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Jerry L. Long Jr.

Intervención en la crisis y más allá: utilizando la logoterapia para trascender el trauma.

 

INTERVENCION EN LA CRISIS Y MAS ALLA: UTILIZANDO LA LOGOTERAPIA PARA TRASCENDER EL TRAUMA.

Jerry L. Long Jr.

Traducción de María Elba Flores de Mallet

 

Este articulo presenta un nuevo e innovador modelo de intervención en la crisis.  Este nuevo modelo trasciende a sus predecesores porque enfatiza en la gran importancia de incluir la espiritualidad (la dimensión noética) como una parte integral del tratamiento. El objeto es facultar

a los pacientes a lograr un mayor significado en la vida y en su desempeño en la mayoría de los casos en el nivel noético del ser. De acuerdo en los credos fundamentales de la logoterapia, se establece  un fundamento teórico con bases muy sólidas para este modelo; se presenta una exposición de las prácticas clínicas logoterapéuticas y varios escenarios clínicos para demostrar la eficacia de este nuevo modelo

 

 

Parte 1

 

Karen es una chica universitaria de 22 años que usted no conoce.  Ella tiene una historia de episodios de depresión mayor desde que es adolescente, época en que las citas con chicos y la imagen corporal son tan importantes.  Desde entonces y hasta la fecha, Karen siempre ha estado ligeramente pasada de peso;  ella ha luchado durante años contra su pobre imagen corporal y los sentimientos de baja autoestima e inseguridad que esto implica.  Ella y Steve han estado saliendo durante casi un año y la relación parecía progresar a niveles más profundos de intimidad y posiblemente hacia un compromiso formal.  Repentinamente y sin la menor advertencia, Steve rompió la relación  diciendo: “las cosas se han vuelto rutinarias y  ya es hora de que sigamos cada uno por su lado”. Como es de suponer, Karen toma esto como un rechazo más; esta reacción confirma su falta de valor propio  que a su vez es resultado de su problema de peso. Por lo tanto, ella cae en una depresión profunda al grado de llegar a contemplar el suicidio.  Sus compañeras de dormitorio se dan cuenta de que está pasando por momentos muy difíciles pero no llegan a captar  la gravedad de su desesperación. Poco tiempo después, una tarde ella ingiere pastillas y se intoxica al grado de vomitar una gran variedad de píldoras en la mesa; ella decidió  hacer esto como una manera de “dar fin a su pena”.  Afortunadamente, su compañera de cuarto entra y grita.  El jefe de área llama  al centro de consejo universitario y usted es quien se encuentra dando servicio. . .

David es un exitoso analista en computación de 44 años  que goza de una buena reputación.  David disfruta su trabajo y frecuentemente se refiere a éste como   “el arte de la computación”.  El tienen 21 años felizmente casado con María. Ellos comparten la felicidad y el reto de educar a dos hijos, Stacey de dieciocho años y David Jr. de quince.  David está realmente viviendo un “sueño americano”; sin embargo,  su vida y su mundo completo, se desmoronan un día cuando  se le cita  en la oficina del director de proyectos.  A pesar de su antigüedad y de su  profesionalismo, se le informa que la compañía no tiene otra alternativa que darlo de baja debido a los altos costos del negocio.  Desafortunadamente, David es uno de los cuarenta empleados que serán despedidos  (con una liquidación justa por supuesto). Debido a que David se encuentra en un estado de shock él recuerda el camino vagamente a su casa; cuando llega, le informa tranquilamente a María lo que ha ocurrido pero después, el enfrentarse con la realidad, hace que David se desplome en el sofá llorando como un bebé. Durante las dos semanas siguientes la desesperanza de David se vuelve cada día más profunda. Una mañana María lo ve colocando algo en el vestidor mientras llora silenciosamente. Minutos más tarde David sale del vestidor, tornándose el pelo y mirando hacia arriba totalmente aturdido. María aprovecha la oportunidad de buscar en el vestidor y encuentra una pistola nueva y cargada.  Ella inmediatamente lo llama a usted, que es un psicólogo que está atendiendo a una de sus amigas. . .

Stephanie es una mujer de treinta años que es el prototipo de la mujer de los 90s.  Ella lleva viviendo tres años con su compañero Mike en una cómoda casa en un suburbio.  Stephanie ama a Mike profundamente.  La mayoría de las personas consideran que ella lleva una vida muy gratificante y completa.  Sin embargo, nada está más lejos de la realidad.  Durante casi dos años el sueño de Stephanie de tener una familia y convertirse en mamá  ha sido frustrado.  En repetidas ocasiones, Mike evita las discusiones sobre casamiento o algún otro tipo de relación que represente un compromiso  permanente; él ha afirmado de una manera definitiva que no desea niños y cuando se ha enfrentado con un ultimátum ha amenazado a Stephanie con abandonar la relación.  Debido a este dilema, Stephanie ha experimentado  crecientes sentimientos de soledad, falta de guía y vacío interior.  A pesar de que existe una opción más racional como la de  abandonar a Mike con la esperanza de encontrar al hombre ideal, ella sólo se da cuenta de que su reloj biológico avanza  sin detenerse.  Por lo tanto, su fuerza emocional está cediendo, dando así lugar  a la desesperación y a la depresión. Un día mientras ella regresa manejando de su trabajo, Mike está haciendo la cama y encuentra una nota  de suicidio debajo del colchón; esta nota aunque fue escrita con anterioridad, tiene la fecha de  el día de  hoy , la nota afirma en una parte que ella planea  terminar con  todo esa noche después de que Mike se haya dormido. En estado de shock y desesperado, Mike inmediatamente busca la Sección Amarilla y lo elige a usted para que la ayude. . .

Estos tres pacientes son seres humanos cuyos casos han sido tomados de mi archivo.  Ellos fueron mis pacientes desde diciembre de 1994 a octubre de 1995.  Aunque las circunstancias que rodean a cada paciente varían, el común denominador que todos comparten es los niveles poco saludables  de tensión y estrés.  Viktor Frankl describe que una tensión saludable es buena o positiva ya que  nos conduce  a elevar el significado  o el sentido de la vida (opuesto a una homeostasis emocional).  En contraste, una tensión excesiva  frecuentemente conduce a cierto nivel  de aflicción emocional  y por lo tanto disminuye el sentido o significado de la vida.  Habiendo aclarado lo anterior, podemos decir que existen varios hilos en común  que  unen a cada uno de estos pacientes.

En primer lugar, cada una de estas personas está experimentando una severa pérdida que no esta manejando exitosamente. La evidencia de esto  se encuentra en la agitación interna antes mencionada, así como en  los patrones de pensamiento negativo y su comportamiento correspondiente.  En segundo lugar, cada una de las personas no ha comenzado verdaderamente el proceso de duelo que es esencial para la recuperación.  Como Elizabeth Kubler-Ross lo describe tan  perfectamente, este proceso consiste en negación-enojo-ajuste-depresión-aceptación; y es evidente que cada uno de estos pacientes albergan un cierto grado de coraje sublimado y están aparentemente estancados en la etapa de la depresión .En tercer lugar, cada persona está sufriendo lo que Frankl llama vacío existencial.  En otras palabras, cada paciente está experimentando  un vacío interno o vacuidad por lo cual no  puede encontrar  una solución positiva  independiente. En cuarto y último lugar,  cada persona ha desarrollado un caso de lo que yo  llamo miopía espiritual y emocional. Esto quiere decir que cada uno de estos individuos ha desarrollado  un caso grave de visión de túnel  que conduce a un solo final y a un desenlace negativo, el suicidio.

