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La filosofía de Karl Jaspers en el pensamiento de Viktor Frankl

“Si nada viene hacia mí, si no amo nada, si no se manifiesta ​​​​​​​mediante mi amor lo que existe, y por ello no llego a ser lo que soy, quedo, al fin, como un existente de sobra que sólo se utiliza como material. Pero, porque el hombre no es sólo medio, sino, al mismo tiempo, objeto final, el filósofo, ante esa doble posibilidad, en medio de la constante amenaza de la nada, desea la realización que se deriva del surgimiento originario… Yo mismo me soy dado.”
Karl Jaspers

Esta producción intentará atravesar una de las líneas que ofician de bases filosóficas para la logoterapia de Viktor Frankl.

Sin dudas, las bases de su pensamiento nacen desde la cuna que fue su hogar, el autor plantea en su autobiografía haber heredado de sus padres cualidades de antagónico carácter, manteniendo a su vez, una unidad irrecusable, sin dudas, también proveniente del ambiente familiar de fuertes vínculos; de su madre habría heredado una “profunda emotividad” y de su padre, la “extrema racionalidad” (citado por García Pintos, 2007: 24). En este ambiente el pequeño Viktor desarrolló su curiosidad y su inquietud por ayudar a los demás; en sus biografías se lo describe además como un niño muy inquieto y activo (García Pintos, 2007).

Esa curiosidad incansable se traduciría años más tarde en su necesidad por ir más allá de los postulados psicológicos y médicos de la época, en un intento por “rehumanizar la medicina”, así como a la Psicología, desde una mirada integradora colocada en las alturas, no del poder médico, sino en rescatar lo más alto de la existencia humana; devolviéndole así su libertad, abrazando a la vez la bruma del sufrimiento, de la misma forma como la montaña abraza las nubes que la rodean en lo más alto de la cumbre.

Viene a mi mente ahora la imagen que el mismo Frankl propone en su libro Psicoanálisis y existencialismo, en relación a su postura en relación a la teoría psicoanalítica. Dice: “… aunque se trate o pueda tratarse de superar los principios del psicoanálisis o de la psicología individual, no hay más remedio que tomar sus doctrinas como base de las investigaciones. Stekel ha expresado la verdad con palabras muy bellas, al decir, refiriéndose a su actitud con respecto a Freud, que un enano encaramado sobre los hombros de un gigante puede dominar un campo visual mayor que el gigante mismo.” (Frankl, 2005:19).

La logoterapia se nutre de variadas corrientes psicoterapéuticas, respondiendo al espíritu de la época con el auge del psicoanálisis, la psicología analítica y la psicología individual teniendo a Freud, Jung y Adler como creadores y exponentes respectivamente. Sin embrago, existe otra tríada de fundamentos psicológicos en la Logoterapia, no menos importantes, que involucra la psicología humanista de Carl Rogers, los postulados de Adolf Allers y los de Karl Jaspers.

Me propongo entonces recorrer los postulados de este último.

​​​​​​​La filosofía de Jaspers en la psicología de Frankl

Se pueden encontrar similitudes entre los postulados antropológicos de Frankl y aquellos que propuso Jaspers sobre el ser y la existencia. Podríamos decir que el valor que le otorga a la filosofía y al filosofar podrían tener consonancia con la necesidad inherente al ser humano de autodistanciarse para la cura existencial. Ambos autores abordan este punto, sin embargo, no de forma convergente. Jaspers propone la “iluminación de la existencia” que implica un acto de libertad de la existencia, como autorrealización y asunción del ser humano como Dasein (estar-ahí), lo enteramente humano, según Jaspers es la existencia, que se asume por fuerza de su ser (Kreitmer, 1996: 104).

En contrapartida, Frankl, realiza un corrimiento desde la “iluminación de la existencia” de Jaspers a la “iluminación del sentido”, este corrimiento es el que habilita a la logoterapia como psicoterapia, en tanto se desplaza del análisis de las posibilidades del ser a la terapéutica, efecto del esclarecimiento de las posibilidades de sentido. Este punto se encuentra claramente en las palabras de Frankl citadas por Christoph Kreitmeir: “el acento se desplaza de la iluminación de las realidades del ser a la iluminación de las posibilidades de sentido. A eso se debe sin duda que el análisis existencial vaya más allá del mero análisis y sea terapia, logo-terapia, a diferencia del análisis del estar-ahí (Dasein) que, al menos, según las definiciones auténticas de los principales representantes de dicha corriente, no constituye una (psico)terapia en sentido propio. Efectivamente, ‘logos’ significa en primer lugar sentido y ‘logoterapia’ equivale a psicoterapia orientada conforme al sentido, que reorienta a los pacientes en el mismo.” (Kreitmeir, 1996: 107).

