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La triada trágica

Cuando Frankl habla de la “tragedia” del ser humano, se refiere a tres situaciones que le tocan inevitablemente vivir, a las que llama también el triple desafío: el sufrimiento, la culpa y la muerte. Estos son la encarnación de los valores de actitud, de la misma manera que el trabajo y el amor encarnan los valores de creación y vivencia, respectivamente.

Estos valores son importantes porque se trata de las propias actitudes frente a lo inevitable. Son lo que le da sentido a la vida en “situaciones límite” ante las que el hombre se confronta verdaderamente con él mismo, ya que son la dignificación del esfuerzo al margen de los resultados. Son expresión de la capacidad de la dimensión espiritual. Por ser éticamente superiores, movilizan lo más valioso del ser humano en su crecimiento a través del dolor y sufrimiento que llevan consigo.

Sufrimiento

Frankl (1988) dice que cada hombre tiene un destino único, que, al igual que la muerte, es una parte de su vida. El llama destino a lo que esencialmente "limita la libertad del hombre", ya que ni está dentro del área de poder del hombre ni de su responsabilidad.

  • El destino tiene un sentido, y desprestigiarlo significa olvidar ese sentido. Sin las restricciones impuestas por el destino, la libertad no tendría significado. La libertad no existiría sin el destino. La libertad sólo pude ser libertad en contraposición con el destino. La logoterapia ve en el destino la prueba definitiva de que existe la libertad humana.
  • La libertad supone ciertas restricciones, y está condicionada por ellas. Si quisiéramos definir al hombre tendríamos que decir de él que es un ente que se ha liberado a sí mismo de las condiciones que actúan sobre él determinándole (condiciones de tipo biológico-psicológico-social). En otras palabras, es un ser que transciende a todos estos condicionamientos, ya sean dominándolos y modificándolos, o bien sometiéndose deliberadamente a ellos. No se puede permitir a los pacientes que culpen a su educación infantil o a las influencias del ambiente por lo que ellos son o por haber determinado su destino.

El PASADO forma parte del destino del hombre, ya que es inalterable. Sin embargo, el futuro NO tiene que estar necesariamente determinado por el pasado. Los errores del pasado pueden servirnos de lección para el futuro. Los factores constitucionales de una persona, su dotación biológica, es parte de su destino, así como su situación o ambiente externo, o incluso su actitud psíquica, en la medida en que no es del todo libre. La constante lucha del hombre entre su aceptación y rechazo del destino, por un lado, y su libertad por el otro, caracteriza profundamente la vida humana.

Al hablar del sufrimiento, Frankl se refiere a aquel que no puede ser evitado, ya que no se trataría de un masoquismo, ya que esto sería patología. Afortunada o desafortunadamente el sufrimiento es algo intrínseco a la vida humana. Todos en algún momento lo hemos vivido. Somos conscientes de él y tenemos que enfrentarlo con una actitud digna y responsable. En realidad no sabemos en momento en que llega. Simplemente reconocemos su presencia. Además del dolor que pudiera existir, se da un sufrimiento psicológico más fuerte. Nos enfrentamos con nuestra debilidad y vulnerabilidad. Cuando lo vivimos sin sentido, se torna estéril, sordo y destructivo. Sin embargo, cuando se le encuentra un sentido, trasciende a la persona y se convierte en una ocasión para crecer.

Posibles actitudes frente al sufrimiento:

  1. Escapismo: es lo mismo que el aturdimiento, la evitación del contacto con aquello que nos pasa.
  2. Apatía: Frankl la define como “el sufrimiento de no poder sentir el sufrimiento”. Cuando estamos apáticos, nos encontramos insensibles a lo que ocurre. Lo único que percibimos es el desinterés.
  3. Autocompasión: es vivir el sufrimiento como algo injusto que nos está ocurriendo; como si fuera dirigido específicamente contra nosotros. Puede conducir a la depresión, entendida como un gran enojo contra la persona misma, porque no ha podido descargarlo hacia afuera de ella.
  4. Contacto con el dolor: es asumir lo que nos está ocurriendo, dejándonos sentir el dolor que, inevitablemente, está aquí, en nosotros. Desde allí se tienen que buscar las respuestas del espíritu.