De la misma manera en que Frankl escuchaba a sus pacientes y aprendía de ellos, yo he escuchado profundamente y con una actitud de apertura a estos pacientes y a muchos otros, y he aprendido de ellos las intervenciones clínicas y logoterapéuticas más amplias que son sumamente valiosas y tienen un gran poder. En consecuencia, he desarrollado una teoría y práctica de la intervención logoterapéutica en la crisis, y el lógico progreso de la terapia que sigue al manejo exitoso de la crisis.  La intervención y el progreso lógico del tratamiento es un modelo que yo he llamado Intervención Logoterapéutica y Trascendental en la Crisis.

 Parte II

En la segunda parte daré a conocer al lector  las siete etapas de la Intervención Logoterapéutica y Trascendental en la Crisis,  la sintomatología del paciente durante cada etapa  y una idea general de las diferentes estrategias clínicas que han probado ser las más efectivas. Además, en esta parte estableceré un fundamento teórico para mi modelo y las respectivas prácticas que son resultado del fundamento teórico.   Por otro lado, la tercera parte consistirá en una descripción sinóptica y exposición de varias técnicas logoterapéuticas  congruentes con este modelo.   Por lo tanto, las intervenciones clínicas   que se expondrán en la tercera parte tendrán una base tan sólida como la roca y no como la arena.

Muchos médicos apoyan la filosofía de que una intervención positiva en la crisis y su subsecuente psicoterapia, pueden considerarse como exitosas si el paciente es capaz de regresar al nivel anterior de funcionamiento.  En contraste, la logoterapia, tanto en teoría como en la práctica, y aunado al modelo de Intervención Logoterapéutica y Trascendental en la Crisis le da al paciente la facultad de lograr un nivel más alto de funcionamiento del que tenía antes del trauma. En especial, con el hábil manejo de las técnicas logoterapéuticas  (por ejemplo, derreflexión,  intención paradójica, el método socrático y  la modificación de actitudes), el terapeuta puede aprovechar la oportunidad de guiar al paciente hacia un nivel de existencia más fuerte y flexible, basado en la espiritualidad.  Frecuentemente, pacientes y terapeutas equiparan o igualan la crisis con el peligro. Si uno hace un alto en este nivel de análisis, llegamos a la conclusión de que este pensamiento y la terapia son reduccionistas. En cambio, si luchamos por actualizar la dimensión noética  (espiritual) del paciente, lo estamos tratando con respeto hacia su capacidad humana  y su unicidad. Un ejemplo muy ilustrativo de este contenido, es la traducción japonesa  del significado de la palabra crisis; peligro más oportunidad. Hablando de una manera más específica,   al paciente se le faculta para aprender y crecer, y no sólo eso sino a trascender su predicamento, ¡transformando una tragedia en un triunfo!. Ahora permítanme continuar  y enumerar cuidadosamente los detalles de este modelo de intervención trascendental y logoterapéutica en la crisis.  Este modelo está representado en un diagrama en la figura que se muestra a continuación.

El primer nivel es representativo del nivel normal de funcionamiento de la persona.  Como usted puede observar, la línea es algo irregular, de tal manera que ilustra las altas y bajas de lo que se puede ll

 

INTERVENCION EN LA CRISIS Y MAS ALLA: UTILIZANDO LA LOGOTERAPIA PARA TRASCENDER EL TRAUMA.

Jerry L. Long Jr.

Traducción de María Elba Flores de Mallet

 

Este articulo presenta un nuevo e innovador modelo de intervención en la crisis.  Este nuevo modelo trasciende a sus predecesores porque enfatiza en la gran importancia de incluir la espiritualidad (la dimensión noética) como una parte integral del tratamiento. El objeto es facultar

a los pacientes a lograr un mayor significado en la vida y en su desempeño en la mayoría de los casos en el nivel noético del ser. De acuerdo en los credos fundamentales de la logoterapia, se establece  un fundamento teórico con bases muy sólidas para este modelo; se presenta una exposición de las prácticas clínicas logoterapéuticas y varios escenarios clínicos para demostrar la eficacia de este nuevo modelo

Parte 1

Karen es una chica universitaria de 22 años que usted no conoce.  Ella tiene una historia de episodios de depresión mayor desde que es adolescente, época en que las citas con chicos y la imagen corporal son tan importantes.  Desde entonces y hasta la fecha, Karen siempre ha estado ligeramente pasada de peso;  ella ha luchado durante años contra su pobre imagen corporal y los sentimientos de baja autoestima e inseguridad que esto implica.  Ella y Steve han estado saliendo durante casi un año y la relación parecía progresar a niveles más profundos de intimidad y posiblemente hacia un compromiso formal.  Repentinamente y sin la menor advertencia, Steve rompió la relación  diciendo: “las cosas se han vuelto rutinarias y  ya es hora de que sigamos cada uno por su lado”. Como es de suponer, Karen toma esto como un rechazo más; esta reacción confirma su falta de valor propio  que a su vez es resultado de su problema de peso. Por lo tanto, ella cae en una depresión profunda al grado de llegar a contemplar el suicidio.  Sus compañeras de dormitorio se dan cuenta de que está pasando por momentos muy difíciles pero no llegan a captar  la gravedad de su desesperación. Poco tiempo después, una tarde ella ingiere pastillas y se intoxica al grado de vomitar una gran variedad de píldoras en la mesa; ella decidió  hacer esto como una manera de “dar fin a su pena”.  Afortunadamente, su compañera de cuarto entra y grita.  El jefe de área llama  al centro de consejo universitario y usted es quien se encuentra dando servicio. . .

David es un exitoso analista en computación de 44 años  que goza de una buena reputación.  David disfruta su trabajo y frecuentemente se refiere a éste como   “el arte de la computación”.  El tienen 21 años felizmente casado con María. Ellos comparten la felicidad y el reto de educar a dos hijos, Stacey de dieciocho años y David Jr. de quince.  David está realmente viviendo un “sueño americano”; sin embargo,  su vida y su mundo completo, se desmoronan un día cuando  se le cita  en la oficina del director de proyectos.  A pesar de su antigüedad y de su  profesionalismo, se le informa que la compañía no tiene otra alternativa que darlo de baja debido a los altos costos del negocio.  Desafortunadamente, David es uno de los cuarenta empleados que serán despedidos  (con una liquidación justa por supuesto). Debido a que David se encuentra en un estado de shock él recuerda el camino vagamente a su casa; cuando llega, le informa tranquilamente a María lo que ha ocurrido pero después, el enfrentarse con la realidad, hace que David se desplome en el sofá llorando como un bebé. Durante las dos semanas siguientes la desesperanza de David se vuelve cada día más profunda. Una mañana María lo ve colocando algo en el vestidor mientras llora silenciosamente. Minutos más tarde David sale del vestidor, tornándose el pelo y mirando hacia arriba totalmente aturdido. María aprovecha la oportunidad de buscar en el vestidor y encuentra una pistola nueva y cargada.  Ella inmediatamente lo llama a usted, que es un psicólogo que está atendiendo a una de sus amigas. . .

