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También tu vida tiene sentido

También tu vida tiene sentido, Elisabeth Lukas
Número: 
5

Prólogo de Víctor E. Frankl

“Otro libro sobre psicoterapia; ¿no hay ya demasiados sobre esta materia?” Exclamaciones como éstas tenemos que esperarlas hoy del lector. Y hemos de reconocer que la psicoterapia se halla en un estado deplorable. Por un lado, se descompone cada vez más en sectas; por otro, está degenerando en una especie de industria. En otras palabras, cada vez está más influida por las ideologías y más comercializada.

Pero el lector advertirá inmediatamente lo alentador y lo refrescante que es el libro de Elisabeth Lukas, en contraste con la mayoría de las obras sobre el tema que hoy se pueden adquirir en las librerías. ¡Qué humanidad irradia este libro! ¡De qué modo sabe Elisabeth Lukas descubrir –y despertar– sentimientos de humanidad aun en los "casos” más desolados. Lo que aquí nos presenta, con sus relatos de casos y protocolos de tratamiento, es una psicoterapia humanizada en el mejor sentido de la palabra.

En este aspecto, el libro es no sólo humano, sino también honrado pues la autora muestra, además de su humanidad, sus limitaciones humanas: oponiéndose a la pretensión de saberlo todo y a la ilusión de infalibilidad, tan corrientes en el gremio, señala en el trabajo los límites y los puntos débiles, con lo cual consigue mayor credibilidad.

Pero este libro no sólo es honrado, sino también valiente, por ejemplo, porque acaba con los clichés preestablecidos y hace frente al cinismo habitual en esta especialidad. Contiene frases ante las que se siente el deseo de exclamar: ¡Todo esto habría que decírselo a gritos al mundo entero!

Para Elisabeth Lukas no hay ningún ser humano que no siga teniendo una posibilidad de superarse a sí mismo, ninguna situación de la vida en la que no se pueda descubrir y atizar alguna chispa de sentido. Fascinado, el lector comprobará constantemente la forma, a menudo dramática, en que se efectúa tal descubrimiento.

El arte de sacar a la luz posibilidades de sentido es uno de los mayores talentos de Elisabeth Lukas. En este punto se halla plenamente en la tradición de la logoterapia, y ya desde el mismo título declara que su libro es de orientación logoterapéutica. Ahora bien, la logoterapia se entiende como una psicoterapia centrada en el sentido y, como tal, quiere prestar al hombre de hoy una ayuda en su lucha por el sentido, quizás la más humana de todas las aspiraciones humanas. Por eso, tiene que declararle la guerra a esa sensación de falta de sentido que hoy está degenerando progresivamente, a escala universal, en neurosis de masas.

Cuanto más aguda es la sensación de falta de sentido, más actual es la logoterapia. Ya en los años sesenta, Gordon Allport, de la Universidad de Harvard, llamó a la logoterapia “el movimiento psicológico más importante de la actualidad”. Una década más tarde, la revista psiquiátrica más importante del mundo, el “American Journal of Psychiatry”, refiriéndose a la logoterapia y a su convicción básica de que la vida tiene sentido, preguntaba: “¿Qué podría ser más pertinente cuando entramos en los años setenta?” Y ahora, al comienzo de los años ochenta, se hace de nuevo esta misma pregunta un colaborador (del Instituto de Logoterapia de Berkeley, California) en la revista “The International Forum of Logotherapy”, en cuyo último fascículo dedica al tema un artículo con el título “Logotherapy in a Post-Petroleum Society”.

El presente libro no sólo participa de esta actualidad, sino que contribuye a ella. En efecto, las afirmaciones de Elisabeth Lukas tienen como base la larga y rica experiencia que, en contacto con la vida de nuestra época, la autora ha adquirido en su praxis logoterapéutica y como directora de un centro de asesoramiento psicológico de Munich, en cuyo marco se sientan frente a ella día tras día seres humanos que tienen que afrontar los problemas y las crisis típicas de la vida de nuestro mundo y de nuestro tiempo, es decir, de la naciente sociedad del “pospetróleo”.