Frankl dice, respecto a asumir abiertamente el sufrimiento:

“Cuando un hombre descubre que su destino es sufrir, ha de aceptar dicho sufrimiento, pues esa es su sola y única tarea. Ha de reconocer el hecho de que de que él está sólo en el universo (que) nadie puede redimirle... ni sufrir en su lugar (y que) su única oportunidad reside en la actitud que adopte al soportar su carga. La actitud más enriquecedora -no necesariamente la más fácil- es descubrirle un sentido al sufrimiento”.

¿Qué significa descubrir un “sentido” al sufrimiento?

Para descubrir un sentido al sufrimiento inevitable, pasamos por un proceso similar al del duelo por pérdida, esto es, las cinco etapas señaladas por K. Ross: no aceptación, coraje y protesta iniciales, depresión, encuentro de un sentido, y aceptación del mismo.

Este proceso se puede ver a través de tres preguntas:

  1. ¿Por qué? Por qué esto, por qué a mí (dimensión del ego).
  2. ¿Para qué? Qué sentido tiene esto para mí (dimensión del alma).
  3. ¿Qué hago? Qué hago con esto en mí, en mi vida, cómo lo encarno.

Sobre la culpa (formas de expresión)

La culpa como respuesta a no asumir la responsabilidad de mis sentimientos

Inconscientemente es preferible seguir sintiendo culpa y recibir un castigo que asumir la responsabilidad por lo que verdaderamente siento. La culpa es la forma que tiene mi espíritu de decirme “te sigues traicionando. No asumes tu responsabilidad por lo que verdaderamente sientes y quieres. No te escuchas a ti, sino sólo oyes las voz de tus introyectos”.

La culpa como traición a mí mismo

La culpa y la traición a mí mismo están relacionadas. Cuando traiciono lo que soy -sea o no consciente de ello- me alejo de mí mismo y siento culpa. Sin embargo, surge la pregunta, ¿ por qué me traiciono a mí mismo ? La respuesta puede ser que generalmente no me doy cuenta de ello y lo hago automática e inconscientemente, para protegerme de alguna amenaza que no percibo.

La culpa puede llegar a generar en el ser humano la autoseparación y la autodestrucción al confinarle a un aislamiento, porque en el fondo lleva una verdad no confesada de la que posiblemente no se da cuenta.

La culpa y la evasión de la realidad y de mi responsabilidad

Otra forma de decir esto es que la culpa es una evasión de la realidad, una evasión que tiene un alto costo, porque mantiene a la persona paralizada, detenida, fijada en una posición de la que es imposible salir.

El arrepentimiento

Para Frankl el arrepentimiento honesto es la forma de aceptar la responsabilidad para salir del estado de culpa. Cuando nos enfrentamos a hechos irreversibles que ya no podemos modificar, se pueden asumir dos actitudes: el aturdimiento o el arrepentimiento. Aturdirnos es evadir la responsabilidad; arrepentirnos, es asumirla.

Sobre la muerte

El pensar en el hecho de la muerte, puede ser amenazante para muchas personas, pero es algo de lo cual no nos podemos librar. A todos nos tiene que suceder en algún momento de nuestra existencia. Se trata de la aceptación de nuestra finitud y termino de la vida terrenal. Es necesario procesar lo inevitable. A través ello, se puede valorar más la existencia. Si tuviéramos una vida que durara cientos de años o fuera inmortal, es muy posible que habría muchas cosas que iríamos posponiendo, ante el pensamiento de que hay mucho tiempo para realizar lo que deseamos.

Frankl dice que la muerte le da pleno sentido a la vida. Tiene la experiencia del campo de concentración para avalarlo. Sin embargo, es obvio que no todos tenemos vivencias parecidas. No obstante, sugiere vivir con la actitud más digna o con el mejor esfuerzo. La presencia de la muerte se nos presenta como un límite infranqueable de nuestro futuro y como una limitación de todas nuestras posibilidades. Por estas razones nos vemos obligados a aprovechar el tiempo de vida y a no desperdiciar las ocasiones que sólo se nos brindan una vez.

El hombre normal puede eludir su responsabilidad en determinadas circunstancias, v.gr. festividades, epidemias... Pero el neurótico busca permanentemente un refugio que lo aisle de la vida normal de todos los días. El melancólico también quiere esto, pero lo busca a través del suicidio.