Otro punto de contacto con ambas teorías radica en los postulados de Jaspers sobre las situaciones límites, identifica como tales: la culpa, el dolor, la muerte y la lucha. Estas no pueden sortearse ni reprimirse (Kreitmeir, 1996). Arrojan al ser humano a los límites de su mundo interior, que a su vez, lo impulsan hacia el pensamiento trascendente (Kreitmeir, 1996). Es a través del fracaso y de la decadencia del mundo interior que el ser humano consigue llegar a lo trascendente y suprahumano (Kreitmeir, 1996). Encontramos que estos postulados podrían servir de base para lo que Frankl vino a denominar Tríada Trágica, sin duda un aporte muy significativo para la psicología y de sumo valor terapéutico al incluir como contrapartida al optimismo trágico.

Sin embargo, la idea de trascendencia de Jaspers no se condice punto por punto con la concepción frankleana de autotrascendencia. Mientras que para el primero se trata de una forma de filosofar, para Frankl, la autotrascendencia implica un cambio de actitud. Mientras que para el primero se remite a una forma de entender el mundo, para el segundo se trata de una forma de transformar el mundo.

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Considero interesante dedicar unos párrafos a una categoría que maneja Jaspers a la que denomina lo abarcador, en tanto entiendo que funciona como sustento de la antropología que Frankl propone para la Logoterapia. Se trata de la incapacidad de encerrar al ser humano en una categoría específica, de una tendencia hacia la fenomenología con conciencia de un más allá del ser que no es posible capturar en categorías, sino desde una perspectiva de encuentro hacia un ser total. A la vez, tener conciencia de “lo abarcador” contribuye a que el profesional abandone el lugar hegemónico de saber rompiendo a la vez con los dogmatismos teórico-metodológicos que sería el paso fundamental para rehumanizar las ciencias de la salud.

“Ningún ser conocido es el ser. Vivimos continuamente en un horizonte de nuestro saber. Sin embargo, vamos más allá, abarcando la perspectiva que hay detrás del horizonte y que se nos rehúsa. Pero no logramos ningún punto de vista en el que acabe el horizonte limitador y desde el cual podamos abarcar el todo sin horizonte y cerrado, que por tanto ya no seguiría señalando hacia otra cosa, y tampoco alcanzamos una serie de puntos de vista con cuya totalidad –como en un periplo- podamos obtener el único ser cerrado mediante un movimiento de uno a otro horizonte. El ser queda para nosotros sin cerrar; nos arrastra por todos lados hacia lo ilimitado. Y, no obstante, queda siempre como un ser determinado que nos viene al encuentro.”  (Jaspers, 1984: 25-26).

Luego agrega al respecto:

“Así es el proceso de nuestro progresivo conocer. Mientras reflexionamos sobre este proceso nos preguntamos por el ser mismo que, sin embargo, parece retroceder siempre ante nosotros con el manifestarse de todas las apariencias que nos viene al encuentro. A este ser llamamos lo abarcador; pero no es el horizonte en el que reside nuestro saber particular, sino lo que jamás se hace visible ni siquiera como  horizonte; más bien es aquello de lo que surge todo nuevo horizonte.

Lo abarcador es lo que siempre se anuncia –en los objetos presentes y en el horizonte-, pero que nunca deviene objeto. Es lo que nunca se presenta en sí mismo, mas a la vez aquello en lo cual se nos presenta todo lo demás. Al mismo tiempo es aquello por lo que todas las cosas no son sólo lo que parecen inmediatamente, sino por lo que quedan transparentes.” (Jaspers, 1984:26).

La última oración de este párrafo me remonta al ejemplo que Frankl utiliza para explicar la multidimensionalidad del ser humano con el ejemplo de la proyección en diferentes planos del cilindro; donde aparecen las diferentes caras del objeto, que son parte del objeto, pero lo que hace al objeto tal en su esencia se percibe más allá de los planos proyectados. De la misma forma, eso que vuelve al ser humano, humano, y por tanto, transparente, está más allá de lo que vemos inmediatamente; a la vez esencia e imperceptible.