Stephanie es una mujer de treinta años que es el prototipo de la mujer de los 90s.  Ella lleva viviendo tres años con su compañero Mike en una cómoda casa en un suburbio.  Stephanie ama a Mike profundamente.  La mayoría de las personas consideran que ella lleva una vida muy gratificante y completa.  Sin embargo, nada está más lejos de la realidad.  Durante casi dos años el sueño de Stephanie de tener una familia y convertirse en mamá  ha sido frustrado.  En repetidas ocasiones, Mike evita las discusiones sobre casamiento o algún otro tipo de relación que represente un compromiso  permanente; él ha afirmado de una manera definitiva que no desea niños y cuando se ha enfrentado con un ultimátum ha amenazado a Stephanie con abandonar la relación.  Debido a este dilema, Stephanie ha experimentado  crecientes sentimientos de soledad, falta de guía y vacío interior.  A pesar de que existe una opción más racional como la de  abandonar a Mike con la esperanza de encontrar al hombre ideal, ella sólo se da cuenta de que su reloj biológico avanza  sin detenerse.  Por lo tanto, su fuerza emocional está cediendo, dando así lugar  a la desesperación y a la depresión. Un día mientras ella regresa manejando de su trabajo, Mike está haciendo la cama y encuentra una nota  de suicidio debajo del colchón; esta nota aunque fue escrita con anterioridad, tiene la fecha de  el día de  hoy , la nota afirma en una parte que ella planea  terminar con  todo esa noche después de que Mike se haya dormido. En estado de shock y desesperado, Mike inmediatamente busca la Sección Amarilla y lo elige a usted para que la ayude. . .

Estos tres pacientes son seres humanos cuyos casos han sido tomados de mi archivo.  Ellos fueron mis pacientes desde diciembre de 1994 a octubre de 1995.  Aunque las circunstancias que rodean a cada paciente varían, el común denominador que todos comparten es los niveles poco saludables  de tensión y estrés.  Viktor Frankl describe que una tensión saludable es buena o positiva ya que  nos conduce  a elevar el significado  o el sentido de la vida (opuesto a una homeostasis emocional).  En contraste, una tensión excesiva  frecuentemente conduce a cierto nivel  de aflicción emocional  y por lo tanto disminuye el sentido o significado de la vida.  Habiendo aclarado lo anterior, podemos decir que existen varios hilos en común  que  unen a cada uno de estos pacientes.

En primer lugar, cada una de estas personas está experimentando una severa pérdida que no esta manejando exitosamente. La evidencia de esto  se encuentra en la agitación interna antes mencionada, así como en  los patrones de pensamiento negativo y su comportamiento correspondiente.  En segundo lugar, cada una de las personas no ha comenzado verdaderamente el proceso de duelo que es esencial para la recuperación.  Como Elizabeth Kubler-Ross lo describe tan  perfectamente, este proceso consiste en negación-enojo-ajuste-depresión-aceptación; y es evidente que cada uno de estos pacientes albergan un cierto grado de coraje sublimado y están aparentemente estancados en la etapa de la depresión .En tercer lugar, cada persona está sufriendo lo que Frankl llama vacío existencial.  En otras palabras, cada paciente está experimentando  un vacío interno o vacuidad por lo cual no  puede encontrar  una solución positiva  independiente. En cuarto y último lugar,  cada persona ha desarrollado un caso de lo que yo  llamo miopía espiritual y emocional. Esto quiere decir que cada uno de estos individuos ha desarrollado  un caso grave de visión de túnel  que conduce a un solo final y a un desenlace negativo, el suicidio.

De la misma manera en que Frankl escuchaba a sus pacientes y aprendía de ellos, yo he escuchado profundamente y con una actitud de apertura a estos pacientes y a muchos otros, y he aprendido de ellos las intervenciones clínicas y logoterapéuticas más amplias que son sumamente valiosas y tienen un gran poder. En consecuencia, he desarrollado una teoría y práctica de la intervención logoterapéutica en la crisis, y el lógico progreso de la terapia que sigue al manejo exitoso de la crisis.  La intervención y el progreso lógico del tratamiento es un modelo que yo he llamado Intervención Logoterapéutica y Trascendental en la Crisis.

Parte II

En la segunda parte daré a conocer al lector  las siete etapas de la Intervención Logoterapéutica y Trascendental en la Crisis,  la sintomatología del paciente durante cada etapa  y una idea general de las diferentes estrategias clínicas que han probado ser las más efectivas. Además, en esta parte estableceré un fundamento teórico para mi modelo y las respectivas prácticas que son resultado del fundamento teórico.   Por otro lado, la tercera parte consistirá en una descripción sinóptica y exposición de varias técnicas logoterapéuticas  congruentes con este modelo.   Por lo tanto, las intervenciones clínicas   que se expondrán en la tercera parte tendrán una base tan sólida como la roca y no como la arena.

Muchos médicos apoyan la filosofía de que una intervención positiva en la crisis y su subsecuente psicoterapia, pueden considerarse como exitosas si el paciente es capaz de regresar al nivel anterior de funcionamiento.  En contraste, la logoterapia, tanto en teoría como en la práctica, y aunado al modelo de Intervención Logoterapéutica y Trascendental en la Crisis le da al paciente la facultad de lograr un nivel más alto de funcionamiento del que tenía antes del trauma. En especial, con el hábil manejo de las técnicas logoterapéuticas  (por ejemplo, derreflexión,  intención paradójica, el método socrático y  la modificación de actitudes), el terapeuta puede aprovechar la oportunidad de guiar al paciente hacia un nivel de existencia más fuerte y flexible, basado en la espiritualidad.  Frecuentemente, pacientes y terapeutas equiparan o igualan la crisis con el peligro. Si uno hace un alto en este nivel de análisis, llegamos a la conclusión de que este pensamiento y la terapia son reduccionistas. En cambio, si luchamos por actualizar la dimensión noética  (espiritual) del paciente, lo estamos tratando con respeto hacia su capacidad humana  y su unicidad. Un ejemplo muy ilustrativo de este contenido, es la traducción japonesa  del significado de la palabra crisis; peligro más oportunidad. Hablando de una manera más específica,   al paciente se le faculta para aprender y crecer, y no sólo eso sino a trascender su predicamento, ¡transformando una tragedia en un triunfo!. Ahora permítanme continuar  y enumerar cuidadosamente los detalles de este modelo de intervención trascendental y logoterapéutica en la crisis.  Este modelo está representado en un diagrama en la figura que se muestra a continuación.

El primer nivel es representativo del nivel normal de funcionamiento de la persona.  Como usted puede observar, la línea es algo irregular, de tal manera que ilustra las altas y bajas de lo que se puede llamar una vida normal.  Es importante tener en mente que la frase nivel de funcionamiento normal es relativa a la idiosincrasia.

Cada persona es única y tiene diferentes sentidos en su vida, en sus metas y en su entorno.  Esto no implica que una persona sea mejor que otra, sino que más bien,  cada persona es diferente de otra.   Lo que tu encuentras muy importante y tiene sentido en la vida para ti, y probablemente es diferente  de lo que yo encuentro que tiene sentido (hablando en términos de creatividad, de experiencia y de actitud).  De hecho puede existir cierto grado de uniformidad pero, sin embargo,  los sentidos en la vida son inexorablemente únicos.

Por favor no malinterpreten el significado y la esencia de lo que yo estoy postulando; al afirmar que la línea es irregular, quiero decir   que actualmente la gran mayoría de la gente no utilizan al máximo su dimensión noética (espiritual).  Hablando en una forma más específica,  en la sociedad actual de tanta actividad y agobio, pocos son los individuos que  se toman el tiempo necesario para bajar su ritmo de vida (aunque sea sólo mentalmente), y así el poder desafiante del espíritu permanece por mucho tiempo en estado latente.  Después de hacer esta aclaración, la conclusión lógica es que una gran mayoría de gente vive sin descubrir sus sentidos del momento y sus sentidos universales (valores o creencias morales).  Una excelente analogía para este tipo de razonamiento, es el ejemplo de Frankl concerniente a la  esencia (contra la existencia) de un avión. Mientras el avión corre en la pista, el vehículo es, no obstante, un avión.  Sin embargo,  sólo cuando las llantas   se separan del suelo el avión logra alcanzar su verdadera esencia.  De una manera similar, sólo cuando uno actualiza la espiritualidad inherente (noos) se actualiza la esencia de ser humano.

