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La Persona, conquista sin fin

Llega la Semana de Logoterapia, y como ya es costumbre, los maestros, egresados y alumnos de SMAEL la esperamos, aunque esta vez sin muchas expectativas concretas sobre el tema que lleva como título: LA PERSONA: CONQUISTA SIN FIN.

Los maestros invitados en esta ocasión son el Dr. Miguel Jarquín (México) y el Dr. Xosé Manuel Domínguez (España).
Creo que todos llegamos ante la expectativa de un tema sugestivo pero con poco conocimiento del enfoque que en esta ocasión podrá abundar en nuestra búsqueda, dentro de un entrenamiento siempre en proceso. El Seminario- Taller de dos días alegró nuestro espíritu y nos permitió profundizar en el tema de hacernos personas y ser fieles a nuestra vocación.

PRIMERA JORNADA

El inicio fue la invitación de Miguel y Xosé Manuel a participar activamente en la jornada.

Para comprender los temas metafísicos que a veces se nos antojan difíciles y complejos, el maestro Xosé Manuel, aprovechando un don personal, que es el ser concertista profesional de barroco en la guitarra, utilizó metáforas musicales que nos llevaron a comprender a través de sonidos, melodías y armonía que “El ser humano es una estructura de capacidades y dones que debemos echar a andar hasta el último de los instantes de nuestra existencia”.

Diferencia entre persona y cosa

El primer tema es la interrogante: ¿Y qué es ser persona? A lo que se reveló que ser persona es “respondernos a nosotros mismos ante aquello que estamos llamados a ser, a nuestra verdadera vocación. En el intento de constatar de manera precisa esta primera definición, fue necesario ver también desde otra perspectiva, que trató de abordar la misma pregunta desde el no ser persona. Esto quiere decir que en el mundo físico existen dos alternativas: la persona y la cosa, así que cuando no se es persona, queda entonces una alternativa: ser cosa. La distinción de las características de cada una de estas formas de ser-en-el-mundo nos ayudó a demarcar el concepto de persona, aunque no sólo en sus características, sino en sus atributos, en lo profundo.

COSA PERSONA
Utilizable No utilizable
Se desecha No puede ser desechable
Es lo ya acabado Es suya, está en formación, con la tarea de hacerse por sí misma, con otros.
Pura exterioridad Exterior e interior
La persona vale por sí misma, es digna.
Frankl habla claro al respecto cuando afirma: “La persona es la antítesis de la cosa, de algo radicalmente acabado y condicionado. Por ello, la persona es justo lo que no puede ser tratado como cosa. “La persona escapa a toda captación cosificante. La existencia personal no es objetivable. La existencia nunca se me presenta como obvia, por eso es, en última instancia, un misterio”

El personalismo

Posteriormente, revisamos el nacimiento del personalismo mencionando como figuras centrales a Mounier, Jacques Maritain, Lacroix, Domenach y Carlos Díaz. Estudiamos la fenomenología y sus inspiradores, como Edith Stain, Karol Wojtyla, Nédoncelle, Zubiri y Aranguren, y la rama dialógica entre los que encontramos a Buber, Lévinas , Romano Guardini, Marcel, entre otros.

“El pensador debe mancharse las manos”, comenta Xosé Manuel, “buscará la praxis transformadora”. En este momento pensé que Frankl nos deja este mismo mensaje, se empieza a crear el puente entre el personalismo y la logoterapia, hermanas gemelas de esta labor de hacernos personas a través y con el otro. Lo importante, se mencionaba, no es el éxito sino el testimonio.

Yo afirmaba dentro de mí: “Es cierto, sin testimonio no hay congruencia, nada que no se viva convence, nada que no se viva me convence; por esto Frankl me habla, porque superó los peores tormentos y las más grandes afrentas a su ser como persona, tanto dentro como fuera del campo de concentración”. Recordé especialmente la cita que Elly nos hizo de su asistencia a la Sinagoga en Nueva York para hablar ante la Comunidad Judía sobre la tragedia del holocausto. “Viktor, por su congruencia, no podía aceptar la culpa colectiva, no pudo tratar de victimarios a todos los alemanes que causaron daño, porque insistía, no fueron todos, y él fue testimonio de nazis humanizados que ofrecían su pan a los prisioneros, sacrificándose.”

De estas primeras disertaciones surgen unas características del ser persona: la congruencia, la plenitud y la dignidad, que explico a continuación.

La congruencia y el testimonio implican un modo de vida. Si doy de mí seré fértil, o dicho de otra manera: “No soy persona, ni puedo decir que he dejado una huella en el mundo si no he transformado. Para poder transformar es necesario haberme transformado a mí misma en primera instancia”.

La plenitud se expresa desplegándose, la conversión se da en el cambio del corazón. Se requiere un cambio en el corazón. “Se crece no siendo mejor persona, sino siendo más persona”, continúa la voz de Xosé Manuel.

La dignidad es una de las cuestiones fundamentales del ser humano. La persona es un ser valioso en sí mismo, digno. Este es otro tema central en nuestro modo de ser en el mundo.

Recordé acerca de la dignidad, aquel momento en que Frankl refiere cómo entraban los prisioneros a las cámaras de gases: “[…] con la cabeza erguida y el Padre Nuestro o el Shema Israel en sus labios.”

Los impersonalismos

En este punto, Xosé Manuel mencionó los impersonalismos (que se refieren a todos aquellos modos en que se deshumaniza, o mejor, se despersonaliza a hombres y mujeres), mismos son señalados en las ideas planteadas simultáneamente por Frankl y Mounier.

Las maneras del impersonalismo en la filosofía de Mounier son:

1) El individualismo, donde el hombre está centrado en sí mismo: “Yo Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como”.

2) El actualismo, “I’m no-nothing”, “no somos nada”, decimos a veces ante la muerte o cuando algo nos avasalla.

