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Jenny Hanono Masri

Un hermano... Un sentido

INTRODUCCIÓN

El presente trabajo de investigación tiene por objeto sustentar la importancia del concepto de la logoterapia descrito por Frankl como fuerza de oposición del espíritu, en el sentido de vida, ante la pérdida de un hermano.

Es conocido por muchas personas de todas las creencias que dentro de nosotros tenemos una parte muy sabia, esta parte es la que nos ayuda a encontrarle sentido a las situaciones le da significado a nuestra vida, existencia y nos mueve en muchos direcciones.

Esta es la fuerza que nos saca adelante cuando se nos presentan adversidades en la vida, nos alumbra cuando está oscuro, nos da esperanza cuando se cree todo perdido, es la que nos grita desde el interior que hay formas diferentes de vivir la vida, que vale la pena seguir buscando, seguir esforzándote para sobrevivir, no solamente físicamente, sino con significado, alimentando nuestro ser interior, nuestra única e inigualable identidad y existencia.

Esta parte sabia llamada por Frankl (1997), Poder de la fuerza del Espíritu, nos enseña a responderle a la vida y no ella a nosotros, y en momentos de eventos inevitables nos ayuda a ser flexibles para poder sobrellevar el sufrimiento, sintiendo una confianza en lo más interno de nosotros mismos, nos grita silenciosamente y nos consuela sabiendo que nos sobrepondremos.

Una de las tantas razones de este trabajo tiene que ver con un profundo deseo de acompañar y compartir esperanza a todas aquellas personas que hayan tenido una pérdida importante y se sientan con un sufrimiento profundo, que parece nunca se irá, sintiéndose con la necesidad de acordarse de que ellos siguen vivos, y que en su momento, con su proceso y fuerza encontrarán a su paso dentro de si mismos la tranquilidad, cariño y sentido de vida.

En este momento de tanto dolor es cuando se necesita pensar qué es lo que se quiere hacer con la vida, las relaciones con sus seres queridos y de qué se quieren llenar. Es importante recordar que aun cuando la vida los tocó con una adversidad, está la posibilidad de quedarse estancados en el sufrimiento o hacer el intento, poco a poco de inyectar de significado cada momento futuro de su vida y en cada nuevo proyecto, concentrándose en el presente, llevando esa enorme huella a que no solo viva en el pasado, sino que forme parte de un futuro, de un buen existir, con responsabilidad, amor y significado.

La metodología que consideré pertinente para este trabajo fue la cualitativa y su herramienta el testimonio ya que en él relato cómo viví y experimenté la pérdida de mi hermano.

Como es necesario en toda investigación en la primera parte desarrollo los capítulos teóricos correspondientes a duelo y perdidas, resiliencia, la capacidad de oposición del espíritu y el sentido de vida, luego continúo con el de la metodología, y el del análisis de la herramienta, para terminar con el de los resultados de la investigación y las conclusiones de la misma.

JUSTIFICACIÓN

Quisiera ponerme al servicio de todos aquellos a quienes les sirva mi experiencia, contándoles por todo lo que yo pasé, experimenté, sufrí, cuál fue el camino que decidí tomar, a dónde me llevó y qué aprendí de esta experiencia, que no hubiera querido tener nunca pero, como a muchos, me tocó y hoy con todo dolor puedo decir que me marcó, pero que a pesar de ello hoy puedo alcanzar a ver las cosas buenas que decidí aprender a partir de esto, porque hoy todo es distinto para mí, desde el saludo, los gestos, las sonrisas, las caricias, el cariño y muchas otras cosas más.

Fue y sigue siendo doloroso para mí, pero teniendo en cuenta el sufrimiento que la vida me dió, con la pérdida de mi hermano, hoy aprovecho la oportunidad de decirles a las personas lo que significan para mí, a mis hijos y esposo que los amo; a mis padres y hermana que les agradezco por estar entregados a mí, gracias a todos ellos, mi presente tiene un significado muy especial, donde sólo me concentro en cargarme de buenas experiencias para llenar mi vida, y es gracias a esta decisión como confirmo, una vez más, que vale la pena vivir la vida.

Lo anterior conforma parte de las razones para sistematizar por escrito esta experiencia de vida, por un lado y por otro, con este trabajo doy cumplimiento al último de los requisitos para optar por el título de Especialista en Logoterapia en la Sociedad Mexicana de Análisis Existencial y Logoterapia.

