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Jerry Long Jr.

Suicidio asistido médicamente: una decisión en contra del sentido

El suicidio asistido médicamente es el acto mediante el cual un doctor capacita a su paciente para acabar con su propia vida. Esto se hace normalmente con la administración de una combinación letal de un sedante fuerte que pone al paciente a dormir, seguido por una gran dosis de relajante muscular, que causa que el corazón deje de latir. El doctor no administra esa medicación letal, en cambio la hace accesible para que el paciente se la autoadministre. En casos en donde el paciente está físicamente imposibilitado (como una persona que estuviera completamente paralizada), un tercero es llamado a satisfacer el deseo final del paciente.

Después de ingerir las drogas, el paciente es puesto a dormir en un sueño del que jamás despertará. Todos los pacientes que toman esta decisión como último recurso, son enfermos terminales o en una situación de dolor físico crónico extremo, del cual no han podido tener ningún alivio.

Por razones obvias, esta práctica trae como consecuencia serios problemas éticos, legales y filosóficos. Mientras el debate continúa en boga, la pregunta final es muy simple: ¿Una persona tiene el derecho de quitarse la vida? Cualquier respuesta es un acelerador para un futuro debate en los límites que marca la pregunta de investigación. Sin embargo, implícitamente en esa pregunta viene un punto profundamente pensado y debatible. ¿Cuál es la definición de la palabra “derecho”? Buscar el consenso para esa definición parece virtualmente imposible. Además, aunque la pregunta es profundamente filosófica, todas y cada una de las respuestas son absolutamente personales. En otras palabras, no son los éticos ni los filósofos quienes deben responder a la pregunta, sino cada ser humano afectado que se enfrenta con la decisión de vivir o morir.

Esto nos lleva a una segunda, y más práctica pregunta. ¿Puede una persona acabar con su vida? En ultima instancia, la respuesta a esto es “sí” (aun cuando se necesite de alguien que ayude a llevar a cabo el acto).

Si una persona tiene derecho o no a quitarse la vida requiere de una única respuesta personal, y si puede, de hecho, quitarse la vida, nos lleva a una tercera pregunta filosófica muy relevante. ¿Debe una persona acabar con su vida? Otra vez, cada respuesta es individual.

El siguiente escrito se focaliza en las inherentes, aunque si bien, frecuentemente pasadas por alto, decisiones que todas las personas tienen cuando pueden considerar el suicidio asistido. La mayoría de la gente en situaciones de considerar esta posibilidad, fallan al buscar otra posibilidad, más positiva, en vez del suicidio. Por ejemplo, es un hecho médico que hay analgésicos poderosos que pueden aliviar cualquier nivel de dolor. Como ha sido demostrado con el movimiento Hospice, la prescripción y administración de esos medicamentos traen como consecuencia no sólo el alivio de los síntomas, sino que aumenta tremendamente el estado general de la persona, aumentando su calidad de vida.

En todos estos casos, el paciente rápidamente expresa que su dolor y sufrimiento son tales, que no vale la pena resistir. Esto es usado frecuentemente como una justificación de la decisión de terminar con sus vidas. ¿Es válido? A simple vista parece que sí. Sin embargo, este nivel de análisis y entendimiento es de dos dimensiones, en la medida en que sólo reconocen los reinos físico y mental, reduciendo a la persona al nivel más primitivo de existencia. Si uno restringe su evaluación quedándose en un nivel tan reduccionista, se perjudica enormemente al paciente. En contraste, la logoterapia sostiene que los humanos son seres de tres dimensiones, que tienen no sólo la dimensión física y mental, sino que lo que los hace realmente humanos es su dimensión espiritual.