3) El cosisismo, al enfrentarnos a la idea de “no soy nada más que mis instintos, o mis cosas, o mi mundo personal o los conocimientos que tengo, etc.”

4) El escepticismo, que viene a ser la eliminación de la esperanza, no se cree en nada, vamos al día, porque mañana no sabemos, ni hoy mismo en este momento lo que pueda pasar, solamente cuenta el hoy.

5) El dogmatismo, que sostiene “esto es así, no hay otra verdad más que la mía, o la del grupo al que pertenezco”. Alguna cuestión es impuesta a rajatabla a todos. Esto es así y se acabó. Este tipo de persona prefiere el personaje que la persona, prefiere la co-existencia que la con-vivencia, desecha la posibilidad de vivir con el otro, ver el punto de vista del otro o enriquecerse con una idea que venga desde ese otro.

Viktor Frankl habló también de los impersonalismos, cuando mencionó las cuatro formas de neurosis colectivas que veía: el colectivismo, el fatalismo, el vivir una vida provisional (day by day) y el fanatismo, además del totalitarismo.

Nuevamente reflexiono dentro de mí:”Estas dos filosofías se están dando la mano. El testimonio de Frankl nos recuerda que desde su adolescencia hizo publicaciones y perteneció al grupo de jóvenes que luchaban por ideas que creía útiles en su medio, lo que era exactamente lo contrario a esto que definimos como impersonalismos”.

Algo que ha hecho de la logoterapia una psicoterapia humanizada y humanizante es la afirmación de una capacidad de autotrascendencia que tiene el ser humano, esa capacidad, dice Frankl, de salir al encuentro del otro, de lo otro y de Dios.

El camino del hombre hacia sí mismo pasa a través del mundo; sólo en lo que está fuera de sí mismo, se reencuentra el hombre.

Ser hombre significa desde siempre estar preparado y orientado hacia algo o hacia alguien, entregado a una obra a la que la persona se dedica, a un ser que ama, o a Dios a quien sirve.

En esta parte del Seminario hacemos referencia a la importancia del hacer, de la praxis, y recuerdo la crítica que en algún momento le hacían a Frankl cuando lo consultaban sus pacientes y les llevaba a decidir: “work, work”, resolvía el caso, y sí, la autotrascendencia se logra cuando dejamos de mirarnos el ombligo y vemos más allá de nosotros mismos. La derreflexión, como una técnica de la logoterapia, nos la lega Frankl para el auxilio en casos de hiperreflexión. Al respecto afirma que: “La función del ojo es mirar hacia afuera; si el ojo mira hacia adentro es que está enfermo, algo no está funcionando bien”. Así nuestra mirada para ayudar debe ser hacia afuera, hacia el mundo.

De esta manera, Xosé Manuel menciona que no tenemos un rostro, adquirimos un rostro; ir más allá de mí, pensaban los Náhuatls. Antes yo era de un modo y ahora soy de otro, gracias a la mirada de mí que me devuelve el otro.

Recuerdo a Marc Oraisón, cuando dice que cuando el otro me mira ya no puedo permanecer más indiferente, se ha quedado prendado en mí y yo he sido transformado por su sola presencia.

La profesión y la vocación

Este construir un rostro, este verme en el otro, algunas veces tiene que ver con lo que hago o mejor, con lo que estoy llamado a hacer. La profesión y la vocación no son lo mismo, la vocación es este llamado, es el reclamo que se presenta ante mí, ante mi conciencia de mi manera de ser y de estar, de existir. Cuando se juntan la profesión -que es lo que realizo, que es mi quehacer para sobrevivir- y la vocación, entonces se es muy afortunado, diríamos que es un regalo de la vida.

El otro me transforma, ¿qué sería de mí, de mi vocación y de mi profesión si no tuviera a este grupo y a otros grupos que creen en mí, en lo que propongo como alternativas de crecimiento y de conocimiento? ¿Qué sería de mí sin mi equipo extraordinario de trabajo, de asesoría? ¿Qué sería de SMAEL, sin alumnos, maestros y colaboradores? No existiría nada de lo que soy, sin mi familia, mis amigos; no existiría SMAEL sin los que somos y hemos sido. Así que todos, sin ninguna excepción, quienes han colaborado cerca de mí en México y en otros países, en lecturas y en amistades, en la cercanía con ciudadanos del mundo que se han cruzado por mi camino, han enmendado mi sendero y lo han iluminado.

Hace unos momentos Xosé Manuel hacía el símil del minero que lleva su casco con el foco iluminando hacia afuera, para dar luz y recibir la luz que lo guiará a la fuente que es su destino. De la misma manera me percibo yo, ese casco me ha permitido encontrar cientos de seres valiosos en mi vida, que han impactado fuertemente en el fondo de mi corazón. El resultado es mi necesidad imperiosa de descubrir caminos que nos iluminen en las vetas más profundas que intuyo existen en la mina. Y digo que intuyo porque las desconozco. Hoy mismo, aquí y ahora, empiezo a hilar, sintetizar e incluir lo que el personalismo -que siempre ha llamado la atención en mi vida- nos está diciendo de cerca, como una luz más que agrego a mi mirada. Las semejanzas que encuentro entre la logoterapia y la filosofía personalista me parecen cada vez más hermanas. Cuando inicié mi trabajo lo hice desde esta perspectiva, que ahora retomo a la luz de la logoterapia.

Frankl planteó su filosofía como un personalista nato, no teorizó ex profeso, pero la vivió y esto lo hace experto en el conocimiento de la persona que conquista y se conquista, dejando una herencia por completar, como ese organismo vivo y palpitante siempre en crecimiento, que aumenta el volumen, el espacio y las alternativas. Para ser más, para ofrecer más y llevar a cabo mejor la praxis.