Por último, Jaspers destaca como palabras que remiten a lo abarcador: mundo, conciencia, existente, espíritu y trascendencia (Jaspers, 1984).

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Las siguientes palabras de Jaspers dan cuenta de una crítica a la que Frankl dedicó su vida, la crítica a los totalitarismos ideológicos. Expresa:

“… el hombre es en cuanto existencia en el mundo un objeto cognoscible. Así, por ejemplo, en la teoría de las razas se lo concibe bajo distintas variedades, en el psicoanálisis por su posición inconsciente y los efectos de ella, en el marxismo como ser vivo que produce mediante el trabajo y que mediante la producción obtiene el dominio de la naturaleza y la comunidad, ambas cosas en una forma que se presume perfectible. Pero todas estas ramas del conocimiento conciben algo que hay en el hombre, algo que sucede de hecho, pero nunca al hombre en su totalidad. En la medida en que semejantes teorías científicas se erigen en conocimiento absoluto del hombre total –y todas ellas lo han hecho- pierden de vista al verdadero hombre y empujan en los creyentes en ellas la conciencia del hombre y finalmente la humanidad misma hasta el límite de la extinción –porque el ser hombre es libertad y referencia a Dios.

Es del más alto interés aceptar los conocimientos relativos al hombre, y es remunerador cuando se hace con crítica científica. Entonces se sabe metódicamente qué, y cómo y dentro de qué límites se sabe algo, y qué poco es ello cuando se lo mide con la totalidad de lo posible, y qué radicalmente inaccesible a este conocer permanece el verdadero hombre.” (Jaspers, 1968: 55). De esta manera cobran sentido las palabras de unos párrafos antes: “El hombre es radicalmente más que lo que puede saber de sí” (Jaspers, 1968: 53).

De allí que las palabras de Frankl adquieran la fuerza y potencia al pronunciarse en relación al lugar de cada corriente psicoterapéutica: “… ninguna psicoterapia puede ya arrogarse la exclusividad. Mientras no tengamos acceso a una verdad absoluta, tenemos que conformarnos con que las verdades relativas se corrijan entre sí, y tenemos que tener el valor de ser unilaterales, con una unilateralidad consciente de serlo.” (Frankl, 2005: 13).

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La búsqueda del sentido, en la forma de la voluntad de sentido también se encuentra esbozada en los planteos de Jaspers, al ubicar al ser humano como ser libre, dice: “… la libertad del hombre le franquea con la inseguridad de su ser a la vez las oportunidades de llegar a ser aún lo que más propiamente puede ser. Al hombre le es dado manejar con libertad su existencia como si fuese un material. Por eso es el único que tiene historia, es decir, que vive de la tradición en el lugar de vivir simplemente de su herencia biológica. La existencia del hombre no transcurre como los procesos naturales. Pero su libertad clama por una dirección.” (Jaspers, 1968: 56).

Unos capítulos después aparecen algunas líneas que parecerían acercarse a la idea del suprasentido luego trabajado por Frankl. Pasemos entonces a citar dichos postulados:

“La marcha de la historia parece ya un torbellino del que nadie puede defenderse, ya una marcha con un sentido que es interpretable sólo prolongándolo hasta lo infinito, que se da a conocer en nuevos sucesos contrarios a las expcetativas, que siemre sigue siendo ambiguo, en suma, un sentido que nunca conocemos cuando nos confiamos a él. (…) La cuestión del sentido de la historia no es soluble por medio de una respuesta que lo enuncie como una meta.

Toda menta es particular, provisional, superable. Construir la histora entera como la historia de una decisión única, nunca se logra sino al precio de descuidar algo esencial. (…) Quizás es posible hacerse una idea de un sentido  amplio e indeterminado: la historia es el lugar de la revelación, de lo que el hombre es, puede ser, y de lo que sale de él, y aquello de lo que es capaz.” (Jaspers, 1968: 87). También se relaciona a las nociones logoterapéuticas sobre la no pérdida del pasado, esto es, que lo que fue, lo que pasó no se pierde sino que sigue existiendo en la historia del universo.