Además, la logoterapia dice que la vida siempre tiene un sentido, incluso hasta el último momento. Desde la perspectiva de la logoterapia, la decisión de quitarse la vida es antinatural, antiética y contraria al sentido de la vida. Esto es, el sentido de la vida está entrelazado con la conciencia y el uso de la espiritualidad inherente a cada ser humano. Más específicamente, el hecho de poder modificar la actitud cuando se enfrenta a la adversidad diciendo “sí” a la vida, la persona está ejercitando el poder desafiante del espíritu . Si alguien dice “no” a la vida escogiendo el suicidio asistido, ha suprimido su espiritualidad permitiendo que las condiciones físicas y psicológicas lo controlen en vez de él controlarlas. Como la espiritualidad de cada uno siempre existe, los retos que la vida le presentan le dan a la persona la gran oportunidad de crecer, y de salir triunfante.

En el caso de una persona enfrentada a un problema tan terrible y que esté contemplando el suicidio asistido, lo único lógico es que la forma más probable de hallar significado para ellos sea mediante los valores actitudinales. A estas alturas, estos pacientes están más preocupados por su condición y sus efectos secundarios. Lo que queda como la mejor posibilidad para encontrarle sentido a su vida es ayudarlos en cambiar su actitud ante el sufrimiento, mediante una postura positiva. Haciéndolo pueden derivar un sentido de propósito, dignidad e integridad, costeando su dilema y ejercitando control noético sobre él.

Es justo decir que casi toda persona, cuando se enfrenta a la noticia de una enfermedad terminal, permanente o crónica, estará choqueada, confusa, enojada, y seguramente pierda el curso de una acción racional. Es entendible que necesiten tiempo para “absorber” la trágica noticia. Entonces se vuelve obvio que una parte integral del tratamiento debe ser una terapia. La meta inmediata es asistir a la persona para que empiece su proceso de ajuste ante tan devastadoras noticias. Después, en algún punto, la terapia se enfocará a capacitar a la persona a que explore las opciones que tiene (especialmente las positivas, las orientadas al crecimiento) y con la esperanza de que se decida por la vida.

La intervención puede ser formal (viendo a un terapeuta) o informal (puede visitar al párroco, o hablar con familiares o amigos). Puede decirse que cualquier persona en una situación así, está en crisis.

He desarrollado un modelo de siete etapas de intervención en crisis que es muy aplicable a estas personas. Lo he nombrado Intervención Logoterapéutica y Trascendental en la Crisis.

Etapa 1 (Nivel normal de funcionamiento). Representa el nivel normal de funcionamiento de la persona, antes de que se presente la crisis.

Etapa 2 (Principio de la crisis) Es el punto donde la persona por primera vez recibe noticias de su enfermedad terminal, o de una situación de debilitamiento crónico, etc. Como dije antes, hay una reacción inicial de shock y consternación. Cuando saben de la gravedad de su predicamento, es natural que entren en una espiral descendente.

Etapa 3 (Rápido descenso a la desesperación). Es razonable pensar que alguien a quien le han detectado un cáncer inoperable, una condición de debilitamiento terminal, o una enfermedad crónica dolorosa, entre en

Etapa 4 (Tratando de salir después de tocar fondo) es la etapa en donde el desánimo, la desesperación y depresión toman física y emocionalmente la fortaleza de la persona. Además, en esta etapa la persona normalmente empieza a pensar en el suicidio asistido como una alternativa a sus sufrimientos. Sin embargo, aquellos que sucumben y llevan a cabo este acto, han escogido una decisión en contra del sentido. Esto es, mientras “tratan de salir después de tocar fondo”, están permitiendo que su condición los controle (en vez de ellos controlar su situación) y negándole la oportunidad de florecer a su espiritualidad. Si se dejan llevar por la desesperación y el desánimo, que naturalmente acompaña a la Etapa 4, cometiendo un suicidio asistido, están dejando atrás la posibilidad de una herencia positiva, significativa y orientada hacia la vida.

En contraste con la decisión de un suicidio asistido, la meta es capacitar a la persona a la Etapa 5 (Mejoría progresiva durante la intervención clínica) y después a la

Etapa 6 (Regreso al nivel de previo funcionamiento) para llegar a la Etapa 7 (Trascendiendo el trauma). Si a esto llega la persona sola, o con la ayuda de otros, es, en último término irrelevante.