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

¿Se puede sustentar en un trabajo de investigación la importancia de la fuerza de oposición del espíritu, en el sentido de vida, ante la pérdida de un hermano?

OBJETIVO GENERAL

Sustentar en un trabajo de investigación la importancia de la fuerza de oposición del espíritu, en el sentido de vida, ante la pérdida de un hermano.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

1. Sustentar teóricamente el concepto de duelo y perdida.
2. Sustentar teóricamente el concepto de resiliencia.
3. Sustentar teóricamente el concepto de Poder de Oposición del Espíritu desde la logoterapia.
4. Desarrollar el concepto de Sentido de Vida de la logoterapia.

CAPÍTULO UNO

DUELO Y PÉRDIDAS

A lo largo del transcurso de nuestra vida, vamos teniendo perdidas, es una condición humana de la vida misma, cuando nacemos es la primera, al dejar el útero de la madre, después la separación con la madre el darnos cuenta que somos seres independientes, la separación de ella y del estar en casa para ir al kinder, los amigos, los maestros, los juegos de niños fantasiosos que tanto nos gustaban para convertirnos en adolescentes, decirle adiós a la niñez para entrar en otra etapa donde me empiezo a formar como persona, luego pueden suceder tantos eventos como por ejemplo un divorcio o la perdida de lo que algún día soñamos ser, etc.

Toda etapa tiene su pérdida, al igual que todas las decisiones, pero esas las tomamos nosotros, consientes o inconscientemente, pero hay perdidas de las cuales nosotros no somos responsables, no las escogemos, ni las queremos, simplemente llegan con la vida y se supone debemos estar ya algo preparados para ellas, ya que como mencioné anteriormente ya hemos sufrido pequeñas o importantes pérdidas en nuestra vida, o eso creíamos, que eran importantes, pero entonces, me pregunto: qué es lo que pasa cuando en realidad nos llega por azares de la vida una perdida tan grande que no sabemos si la vamos a poder superar, como la perdida de algún miembro de la familia, y es ahí cuando nos sentimos atorados, estancados y sin una lucecita que seguir, y empieza nuestro proceso del duelo, que puede ser difícil, lento y doloroso ya que es un proceso interno y de lenta progresión.

La manera cómo asumimos las perdidas tienen que ver con nuestra edad, relación con el ser querido, de la forma en que percibamos nuestras pérdidas anteriores, de nuestra historia, de apoyos exteriores etc.

La escritora Kubler-Ross, (1975:60), quien ha sido la investigadora que más ha profundizado el tema de los duelos y las pérdidas nos dice que el proceso de duelo se compone de varias etapas, las cuales podrían ser cambiantes en su orden y serian las siguientes: “Negación, Ira, pacto, depresión y aceptación”. Para efectos del desarrollo de las etapas me guiaré de acuerdo al texto antes señalado.

Primera Fase negación y aislamiento:

Es aquí cuando no creemos la noticia, lo negamos como dice el título, es un mecanismo de defensa necesario a un suceso tan fuerte que es imposible de tolerar de primera impresión, es como un amortiguador para la persona para empezar a contemplar esta realidad ya que si no siente tan amenazada por el suceso que cree puede hasta desintegrarse, le permite a la persona recobrarse y rescatarse por un rato de la dura realidad, no solamente es frecuente al principio del duelo, si no también en sus demás etapas ya que se empieza a asimilar la noticia poco en poco, cuando duele mucho otra vez mejor es negarlo, y así sucesivamente hasta que se está preparado para cambiarlo por la aceptación que es al final del proceso. Es una etapa de mucha confusión, para poder afrontar o solo por momentos la realidad.

“No podemos ver al sol todo el tiempo, no podemos enfrentarnos a la muerte todo el tiempo”. (Kubler-Ross, 1975:61).

También aquí es donde no queremos estar con las personas, preferimos estar solos con nuestro dolor, ya que nadie siente lo que nosotros, y de esa forma también no confrontamos la realidad.

