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Viena 2003, visita a la familia Frankl

Viktor Frankl muere el 2 de septiembre de 1997. A finales de Octubre del 2003 regresamos a Viena y le pedimos a Elly que nos acompañe el día de muertos, que por cierto se celebra como en México. Es domingo y Elly pasa por nosotros al hotel exactamente a las diez de la mañana, como había prometido. Revisa nuestros zapatos, se preocupa porque sean cómodos y porque no nos importe mancharlos de lodo. 

-Estamos bien así- le comunicamos. 

Pide un taxi fuera del hotel y nos encaminamos al cementerio en las afueras de Viena. 

- Nada más subir al coche, Felipe en el asiento de adelante con el chofer y ella y yo atrás, Elly abre un sobre y pone el contenido en mi mano. Me dice: 

- Leí lo que publicaste respecto a la anécdota del brazalete que Viktor le regaló a Tilly unos días antes de ser confinados a los campos de concentración. Quiero platicarte la historia verdadera. No es como tú la contaste. 

Me quiero meter abajo del tapete, pero le contesto: 

-Yo la dije así porque así me la contó mi amigo Gerónimo. 

Ella sonríe dejándome ver que no es muy grave el hecho, pero manifestando su voluntad de compartir conmigo la auténtica historia. 

Escucho la narración mientras tengo el brazalete entre mis manos. Es una pulsera de oro, muy ligera. 

-Viktor y Tilly pasaban por una tiendita y a ella le gustó este dije, una piedra de color azul, como de mapamundi, con el diseño de cuatro continentes en chapa de oro. Él regresó a comprarlo, buscó esta cadena para engarzarlo y se lo regaló. Pocos días después vino la detención y los separaron en distintos campos, como ya sabes. 

Tras su liberación, Viktor regresó a la clínica, ya había pasado algún tiempo. Estábamos recién casados y solamente teníamos un colchón en el piso como mueble. Llegó con la pulsera y me platicó: "Fui a la calle y vi a un hombre que jugaba con esta pulsera, me acerqué y le dije que yo la conocía muy bien, que había estado en mis manos, que le había hecho colgar ese dije y se la había regalado a mi esposa, a quien perdí en los campos de concentración. Él amablemente me la dio. Es ésta…" 

Elly continúa: 

- Sintió el deseo de compartir conmigo el dolor que había vivido como prisionero, sus pérdidas, sus inquietudes… Pasaron muchas horas. Después, salió y regresó con la pulsera, como la ves ahora, con este corazón de oro en el que grabó los números que llevó como prisionero, el 119.104 en una cara y mi inicial "E" del otro. "Te lo regalo con mis recuerdos y mi amor" me dijo. 

Por fin, llegamos al cementerio, encontramos la tumba de Viktor del lado izquierdo. Nos acercamos a ella con gran devoción. Junto al monumento encontramos piedras que le han dejado como homenaje y reconocimiento muchas personas que, como nosotros, lo admiramos y le agradecemos lo que ha dado a la humanidad. 

Elly nos comenta que a ella le gusta recordarlo en la casa de Mariannengasse, frente a su escritorio, presente allí, cerca de ella. 

Salimos de allí de regreso al centro. La cercanía de Elly nos llena de ternura; el amor que siente por Viktor y su recuerdo en la casa de Mariannengasse, donde vivieron cincuenta y dos años, es el relato central durante el largo camino al hotel. 

En el taxi Felipe le pregunta a Elly dónde le gustaría comer. 

- ¿Quieres que te conteste como yo, o como lo hubiera hecho Viktor?- pregunta ella a su vez. 

Rápidamente tomo la voz diciendo que como lo hubiera hecho él. 

- Aquí, en este Mc Donalds que estamos pasando -contesta Elly sonriente-. A Viktor le gustaban las hamburguesas, porque él nunca le dio demasiada importancia a comer. Decía que el servicio era rápido, cercano, limpio y barato. Así que solía venir varias veces al mes. En una ocasión, algunos visitantes distinguidos lo invitaron a cenar. Él les dijo: "A las siete nos vemos aquí, en casa". Ellos llegaron elegantemente vestidos y Viktor les dijo: "¿Vamos a cenar a donde yo quiera?" "Sí" le contestaron. "Pues quiero ir a Mc Donalds". 

Ellos no salían de su sorpresa, salieron a caminar y llegaron a cenar aquí. El gerente de este lugar le dio a Viktor un vale vitalicio para que viniera todas las veces que quisiera. 

Pero Felipe se le resiste: "No, Elly, ya cumplí mi cuota de Mc Donalds, te voy a llevar a donde yo quiera". Así que nos vamos los tres a la cafetería del Hotel Sacher. 

Yo llevaba unos regalos de México para ella y en ése momento se los doy. Ella nos comenta que uno de los regalos más conmovedores que había recibido fue del Dr. Acevedo de Argentina, que le había llevado una bolsa de cuero, que nunca imaginó una bolsa tan hermosa para ella. 

No deja de sorprenderme la capacidad amorosa de Elly. Recuerdo cómo sacó de su bolsa otro sobre que contenía las fotos más preciadas para ella. "Éste es Viktor cuando nos conocimos, éste es cuando… y éste es Alex, mi nieto…" Termina por mencionar lo que significa para ella cada una de aquellas fotografías. 

Le pregunto si puedo fotografiar sus fotos, y ella me contesta con un gesto cariñoso: 

-Toma las fotos que quieras. 

Aquellas fotografías son éstas que ahora presento. 

- Dime algo de tu nieto Alejandro- le pido. 

- Alex se parece a su abuelo- contesta-. Aprendió logoterapia con Elisabeth Lukas en Alemania. Estudia canto en el Conservatorio en Viena y lo hace muy bien. En una ocasión Viktor y yo viajamos a Nueva York (creo que fuimos más de ochenta veces juntos), y al subir al avión escuchamos Strangers in the Night. Me dijo que esa canción hablaba de nosotros, que le gustaba mucho. Alex lo sabe y con un grupo de amigos me la grabó en un disco cantada por él. 

Continuamos durante dos horas una conversación muy agradable y por demás interesante. Elly nos cuenta que ha encontrado muchas cartas de Martín Buber y de Heidegger. Este último estuvo varias veces visitando a su esposo. En una ocasión, estando ella presente, hablaron sin parar durante tres horas. 

-Al terminar el encuentro- prosigue Elly-, le dije a Heidegger que durante todo ese tiempo no había entendido nada, a pesar de que habían hablado en alemán. Él sonrió y luego nos volvimos buenos amigos. 

Nos anticipa un libro que pronto se publicará de los textos inéditos de un teólogo judío y Frankl a forma de diálogo con el tema de Logoterapia y religión. 

El tiempo pasa raudo y pronto tenemos que despedirnos de Elly, no sin antes agradecerle su cortesía, sus cuidados, sus atenciones y sus detalles amorosos. 

Nuestra visita a Viena terminó con una reunión en casa de Franz y Gabriele, la hija de Viktor, quienes nos invitaron, junto con Elly, a tomar el té. Alex, el nieto de Viktor, se animó a cantar y yo lo acompañé al piano. Por supuesto empezamos con Strangers in the Night. Sus padres gozaban este encuentro casi tanto como yo. Más tarde llegó Katya con Ana, una linda niña de cinco años, la única bisnieta de Viktor y Elly hasta ahora.