Es llegar a la autotrascendencia, lo que se busca. Es mirar “a la muerte a la cara” defendiendo con la última fibra del ser, hasta el último momento, y vivir la vida lo más intensamente, poder disponer de incontables oportunidades para ambos, crecimiento espiritual y aprovechar las infinitas posibilidades de sentido hasta su último grado. Lo que es fundamentalmente importante es recordar que “diciéndole sí” a la vida, a pesar de la pena y el sufrimiento, uno cuenta con una oportunidad de llenar el último pináculo de la existencia humana, ¡rebasar a la adversidad transformando una tragedia física en un triunfo noético!

Hay un aspecto importante al tratar a aquellos en tan tremendas situaciones que merece una breve discusión. Desafortunadamente, muchas veces la ciencia médica actual se enfoca a la fisiología, farmacología y planes de tratamiento sólo para “el problema” (como un cáncer con metástasis). Pocos planes de tratamiento atienden al bienestar espiritual y emocional del paciente. Es muy importante atender los aspectos psicológicos de cualquier enfermedad. Una terapia de drogas sirve para aliviar el impacto negativo del problema principal o de los efectos secundarios. Sin embargo, si el tratamiento consiste sólo en estos componentes, entonces sólo se está atendiendo a dos dimensiones de la persona: la física y la mental. Por ninguna parte en ese régimen terapéutico, tienen en cuenta la cualidad específicamente humana de la espiritualidad, y entonces, como resultado, nunca es tratada.
Ahora, permítanos ilustrar este tema mediante la exploración de un caso (todos los nombres han sido cambiados para proteger la confidencialidad). Alison, mujer de 52 años, y Tom, su esposo por 34 años, tienen dos hijos adultos: Steve, de 32 años y Stephany de 28. Alison vivía “una vida de sueño” de la cual muchos han oído, pero pocos tienen esa experiencia. A los 18 años se casó con su “amorcito” de la preparatoria, y aunque pasaron tiempos duros, eran muy felices: los dos viviendo en el presente y planeando para el futuro. Dos años después nació Steve. Aunque con dificultades en la universidad. Alison y Tom estaban encantados con esta expresión del profundo amor que compartían. Alison temporalmente dejó la universidad para dedicarse a llevar su casa (años después describía esto como una bendición disfrazada). Tom se graduó y encontró trabajo en el campo que había escogido. Cuatro años después nació Stephanie, ella también fue bien recibida con amor y la familia crecía en número y estabilidad.

El trabajo de Tom ofrecía suficiente estabilidad financiera y pudieron comprar su primera casa. Era una casa pequeña, pero suya. Los siguientes años fueron montañas de felicidad, por supuesto, con sus tribulaciones. Sus niños iban prosperando. Después de doce años, se cambiaron a su actual hogar, una casa agradable en el suburbio en donde trabajaba Tom. Sus hijos estaban en la adolescencia y a Alison le pareció una oportunidad perfecta para terminar con la universidad. Lo hizo justo a tiempo para ver salir a sus propios hijos a estudiar sus carreras universitarias. El tiempo pasó rápidamente, y en un abrir y cerrar de ojos, ella y Tom estaban celebrando su 30º. Aniversario. Sin embargo sólo cuatro años después, Alison recibe noticias devastadoras: tiene cáncer de ovarios, y con metástasis, en el páncreas, hígado, pulmones y hasta en el cerebro.

Su mundo entero se desmoronó. Explicablemente se deprimió. Una cirugía exploratoria se le practicó con la novedad de que el cáncer era inoperable, crecía rápidamente y tendría una respuesta mínima a quimioterapia. Le pronosticaron de 6 a 12 meses de vida. Después de varias semanas de afligirse y buscar en su alma, Alison reunió a su familia para hablar con ella. Explicó que estaba considerando la posibilidad de un suicidio asistido médicamente y que los quería lo suficiente para escuchar sus sentimientos. Le dijeron que estaban tremendamente en contra de ello, sin embargo, como la querían tanto, iban a apoyarla en lo que ella decidiera.