Segunda fase, se conoce como ira o enojo:

Continuando con la autora Kubler- Ross (1975), ella afirma que después de la etapa de la negación, de estar pensando: ¡esto no me está sucediendo a mí!, al cabo del tiempo nos damos cuenta y empezamos a comprender que sí, sí está sucediendo y si es a mí, soy yo la que pasa por esto, ahí es cuando se sustituyen los sentimientos por coraje, envidia, rabia, resentimiento e ira y nos empezamos a preguntar:

¿Por qué a mí?
¿Por qué yo?
¿No le podía haber pasado a otra persona?

Esta etapa es difícil de afrontar para la familia, ya que el enojo se desplaza para todas direcciones, al azar y sin una razón hiriendo a los que están alrededor, a esto luego responden con vergüenza y culpabilidad. Para donde voltee y mire solo encontrara motivo de queja y dolor. En general “una persona a la que se respete y comprenda, a la que se le preste atención y se dedique un poco de tiempo, pronto bajara la voz y reducirá sus airadas peticiones”. (Kubler-Ross, 1975:76).

 

En esta etapa sería bueno tomar conciencia del estado de enojo o de ira para ir, poco a poco, dejándola de manifestar y entender a la persona que está pasando por un duelo, comprendiéndola y no juzgándola. (Hasta aquí lo de Kubler-Ross, 1975).

Para Viorst (1990:252), en la segunda etapa, que es la del enojo de acuerdo con el planteamiento de Kubler-Ross, afirma que habrá lamentos, llantos, ansiedad, puede haber hiperactividad y furia con los que nos rodean y con los que nos dejaron, es decir con quien murió, por haberse ido, y habernos abandonado, de la misma manera que se enoja un bebé cuando su madre lo deja por ciertas horas, a comparación que este ser querido no regresara, por lo que nos causa un sentimiento de culpa por sentir de esa manera enojo. Al igual que ese niño tememos que esa furia, nuestro odio y maldad sea lo que los ha hecho desaparecer, como nos menciona antes nos provoca sentimientos de culpa por los malos sentimientos, por lo que hemos hecho y por lo que hemos dejado de hacer.
Mencionar que: “en la etapa de negación, hay un sentimiento de incredulidad, conmoción, insensibilidad, pude ser que se reaccione con gritos, lamentos o solamente inmovilizado”.

Tercera fase, pacto o negociación:

Es una etapa donde normalmente quien ha tenido una pérdida hace una negociación y generalmente es D’os, el Ser con quien en su diálogo interno dice: “voy a ser mejor persona para obtener algo a cambio”, esto se puede referir a la salud, la protección de los familiares, para no presenciar otra pérdida dolorosa, en fin. (Kubler-Ross, 1975).

En esta etapa, se pretende obtener algo, como un premio, en donde yo digo qué, hasta cuándo y para que se me cumpla doy algo a cambio; es una fase donde se quiere llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia.

En la tercera etapa, que corresponde a la negociación de acuerdo con Kubler-Ross, a diferencia de ella, Viorst (1990), la reconoce como la de la culpa y de acuerdo con ésta, existen dos tipos: la justificada y la irracional y se consideran como ambigüedades propias del acto de vivir.

Dice Viorst (1990:255), que como todo en la vida, aquí se siente culpa hacia la persona que murió por las cosas que nos hubiera gustado hacer antes de que muriese, por ejemplo, “cómo no pasé más tiempo con él”, “debería haber sido más compresivo”, etc., esos pendientes nos pueden causar culpa apropiada a los hechos, de las necesidades no satisfechas, pero aun cuando se amaba al ser que muere se encuentran un sin fin de recriminaciones hacia nosotros y si no las hay las inventamos de manera que las sentimos reales. Sentimos culpa por nuestros errores y fracasos con alguien al que amamos cuando mueren.

Es típico que después de la muerte del ser querido lo idealicemos, es decir imaginemos y sintamos que todo lo que hacía o decía, era perfecto, por ejemplo: “mi mujer era una santa”, esto se debe a que de esa forma podemos arreglar cuentas con los seres queridos que han muerto y de esa forma reparar la culpa. En este proceso se canoniza o se idealiza al ser querido que muere.

Un ejemplo de culpa irracional dice Viorst, (1990:255), se puede señalar en las palabras de: “ahora que lo echo de menos, me persiguen los fantasmas de mis propios defectos, y pienso en todas las veces que le fallé.”
La furia, la culpa y la idealización son intentos de reparación que se pueden tener en el proceso del duelo, sin descartar que vayamos aceptando la muerte del ser querido y también simultáneamente negarla.