La muerte y la conciencia de la responsabilidad frente a la vida

La muerte, dice Frankl, nos debería hacer más conscientes de nuestra responsabilidad frente a la vida, ya que únicamente se vive sólo una vez. El peso no es ligero y no es fácil admitirlo. Existe una fantasía en el neurótico, y es que nunca se va a morir y siente que cuenta con todo el tiempo del mundo. Por tanto, desperdicia mucho del tiempo que la vida le ofrece.

Uno de los aspectos más importantes en la labor terapéutica de la logoterapia es “hacer consciente al paciente de su responsabilidad ante la vida en virtud de la inevitabilidad de su muerte”.

La presencia ignorada de dios

Este libro se basa en una conferencia que dictó Frankl un poco después de la segunda guerra mundial. En 1948 fue publicada como libro con el nombre de "La presencia ignorada de Dios". En esta obra Frankl propone que ante la neurosis de las masas, que cada vez es mayor en nuestros días, la psicoterapia responsable no puede excluir a la teología en su confrontación. Esto lo entiende el autor como el estudio de la religiosidad o espiritualidad, pero no visto como una religión en específico.

En esta obra, Frankl desarrolla las conclusiones de su experiencia personal y de su investigación "científica" acerca de Dios. El autor dice que se puede hablar de una "presencia ignorada de Dios cuando comprobamos que existe en el ser humano un tipo de "Fe" inconsciente (como parte del inconsciente espiritual trascendental), que revelaría una orientación inconsciente, pero intencional hacia Dios. Este concepto se debe entender de la siguiente manera:

  1. Que Dios en sí y por sí mismo no es inconsciente.
  2. Que Dios, en ciertas ocasiones, nos es inconsciente.
  3. Que la relación ser humano y Dios puede ser inconsciente.
  4. Que la relación ser humano y Dios puede ser reprimida y quedar oculta para el ser humano mismo.
  5. Que la relación ser humano y Dios puede estar escondida.
  6. Que Dios, a su vez, puede estar escondido.

Frankl dice que el concepto "presencia ignorada de Dios" puede ser entendida incorrectamente en tres formas:

  1. El término no hace referencia alguna al panteísmo.
  2. El término no tiene ninguna relación con el sentido ocultista que vendría a indicar que el inconsciente tendría una característica o atributo divino, como pudiera ser la omnisciencia que le permitiera saber más que el Ego.
  3. El inconsciente no tiene características o atributos divinos, como podrían ser la omnisciencia y la omnipotencia.

Frankl comenta que Jung ha tenido el gran mérito de mostrar el elemento religioso como parte importante del inconsciente. Su límite está en Identificar a la religiosidad inconsciente -defecto de la ubicación de la presencia ignorada de Dios-. En consecuencia, no sería el Ego el responsable de lo religioso y el que se-decide-ante-lo-religioso.

Ciertamente no es lo mismo decir que hay algo (Ello) religioso en mí, a decir que yo-soy-religioso. No es lo mismo decir que yo me sienta impulsado hacia Dios, a que yo-me-decido-ante-Dios. Si bien es cierto que hay decisiones personales que cuajan a nivel inconsciente, no se puede deducir que ellas provengan sólo de la dimensión impulsiva. Lo valioso de la dimensión religiosa es su carácter esencialmente decisivo y no impulsivo. El inconsciente espiritual está ligado a la existencia espiritual y no al "psicofisicum", i.e. la facticidad de lo somático y lo psíquico. La persona humana es el "centro" de donde brota la religiosidad inconsciente. Esta no se queda reprimida o latente en el inconsciente espiritual, aunque pueden darse casos en que se dé esta situación.

La religiosidad NO es algo innato, ya que su carácter es existencial (decisivo) y no psicofísico (facticidad). La afirmación de fondo es que la religiosidad se mueve dentro de un contexto histórico-social, que puede corresponder a la forma concreta ya existente en la que se vierte esta religiosidad. (Esta forma puede ser en algunos casos una confesión o credo religioso, que hace también referencia a otra dimensión conexa, que es la institución). Desde este punto de vista, la dimensión confesional e institucional concretas, no son de "necesidad", pero sí son medios que ponen en contacto al ser humano con Dios. (Pareja, p.218).