Bajar documento
completo
Encontrar a VIKTOR FRANKL: una experiencia inspiradora (cont..)
- En cierta forma, sí. Hemos sido inseparables desde hace más de cincuenta años. Yo he sido su pareja, su amiga, su enfermera, su secretaria (contesto muchas cartas y le leo todo lo que llega). Él casi no tiene descanso, ni yo tampoco. Le entusiasma tanto impartir sus pláticas. He podido acompañarlo cientos de veces a distintos lugares del mundo.

Leo en la cara de Elly el amor que siente por su esposo, por su Viktor. Cuando pronuncia su nombre le sale como un canto. Contemplo el valor de una relación como la suya, de entrega, de sacrificio; incondicional, cercana y amorosa.

Es tiempo de decir adiós. Ya han pasado dos horas.

-Es importante que Viktor descanse- nos dice Elly. Nos ponemos de pie, tomamos nuestros abrigos y Viktor, el amigo, sale a despedirnos hasta el elevador, que él mismo cierra. Regresa a su casa y nosotros bajamos en ese elevador que tarda en descender hasta el nivel de la calle. Mi alma está gozosa. Tengo como testigos de mi vivencia el corazón que me late muy fuerte y el video que Felipe grabó.

El maestro tenía 91 años cuando tuvimos este memorable encuentro, puedo afirmar que su inteligencia, su memoria, sus pasos ágiles y firmes, su espalda recta, la capacidad para cambiar de idioma del inglés al alemán me pareció un muy joven y lleno de energía.

VIENA 2003, VISITA A LA FAMILIA FRANKL

Viktor Frankl muere el 2 de septiembre de 1997. A finales de Octubre del 2003 regresamos a Viena y le pedimos a Elly que nos acompañe el día de muertos, que por cierto se celebra como en México. Es domingo y Elly pasa por nosotros al hotel exactamente a las diez de la mañana, como había prometido. Revisa nuestros zapatos, se preocupa porque sean cómodos y porque no nos importe mancharlos de lodo.

-Estamos bien así- le comunicamos.

Pide un taxi fuera del hotel y nos encaminamos al cementerio en las afueras de Viena.

- Nada más subir al coche, Felipe en el asiento de adelante con el chofer y ella y yo atrás, Elly abre un sobre y pone el contenido en mi mano. Me dice:

- Leí lo que publicaste respecto a la anécdota del brazalete que Viktor le regaló a Tilly unos días antes de ser confinados a los campos de concentración. Quiero platicarte la historia verdadera. No es como tú la contaste.

Me quiero meter abajo del tapete, pero le contesto:

-Yo la dije así porque así me la contó mi amigo Gerónimo.

Ella sonríe dejándome ver que no es muy grave el hecho, pero manifestando su voluntad de compartir conmigo la auténtica historia.

Escucho la narración mientras tengo el brazalete entre mis manos. Es una pulsera de oro, muy ligera.

-Viktor y Tilly pasaban por una tiendita y a ella le gustó este dije, una piedra de color azul, como de mapamundi, con el diseño de cuatro continentes en chapa de oro. Él regresó a comprarlo, buscó esta cadena para engarzarlo y se lo regaló. Pocos días después vino la detención y los separaron en distintos campos, como ya sabes.

Tras su liberación, Viktor regresó a la clínica, ya había pasado algún tiempo. Estábamos recién casados y solamente teníamos un colchón en el piso como mueble. Llegó con la pulsera y me platicó: "Fui a la calle y vi a un hombre que jugaba con esta pulsera, me acerqué y le dije que yo la conocía muy bien, que había estado en mis manos, que le había hecho colgar ese dije y se la había regalado a mi esposa, a quien perdí en los campos de concentración. Él amablemente me la dio. Es ésta…"

Elly continúa:

- Sintió el deseo de compartir conmigo el dolor que había vivido como prisionero, sus pérdidas, sus inquietudes… Pasaron muchas horas. Después, salió y regresó con la pulsera, como la ves ahora, con este corazón de oro en el que grabó los números que llevó como prisionero, el 119.104 en una cara y mi inicial "E" del otro. "Te lo regalo con mis recuerdos y mi amor" me dijo.

Continúa...
<  1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7  >  
EMAIL
PASSWORD