Cuarta fase depresión:

Es aquí cuando se entristece mucho la persona por lo que ha perdido, a parte de la persona perdida, por sus sueños y proyectos de vida que tenía al lado de esta persona, compartiéndolos, se entristece por el impacto de esta pérdida alrededor de todas las fases de su vida. Es en esta fase cuando estallan en lágrimas para expresar su dolor, a demás de ser una etapa donde pueden sentirse con la necesidad de dormir mucho, como un método de evasión, como descanso para aliviar el dolor.

Es un estado, en general, temporal y preparatorio para la aceptación de la realidad. Si se les permite expresar su dolor será más fácil la aceptación final, es una etapa en la cual se necesita mucha comunicación verbal, ya que la persona tiene mucho dolor y el que lo compartan, les puede ayudar más, incluso la sola atenta o escucha les ayuda o el tomarles las manos o permaneciendo a su lado silenciosamente.

La muerte de alguien “concluye la experiencia de contacto directo, para otras perdidas queda siempre la posibilidad de recuperar lo que se ha perdido. (Lo definitivo de la pérdida)”. (Kubler-Ross, 2006:18)

Quinta fase aceptación:

Es en esta etapa donde se acepta la pérdida, el que ya nada se puede regresar o hacer sino sólo aprender a vivir con ello, sabiendo que a donde vayas irá contigo, no es una etapa de felicidad sino de aceptación a lo sucedido, tampoco quiere decir que se esté de acuerdo con lo sucedido, sino solamente aceptar que sucedió y no hay marcha hacia atrás. (Kubler-Ross, 1975).

La esperanza, dice la autora, sostiene y da fortaleza a la persona permitiéndole pensar que puede estar mejor y se puede promover en este momento algún sentido a su dolor; si encontrara alguna meta o propósito que hacer la ayudaría a motivar y alimentar la esperanza. (Kubler-Ross, 1975).

Cada quien vive a su manera su proceso de pérdidas y duelo, pero todos pasamos, afirma Viorst (1990), por las etapas de: furia, lágrimas, culpa, ansiedad y desesperanza, para después poder empezar a vislumbrar el final del duelo.

Cuando el duelo va llegando a su fin, es cuando se tiene un grado de recuperación, de aceptación y de adaptación, empezamos a recuperar la esperanza, la estabilidad, nuestra energía, la capacidad de disfrutar y tener confianza en la vida.

Empezamos a integrarnos a la vida diaria, aunque con grandes dificultades, con las nuevas circunstancias de nuestra vida que fue tambaleada y modificada tan grandemente, porque hay aspectos de la pérdida que acompañaran al doliente para siempre.

Para ampliar un poco más el desarrollo del capítulo, he querido complementar el proceso del duelo, con algunas citas del libro “El precio de la vida” de Judith Viorst (1990), donde nos dice:

“El dolor no es un estado sino un proceso”. (Viorst 1990:252).

“A la mente y a los recuerdos, les costará meses y posiblemente años, reunir los detalles y aprender y conocer entonces toda la dimensión de su perdida”. (Viorst, 1990:253).

“La muerte es uno de los acontecimientos que podemos entender más con la mente que con el corazón”. (Viorst, 1990:253).

“En todas nuestras búsquedas que nos unan con las personas muertas, ya sea por medio de sueños o fantasías, todo vínculo que busquemos para pegarnos a ellos es para negar la realidad y lo triste de esa pérdida”. (Viorst, 1990:255).
Pollock, citado por Viorst, (1990:260), nos dice que: “una de las formas de adaptación y crecimiento es un duelo exitoso”. Se puede decir que el duelo es sacar lo mejor posible de una situación desfavorable y ello nos puede conducir a un cambio creativo”.

Cuando estamos saliendo de una fase, afirma Viorst (1990), se puede regresar a la anterior y así sucesivamente dando vueltas y vueltas como un círculo, hasta que por fin lo acepte y se recupere.