La vocación es la llamada a vivir la propia identidad. Cada uno somos corpóreos, somos nuestra historia, nuestro lugar. Y vemos las coincidencias: Mounier en Francia, Frankl en Austria, ambos nacidos en 1905, ambos impactados por dos guerras y la necesidad de adaptarse a un destino adverso. Hoy en México, a propósito de este encuentro que busca el crecimiento, los vemos coincidir y coincidiendo, tal vez haciendo historia en su hermandad: personalismo y logoterapia.

“La persona es una unidad y totalidad, pero es tal en sus tres dimensiones: física, psíquica y espiritual”, lo que Frankl denomina ontología tridimensional. El hombre, señala, es impredecible e indivisible. Nadie puede querer, ni vivir, ni padecer por otro. El hombre nace y muere él mismo porque es individual, solamente él sufre y se alegra a su manera. Frankl habla también del ser humano como insustituible y singular, así que no puede ser intercambiable.

Al llegar la muerte, la persona pierde su disponibilidad, carece de posibilidades al perder su yo psicofísico. Pero queda para siempre su identidad personal, el sí mismo que ha ganado ya para siempre en el mundo. Su identidad es la vida que ha construido, lo que es ya su propia historia: “En la muerte el hombre no tiene la vida pero en cambio es vida. Sabemos que haber sido es la forma más segura de ser”.

Era necesario que yo supiera y conociera a fondo esta idea, de otra manera no podría explicarme la condición de mi mamá, en su estado con un Alzheimer que la ha dejado en la inconsciencia ya hace varios años. Ella sigue y seguirá siendo la que es, aunque no esté disponible.

La genialidad de Frankl se manifiesta en este concepto de persona, y la iluminación de Mounier y los personalistas apuntan desde el centro de la persona hacia una dirección siempre alter, siempre al otro, al servicio de la comunidad.

La estructura de la persona. Los authos

Vemos ahora los authos (lo que soy). Ser por mí mismo. Xosé Manuel numera cuatro authos con la mirada puesta en el otro que nos estructura desde dentro:

1.- Autoconciencia. Soy alguien. Tengo una historia, un temperamento, un carácter, determinados valores. Soy corpóreo.

2.- Autoafirmación. Sin el tú no hay yo. Es el otro el que me descubre el yo. Entre nosotros existe, o surge de tiempo en tiempo, una relación esencial; es decir, que en el nosotros rige la inmediatez óntica que constituye el supuesto decisivo de la relación Yo-Tú. El nosotros encierra el tú potencial. Sólo hombres capaces de hablarse realmente de tú pueden decir verdaderamente nosotros.

Pienso: “Yo soy el resultado de todos los tú que han cruzado por mi camino. Ellos han devuelto mi imagen de mí, sin ellos no me descubriría. Digo sí siempre frente a otro, de otra manera no tendría sentido ese sí. Ese sí es frente a otro y me confirma mi yoidad. De suerte que el Tú, es mi espejo y es en el transcurso de los tú que me encuentro, me conformo y me confirmo”.

3.- Autoposesión y Autonomía. Mi propia ley, yo soy quien determino mi sentido existencial. Nadie me lo puede dictar. Es el sentido el que me llama y yo quien le respondo. Cuando estoy en silencio, el sentido aparece, resplandece. Estar en silencio se refiere a estar abierto a la escucha de mí, del mundo, del otro.

En este momento Xosé Manuel toma su guitarra y delinea un ritmo, una melodía y luego una armonía. Su metáfora es de lo más clarificante.

Todos tenemos un ritmo, por el que caminamos en la vida, con el que vibramos ante los acontecimientos. Nuestras pausas son indispensables para el baile y el saber estar. Cada uno lleva su propia melodía. Pienso en cuántas melodías se unen a la mía, y de qué manera tomo acordes regalados de otras personas que alientan no solamente mi melodía sino mi armonía toda.

Retoma Xosé Manuel en la guitarra una melodía, que marca su ritmo y lleva armonía. Pienso en la armonía de este maestro. La percibí desde que lo descubrí en Madrid. Es ligero, sonriente, franco y claro. En esta jornada descubro otros dones, como son el saber de su arte que aplica como forma didáctica para hacer más fácil la comprensión de los temas metafísicos a quienes sin pestañear le escuchamos alegres. También muchas veces riendo, porque su sentido del humor es evidente. Juega con el público, recuerda nombres y los emplea personalizando la plática y la vivencia del encuentro.

Ya nos ha planteado los authos, así que somos una unidad. Y aquí vuelvo a Frankl cuando nos define al ser humano como un in-dividum un ser que no es divisible y es total. Asimismo único e irrepetible con sus características propias, personales, suyas, de sí mismo, que le hacen precisamente ser ése que es y no otro. Al mismo tiempo todos tenemos características comunes como seres corpóreos, psíquicos y espirituales.

Afectividad

En este apartado descubrimos que la vida es un misterio. Cada persona es un misterio y yo como ser-en-el-mundo soy un misterio también. A veces inclusive ante mí misma, cuando la vida me ha puesto en situaciones que no hubiese sospechado, mi respuesta ha sido distinta a lo que antes de ese acontecimiento hubiera dado.

Hoy confirmo esto, cuántos de nosotros nos admiramos de nosotros mismos cuando damos respuestas originales y venidas desde el corazón.

Ordo amoris. Descubro a Scheler en este libro, gracias a Miguel Jarquín que nos lo ha pedido como lectura imprescindible en nuestra especialidad de psicoterapia existencial. En el orden del amor los valores corrigen su jerarquía, se reacomodan y quedamos ante esto sorprendidos. Las prioridades responden con justicia y libertad ante un corazón descubierto frente a la elección irrefutable de una decisión determinada.

“La afectividad vamos a entenderla como la capacidad de ser afectados” dice Xosé Manuel. Esta afectividad me va a hacer crecer o no. Ante los problemas, las crisis y los acontecimientos tomamos una determinación. Esta lleva un proceso estimacion-actuación-afrontamiento y las posteriores consecuencias de la acción. ¿Desde dónde? Desde lo cognitivo y lo afectivo, aceptado creativamente.