Ahora refiriéndonos una vez más a la Figura 1, la persona experimenta la etapa número dos;  la etapa en la que se establece la crisis y las consecuencias inmediatas mientras que la desesperación inicia su fuerza destructiva.  Como se dibuja en la gráfica, la persona sufre un descenso rápido en algunos casos una precipitación   de la energía psicológica y espiritual.  Lo que es muy importante en esta etapa, es la notoria falta de uso  de su dimensión noética;  es decir que no están utilizando lo que Frankl llama el poder desafiante del espíritu humano. Por lo tanto, el descenso a la desesperación se acelera rápidamente.  En consecuencia,  la persona muestra la clásica sintomatología de una depresión mayor tal como el pensamiento nihilista,  el aumentar el aislamiento (que puede ser aislamiento emocional más que físico), perturbaciones en el sueño, el deterioro de la higiene personal, cambio en los hábitos alimenticios, abuso de sustancias (para adormecer al paciente), etc. Es en este punto cuando comienzan un profundo sentido de carencia de valor y la idea del suicidio frecuentemente (o es exacerbada si están preexistiendo); surge entonces un círculo vicioso, en donde un sentido de desesperanza lleva al miedo que conduce una vez más a la desesperanza que, a su vez, se convierte en una depresión clínica.

El marco de tiempo para que se lleve a cabo este deterioro, es variable.  Para algunos, la crisis (o las crisis) avanzan muy rápido hacia los últimos niveles de la desesperación, mientras que otros pueden experimentar el deterioro de una manera más lenta.  Sin embargo, como se mencionó en el párrafo anterior, el camino más frecuente es el descenso general hacia una depresión clínica severa.       Una vez más  vemos que el punto básico para determinar el movimiento hacia una salud mental disfuncional, es el nivel  general de funcionamiento del paciente.

Esto nos lleva al nivel  tres en donde el individuo continúa en  la espiral descendente hasta el punto  en donde cualquier pequeña luz en el fondo del túnel   se oculta y finalmente parece no existir.  Es un momento  fundamental  y es cuando la idea del suicidio se transforma en establecer un plan para la muerte de él mismo (es decir,  la idea se fortalece mientras se convierte en una acción planificada).  Es justo en este momento crítico que la intervención profesional  sustituye  y prácticamente borra cualquier pensamiento sobre desear haber recibido ayuda profesional con anterioridad, tener al alcance a los seres queridos, explorar otras posibilidades etc.  Es precisamente en este momento, cuando cada uno de las tres  etapas clínicas antes mencionadas, termina.  En realidad, el mejor momento para recibir ayuda profesional era antes, pero ahora ¡se vuelve indispensable!  Sin embargo,   de manera muy frecuente, la persona está atorada en lo que yo llamo miopía emocional y espiritual.  Metafóricamente hablando,  ¡ellos no pueden ver el bosque por ver los árboles! .  Por causa de este auto-enredo que les bloquea la vista  de algo o alguien más allá de sí mismos, ni siquiera puede surgir la más remota posibilidad de algo positivo.  Desafortunadamente, y trágicamente también, mucha gente hace su elección en contra del sentido y llevan a cabo sus planes suicidas.  A excepción de los seres queridos que les sobreviven, la mayoría de las víctimas  de tales pérdidas innecesarias llegan a formar parte de otra estadística social.

Es verdad que algunas de estas muertes son evidentes, tales como un disparo en la cabeza, una dosis intencional de drogas letales, o encontrar a la persona desplomada en el volante de su automóvil estacionado en el garaje con el motor encendido y la puerta cerrada.  Sin embargo, muchas veces estos suicidios son escondidos o cuestionables, por ejemplo un accidente de un coche que se resbala en un acantilado o que se cae de un puente, y se descubre que los conductores han tomado una sobredosis de droga que aparentemente no fue intencional. Aquéllos que han tenido éxito al cometer suicidio, frecuentemente dejan atrás una familia confundida y llena de pena o un amigo que se siente culpable por auto-incriminación de lo que debería de haber hecho para evitarlo, etc.

Es verdad que la prevención (o el reducir el impacto negativo) de un problema antes de que se le escape a uno de las manos, es la mejor forma de actuar.  Sin embargo, como todos sabemos en el mundo real la gente generalmente espera hasta que están en el final de la cuerda, por  decirlo de alguna manera, para buscar ayuda profesional. Entonces debido a esta cruda realidad, no puedo hacer un énfasis suficiente en decir que el momento óptimo para recibir intervención profesional es inmediatamente después de la crisis.  Mientras la mayor parte de los modelos de intervención en la crisis (y las respectivas prácticas que se basan en ellos) son exitosas, simplemente no van más allá lo suficiente.  En fuerte contraste, la logoterapia (a diferencia de las intervenciones reduccionistas tales como el psicoanálisis freudiano o la terapia conductual basada en estímulo-respuesta) tiene como meta, facultar el “noos” del paciente para aumentar la autoestima, desarrollar estrategias efectivas adecuadas y hacer consciente al paciente de los sentidos de su vida (tanto los sentidos del momento como los sentidos universales).  Por lo tanto, la intervención logoterapéutica y trascendental en la crisis es en extremo efectiva, al detener o reducir la fuerza destructiva de una crisis y mejorar el pronóstico de una terapia subsecuente.

Mientras existen miles de razones para establecer este postulado, permítanme que describa sólo unas cuantas.  Primero, a pesar de lo grande del trauma, el buscar e involucrarse en una psicoterapia orientada hacia el sentido en este momento crítico, capacita al paciente a tener la suficiente energía fisiológica, psicológica y noética  para trabajar  en una terapia con el objeto de llevar a cabo las intervenciones clínicas.  En segundo lugar, es en este punto cuando muchos pacientes reconocen su falta de capacidad de funcionar independientemente  y son más receptivos a seguir  el curso de la acción logoterapéutica que se les sugiere.  En tercer lugar, en este momento de la intervención, un logoterapeuta  habilitado puede ayudar al paciente a hacerlo consciente  del poder desafiante del espíritu humano.  Como Frankl  afirma, todos los seres humanos tienen libertad de elección y más específicamente, la libertad de elegir la actitud en cualquier tipo de circunstancias.  De acuerdo a Frankl, la libertad de elección y el utilizar  la dimensión noética (espiritual) es la última de las libertades humanas.  De esta manera, ayudando al paciente a estar más consciente de este enorme poder latente que tiene dentro de él, podemos ayudar a cada uno a desafiar sus obstáculos y verlos como retos.

Esto nos trae a la etapa cuatro, la etapa de tratar de salir después de tocar fondo es en este momento cuando la persona está en el umbral, está rendida y virtualmente impotente como para tomar  cualquier elección productiva hacia un sentido.  Esto, por no decir que ya ni siquiera tienen la capacidad de elegir sino que ha perdido el contacto con el poder desafiante del espíritu humano, el paciente no ve ninguna opción para salir del sufrimiento más que el suicidio. Basta decir que este es el punto crucial en donde el hecho de no recibir ninguna intervención lleva al paciente a una elección contra el sentido y la intervención logoterapéutica en la crisis ofrece, por lo menos, la oportunidad de tomar una elección  con sentido. La intervención logoterapéutica y trascendental en la crisis no proporciona garantías, pero al menos, si se utiliza,  el pronóstico es mucho mejor que con otras alternativas. La tarea inmediata antes de que el terapeuta entre en acción, es capacitar al paciente a decir  “sí” a la vida.  Un excelente ejemplo de esta meta es la siguiente cita de Richard Bach (autor de Jonathan Livingston Seagull):  “He aquí una prueba para descubrir  si tu misión en la tierra está terminada. Si tu estás vivo, no lo está”!