CAPÍTULO DOS

RESILIENCIA

Para el desarrollo del presente capítulo me basé en el texto “Saber crecer” de Rivas (2007), quien afirma que la experiencia siempre es un aprendizaje que nos ayuda a crecer, mas sin embargo a veces nuestras vidas van por un rumbo por el cual no hubiéramos querido ir, de la forma como tomamos estas cosas a las cuales le llamamos adversidades, es el aprendizaje que obtenemos, el cual puede ser para nuestro crecimiento o para quedarnos en un papel de víctimas asumiendo el papel de vivir viendo quiénes se las pagan.

Le llamamos resiliencia a la forma de reaccionar ante las adversidades de una forma positiva, donde por más que duela, el ser sigue luchando por salir adelante, gracias a su fuerza espiritual, como dice el Dr. Gerónimo Acevedo, citado por Rivas (2007:36): “La resiliencia personal consiste en tener la capacidad de afrontar el sufrimiento, reconstruirse y no perder la capacidad de amar, de luchar y de resistir.”

Esto no significa que no podamos sentirnos vulnerables, lo cual nos hace sentir impotentes, sino encontrar la forma de superar las adversidades y de ahí crecer, encontrar nuestro potencial y darle sentido a nuestra propia historia, podríamos decir que la resiliencia es un ajuste saludable ante las adversidades de la vida.

La resiliencia es fortaleza dentro de nosotros mismos, donde no es importante el suceso, sino lo que haces tú con eso que te pasó. “lo importante no es lo que hagan de nosotros, sino lo que hagamos nosotros de lo que hicieron de nosotros”. (Sartre, citado por Rivas, 2007:36).

“La vulnerabilidad nos enfrenta a nuestra impotencia, la resiliencia a nuestro potencial” (Rivas, 2007:39).

Hay situaciones de riesgo donde nos sentimos más vulnerables, Rivas (2007:44), nos menciona las siguientes:

• Desacuerdos entre la pareja
• Nivel socioeconómico bajo
• Baja autoestima
• Padre criminal
• Madre con problemas psiquiátricos
• Violencia intrafamiliar

Al igual que si alguna persona tuvo una madre muy cariñosa y fuerte es más probable que sea resiliente. Como podemos ver las pérdidas son unas de las adversidades más frecuentes y entre ellas encontramos:

La pérdida del amor: perder la protección de alguien significativo, deja un gran vacío
La pérdida del control: nos sujetamos a lo que otra persona decide para nosotros sin quererlo.
La pérdida de la autoestima: el que se nos recalque el lado imperfecto de nuestro ser

Si no reconocemos cualquiera de estas pérdidas y las aceptamos, éstas opacarán nuestras alegrías y el dolor nos las convertirán en sufrimiento. Si bien muchas de las cosas de la vida están fuera de nuestro control, sí está en nuestras manos el cómo le respondamos y esto lo podemos hacer siempre desde nuestra capacidad de elección y ser responsables.

La manera en la cual nos expliquemos o nos hablemos a nosotros mismos lo que nos pasará, será muy importante para determinar qué tan fuertes o indefensos seremos al hacerle frente a nuestros problemas, grandes o pequeños y ello se verá reflejado en las respuestas que demos y en nuestros pensamientos.

No es importante la herida que recibimos, es decir, no sufrimos por lo que nos hayan hecho, por lo que sufrimos es por la manera cómo hemos elegido manejar la herida, es por lo anterior por lo que tendremos que tomar responsabilidad en la actitud que tomamos, en los acontecimientos que sigan de ello y en la forma en que decidimos responder a ellos, eso es hacernos cargo de nuestra propia vida. La resiliencia siempre nos ayudará a sacar lo mejor de nuestra potencialidad y de nuestra fuerza espiritual.

Hay características formativas de la resiliencia, como lo son los sentimientos positivos los cuales ayudan a la felicidad de las personas, por eso es importante cuestionarse viejas creencias para así poder hacer cambios de actitudes profundas que nos lleven a saber que somos dueños de nuestro propio camino y que a pesar de las peores circunstancias siempre se puede avanzar, disfrutar de lo que hacemos, sentir que tenemos el control de nuestras acciones y de nuestras actitudes, abrirnos al auto conocimiento, desmantelar ideas erróneas y confiar en D’os.