¿Cómo sé que el resultado de mi decisión ha sido correcto? Porque encuentro dentro de mí alegría y crecimiento.
Frankl habla al respecto: “El amor es […] poder decir tú a alguien y también poder decirle sí.” Frankl habla continuamente de valores, los integra, como sabemos, desde tres perspectivas:

1. Los valores de creación que nos hablan de lo que doy al mundo.
2. Los valores de experiencia que nos manifiestan lo que recibo del mundo.
3. Los valores de actitud que son los que me enfrentan y confrontan con el mundo.

Ya en este planteamiento Frankl está hablando francamente de su manejo excepcional ante el sentido del dolor. Y es que su vivencia ante las propias situaciones y los acontecimientos de su vida lo hacen ser ese alguien que conoce al hombre doliente, porque él ha sido víctima y testigo. Él es un ser doliente. Sin embargo, no sólo fue protagonista, sino el vivo testimonio de esa frase que nos inspira: A pesar de todo, sí a la vida. Su sí incondicional a la vida nos habla del ser humano postrado ante las circunstancias, en que lo desafía su destino y la forma única en que responde ante esta situación.

Aunque ya sabemos que desde su infancia se había planteado una de las preguntas existenciales ineludibles para cualquier ser humano: Y después de la muerte, ¿qué?; no dejó, por ello, de trabajar desde sus mismos años de juventud, pronunciándose a favor de las juventudes de su comunidad. Su do de pecho lo lleva a cabo en el trabajo comunitario que consuma en los propios campos de concentración.

A partir de esta creencia en un sentido incondicional de la vida, nos narra la forma en que los prisioneros del campo de concentración se re-unían por las noches para comentar sus experiencias, de cómo utilizaban el único pan que recibían como alimento, de cómo imaginaban el fin de la guerra, de quiénes les esperaban o qué esperaban encontrar al salir de allí. Fue un compañero cercano, interesado en los otros y trascendente para muchos que tuvieron la fortuna de encontrarse con él allí, en esas tremendas circunstancias.

Algo más recuerdo ahora, mi pregunta cuando lo visité en Viena, ¿De qué se siente satisfecho Dr. Frankl? Y su respuesta: De dos cosas. Una, de mi sufrimiento, aunque nadie me envidie por ello, y la segunda cuando salí de la editorial con la publicación de mi primer libro de logoterapia bajo el brazo. Hizo la señal y el gesto de satisfacción cuando simulaba meterlo bajo su brazo y continuó diciendo: Fue la misma editorial que le publicaba sus escritos a Freud . Percibí cumplida una parte de su proyecto de vida: transmitir el valor de su teoría en Psicoanálisis y Existencialismo, su primer libro, publicado en castellano por el FCE en México, dijo. Se acercó al mueble donde descansaban sus libros y me lo mostró con satisfacción y alegría profundas. Nos encontramos así a un Frankl que no solamente estuvo interesado hasta entonces en su atención a los demás, sino en su esperanza en que su publicación llegara a mucha más gente.

Tríada neurótica

Continuamos con Xosé Manuel y profundizamos acerca de lo que sería una estructura no clara, un decirse no a sí mismo. Concluimos que se trata de una persona sin proyecto, sin recursos, rígido. Como resultado encontraremos un alguien que se deprime, que no afronta, o afronta violentamente sus situaciones, culpabilizándose a sí mismo o agrediendo a otros. El resultado es claro cuando se actúa desde allí: angustia, tristeza, desesperanza y violencia.

Esto me lleva a pensar en lo que la profecía de Frankl señaló como los tres males de nuestra época: adicción (acometida sobre sí mismo, huída equivocada), agresión (lastimando al otro, culpando, haciendo daño, premeditado o no, al otro) y la depresión (dañarse a sí mismo, culpándose o dejando de responder ante el sentido). El resultado de esta tríada neurótica es la frustración existencial por no haber respondido a su exigencia primordial en la vida: ser persona y responder ante la vida a través de haber encontrado la misión personal.

La voluntad

La voluntad es impulso en un primer nivel: tendencia y motivos desde lo psíquico, deseos desde la voluntad. Dice Xosé Manuel: “La voluntad es la capacidad personal de deliberar y decidir, es una capacidad desde el authos griego. Es ir a la acción y mantenerse en lo decidido”.

Indefectiblemente esto me lleva de nuevo a Frankl, testimonio de voluntad recta y firme. Recuerdo su decisión cuando teniendo la visa americana en las manos, prefiere vivir los tormentos de la guerra quedándose en Viena, por honrar a sus padres. Él dice que el primer mandamiento fue su inspiración para tomar esta decisión de enorme envergadura y que gracias a ella, pienso yo, tenemos hoy la logoterapia. Testimonio del hombre que opta y que decide no importando las circunstancias adversas para sí, a favor del bien común, nuevamente por los otros, por su familia, por sus padres en particular.

Buscaba obtener la visa para emigrar a los Estados Unidos. Finalmente logré conseguirla. Era libre de partir, de desarrollar mi teoría, de difundirla. Mis padres estaban felices. Compartían la alegría de verme a salvo en el extranjero. De todas maneras, en el último momento mi duda de utilizar el pasaporte tan deseado llegó al máximo. Sabía que pocas semanas después de mi partida, mis viejos padres serían deportados al campo de concentración. No sabía qué hacer.

En aquella época tuve un sueño extraño que aún ahora forma parte de mis experiencias más profundas en el reino de los sueños. Soñé que una gran multitud de psicóticos y de pacientes estaba formada para ser llevada a la cámara de gas. El sentimiento de compasión que experimenté fue de tal magnitud que decidí unirme a ellos. Sentía que debía hacer algo: fungir como psicoterapeuta en un campo de concentración sería mucho más significativo que ser uno de los psiquiatras de Manhattan. Después del sueño no sabía qué hacer.