La frase  “tratar de salir después de tocar fondo” está hecha para indicar que el paciente  aparentemente ha perdido toda la energía para salir de la crisis y para tomar cualquier acción productiva, independiente y positiva y  aparentemente no existen otras opciones excepto el suicidio.  Por eso es que elijo usar la palabra umbral en el párrafo anterior: principalmente si el paciente no busca, ni obtiene ayuda profesional (ellos pudieran sentir que es un  último esfuerzo de salir de la zanja en que se encuentran), o en caso de que la ayuda profesional no ocurra porque alguien más se involucre para dar ayuda inmediata, entonces el paciente verdaderamente alcanza un umbral  en donde su  unión con la vida es mínima. Mientras que la frase elegida de tratar de salir después de tocar fondo indica  que el paciente se siente como si estuviera en un remolino emocional o  en una fosa sin salida.  Muchos terapeutas apoyan la idea de que para que una intervención sea considerada como exitosa, la o las crisis necesitan ser resueltas.  En contraste, y por mucho, la meta logoterapéutica en este momento crucial es doble: el engendrar esperanza y ayudar al paciente a decir sí a al vida.  Una vez que estos dos criterios se unen (por medio de la utilización de la antes mencionada  intervención logoterapéutica y trascendental en la crisis) la terapia puede ponerse en marcha; avanzando en todas direcciones hacia la resolución de la crisis, aumentando la conciencia del propósito en la vida y de la autotrascendencia.  En otras palabras, es poco realista y poco esperanzador el esperar que la primera intervención “arregle todo”.  Cuando el paciente regresa, significa que, el logoterapeuta ha engendrado esperanza y ha capacitado al paciente a decir sí a la vida. En realidad, el resultado exitoso de la sesión número 1  es la sesión número dos.

Ahora supongamos que la crisis inmediata ha sido desviada exitosamente, y se ha podido ayudar al paciente a desistir de sus planes  o  se ha frenado la impulsividad  que podía haberlo llevado a cometer suicidio.  En este momento crucial podemos avanzar a la etapa cinco del modelo de intervención logoterapéutica y trascendental en la crisis.  En especial, la etapa cinco es supuestamente   equiparable con las cualidades o características de las fases del principio  y con las fases de la mitad de cualquier relación psicoterapéutica o de apoyo. Al referirnos a estas cualidades o características esenciales, nos referimos a ellas como  las “no  específicas” de la psicoterapia y están claramente delineadas por Jerome Frank en su libro   Persuasión y Curación.  Algunos ejemplos representativos muestran que se  está estableciendo realmente  una relación, construyendo un   vínculo de confianza y demostrando evidentemente que el paciente cree que su terapeuta es una persona competente, desarrollando de esta manera un clima de honestidad, seguridad y  confort  (frecuentemente el paciente  considerará sus sesiones y el  consultorio como un santuario);  el paciente llevará a cabo las pautas sugeridas y  habrá apertura y flexibilidad, tanto del paciente como del terapeuta  como para modificar el plan del tratamiento en caso de que fuese necesario, etc.

Habiendo expuesto con anterioridad lo más sobresaliente, el logoterapeuta puede ayudar al paciente a avanzar mediante la exploración y también el “descubrimiento”  de su sentido su vida.  Esto formará la piedra angular  de la curación del paciente tanto en el proceso terapéutico como después de éste.  Además se vuelve sumamente  importante el hecho de que el logoterapeuta prepare al paciente para utilizar el poder desafiante del espíritu (en la mayoría de los casos, estas frases técnicas no necesitan ser usadas durante el curso de la terapia).  El logoterapeuta que tiene una buena preparación  encuentra al paciente  justo en donde él “está” y utiliza este hecho como un trampolín para poder “hacer surgir” su dimensión noética y encauzarla hacia la autotrascendencia.  En este punto no puedo hacer énfasis  de una manera rotunda en la importancia de una  incorporación inmediata de la espiritualidad en el proceso terapéutico.   Como fue expuesto con anterioridad, los seres humanos son seres  de tres dimensiones: tenemos el soma (dimensión física), la psique (dimensión psicológica) y la dimensión noética (espiritual). Esto se representa en el diagrama que esta a continuación y muestra la ontología tridimensional de Frankl.  Además, como Frankl ha afirmado de manera muy  elocuente.  A menos que tratemos a nuestros pacientes como seres tridimensionales que no solamente tienen la dimensión física y psíquica sino también la dimensión espiritual, la única cosa que nos separaría de los veterinarios sería la clientela.

Es muy importante recordar que el lapso de tiempo que le tomará a cada paciente el recobrar la suficiente energía fisiológica, psicológica y espiritual para trabajar intensamente (tanto en la terapia como afuera) y lograr un verdadero éxito, es sumamente variable.  Es en este momento cuando el paciente puede avanzar a la etapa seis de este modelo.  La etapa  seis es la representativa (Figura 1) del regreso al nivel previo de funcionamiento.   En realidad ha tenido lugar una gran mejoría, sobretodo en comparación a cuando la terapia comenzó.  Como ya se mencionó con anterioridad, muchas personas consideran que el volver a esta etapa es equivalente al éxito de la terapia   (esto es igual al psicoanálisis freudiano tradicional en:

Perspectiva

Conductista

Bidimensional

donde  una vez que se lograba la introspección, entonces el análisis era considerado como un éxito). 

Sin embargo, si nosotros como logoterapeutas nos detenemos aquí, entonces hemos ofrecido un mal servicio a nuestros pacientes.  De la misma manera en que el objetivo de la logoterapia de Frankl es la autotrascendencia,   el objetivo principal  de la práctica logoterapéutica debe ser la terapia trascendental.

Hablando de una manera más específica, el término terapia trascendental implica el llevar la intervención del terapeuta mucho más allá del nivel previo de funcionamiento del paciente. La terapia trascendental connota el facultar al paciente a lograr  “metas de altura”, tales como: un entendimiento más rico y más profundo de lo que lo llevó al deterioro emocional; a desarrollar mejores y más amplias estrategias para  aumentar al máximo su independencia para  enfrentar las inevitables tensiones de la vida futura;  el  tener un fundamento más estable  para lograr una mejor calidad de vida;  desarrollar un mejor entendimiento  de los signos de advertencia o señales de que una crisis puede ocurrir en caso de que no se tomen medidas preventivas;  y el estar consciente de desarrollar al máximo su potencial y utilizar  el poder desafiante del espíritu humano. En consecuencia,  en este punto del proceso terapéutico, el paciente puede avanzar a la etapa siete del modelo de intervención logoterapéutica y trascendental en  la crisis, la etapa de ”trascender el trauma”.

Refiriéndonos una vez más a la figura número 1 el modelo de intervención logoterapéutica y trascendental en la crisis, gráficamente ilustra esta fase de la terapia como una representación  de que el paciente se eleva por encima del  nivel previo de funcionamiento para lograr un  estar en el mundo, basado en la parte espiritual.  Es importante notar que la palabra escogida (e imperativa) es “estar”. Esto implica y significa que nuestra búsqueda de sentido es un proceso en desarrollo que dura toda la vida. Como Frankl ha escrito tan correctamente, debe de existir una “tensión saludable” (opuesta a un estado homeostático) que nos motiva a luchar por los diferentes y cambiantes sentidos de nuestra vida. Esto es bastante fácil de entender, sin ir más lejos, viendo el título del libro más leído de Frankl El Hombre en Busca de Sentido.  Por favor note que en el título, la palabra busca se utiliza como si el sentido de la vida fuera considerado como una meta que, aunque lograda, permaneciera constante para siempre;  de otra manera, el título hubiera sido ¡El Logro del Sentido del Hombre!. La logoterapia hace énfasis en la importancia de la búsqueda de sentido en la vida, como un proceso no como una meta definida.  De hecho, en su libro El Doctor y el Alma, Frankl describe muy sabiamente que si los santos hubieran estado considerando el sentido de la vida como una meta directa no hubiesen alcanzado la santidad.