Las personas resilientes tienen estas características:

• Saben comunicarse
• Autoestima
• Autonomía
• Responsabilidad
• Inteligencia
• Sentido del humor
• Saben perdonar
• Madurez
• Apoyo social
• Optimismo
• Espiritualidad

A continuación presento un desarrollo de cada una de estas características que sugiere la autora para ser resilientes:

Saber comunicarnos

Solo a través de la aceptación podremos vivir con nuestra nueva realidad, y para ello es importante el poner nuestras experiencias en nuestro interior y con todo lo que nos rodea, o sea poder comunicarnos, sin nada que ocultar para no generar distorsiones ni mayores problemas. La comunicación es buena para el equilibrio y la salud interior.

1.- Es bueno llorar cuando se necesita, se puede decir que al llorar decimos lo mucho que ha significado para nosotros. Llorar nos libera en cambio contener las lagrimas nos estresa, expresar nuestro dolor es de suma importancia para la salud física y mental.

Si ha valido la pena amar algo o a alguien también valdrá la pena llorarlo. El ser resilientes no significa no ser imperturbables o invulnerables. Las lágrimas son las que nos abren la puerta para iniciar el desprendimiento y comenzar la sanación.

2.- Es importante hacer silencios para tener introspección, conexión con uno mismo, clarificaciones, revisar valores y actitudes, es decir hacer un auto chequeo de esta forma podremos ser más asertivos y no caer en riesgos de la comunicación como podrían ser: decir sentimientos que no sentimos, querer llamar la atención emitir juicios y herir con palabras para defendernos.

Necesitamos analizar de forma consiente si los sentimientos que tenemos son una respuesta real y proporcionada a lo acontecido en el exterior o solo es la interpretación de lo que yo deduje del exterior, es decir, mi interpretación a lo sucedido desde mí.

El silencio es una forma de poder procesar los verdaderos sentimientos y una manera activa de hacerle frente a lo que sentimos de verdad, por lo que el silencio y el hablar no son contradictorios si no complementarios, porque es la manera activa de confrontar mi interior.
3.- La asertividad es fundamental en la comunicación, porque es de esta forma como debemos comunicarnos. Consiste en la capacidad de decir o pedir las cosas que nos hagan falta o que necesitamos, al igual que decir no, cuando lo queremos.

Es reclamar el lugar que nos corresponde, sin lastimar a los demás. Si no decimos nada, el amor que sintamos y tengamos hacia el otro, se erosionará cuando tengamos en nuestro interior rabia y resentimiento en su lugar.

4.- Expresar el dolor, de la misma manera que expresamos la alegría es importante expresar el dolor, hay que hacerlo con alguien de confianza, de manera que se sienta desahogada, y de manera adecuada, podría ser: de forma directa, silenciosamente, abiertamente, vulnerablemente, honestamente y sin lastimar a otros. En todo caso una reacción inadecuada, hablará de una relación inadecuada.

Autoestima

Como se ha estado reforzando actualmente en la sociedad, lo más importante es quererse a sí mismo, valorarse, respetarse, y confiar en sí mismo, porque esa es la base primordial de todo, aceptarse a sí mismo, como es.

El espacio de soledad y vacío que hay dentro de ti no se llena al recibir más amor, si no al darlo y para eso antes debes de tenerlo dentro de ti.

Autonomía

Ser resilientes exige ser autónomos para definir qué situaciones aceptamos y cuáles no y la libertad para tener la opción de tomar postura ante lo que nos ocurre. La autonomía es la facultad de la libertad y consiste en:

 Imaginación: capacidad de ver más allá de nuestra realidad actual
 La conciencia ética: es la capacidad de nuestro interior de poder ver lo bueno y lo malo a partir de los valores universales.
 La voluntad de sentido: encontrar en todo lo sucedido un, ¿para qué?

Responsabilidad

El ser humano está llamado a la responsabilidad, aceptar la responsabilidad que tengo yo sobre mi vida y la responsabilidad que tengo yo, de responderle a la vida respecto a los retos que me plantea.

Es reconocer que nuestro comportamiento es producto de nuestras propias elecciones.
Si asumes la responsabilidad en todo lo que haces obtienes el poder de cambiarlo.
Las personas resilientes comprenden lo que significa esa habilidad, no dicen que su conducta es resultado de las situaciones o circunstancias, reconocen que su comportamiento es libre de su elección.

