusiones, estaba enojada y temerosa de quedar sola para toda la vida. Se había casado enamorada y a los tres años de matrimonio, el marido le confesó que la había engañado con otra mujer, ella se lo perdonó porque de alguna manera pensó que ella era la culpable que esto hubiera sucedido. Esto se siguió repitiendo, además, él empezó a beber y a faltarle al respeto. Ella no se atrevía a pedir el divorcio por el temor a sentirse estigmatizada por su familia y por la sociedad. No creía ser capaz de salir adelante en lo económico ya que tenía tres hijos adolescentes que atender en todos los sentidos. Hubo momentos en que sentía que lo mejor era divorciarse, y a la siguiente sesión dudaba de esto, había mucha confusión y enojo.

En las primeras sesiones habló de su mala relación con la mamá, que siempre la rechazó y que le ha hecho sentir que no vale como persona. Esto le había ido creando una baja autoestima y por lo tanto una necesidad de ser aceptada por alguien más a como diera lugar. Por lo tanto, seguía atada en una codependencia con su pareja.
La comunicación con los hijos se había ido deteriorando y había muchas faltas de respeto entre todos. La casa era un caos en todos los sentidos y todos se quejaban de los demás sin que ninguno se quisiera responsabilizar de cosa alguna.

A través del diálogo socrático y algunas técnicas de autodistanciamiento ella empezó a hacer un balance de su vida y a descubrir que no podía quedar atada a su pasado, que su responsabilidad era salir adelante. Fue encontrando cuáles eran sus capacidades; creativa, responsable en su trabajo y capaz para volver a rehacer su vida. La imagen de sí misma fue creciendo y se fue sintiendo más segura de lo que hacía o decidía.

Poco a poco fue soltando la dependencia que sentía con el esposo, al mismo tiempo que empezaba a tomar las riendas de su propia vida. Por fin decidió que lo mejor era divorciarse ya que habiendo hecho algunos intentos de reconciliación quedó convencida que eso ya no funcionaría. Buscó alternativas de trabajo dentro de sus capacidades y de lo que realmente le gustaba hacer, encontró sentidos de vida importantes tanto en su trabajo como en sus hijos. Halló una pareja que la admira y la respeta, con la que comparte sus intereses más preciados.

Esto no quiere decir que ella no siga enfrentando problemas a resolver en su vida, pero de alguna manera descubrió que es capaz de hacer frente a éstos, a veces encontrando soluciones, a veces aceptando que no las hay.

El segundo paso: dejar de lado el estado de víctima. Este es el período más largo, doloroso y destructivo. Los sentimientos predominantes son el desamparo y la desesperanza. Todo se ve negativo, se sienten tristes, solas, aisladas, atrapadas por culpas, no esperan nada de sí mismas. En esta fase, para sanar una herida, ellas necesitan lamentarse, llorar e ir desahogando lo que ha estado contenido. Esto se puede lograr con ejercicios, si sacarlo con un ejercicio de golpear y llorar es difícil para alguien, se le induce a manifestar ternura como abrazar, darse masajes, todo esto con un trabajo de manejo de sentimientos. De otra manera, resistirse a los sentimientos dolorosos puede producir diversos grados de depresión.

Hay diferentes maneras de manifestar su estado de víctima: puede ser aquella en la que se dan banquetes de autocompasión por mucho tiempo. Se quejan, se sienten deprimidas, manipulan o se dejan manipular, representan la figura del mártir. Otra también, es en la que siempre se están disculpando. Como las lastimaron, tienen derecho a hacer todo lo que les plazca sin preocuparse de las consecuencias, este papel de víctima les puede ser funcional. Hay otras que no parecen víctimas pero se la pasan confrontando y protestando. Consiguen poner nervioso a los demás con su alto grado de ansiedad, en vez de preguntarse qué les está pasando.

El mantenerse como víctima hace que baje su autoestima, que haya un descuido personal, o que logre lo que trata de evitar, (profecía autocumplida). Para ayudarla a salir del estado de víctima, habrá que inducirla a hacer actividades que subrayen la autoestima, que expanda sus horizontes, que mejore su condición física y su estado emocional. Que satisfaga sus necesidades de forma constructiva, que salga a pasear, a hacer actividades recreativas que le gusten. Dar y pedir afecto. No ponerse la máscara de dureza.

Un caso que puede reflejar esta situación, es la de una mujer que llegó al consultorio con varias de las manifestaciones descritas de este estado de ser víctima. Su madre nunca la quiso y la maltrató psicológicamente, ella fue la culpable de su primer divorcio, de la ruptura familiar entre los hermanos y de la mala imagen que proyectó de su persona con el segundo marido. Se quejó del daño que le estaba haciendo su esposo al maltratarla emocionalmente ya que todo el tiempo le gritaba y la hacía responsable de todo lo malo que les sucedía. Para colmos la situación económica estaba de mal en peor, su esposo no tenía trabajo y habían perdido todo su capital en un negocio que fracasó.

El hecho que haya decidido venir a terapia ya fue un primer paso. Las primeras sesiones le sirvieron para desahogar todos sus sentimientos de rabia, impotencia y sufrimiento por los que había pasado por tantos años. Se empezó a dar cuenta que el sentirse víctima la estaba llevando a un punto muerto ya que se sentía paralizada y la carga de la responsabilidad de su vida sólo podía estar en sus manos y no en las del otro.