Ahora, la discusión teórica anterior, tiene un lado práctico diferente –un paciente real cuya condición sirve para ejemplificar nuestro tema a considerar: suicidio asistido por un médico. El ejemplo de Alison es precisamente el tipo de caso (esto es, de persona) que estamos discutiendo. Su situación sirve para ilustrar las exigencias tan tremendas que tiene que afrontar un único ser humano en ese espantoso predicamento de llegar a “acabar” consigo mismo.

Una de las propuestas fundamentales de la logoterapia es que una persona en la situación de Alison tiene la alternativa de decidir cómo responder a las demandas que la vida le plantea. Puede proceder con la decisión de cometer un suicidio asistido médicamente. Sin embargo, la logoterapia sostiene que esta es una decisión contraria al sentido. Esto es, como seres espirituales, terminar con una vida es destruir el “ser-espiritual” que somos y la esencia de lo que se llama una auténtica existencia. Además, la logoterapia sostiene que aun en, y particularmente durante, un terrible sufrimiento, decirle “sí” a la vida es, en contraste, una decisión por el sentido. Aun cuando uno está alejado de su bienestar físico, sujeto a dolor y sufrimiento, o tratado menos que completamente humano, si cambia su postura y la convierte en una actitud positiva ante una situación inalterable, una persona puede trascender su trauma y tomar una decisión por el sentido, resistiendo a su dilema. Esto es, ellos han tomado el control de su predicamento en vez de permitir que éste los controle a ellos. Ellos libremente han escogido la vida no obstante, y a pesar de su sufrimiento. Si das tu “sí a la vida” a pesar de todo, has dotado tu sufrimiento de sentido.

Frankl, simple, aunque elocuentemente, llegó al corazón del problema con dos de sus famosas ecuaciones de sentido:

DESESPERACIÓN = SUFRIMIENTO - SENTIDO
ESPERANZA = SUFRIMIENTO + SENTIDO

Si decides decir “sí” a la vida a pesar de todo, esta decisión resulta un gran reto. Puede, y con toda probabilidad habrá, una cantidad substancial de sufrimiento. Sin embargo, Frankl sostuvo: “Vivir es sufrir. Sobrevivir es hallarle sentido al sufrimiento” Como ves, la vida te ofrece no sólo retos, sino incontables oportunidades. Si ves la vida como llena de “abundantes retos” en vez de una de “incontables obstáculos insuperables”, puedes llenarte de gratitud en vez de amargura. Se puede decir que si escoges la vida en vez de la muerte, puedes contar con una única y maravillosa oportunidad de una vida llena de sentido y, por consecuencia, ¡muy feliz!

Necesitamos avanzar en ejemplificar este contenido si vemos la vida del profesor Víktor Frankl. Había logrado éxito profesional y personal antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, y dejó de lado la oportunidad de emigrar y escapar de la persecución nazi, para quedarse en Austria como una forma de lealtad hacia su familia. El alto precio que pagó por esta decisión fueron tres años de sufrimiento indescriptible, tortura y dolor en su encarcelamiento en tres diferentes campos de concentración, incluyendo el horrible Auschwitz.

En vez de salir de esta experiencia amargado y vengativo, emergió triunfante –triunfante manteniendo que los seres humanos son básicamente buenos, y sabiendo, sin lugar a dudas, que la vida tiene sentido bajo cualquier circunstancia, y dedicando los días que vivió llevando su mensaje a todo el mundo. A pesar del sufrimiento que tuvo que pasar, la experiencia en los campos de concentración la refería como “la comprobación de mi teoría”. Aún en sus días finales cuando padecía con una enfermedad cardiaca terminal, luchaba con valentía, con toda la tecnología médica disponible, y el más alto grado de dignidad, hasta el último momento. ¡Qué testamento tan poderoso es su ejemplo para demostrarnos los efectos de una actitud positiva y el poder desafiante del espíritu!