Incluida en esta descripción y en la etapa  siete de este modelo, la terapia se enfoca mucho más a   descubrir y ayudar a fortalecer la dimensión espiritual o noética del paciente.  En realidad, en este momento,  el poder desafiante del espíritu humano es lo más importante en el proceso terapéutico.  Durante esta última fase de la intervención, el paciente frecuentemente ha llegado a ser bastante independiente y preparado;  esto da como resultado no sólo un mejor manejo de su vida diaria, sino también el vivir con un estilo de vida más autotrascendente y cualitativa de estar-en-el-mundo. Conjuntamente sus relaciones generalmente mejoran (platónicas, profesionales y personales), su actitud cambia enormemente para bien, su comportamiento refleja vida y optimismo, todos los aspectos de su energía  se elevan rápidamente (físico, mental y espiritual) y frecuentemente manifiestan su nivel de ser autotrascendente  entregándose a otros o a ciertas causas etc.  Es en esta etapa,   que por medio de la autotrascendencia, el paciente verdaderamente puede alcanzar su esencia de ser humano  (similar a la analogía del avión  en el momento exacto en que las llantas  del avión  se levantan del suelo y  logra contactar su esencia).  Justo en este momento crucial las sesiones logoterapéuticas de apoyo pueden espaciarse más y más, encaminándose hacia el cierre de la relación.

 

Parte  III

Durante las siete etapas del modelo de Intervención Logoterapéutica y Trascendental en la Crisis se utilizan varias técnicas clínicas (y por lo tanto combinaciones) desarrolladas por la logoterapia. Estas incluyen, pero no están limitadas a, lo que es: método socrático, intención paradójica, derreflexión, y modificación de actitudes. Cada una de estas prácticas clínicas son particularmente importantes durante varias etapas de este modelo de intervención.  Podríamos hacer un libro para delinear completamente su eficacia y exponer ampliamente su intervención oportuna, así como proporcionar muchos ejemplos clínicos de cada técnica en cualquier punto de las siete etapas de este modelo. Por lo tanto, procederé con un discurso sinóptico  de estas técnicas en particular. También es muy importante tener en mente que este modelo y las lógicas intervenciones logoterapéuticas que resultan de él, se basan en la premisa fundamental de que la mayoría de  pacientes  que experimentan una crisis sufren de lo que se diagnosticaría en el DSM-IV como una depresión mayor (incluyendo  la unipolar y la bipolar.)

Como podemos recordar, la etapa uno se refiere al “nivel normal de funcionamiento”.  Basta con decir que en esta etapa no se ha introducido ninguna técnica logoterapéutica porque el paciente no ha comenzado ninguna intervención profesional.  Sin embargo, es totalmente cierto que algunas personas pueden aferrarse a su poder desafiante del espíritu de forma intuitiva y de esta manera reducir la fuerza destructiva de los inevitables reveses de la vida.  Estos individuos tienen una excelente salud mental y pueden enfrentar, de una manera muy eficaz diferentes crisis en la vida; estas personas que viven predominantemente en un nivel autotrascendente (teniendo un alto sentido o propósito de vida)  superan las crisis  y, las que experimentan generalmente, se resuelven de una manera deliberada e intencional.  Esto no quiere decir que estas personas porque sean sanas no se sientan abrumadas o exasperadas cuando una crisis ocurre; más bien, quiere decir que, estas personas poseen gran flexibilidad y capacidad y por lo tanto, pueden fortalecerse rápidamente para resolver y superar la crisis antes de que surta efecto su poder destructivo.  En contraste, esta exposición y el modelo que he desarrollado, han explicado en la Parte II  acerca de la gran cantidad de personas que no tienen la capacidad de actualizar tales potenciales y sucumben a los devastadores efectos que una crisis tiene en su salud fisiológica, psicológica y espiritual.  En otras palabras, nuestra exposición es acerca de personas que le encuentran poco sentido a la vida y carecen de una dirección en sus propósitos.  Desafortunadamente, en la sociedad actual, esto incluye a la mayoría de las personas  que,  hablando de una manera más específica,  están experimentando un caso severo de lo que Frankl llama “vacío existencial”.  Este vacío interno que posee una fuerza arrolladora deja a las personas con un sentimiento que muchos de los pacientes que he tenido y que tengo han descrito como una sensación de estar  “atrapados en una concha”.

Avanzando a la etapa número dos de este modelo (la etapa en la que se establece la crisis) el futuro paciente rápidamente se ve  sumergido en un mar de desesperanza, estos pacientes muestran un comportamiento representativo  del estado mental de estar en lo que llamamos miopía espiritual y emocional. Algunos ejemplos de este tipo de comportamiento son: el mezclar todos sus problemas normales con la crisis actual (exacerbando tremendamente el impacto negativo), aislamiento emocional o físico de otros, pensamiento nihilista (que virtualmente elimina cualquier posibilidad de una resolución independiente y exitosa), la “visión de túnel” que sólo conduce a un mayor grado de desesperación, abuso de sustancias e inicio de pensamientos de suicidio como una forma viable de evitar su pena.

En este momento, la intervención logoterapéutica y trascendental en la crisis se enfoca literalmente en salvar la vida del paciente.  Una estrategia logoterapéutica sumamente efectiva durante esta etapa es el entremeter en la terapia el dialogo socrático y la modificación de actitudes.  Primero dirijámonos a la eficacia del método socrático; oyendo cuidadosamente al paciente y realmente escuchando  la descripción de su estado, un logoterapeuta calificado puede introducir sutilmente preguntas dirigidas a descubrir ese sentido de la vida que es único para el paciente;  por ejemplo   un niño que lo necesita,  un cónyuge solidario y que realmente le importa, algún miembro de la familia que es dependiente, un proyecto especial o causa   que no está terminada, algún trabajo que permanece inconcluso, una meta personal que lograr etc.  Estos ejemplos demuestran claramente sentido(s) de creación,  sentido(s) de experiencia  y sentido(s) de actitud; es obvio que existen varias razones  para responder al por qué una de las intervenciones logoterapéuticas  preferidas en este momento crítico es el método socrático.