Más adelante, le apliqué ejercicios de visualización para soltar lo malo, agradecer lo que sí tenía y descubrir cuáles eran sus capacidades. Escribió una carta en la que expresaba todo su dolor, dirigida a su madre ya fallecida, y que tanto daño le había hecho. Después de leerla y sacar sus sentimientos, la quemamos ahí mismo.
Aprendió a manejar el enojo, para que este no la manejara a ella. Descubrió que atrás de ese enojo habían algunas necesidades no satisfechas y sentimientos de frustración ante la inminente ruptura de su segundo matrimonio. Empezó a comprender que tenía que asumir la responsabilidad de sus sentimientos y su vida y no culpar a otros para no darles el poder. Empezó a ponerle límites a su pareja para que la respetara y fue descubriendo cuales eran sus capacidades para ser independiente y salir del infierno en que se encontraba.

Para poder cerrar la herida trabajamos el perdón. Esto no fue fácil ya que requirió de tiempo y de haber superado la fase del enojo. Ella comprendió que el perdón no era para favorecer al que le hizo daño, sino para que pudiera desprenderse del dolor y seguir adelante con su vida. En este proceso tuvo que estar dispuesta a reconocer que la lastimaron y lo que ella hizo por haber sido lastimada. Que había que desprenderse de culpas y vergüenzas y dejar de hacerse la víctima que implora compasión y se la pasa repitiendo su pasado. Se dio cuenta que a pesar de todo eso, había logrado sobrevivir y había adquirido sentimientos personales de fortaleza como resultado de sus pasadas experiencias.

Como dicen Simon y Simon (1998), perdonar es un proceso interior que se convierte en un sentimiento de bienestar, liberación y aceptación, es un signo de autoestima positiva que le permitirá utilizar su energía en vez de consumirla en rencores y resentimientos, y así se fue dando.

Para lograr que todo esto se diera se requirió que ella tuviera:

a) Voluntad de vida, para aceptar lo que le ha brindado la vida, ganancias y pérdidas, triunfos y fracasos. La vida es gozo pero también sufrimiento.

b) Fortaleza psíquica, a través de la manifestación del espíritu, expresar valentía ante sus problemas.

c) Canalizar el desahogo, atreverse a hablar y compartir su dolor, sin temer a lo que piensen los demás.

El tercer paso: La autorrealización habiendo ya aceptado que se sufrió, que hay que superar ese pasado que le hizo daño y trabajando todos sus sentimientos, la mujer divorciada entra a la fase en que empezará a tomar una actitud de fortaleza ante la vida. Sus potencialidades están ahí esperando el impulso o voluntad de sentido para manifestarse, libre y responsablemente para lograr una autorrealización.

El deseo de autorrealización responde al anhelo de llegar a una comunión entre el ser real y el ser ideal, y sólo se logra como consecuencia de su orientación intencional en busca de un sentido. (Pareja 1989). Esto es precisamente lo que la mujer divorciada requiere para lograr alcanzarlo.

Quizá estuvo por mucho tiempo paralizada, ahora habrá que buscar cuáles son sus recursos y actualizarlos para que pueda salir adelante.

Clarificar qué es lo que quiere en estos momentos, y que descubra su voluntad de sentido para lograrlo, ser congruente entre lo que dice y lo que hace en esta tarea.

Que vaya descubriendo sus logros y sus sentidos parciales, que ya se van integrando, para sentirse confiada de que sí es capaz de salir adelante. Que tenga conciencia de su vida, de su libertad y de su responsabilidad, para que ella logre vivir en armonía consigo misma y con los que le rodean.

Conclusiones

Este trabajo ha puesto énfasis, por un lado, en la cultura patriarcal y de género, y su influencia en el papel que la mujer ha jugado a través de la historia. Y por el otro lo que la logoterapia puede hacer para auxiliar a estas mujeres que sufren un divorcio y se enfrentan a situaciones nuevas e incomprensibles para ellas.

El tener una visión integral de los problemas a los que se enfrenta la mujer divorciada nos permite, como logoterapeutas, tener una visión más amplia de lo que le sucede y de qué manera poder acompañarla para irse adaptando a su nueva realidad.

El hecho de que la paciente alcance valores sólidos, es a la larga una parte integral de su progreso terapéutico. La responsabilidad de parte del terapeuta para irla auxiliando en el proceso de descubrir con lentitud, pero con firmeza, las raíces de su conflicto, le permitirá asumir su vida tal como es.

La logoterapia unida a un enfoque de género, permite una mayor sensibilidad hacia la mujer que tenemos enfrente. El ser sensible acerca de las preguntas que hacemos teniendo en cuenta la cultura de géneros que ha sido parte de su educación, permite una mayor apertura y un mejor acercamiento hacia ellas.

En estos tiempos en que los valores se transforman, las mujeres tienen que depender de su propia capacidad para descubrir sus sentidos únicos inherentes a cada situación en su vida. La libertad y responsabilidad como parte fundamental de su proceso en la terapia, las irá llevando a una mayor conciencia de sí mismas y de su misión en esta vida como seres humanos.

Este procedimiento no pretende ser infalible, pero sí ha mostrado tener resultados favorables en cuanto a la respuesta que han tenido estas mujeres con las que he trabajado.

Además, sería interesante seguir buscando caminos para encontrar nuevas perspectivas en el tratamiento logoterapéutico en las mujeres, no sólo divorciadas, sino en aquellas que también eligieron otro camino pero que se encuentran desorientadas.

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