Unas páginas después Jaspers propone la idea de la capacidad de oposición del espíritu: “Cuando, pobres individuos, vemos disolverse nuestra vida en meros momentos, arrebatada en la incoherencia de azares y sucesos sobrecogedores, a la historia que parece haber llegado a su fin dejando tras de sí sólo el caos, tratamos de elevarnos sobre nosotros mismos superado a la vez la historia entera.” (Jaspers: 1968: 90).

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En relación a la libertad en función de condiciones y no de determinantes, así como la piensa Frankl, Jaspers propone que: “La independencia dista tanto de ser pura, que se presenta como una dependencia no vista y a veces ridícula (…) la independencia se convierte en su contrario cuando se tiene por absoluta” (Jaspers, 1968: 92).

Con esta cita podemos acercar el pensamiento de Frankl con el de Jaspers, en tanto el primero siempre plantea una doble dimensión de la libertad: la libertad de y la libertad para. Sin caer en idealismos, Frankl no habla de libertad como posibilidad de eximir al ser humano de límites, en ese caso dejaría de ser humano, sino que se posiciona desde una existencia con restricciones, esto es, con condicionamientos sin llegar a ser determinantes.

Al respecto resultan convenientes las palabras de Jaspers en su libro “La filosofía de la existencia”: “… la libertad sólo existe con la trascendencia y por medio de la trascendencia. Es cierto que hay algo en la inmanencia que se parece a la libertad: cuando no identifico lo abarcador que soy como existente y espíritu con su cognoscibilidad. Pero es sólo una libertad relativa la de quedar abierto para este abarcador de existente y espíritu.” (Jaspers, 1984: 37).

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“Aquí está la independencia del que filosofa en que no deje caer sus ideas como dogmas, sometiéndose por lo mismo a ellas, sino en llegar a ser señor de sus pensamientos. Pero ser señor de sus pensamientos es algo que resulta ambiguo –desvinculación en la arbitrariedad o vinculación en la trascendencia.” (Jaspers, 1968: 93).

De esta frase se podría desprender el intento constante que realizó Frankl por no hacer de la Logoterapia un “logoterapismo”, posicionándose más bien desde una postura que habilitara el diálogo de los postulados establecidos con la realidad y con ella misma.

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En lo referente a la voluntad de sentido y a la libertad de la voluntad, un esbozo de estos desarrollos conceptuales a los que Frankl se avocará luego, se pueden encontrar en Jaspers como base de los postulados existencialistas más básicos, que como señalábamos en la cita que encabeza esta producción: “Yo mismo me soy dado” (Jaspers, 1984: 42). Con esto quiere decir que la actitud que uno toma ante las situaciones límites, por ejemplo,  radica en la libertad de la voluntad –como la llama Frankl- o en la realización derivada del surgimiento originario (Jaspers, 1984) de serse uno mismo dado.

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Para finalizar… sólo quisiera agregar cómo la cualidad del espíritu de la humildad que el mismo Frankl supo desplegar en su desarrollo académico significa para quienes lo sucedemos un alivio y enriquecimiento conceptual. Sin la humildad del pensador  de aceptar que al pensar lo hace teniendo a su lado a sus referentes teóricos, familiares y por qué no espirituales, la tarea convierte al mismo en un gran ser humano endiosado… y la tarea, de quienes llegamos luego, de seguir sus pasos intentado reproducir y recrear aquello que dio tanta luz -como su teoría- se vuelve una escalada temerosa. La humildad con que el mismo Frankl supo reconocer los fundamentos de su pensamiento hoy nos habilita a pensar a Frankl con Frankl y más allá de él… ¿no fue esa, después de todo, su principal voluntad?

 

Bibliografía

Frankl, V. (2005). Psicoanálisis y existencialismo: de la psicoterapia a la logoterapia. México D.F: Fondo de Cultura Económica.
García Pintos, C. (2007). Un hombre llamado Viktor Frankl. Buenos Aires: San Pablo.
Jaspers, K. (1984). Filosofía de la existencia. Barcelona: Planeta-Agostini.
Jaspers, K. (1968). La filosofía. México D.F: Fondo de Cultura Económica.
​​​​​​​Kreitmeir, (1996). Karl Jaspers y Viktor Frankl: un cotejo filosófico-psicológico. En: Journal del Instituto Viktor Frankl. Buenos Aires: San Pablo.