No obstante, lo que más habla en favor del libro es el fundamento científico de sus afirmaciones. A cada paso se advierte que la autora procede del campo experimental. De hecho comenzó su carrera con trabajos empíricos y estudios estadísticos. Y es también autora del primer test logoterapéutico redactado en lengua alemana, el “Logo-Test”, que elaboró en el Instituto de Psicología Experimental de la Universidad de Viena1. Así, en Elisabeth Lukas aparece la investigación empírica.

Sus contribuciones a la logoterapia y a su fundamento unidas en una simbiosis fecunda la experiencia práctica y teorético, la logo-teoría, no se limitan, sin embargo, al campo de los estudios básicos, sino que contribuyendo sobre este fundamento sólido, la autora ha trabajado de forma inventiva y creadora en el dominio de la técnica logoterapéutica. Sólo mencionaré la “técnica de preguntas ingenuas”, desarrollada por ella de modo autónomo, y su constante contribución al perfeccionamiento del método logoterapéutico de la derreflexión. Si se siguen sus descripciones de casos sobre el particular, se vive la experiencia de penetrar con ella en el futuro de la logoterapia.

Probablemente, lo que más agradecerá el lector a la autora es la instructiva visión que le ofrece del laboratorio del logoterapeuta. Ilustra todo con casos concretos e incluso con fragmentos de diálogos mantenidos realmente. O, para expresarlo con el título de una obra colectiva aparecida hace poco en América con colaboraciones de treinta logoterapeutas americanos, el lector es testigo directo de la “logoterapia en acción”2. De este modo, Elisabeth Lukas se adapta a una tendencia moderna: la de abrir posibilidades para procurarse por sí mismo un remedio psicoterapéutico. De hecho, ofrece constantemente al lector una base para que se aplique a sí mismo las ideas logoterapéuticas, y apenas es posible imaginar los éxitos que pueden alcanzarse por este camino. Dispongo de toda una serie de documentos que demuestran que numerosas personas que habían padecido neurosis graves durante décadas y habían sido tratadas sin éxito durante muchos años, leyendo simplemente un libro pudieron aplicar por sí mismas y autónomamente a su propio caso un método y una técnica de psicoterapia y, por fin, liberarse de su neurosis.

No obstante, el hecho de que la logoterapia se preste particularmente a ser empleada por uno mismo –¡y en el marco de grupos!– se debe a una circunstancia especial: al hecho sobre el que ha llamado la atención hace muy poco el profesor Edith Weisskopf-Joelson en su artículo “The Place of Logotherapy in the World Today”3. Es decir, al hecho de que las obras estándar sobre logoterapia no están dirigidas específicamente, como la literatura sobre otras psicoterapias, al psicoterapeuta para suministrarle ésta o aquella técnica sino sobre todo al paciente mismo, y al lector (todavía) no neurótico: uno y otro pueden tomar directamente de los libros y aplicarse a sí mismos lo que tiene que decirles la logoterapia; así, en ocasiones pueden ahorrarse la visita al terapeuta profesional. En una palabra: un libro sobre logoterapia es logoterapia.

Hace años oí en Friburgo de Brisgovia una conferencia de Elisabeth Lukas y quedé profundamente impresionado por la combinación de humanidad y rigor científico que la caracteriza. Durante una conversación que luego tuve con ella pensé: en cierto modo, ahora puedo morir tranquilo sabiendo que mi legado está en tales manos. Cuando años más tarde tuve en mis manos el manuscrito del presente libro, se repitió y ahondó este sentimiento reconfortante. De hecho, lo leí mientras guardaba cama en varias clínicas repartidas entre Munich y Viena, a veces en la unidad de cuidados intensivos, y, al terminarlo, me sentí orgulloso de una alumna gracias a la cual me atrevo a esperar que “non frustra vixi”.

Boston, el día de mi 75 cumpleaños.
Víctor E. Frankl

 

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