Cada persona es irrepetible, es única y nadie es reemplazable lo que acrecienta esta responsabilidad humana, ya que nadie puede hacer o amar como tú, ni nadie puede hacer lo que tú puedes hacer por otros.

Inteligencia

Cuando hablamos de inteligencia normalmente pensamos en un rendimiento académico, hoy el modelo de inteligencia más aceptado es el que tiene capacidades múltiples.

Las emociones nacen de nuestros pensamientos: cuando nos enfrentamos a la adversidad, pensamos haciéndonos más firmes y rígidos en nuestros pensamientos, hasta transformar el pensamiento en creencia y así sucesivamente.
Si somos inteligentes, seremos capaces de distinguir una creencia irracional.

Es importante saber pensar y no dejarnos llevar por pensamientos negativos ni positivos, es decir no contarnos nuestra historia como una película inclinada hacia una de estas dos ramas, positiva o negativa, y saber identificar el pensamiento o creencia irracional, para ello contamos con ciertas preguntas que podemos hacernos como lo son:

 ¿Este pensamiento está fundamentado en mi realidad, o sea encaja?
 ¿Este pensamiento me ayuda a realizar mis metas?
 ¿Este pensamiento me trae soluciones a mis problemas?
 ¿Pensar así me ayuda a evitar conflictos?

Si a tres de ellas contestamos no, es irracional nuestro pensamiento. Para cambiarlo podemos:

 Abrir nuestro pensamiento a nuevas opciones, alternativas
 Concienciar lo irracional del pensamiento
 Buscar un nuevo pensamiento que te cree un sentimiento diferente al anterior

Características de una resiliencia interiorizada:

• El sentido del humor: saber reírse de sí mismo habla de poder estar en paz consigo mismo, a demás el reírnos nos baja la ansiedad, nos ayuda a manejar el estrés y previene depresiones.

Las personas resilientes disfrutan de lo que hacen, son divertidas, les gusta experimentar, tienen curiosidad, no pierden la capacidad de asombro, les gusta jugar. Al reírnos producimos comportamientos adecuados, la risa nos ayuda a mantener un estado de ánimo positivo, donde hay múltiples posibilidades, las personas al reírse brinda a su persona beneficios físicos, psicológicos y sociales.

“Quien logra reírse de sí mismo afirma su libertad interior y su fortaleza. El humor hace que el potencial humano sea más eficiente en situaciones límite.” (Rivas, 2007:106).

La risa cuando se comparte reduce distancias y la hostilidad. Se puede decir que el que pierde el sentido del humor se queda con el sentido del horror.

• Saber perdonar: nos libera del resentimiento y el odio, por lo que es la llave a la libertad, y la paz. Significa dejar ir, recobrar la paz interior y poder ser libres para volver a amar. Sin él nunca vamos a crecer, lo pasado ya pasó y no lo podremos cambiar, pero sí podemos decidir de qué forma lo queremos asimilar, aceptar o transmitir a nosotros mismos y a los demás, lo único que bien queda es saber perdonar.

El perdonar no significa olvidar, no es justificar, no es sentirme superior, ni tampoco fingir que todo está bien o ser ingenuo, el perdón nos concientiza de que somos frágiles y que no necesitamos esconder nuestra debilidad, nos ayuda a ponernos nuestros límites y dirección al el rumbo, para no volver a vivir experiencias dolorosas.

• La madurez: La madurez emocional nos habla de autodisciplina, nos habla de poder renunciar con esfuerzo o posponer a ciertas gratificaciones, sabiendo que se obtendrán posteriormente, es decir, no se quiere la satisfacción inmediata, si no que se invierte con esfuerzo, esperando resultados a largo plazo, también nos deja ver que por más dolorosa, o estresante, o no deseada que sea la situación, también pasará y será parte de nuestra vida, no se quedará para siempre, sino que pasará y formará parte del pasado, nada se ve igual justo en el momento, que después de sucedido, a demás en la vida sabemos que lo único seguro, es que no hay nada seguro.

• Apoyo social: es importante recordar el pasado para retomar en nuestros corazones a quienes fueron fuente de fortaleza y poder mantener la esperanza de amar en un futuro.