En primer lugar, esta técnica no es amenazadora ni particularmente agresiva, por lo que permite obtener una cantidad masiva de información que después puede ser utilizada durante el curso de la terapia. En segundo lugar,   es imperativo para el terapeuta recordar que la primera meta de cualquier intervención inicial es engendrar   algún sentido de esperanza. Esto significa que la tarea inicial de uno no consiste en resolver repentinamente los problemas del paciente, sino más bien en ayudarlos a ponerse por encima (aunque sea ligeramente)  de su abismo de desesperación.  Si el logoterapeuta es capaz de lograr que el paciente vea algo de luz  y que vea una parte de su vida como positiva  y significativa (mientras que antes no podía encontrar nada), entonces se ha cruzado una valla sensacional, la valla del suicidio como única opción.  En tercer lugar, una vez que se ha cruzado, aunque en ocasiones se vuelve a caer en ella, el proceso de curación realmente comienza mientras el paciente es guiado suavemente a decir  sí a la vida.  En cuarto lugar, es en este momento, clínicamente imperativo el entretejer la modificación de actitudes en el  proceso terapéutico.  Mediante la unión de estas dos intervenciones, el logoterapeuta no sólo ayuda al paciente a descubrir su sentido(s) de vida, sino  también a destapar su dimensión noética que antes permanecía latente y de esta manera, activa su poder desafiante del espíritu humano. En quinto y último lugar,  estas dos técnicas logoterapéuticas ayudan a fortalecer  su débil unión con la vida de una manera muy suave y no directamente.  Entonces su sentido de obtener algún grado de control en sus vidas, refuerza un sentimiento de identidad más sólido y de propósito en la vida.  Vale la pena notar en este punto que las otras dos técnicas fundamentales de la logoterapia (derreflexión e intención paradójica) comprobarán ser altamente efectivas en momentos posteriores de este proceso, pero las técnicas orientadas a resolver los problemas pueden abrumar al paciente cuando éste se encuentra en un estado emocional muy frágil.

Esto nos conduce a la etapa número tres del modelo de Intervención Logoterapéutica y Trascendental en la Crisis, la etapa durante la cual el paciente continua en una espiral descendente hacia mayores niveles de desesperación y de depresión.  Así como en la etapa número dos, el método socrático y la modificación de actitudes siguen siendo las intervenciones logoterapéuticas cruciales, ya que sirven no sólo para las capacidades antes mencionadas sino que en general, como una terapia de apoyo que tiene el propósito de desacelerar el deterioro emocional del paciente; resulta muy interesante ver en este momento de la intervención, la técnica logoterapéutica de derreflexión prueba ser sumamente efectiva en calmar  la pena inmediata del paciente  y sutilmente ofrecer  algunas otras opciones  más positivas que  cometer suicidio.  Esto se lleva a cabo desviando su energía mental de los caminos estrechos y cegadores de su  condición.  Al paciente se le proporciona una oportunidad para enfocarse de mejor  manera  (aunque sea temporalmente en este punto)  en asuntos más optimistas.  Hablando en términos logoterapéuticos, el paciente está empezando el proceso de autotrascendencia  aún sin darse cuenta. Sin embargo, por favor no malinterpreten lo que acabo de mencionar como dando por hecho que el paciente ya  superó la depresión por así decirlo, y está comenzando una curva de ascenso permanente. De hecho,  quiero explicar que un fenómeno diferente está ocurriendo: mientras que el paciente se está beneficiando de la terapia, todavía está en el espiral descendiente.  Mientras a primera vista esto pueda parecer paradójico o contradictorio, los análisis posteriores muestran  la  razón fundamental de lo que significa esta exposición.  En otras palabras, esto no significa que la intervención durante la etapa tres no sea productiva.  Al contrario, es para enfatizar que la terapia en este momento, tiene un impacto muy positivo porque “estabiliza” o “detiene” al paciente con la misma fuerza de la crisis que lo envuelve.  Esto, de alguna manera,  contrarresta el grado de desesperación y desesperanza que probablemente ocurriría si no hubiera tenido lugar la intervención     (lo que frecuentemente resulta  en suicidio o intento de suicidio).  Mientras el paciente está luchando contra la crisis y aprendiendo acerca de su etiología, todavía no ha llegado  a la etapa número cuatro  la etapa de “tratar de salir después de tocar fondo”.

Etapa cuatro, la etapa de “tratar de salir después de tocar fondo”, ocurre cuando el paciente verdaderamente experimenta los efectos emocionalmente devastadores de la crisis.  La razón por la que “el tratar de salir después de tocar fondo” ocurre aquí (en lugar de al principio de la crisis) es doble: primero porque el paciente ha logrado una introspección y entendimiento de las ramificaciones de la crisis, y frecuentemente  experimenta un sentimiento arrollador de predestinación a la muerte, y segundo, el paciente ha desarrollado un conocimiento  completo de sus problemas internos, lo que a su vez, es de suma importancia.  Basta con decir que durante esta etapa y el principio de la crisis son las etapas cuando las distintas posibilidades  de mortalidad son mayores.  La razón para esto es relativamente simple, sin embargo, frecuentemente pasa  inadvertida.  Hablando de una manera más específica, cuando profundizan en la introspección de sus deficiencias, ellos consideran que cualquier acción  correctiva es imposible de lograr.  Mientras que esta introspección es el fundamento para un futuro progreso  tiene un efecto de doble filo porque básicamente el paciente experimenta los sentimientos opuestos de esperanza y desesperanza.

Después de que esta etapa crítica ha pasado, la terapia puede continuar a la etapa cinco, la etapa en que se trabaja activamente en la psicoterapia con  el objeto de incrementar  los niveles de buena salud mental.  Es entonces cuando una vez más, el método socrático, la modificación  de actitudes y la derreflexión constituyen la modalidad de  tratamiento tripartita más benéfico. Después de que esta segunda crisis (tratar de salir después de tocar fondo) fue manejada exitosamente, el logoterapeuta puede utilizar la introspección del paciente de una manera productiva, ayudándolo  a empezar a aplicar  ese conocimiento de sí mismo para mejorar y ampliar de calidad su vida en general.  Meros ejemplos de algunas de estas metas y logros que tienen lugar durante esta etapa son: establecer un sentido de identidad mucho más firme, desarrollar una mejor habilidad para colocar los deberes  de acuerdo a la prioridad correcta,  la interacción con los otros que dará  como resultado relaciones más positivas, el  formarse un sentido más fuerte de propósito y de dirección, el adquirir una mayor amplitud de habilidades que manejar, el  experimentar  cada vez más sentido en la vida y tener una conciencia clara  del uso de su poder desafiante del espíritu.

También durante la  etapa cinco, la utilización apropiada y oportuna de la intención paradójica (de acuerdo, por supuesto, a las necesidades únicas del paciente) que frecuentemente demuestra ser una intervención clínica muy poderosa.  En aquellos casos en que se logra llevar a cabo una técnica apropiada de intervención,  la intención paradójica es muy útil debido a su comprobada  eficacia terapéutica; también debido a que el paciente está ahora  más sano y más fuerte que antes, la naturaleza directa de esta técnica no la percibe como amenazante o invasora (mientras que el paciente antes estaba en una condición mucho más frágil  y la pudo haber  percibido así).  Sin embargo, debemos permanecer en constante vigilancia  y recordar que estamos ahí para servir al paciente y no al revés. De esta manera, hay más tolerancia y apertura para modificar el plan del tratamiento y esto está entre los intereses principales del paciente. Llegando al fin de la etapa cinco, el paciente está claramente sano, es mucho más funcional que antes y está lleno de esperanza en donde antes sólo hubo desesperación.  Es ahora cuando el paciente puede avanzar a la etapa seis del Modelo de Intervención Logoterapéutica y Trascendental en la Crisis, la etapa de regresar al nivel previo de funcionamiento.

Como se mencionó con anterioridad, muchos terapeutas apoyan la filosofía (y la práctica) que tal regreso a la etapa de nivel previo de funcionamiento constituye el éxito, aquí la terapia se dosifica y se da por terminada.  Es sin duda correcto afirmar que el paciente ha hecho una mejoría fenomenal en comparación al punto inicial de la intervención,  también es justo suponer que ya para este momento la mayor parte de la vida del paciente está otra vez en orden, el paciente tiene ya un mejor sentido de autoestima y su visión de la vida es infinitamente más positiva que antes. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, para la logoterapia el detenerse en este punto (como hacen la mayoría de las psicoterapias) sería negligencia; el aceptarlo como correcto, equivaldría a ser reduccionista (y sabemos que la logoterapia no lo es). La razón para fundamentar lo antes mencionado es la siguiente: en esta etapa de la terapia, no hemos facultado al paciente a alcanzar el nivel de autotrascendencia.  De esta manera, en este punto crucial nuestra práctica logoterapéutica se ha quedado corta  ante el principio filosófico y logoterapéutico de la autotrascendencia. Por lo tanto, el apoyo logoterapéutico debe continuar, haciendo todo  lo posible para ayudar al paciente a llegar a la etapa siete, la etapa de  “trascender el trauma”.

