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Velia Espinoza

¿Día de qué...?

 

Otro Día de la Madre, siento de nuevo esa sensación viscosa que no quita ningún jabón, pero todo indica que tengo que aceptarlo para ser socialmente funcional; yo lo cambiaría por “El día de la madre y el hijo” pues para ser madre se necesita parir un hijo, lo que significa que la graduación es mutua. Últimamente he oído muchas historias de madres deprimidas por hijos problema, creo que antes las sabía pero no ponía atención, me surgen muchas preguntas ¿ cómo quieren que sus hijos sean amorosos si nunca les dicen que los aman?, ¿ cómo les exigen ser honestos si los enseñan a mentir?, ¿ porqué se sorprenden de que sus hijas toleren una relación conflictiva si ellas, con el pretexto de no quitarles el padre, soportaron agresiones, humillaciones y hasta golpes?, ¿ cómo esperan que sean valientes y dignos si cuando las dejó el marido no dejaban de lamentarse, llorar y comportarse como víctimas?, ¿ cómo no quieren que sean rencorosos si no han perdonado a su padre por haberse enamorado de otra mujer?, ¿ porqué se sorprenden de que sus hijos sean violentos o machos cuando vivieron con un padre alcohólico e infiel?, ¿cómo quieren que tengan temple si con lagrimitas y auto compasión los chantajean?, ¿ cómo pueden ser libres e independientes cuando los manipulan y les cobran la maternidad?

Nunca va a dejar de sorprenderme la actitud dignamente matriarcal que adoptan muchas mujeres este día, a pesar de que ellas tengan que cocinar para hijos, yernos, nueras, nietos y luego limpiar todos los destrozos ocasionados “ sus hijos le celebraron el día”; y a los hijos se les llena la boca diciendo que le hicieron una fiestota a su jefa, suena patético ¿verdad? Pero esto se repite en millones de familias el 10 de mayo, año tras año.

Yo estoy muy lejos de ser una madre modelo, hasta que la vida me golpeó brutalmente, me percaté de muchos de mis errores, yo también en ocasiones sacrifiqué el tiempo de mis hijos por buscar mi gratificación personal y profesional, yo también perdí la paciencia, yo también tardé un tiempo en entender que no basta darles casa, ropa, escuela, comida y comodidades es necesario darles tiempo, paciencia, abrazos, besos y muchos  “ te quiero”, que las orejas no sólo son para ponerse los aretes, sino para oír, que ponerles límites es una forma más de quererlos, que en muchas situaciones necesitan de nuestra mano, que la mejor forma de enseñarles lo correcto es ser congruentes con lo que pensamos, decimos y hacemos, que besarlos y llorar con ellos no es síntoma de debilidad sino de amor o emoción, que pedir perdón por los errores no es cobardía sino honestidad, que ser valiente es no dejarse vencer por los retos de la vida, podría agregar muchas cosas más, pero con estas ya me agoté. Yo todavía tengo muchas emociones y errores por corregir y afinar, así que debo aceptar, que como los alcohólicos, sólo soy una madre en recuperación; esto nada mas es una reflexión personal sobre lo que para mí es el trabajo diario y continuo de una mujer que decidió ser madre;  yo, a pesar de no ser perfecta y tener tropiezos puedo presumir que   tengo un hijo, que como es generoso, me ama todos los días.