Una tarde, cubriendo con la bolsa la estrella amarilla que debía llevar sobre la chaqueta, me senté en la amplia catedral en el centro de Viena. Había un concierto para órgano. Me dije a mí mismo que debía escuchar atentamente la música, reflexionando sobre toda la cuestión. “Relájate Viktor, estás muy confundido. Busca contemplar y meditar lejos del tumulto de Viena”. Me preguntaba lo que debía hacer: sacrificar a mi familia por amor a la causa a la que había dedicado mi vida, o bien sacrificar tal causa por amor a mis padres. Cuando uno se enfrenta a este género de preguntas, desearía fuertemente recibir una respuesta del cielo.

Dejé la catedral y regresé a casa. Todo estaba normal. Sobre el aparato de radio vi un pedazo de mármol y pregunté a mi padre qué cosa era. Él era un judío piadoso y había recogido entre los escombros de la gran sinagoga vienesa aquella piedra que formaba parte de las Tablas que contenían los Diez Mandamientos. Sobre el pedazo de piedra había una letra hebrea grabada y dorada. Mi padre me explicó que tal letra representaba la fórmula abreviada de uno de los mandamientos y precisamente el que afirma “Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen los días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, quiera darte” (Es 20, 12). Bastó esto para que me decidiera a quedar en Austria, dejando vencer la visa americana.

“Lo valioso me llama”, dice Xosé Manuel, “los acontecimientos me reclaman, la llamada me tiene a mí, me des-instala y me promete. La llamada me envía, es una misión, es lo que dinamiza a la persona. Primero me humaniza y luego me hominiza, esto es la personalización.” Esto me lleva directamente a mi propia experiencia, a mi vivencia de estar aquí con este grupo de egresados maestros y amigos de la logoterapia.

Continuamente me enfrento a situaciones que he concebido como mágicas o misteriosas. No creo haber planeado conscientemente lo que he realizado hasta ahora a este respecto, es más, me siento parte de la vida fluyendo hacia un destino que se acomoda y encuentra reacomodos, a veces agradables y a veces no, pero que no están casi en mi posibilidad el decirles no.

Así me hallo iniciando el proyecto de SMAEL, encontrándome con las personas que han venido fortaleciendo esta tarea personal que ahora me define: enseñar, investigar, promover y vivir la logoterapia.

No las busco, ni a las personas ni las situaciones, me encuentro sorpresivamente frente a ellas y solamente respondo a un latido que me lanza a invitar, a convocar o a publicar, según lo que se va presentando en la ruta de mi vida.

Alguna vez oí decir a Gerónimo Acevedo, que me ha acompañado muy de cerca en este caminar, que somos gerundio, que el ser humano se va haciendo, se va con-formando, que es un ser siendo. Estoy totalmente de acuerdo con él. Me siento en un continuo hacerme, en una presente e insistente transformación, en una exigencia de hacer, como si quien lo dictara estuviera instalado en mi corazón y yo solamente puedo decir sí.

Inexorablemente sólo puedo decir sí a lo que he venido haciendo hasta ahora. Me considero un medio. Por momentos estoy segura que no soy yo la que ha hecho tal o cual cosa. Como tengo fe, sé que es ese Otro que está pendiente de mí, de mi quehacer, de mi respuesta, quien actúa a través mío.

Entonces entiendo ahora por qué no me siento protagonista de esta realidad que es la logoterapia en México, porque no he sido yo personalmente sino solamente he sido el instrumento de ese Otro que reclama mi acción, haciendo, decidiendo, viviendo.

Continúa en su charla Xosé Manuel y dice: “Si no me comprometo con la llamada, no sabré si es real”. En cambio, si puedo llegar a comprometerme con esa llamada el resultado, menciona, es la alegría.

Con esto que ha dicho, mi corazón late mucho, salen unas lágrimas a pesar mío, las dejo fluir, no tiene caso contenerlas, me hablan de la alegría que siento en cada instante en que llevo a cabo, a pesar de los riesgos que me corro, un encuentro como éste, o en la producción de un libro, o cuando asisto a la titulación de nuestros egresados, o participo en algún evento fuera de México.

Esas llamadas de atención me devuelven a los valores y a su orden amoroso. Lo primero es mi familia, luego el trabajo. No puedo jamás traicionar mi vocación.

“Quien no espera lo inesperado, jamás lo encontrará (Heráclito)”, continúa diciendo Xosé Manuel. Y me digo a mí misma: “Esas bromas afectuosas de Felipe en las que me dice voluntarista hablan precisamente de mi exceso en lo positiva que soy”. Creo que espero con esperanza y eso me ha llevado a donde estoy. Xosé Manuel continúa diciendo: “Comun-idad tiene una significación como oficio y como deber en común. En comunidad unos recibimos de los otros. La riqueza que he recibido es para darla. Mi oficio es vivir comunitariamente con otros”. Y nos lleva a reír de nuevo cuando señala que pasamos más tiempo en el nicho (cuando morimos) que fuera de él.

Me lleva de nuevo a mí misma, a pensar en lo frágil de la existencia. Cada momento, dice Frankl, es único e irrepetible, como cada persona es única e irrepetible. Es por esto que cada momento exige una respuesta para cada persona en un momento preciso. La oportunidad concreta de realizar la acción no se repite jamás de la misma manera.

Encuentro

Dice el maestro: “Cuando trato al otro como cosa no se da el encuentro. Puedo verlo como un socio cuando es una relación de intercambio de servicios, de forma impersonal. El verdadero encuentro se da cuando tú me importas por ser quien tú eres, en mutua presencia. Si esto se da ambos nos fecundamos”. Para llevar esto a cabo requiero:

1. Salir de mí.
2. Ponerme desde el punto de vista del otro.
3. No desesperar de ti, si yo te quiero. Siempre tendré esperanzas de que seas como eres, y te vayas transformando, siendo. Así, cuando el otro confía en mí yo cambio.
4. El yo es un regalo de los demás.