Esta etapa está gráficamente representada en la Figura 1 como un ascenso del paciente hacia el nivel noético (espiritual) de funcionamiento.  Mientras que antes el paciente se movía en la vida de una manera normal (por favor vea la  etapa uno en la Figura 1), la meta logoterapéutica durante la etapa siete de este modelo es poder facultar  al paciente todavía más, con el objeto de lograr lo que se puede llamar un “nivel de existencia basado en la dimensión noética”. Las cuatro técnicas logoterapéuticas antes discutidas son muy útiles, pero la forma  más poderosa de intervención en este punto es la técnica de modificación de actitudes.  La razón de esto es muy clara – El modificar la actitud de uno es una intervención basada en la dimensión noética.  En este punto se debe hacer énfasis de una manera muy importante en que el tratamiento de cada paciente consiste en una combinación única de cualquier número de estas cuatro técnicas. De la misma manera en que cada ser humano y su(s) respectivo(s) sentido(s) de vida son únicos, de esa misma forma debe ser el tratamiento.  En consecuencia, dependiendo de cada paciente y de los problemas que presente, una o más de las técnicas logoterapéuticas puede no ser utilizadas.

Vale la pena enfatizar en este momento que el proceso terapéutico puede empezar a dosificarse.  Esto se lleva a cabo al principio de la etapa siete; sería clínicamente prudente el espaciar las sesiones de consulta del paciente cada vez más, teniendo como objetivo finalizar la intervención formal.  Haciendo esto, se pueden lograr muchas metas, algunas de éstas incluyen, pero no están limitadas a los siguientes ejemplos: primero, aumentar el lapso de tiempo entre las sesiones, cualquier suceso de transferencia puede ser  manejado con habilidad y remediarlo. Segundo, los lapsos de tiempo cada vez mayores pueden servir como un “campo de prueba” para determinar la eficacia terapéutica en la habilidad del paciente  a extrapolar la mejoría  fuera de las sesiones formales de consulta.   Tercero y último, mediante la utilización de este proceso de dosificación de las sesiones, el paciente generalmente obtiene un mayor sentido de autocontrol e independencia.   Por lo tanto, cuando  las consultas terminan la probabilidad de recaer en crisis, que puede ser tan devastadora como la primera vez, disminuye enormemente.

Por último, llega el momento de terminar la intervención formal y separarse del paciente.  En contraste con el estatus del paciente al final de la etapa seis (el regreso al nivel previo de funcionamiento), las características del paciente después de que la etapa siete ha terminado han mejorado ampliamente.  Algunas de estas características o cualidades incluyen un sentido de la identidad más fortalecido,  un grado muy alto de orientación hacia el sentido de la vida,  un fuerte e interno sentido de  propósito y dirección en la vida,  habilidades desarrolladas de una manera mucho más amplia y, lo más importante, un nivel de existencia autotrascendente.  Aceptando el reto de tomar terapia durante ese “paso trascendental” extra,  el logoterapeuta ayuda al paciente a llegar a un nivel que se hubiera pensado que era virtualmente imposible de alcanzar sólo unos cuantos meses antes.  Es en este momento cuando el paciente, como el avión que levanta sus ruedas de la pista, ha actualizado su esencia.

Conclusión

Irónicamente, el cumplido más grande que puede recibir un logoterapeuta es que el paciente ya no requiera de sus servicios  Sin embargo, como todos los logoterapeutas sabemos demasiado bien, existen un sinnúmero de personas que esperan ansiosamente recibir tratamiento logoterapéutico.   Este es en realidad un comentario triste en el estatus de la sociedad actual ya que mucha gente se encuentra en palabras de Frankl “llorando por encontrar un sentido”. En contraste, y sin embargo es un signo muy positivo el que la gente está  tratando de alcanzar algo, ya que el sentido  y la responsabilidad social deben empezar con el sentido y la responsabilidad individual.

En esta época actual la gente  está acosada por miles de tensiones –acontecimientos (y los sentimientos asociados), y la mayoría de las personas no tienen la habilidad para manejarlos, ni el nivel noético de existencia para resolver independientemente las diferentes crisis de su vida. Se ha investigado y comprobado que aproximadamente el 64% de la población americana tienen un nivel muy bajo de propósito en la vida (de acuerdo a los  inventarios de Propósito en la Vida  hechos por Crumbaugh). Esto es muy  impresionante, ya que cuantitativamente equivale a que dos de cada tres personas están desilusionadas, les falta un sentido de dirección en su vida y consideran su existencia como poco valiosa. Si damos un paso adelante, y visto desde una perspectiva clínicamente pura, dos de cada tres personas están experimentando alguna forma, tipo o grado de depresión  que necesita tratamiento.  No es de sorprender que los teléfonos de los terapeutas siempre estén sonando.

En conclusión, el modelo propuesto en este escrito tiene un fundamento teórico firme, también tiene un fundamento empírico ya que es el modelo que surgió mientras yo trataba a los tres pacientes con cuyos casos clínicos empece este artículo y muchos otros pacientes que presentaban problemas similares. Muy rápidamente, empecé a ver  como surgía un patrón que resulto en el desarrollo del Modelo  de Intervención Logoterapéutica y Trascendental en la Crisis.  Entonces lo que comencé a practicar de una manera intuitiva se convirtió en una serie de etapas en el proceso de intervención que, a su vez, ahora se ha transformado en un modelo de estructura flexible.  El hecho de estar “escuchando a mis pacientes y aprendiendo de ellos”,  ha dado como resultado   un modelo de intervención clínica que de una manera hipotética, puede servir para ayudar a un sinnúmero de pacientes debido a que otros terapeutas  pueden haber aprendido  esta herramienta clínica tan útil. En su libro El Doctor y el Alma, Frankl se refiere a la logoterapia como “el ministerio médico”. De igual manera, la intervención logoterapéutica y trascendental en la crisis no es diferente. Básicamente, haciendo la espiritualidad la parte integral de la intervención, ésta permanece en alguna parte entre la ciencia y la religión;  pero como Frankl dijo de una manera tan elocuente: “Tal cual, es una tierra que no pertenece al hombre, pero oh que tierra de promesas!”.

 

Jerry L. Long, Jr.

A los 17 años sufrió un accidente en una alberca fracturándose el cuello y quedando con todo su cuerpo paralizado, él con su poder desafiante de espíritu siguió estudiando psicología hasta lograr doctorarse en Psicología Clínica, al mismo tiempo que leía y estudiaba logoterapia. Recibió muchos reconocimientos y honores. Se convirtió en un amigo y colega de Viktor Frankl. El Dr. Frankl siempre lo puso como un testimonio vivo de la logoterapia.

El Dr. Jerry Long es un activo participante de encuentros nacionales e internacionales de logoterapia. Es un coferencista comprometido, pues acude a los lugares que lo invitan no importando las distancias.

En la actualidad el Dr. Long vive en Dallas/Ford Worth y se dedica a impartir clases a universitarios y trabaja clínicamente en Intervención en crisis con enfoque logoterapéutico.