Hay paralelos idénticos entre algunas de las circunstancias de la vida del profesor Frankl y aquellos en la vida de personas que están contemplando un suicidio asistido médicamente. En cualquier momento de su aprisionamiento, el Profesor Frankl podía haber sucumbido a una gran depresión, pérdida de toda esperanza y cometer el suicidio (había razones suficientes para hacerlo). No sólo rechazó dichas acciones, sino que consoló a otros, reconstruyó secretamente el manuscrito que le habían arrebatado, y previó posibilidades de supervivencia. Hizo estas cosas sin ninguna garantía y a pesar de las probabilidades virtualmente insuperables contra la supervivencia. Similarmente, todas las personas que están en una situación que perciben que los está “forzando” a contemplar un suicidio asistido médicamente, tienen todavía la libertad de decidirse a seleccionar la vida. No importa cuáles sean las circunstancias, siguen teniendo la intangible libertad de escoger su actitud, y de esta manera, sus acciones.

Si la persona escoge la vida y decide “hacer lo mejor, con lo que me queda”, entonces pueden ocurrir experiencias valiosas y llenas de sentido, a diferencia del que escoge la muerte y queda imposibilitado. Esto es, experiencias como pasar tiempo lleno de sentido con los seres que ama, y experiencias como pasar un “tiempo reservado” para reflexionar acerca de su vida y llenarla de significado. Haciendo esto, toman las incontables oportunidades que la vida aún tiene para ellas.

Ahora, alguien podría preguntar, ¿Qué pasa si alguien escoge la vida, pero requiere de poderosos analgésicos que lo hacen dormir y estar medio drogado a veces, y lo llevan a un estado alterado? Les respondo preguntando si aún esos efectos secundarios ocurrieran, seria mejor un cincuenta por ciento de lucidez, que ninguna en absoluto? Además, durante los momentos lúcidos la persona puede encontrar sentido, mientras que si hubiera escogido la muerte, no es posible ningún propósito o gratitud por nada.

Mucha gente dice que el suicidio asistido médicamente les permite morir con dignidad. La logoterapia sostiene exactamente lo opuesto. No hay ninguna “dignidad” inherente a acabar con una vida. De hecho, una acción así, sirve para derrotar la esencia de la vida que puede quedar en ese momento. Esto es, cometiendo ese acto, la persona deja atrás una familia, con sentimientos de confusión, que no sabe de qué lamentarse (si de haber perdido a un ser querido o la forma en cómo murió) y frecuentemente, con un sentimiento de culpa (ejemplificado con preguntas como ¿Hice algo para hacer que la persona que amaba cometiera un suicidio?, o ¿Podría haber hecho algo que le ayudara a cambiar su decisión?) Específicamente para los pacientes, terminar intencionalmente con sus vidas les roba su dignidad porque le niegan a su espiritualidad la oportunidad de crecer, y finalmente de florecer. Como hemos discutido previamente, el poder encontrar sentido en la vida y la oportunidad de llenar los días finales de alguien con gratitud y propósito, quedan rechazados si se escoge la muerte.

En contraste, la logoterapia sostiene que “morir con dignidad” es ejemplificada como enfrentarse a la adversidad con valentía, llenando de sentido cada momento y viviendo en verdad hasta la última exhalación final. Uno puede estar confinado a una silla de ruedas, que no se pueda levantar de una cama, incapaz de hablar, pero ninguna de estas condiciones evitan que exista un sentido en la vida. Como dijo Frankl:
“Inundar retroactivamente la vida con sentido, está disponible hasta la exhalación final”. Aun en una situación extremadamente dura, como puede ser que alguien no pueda hablar, como pueden ellos y aquellos que los rodean, llenarse de sentido con una ligera sonrisa, la insinuación de una risa, o una tierna mirada de amor.
Si escogemos “hacer lo mejor, con lo que nos queda”, no sólo esa persona, sino todos aquellos que ama, pueden encontrar la verdadera esencia de la dignidad humana.

Conclusión.

El propósito de esta breve discusión tiene dos objetivos : 1) demostrar que todo ser humano puede elegir positivamente aun en circunstancias adversas y 2) ilustrar que si te decides por la vida tienes el potencial de activar tu espiritualidad inherente, y la oportunidad de descubrir sentido en la vida. Con la decisión de seguir viviendo, puedes rodearte de un halo de vida en vez de un velo de muerte.

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