Volvemos a Frankl, ahora desde Fizzotti: “Una de las contribuciones más significativas de Frankl a la historia, no sólo de la psicología y de la psiquiatría, [sino] del hombre de hoy y del hombre de siempre [es] volver a dar al encuentro un carácter esencial, es decir, un carácter adecuado al ser humano. Lo que quiere decir preguntarse con sinceridad: ¿La persona que encuentro es para mí única? ¿Tiene para mí un nombre? ¿Atrás de su cara leo una historia? ¿Participo de su historia y él de la mía? ¿O es un simple títere, un personaje anónimo funcional a mi actividad y para mí, por tanto, estar de frente a él o a otra persona no hace ninguna diferencia? En último análisis: ¿Está él para responder a mis deseos, a mis necesidades, o soy yo en cambio quien se pone a escuchar atentamente su única e irrepetible existencia?”

El encuentro entre dos personas únicas e irrepetibles –subraya Frankl – es realmente auténtico en la medida en la cual recoge la dimensión inmediatamente superior, aquella en la cual el hombre va tras la dirección de un significado, y en la cual toda la existencia se pone en confrontación directa con el logos. De otra manera, un diálogo y un encuentro no abierto al sentido y, por tanto, no basado en una intersubjetividad autotrascendente, se reduce a un diálogo y un encuentro sin logos, una pura mistificación cerrada en el estrecho horizonte de lo inmanente, a la búsqueda sólo de las raíces, y por lo tanto, en la única dirección de las necesidades a satisfacer, y no en cambio a un descubrimiento objetivo, carente de reclamos y de provocación, que tiene un carácter imperativo y pide ser realizado.

Terminamos la jornada con un ejercicio que nos invitan a realizar, éste dúo maravilloso que son hoy aquí, Miguel y Xosé Manuel. Hacemos 12 papelitos de una hoja y fabricamos nuestra “lechuga” escribiendo en cada una de sus hojas cualidades que nos distinguen.

Después nos vamos a trabajar en subgrupos de 10 personas con tres tareas:

1. Cada uno menciona sus cualidades en el grupo.
2. Habla de cómo vivimos cada una de ellas.
3. Reflexionamos sobre cómo el tener cualquiera de ellas lleva un precio, a veces, difícil de pagar.

La riqueza que arrojó el grupo fue grande. Nuestras cualidades hablan de lo personal que tenemos y de lo que somos. Cuando las vivimos nos ayudan a revelarnos como la persona que somos y a sostener o no una de estas características. Sí, en verdad habla de un esfuerzo personal de autodefinición y relación con los demás.

SEGUNDA JORNADA

Iniciamos la segunda jornada con un diálogo entre Miguel y Xosé Manuel. Cada uno comparte parte de su historia personal, desde que eran niños hasta el momento en el que encontraron la respuesta a su vocación.

Su narrativa y su camaradería hacen un baile lleno de alegría. Su encuentro se percibe fecundo y seguramente trascendente.

Despersonalización

Pasada media mañana entramos al tema de la despersonalizacion, que no es lo mismo que la impersonalización. Esto último se refiere al hecho de no reconocerle al otro (y tal vez tampoco a uno mismo) su humanidad, que es decir su dignidad; en cambio el primero habla de reducir a la persona a un solo rol, a una sola forma de ser y estar en el mundo.

Vemos que la identificación con los roles, los personajes que nos construimos, si no los abandonamos o los manejamos desde nosotros, terminan por manejarnos. Estos roles se convierten entonces en nuestras máscaras, y a su vez estas máscaras nos vuelven seres impersonales.

Surge la pregunta lógica: ¿Qué hacen las máscaras?

• Nos impiden el contacto con nosotros mismos y con la realidad.
• Según la máscara que dejo ver, manifestaré un aspecto de lo que tengo.
• Hay máscaras del currículum o del ridículum a través de las cuales creemos ser únicamente lo que sabemos.
• También las hay operativas, manifiestan lo que hago, mi estilo de vida. “Soy salesiano, o panista o mexicano, etc.”
• Andan muchas veces paralelas a mis normas, mi religión y mis deseos. Desde aquí digo: soy católico o musulmán, etc.
• También a veces van con mi quehacer operativo: como soy el secretario del obispo, soy dueño de tal empresa, o la esposa de tal o el hijo de cual. Aquí me pierdo en el otro.
• Las máscaras nos impiden la experiencia del sentido y corremos el riesgo de perder la libertad, la identidad.

Quitar las máscaras habla de un proceso de sanación.

“La máscara en ocasiones se vuelve el sentido existencial”. Responde el personaje, no la persona.

Los efectos, terribles para la existencia humana, de la apropiación de estas máscaras son los siguientes:

• Responde a lo inmediato, a lo cotidiano.
• Cuando surge la crisis, la máscara no da un horizonte de sentido. Puedo huir o enfermar (por ejemplo: tengo una crisis de pánico, lo vivo como pérdida, como una frustración, como separación).

La enfermedad

Es importante una hermenéutica, una interpretación del concepto de enfermedad, que incluye tres elementos desde dónde percibir dicha enfermedad: arqueología (de dónde viene), teleología (para qué, hacia dónde) y ontología (cuál es el ser de la enfermedad). Esto nos leva a lo siguiente:

• La enfermedad no es despersonalizante.
• “Estás enfermo, luego existes, luego alégrate”.
• Es la forma de manifestar mi dignidad.

El hombre no es la meta, es el camino. En esta idea Xosé Manuel menciona a Nietzsche y a Mounier. Continúa diciendo que la enfermedad nos lleva a la plenitud, que nadie va al oasis si no es por el desierto.

La enfermedad es desenmascarante si la asumo, tomando en cuenta cuatro aspectos:

1. ser;
2. tener;
3. hacer;
4. aparecer.

Miguel conoce bien el tema de la enfermedad y complementa con Xosé Manuel de manera luminosa el tema. Nos sugiere que lo veamos como un circulo concéntrico iniciando con el ser, tener, hacer y aparecer.

Sobre la enfermedad es importante ver Origen y Causa.

ORIGEN CAUSA

¿QUÉ UTILICÉ YO PARA TENER ESTA ENFERMEDAD?
LA CAUSA ES CIEGA Y VA DIRIGIDA A UN EFECTO.

LO MISMO PRODUCIENDO LO MISMO.

Se menciona que existen tres tipos de enfermedad:

1. La que me viene de fuera.
2. La que yo genero, yo me provoco, yo construyo.
3. La que me viene de fuera y yo alimento.

Pero cómo miramos la enfermedad:

1. Accidental. Me viene de fuera.
2. Manipuladora. Venida de fuera o provocada, yo la utilizo a mi favor.
3. Aleccionadora. De donde viene, me enseña. A mí, al grupo, a la nación o a la humanidad.
4. La mirada de muerte. Eligiéndola para morir.

La enfermedad dice Miguel:

• Es una situación de fecundidad.
• Es un elemento para ampliar el horizonte.
• Preserva mi ser.
• Yo no me puedo recuperar a mí mismo.

En palabras de Frankl:

Si mi tarea consistiera en curar un mecanismo psíquico descompuesto o un aparato psíquico arruinado, o sea una máquina rota, yo no habría querido ser psiquiatra; yo soy psiquiatra para servir a aquello de humano que hay en el enfermo, porque a esto es a lo que está subordinado el resto.

A partir de esto, surgen dos preguntas que quedaron para desarrollarlas: ¿Qué es el pudor? Se define como la vivencia de la persona que tiene miedo que confunda su manifestación con ella. ¿Qué es la presencia? Estar aquí, ahora, así como soy, contigo.
Vías de personalización

 

Curar y sanar

Estos factores colaboran con la enfermedad. La curación procura focalizar la enfermedad y facilita la estrategia y las herramientas adecuadas para salir de allí. Toda curación está al servicio del sanar. Sanar es cuando el paciente recupera su personalidad para volver al mundo de la vida de manera armónica.

De esta manera vemos, como dicen los ponentes, que “Todo crece a costa de la conquista.” Y así, acompañando al otro, nosotros como terapeutas, debemos saber que, aunque enfermo, él es una persona, y por lo tanto tiene una dignidad. Dicho de manera más clara y contundente, otra vez en voz de nuestros ponentes: “La dignidad no se la damos al otro, se la reconocemos.” Además, vemos que el terapeuta cura algunos aspectos del paciente, pero la sanación llegará solamente a partir de este último.

La persona es un ser valioso en sí mismo: “Y su dignidad parece descansar, para Frankl, no en sí, sino en el hecho efectivo de haber realizado valores.” La virtud es el valor llevado a la práctica. Y es precisamente en nuestra práctica logoterapéutica que debemos tener siempre presente que partimos del hombre como ser sano.

Lo personalizante

Decimos con esto que lo personalizante es también lo sanante. Para ello necesitamos de los tres tipos de sabidurías mencionadas por Aristóteles:

1. Ser
2. Práctica: ¿Cómo debe ser?
3. Techné, Poiesis: ¿Cómo hacer las cosas?

Y lo sanante son los acontecimientos personalizantes. Un acontecimiento es algo que me ocurre, que me afecta y me dinamiza como persona y tiene la capacidad de llamarme. De aquí se desprenden tres acontecimientos que sanan:

1. El descubrimiento o redescubrimiento de que valgo por mí, por existir. Es decir, la recuperación de mi dignidad.

2. El descubrimiento del sentido, de lo valioso.

3. El descubrimiento del encuentro.

La condición primera es recuperar la capacidad de escucha. Esto es darse cuenta de que lo que se presenta es evidente. Debo escuchar lo real. Es algo que me llama. Cuando estoy eclipsado de mí, dice Xosé Manuel, no me toco, no me veo, porque no hago silencio. El silencio es estar atento a lo que ocurre en mí y a mi alrededor. La segunda condición es aceptar que las cosas sean como son, atender a lo que hay en mí, y así atender lo que descubro de valioso, lo que sucede, lo que siento, los valores que a mí me hacen vibrar.

Sin embargo, existen también obstáculos que me impiden darme cuenta de esto real. Los obstáculos pueden ser de tres tipos: 1) Por ceguera axiológica, que han trastocado el Ordo amoris (el orden en el amor); 2) Por el subjetivismo, esto es confundir valor con precio; y 3) Por los mecanismos de defensa, que son útiles cuando me salvan de una situación y que son un obstáculo cuando hacen presa de mí.

Sin embargo encuentro que dentro de lo personalizante están los proyectos que tengan esta característica de personalizantes. Frankl hablaba de decir sí a lo importante y no a lo accesorio. Debo optar, elegir, deliberar, sopesar. Partiendo de mis cualidades, mis ideales, mis razones (basadas en la realidad).

Vale para mí recordar ahora lo que Frankl señala al respecto:

Tenemos que aprender por nosotros mismos y después enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Nuestra contestación tiene que estar hecha no de palabras ni tampoco de meditación, sino de una conducta y actuación rectas. En última instancia vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo.

Hacer un proyecto de vida implica:

1. Un estilo de vida.
2. Mi dedicación laboral.
3. Cómo será mi relación con los demás.
4. ¿Qué voy a hacer con mi tiempo libre?
5. ¿Cuál es mi proyecto de pareja?
6. Ver la ética que vivo.
7. ¿En qué, con qué y con quién me comprometo?

Los valores

Para escribir la melodía de mi vida, mi sin-fonía (con otros sonidos) debo descubrir mis ideales más allá de mis motivos. Debo comprender y tener una jerarquía de valores, distinguir lo real de lo ideal. El ideal es el fruto de la llamada. Porque de aquí saco una orientación que me dirige al sentido para la acción. Buber dice que la implicación es algo más allá de la empatía y la simpatía.

La primera fuente de mi vocación es la llamada, mi ideal. Recuerdo aquí la frase de Frankl que escogí para el logotipo de SMAEL: Descubrir un sentido, aspirar a un ideal. Creo que Frankl señala con claridad que el ideal es aquello que ilumina el horizonte de sentidos que deben cumplirse uno a uno. En sus propias palabras: “El hombre, no obstante, ¡es capaz de vivir e incluso de morir por sus ideales y principios!”

Su sentido de vida lo llevó a sobrevivir a las situaciones más adversas con el ideal en su mente de encontrar a su amada esposa y de llevar a cabo su escuela, la logoterapia.

Frankl menciona algo que recuerdo siempre:

Los principios morales no mueven al hombre, no le empujan, más bien tiran de él.

Y si el hombre sigue la voz de su conciencia, que, además de ser intuitiva es también creativa, sucederá que el significado descubierto en la situación particular podrá asumir un campo de aplicación más amplio, y sucederá que el significado único de hoy es el valor universal de mañana.

Consumación y realización de sí mismo son el resultado de la consumación de un sentido y de la realización de un valor.

Además, Frankl afirma que

A diferencia de los significados únicos insertos en situaciones únicas, puede verificarse que dos valores estén en colisión entre ellos. Y la colisión de valores se refleja en la psique humana en forma de conflictos de valores y en cuanto a tal desempeña un papel importante en la formación de las neurosis noógenas.

Continuando con Xosé Manuel, nos dice que lo que acontece nos pasa, nos dice algo a nuestro corazón.

A mí me aconteció la logoterapia, fue un accidente cuando descubrí mi incapacidad de ayudar cabalmente frente al terremoto. Esto me llevó a buscarla hasta encontrarla. Encontrar a Frankl, su teoría y su persona han sido de los acontecimientos más significativos en mi vida, y como mencioné antes, mi matrimonio con Felipe y el nacimiento de mis hijos y nietos, otros acontecimientos de este tipo.

Logoterapia y personalismo

En este momento del Seminario estamos revisando el momento histórico entre la logoterapia y el personalismo, o mejor dicho entre sus fundadores. Frankl y Mounier comparten un mismo tiempo, enmarcado por una cultura similar, aunque distinta. En el mismo continente y ante las dos guerras que los envuelven. Dice Buber que las sincronicidades son coincidencias significativas, son sucesos providenciales, que vienen de Dios.

Yo así lo creo. He tenido muchas de estas coincidencias en la vida. Mi encuentro con Frankl en Guadalajara, mi desencuentro con él en Toronto porque no asistió al Congreso donde yo lo esperaba con ilusión, mi encuentro con él en Viena, y luego las personas que me significan en este lado de mi vida como son Ernesto Rage, Miguel Mansur, Elisabeth Lukas, Joseph Fabry, Oscar Oro, Gerónimo Acevedo, Ma. Angeles Noblejas, Miguel Jarquín y ahora en este día Xosé Manuel Domínguez y todos los que están aquí presentes, especialmente los maestros y egresados de SMAEL, que me acompañan en el proceso y apoyan a sus alumnos de manera prodigiosa.

Creo que como menciona ahora el maestro, es importante saber leer lo que nos pasa. Lo que me duele es muy elocuente. Del dolor no se puede huir. Y aquí se hace presente mi madre, en estado terminal, con un Alzheimer galopante. Memo mi hermano que murió en un accidente... A través de muchos procesos de terapia diferentes he podido consolar mi anhelo de conocerme y desentrañar los demonios que tengo en mi persona, la sombra que me asusta tantas veces -y que alguna vez afloró desvergonzada-, sumiéndome en una depresión profunda, mi exigencia en el trabajo tal vez desmedida que me llevó a un burn-out.

Con la enfermedad he aprendido muchas cosas: yo me la fabrico muchas veces, otras yo la puedo resolver cuando encuentro mi camino de salvación (y sanación), otras me hacen postrarme ante el destino implacable que dicta el dolor, de dentro o de fuera, con el único objetivo de ayudarme a crecer, muchas veces a pesar de mi ceguera.

Como ya mencioné antes, en nuestra práctica debemos tener siempre presente que partimos del hombre con su dignidad y como portador de un ser espiritual, con la conciencia como la mejor Voz, como el núcleo sabio y sano. La logoterapia siempre recurrirá a este núcleo sano como punto de referencia para toda curación, como lugar al que hay que apelar para iniciar todo proceso de recuperación de la persona enferma. Y es que ni siquiera las neurosis noógenas son enfermedades del espíritu: surgen de una carencia personal (la incapacidad para acceder al espíritu que conduce a la ausencia de sentido), pero no afectan al núcleo de la persona. En esto consiste lo que denomina Frankl su credo psiquiátrico: “La fe inconmovible en la personalidad espiritual, incluso del enfermo psicótico.”

Continuando con la conferencia se dice que “El tú que forma el nosotros, nos está llamando. Es importante pertenecer”.

En logoterapia se habla de dos aspectos fundamentales para abatir el golpe mortal que puede producir el aislamiento existencial: el trabajo y el amor. En ellos encontramos al otro que conforma nuestro ser y le confiere sentido.

Y con todo esto, continúa la plática: “Debo dar respuesta a lo que estoy llamado”.

Hasta este momento el gran grupo que asiste a las jornadas está ante una duda, para mi comprensible desde ellos e importante de ser clarificada por los ponentes. Lo podía imaginar, la gente desea saber más que nada la diferencia entre el personalismo y la logoterapia porque el sabor es el mismo.

Miguel y Xosé Manuel se dan a la tarea de explicar cuáles son las semejanzas y las diferencias del personalismo y la logoterapia.