Siempre tendremos la capacidad de formar relaciones establecer redes significativas, para construir un nuevo entorno con quienes escojamos, donde sintamos apoyo y afecto, por lo que nos sentiremos seguros. Interiorizando a las personas, es decir, llevándolas a nuestro corazón, en estas nuevas relaciones siempre es importante tomar en cuenta que:

 Cada persona piensa diferente
 En una relación es importante tanto el dar como el recibir
 Es importante pensar en los demás y dar a los demás de nosotros mismos.

• Optimismo: Cuando realmente estamos abiertos a nuevas posibilidades es cuando podemos encontrar el camino para llegar a cumplir nuestros sueños. El optimismo es considerada una característica prioritaria a nuestra fortaleza psicoemocional, es ver y juzgar las cosas desde su parte más favorable, sacándole mayor provecho de lo que tenemos.

El ser optimista nos trae muchas ventajas como lo son: les va mejor en su vida, viven más años, salen pronto del fracaso para volver a intentar aquello que no les salió, se hablan bien a ellos mismos, no se culpan por todo y se hacen de menos. Es importante mencionar que la forma en la que nos explicamos las cosas, es la forma en la que nos percibimos dentro del mundo y eso habla mucho de nuestro pesimismo o optimismo.

• Espiritualidad: ninguna crisis es más grande que la fuerza de nuestro espíritu, por lo que a lo mejor estas adversidades llegan a nuestras vidas con el propósito de descubrir nuestra resiliencia, de nuestra interioridad, y hacer favorecer a nuestro desarrollo espiritual. Por lo que el manejo de la religiosidad profunda nos ayuda a despertar el espíritu, nos facilita el manejo de crisis, nos ayuda a tener mejor estado de ánimo y nos ayuda a tener madurez.

Dentro de la espiritualidad Rivas (2007), señala lo importante que es la oración, entendida como el vínculo más directo con D´os, consiste en el diálogo de nosotros con El y nos concientiza de que está con nosotros todo el tiempo, por lo que nos acompaña.

La resiliencia nos da la oportunidad de convertir las adversidades en oportunidades, el dolor en aprendizaje y fortalecer nuestra espiritualidad que es la que nos lleva con su fuerza.

 

CAPÍTULO TRES

LA CAPACIDAD DE OPOSICIÓN DEL ESPÍRITU

Como he mencionado anteriormente, en la vida estamos expuestos a todo tipo de sucesos, hay algunos que nos toca vivir irremediablemente, adversidades que nunca hubiéramos querido llegasen a nuestras vidas; cuando esto nos sucede, las personas, libres de elegir, pueden utilizar esa fuerza del espíritu interno que tienen, es decir, ejercer esa capacidad para oponerse a esos destinos, a las cosas que conforman una realidad no deseada y frente a la cual no se puede hacer nada para cambiarla, es en ese momento cuando se puede transformar la calidad de vida, según la forma en que se conteste a estas preguntas que nos hace la vida cuando no lo deseamos.

Es ahí cuando debemos trabajar fuertemente en nosotros y encontrar lo positivo que está dentro de nosotros, no podemos tomarlo de nadie más que lo tenga; me refiero a esta fuerza interior espiritual de cada quien, que Frankl (1997:134), denomina como “La capacidad de oposición del espíritu”.

Considerando que este capítulo trata del tema especifico de la logoterapia, quiero citar un texto de Lukas (2002:141), en donde hablando con miembros de un grupo, dirigido por ella, nos comparte su experiencia dentro un grupo en el cual los integrantes no alcanzaban a ver más que sus problemas, ya que a ello estaban acostumbrados, con el paso del tiempo y de convivir con entre ellos, empezaron a hablar de sus intereses en el mundo exterior, así poniendo su atención en aspectos positivos, ya que era la primera vez que se les pedía que lo hicieran, y fue así como descubrieron su capacidad para descubrir aspectos positivos dentro de sus vidas, y no ha de depender de las influencias externas. “lo positivo esta dentro de nosotros. No lo podemos forzar en nadie, ni podemos tomarlo de alguien que lo tenga”.

Hay muchas clases de alegría, la mayoría es inducida por nuestra gratificación de necesidades, emociones y bienestar. La que encontraba en ese grupo era especial, ya que fue una alegría descubierta conscientemente y originada en la voluntad, a pesar de que “atravesaban momentos difíciles, su condición psíquica no era la mejor, pero tenían la voluntad de gozar, de ver lo positivo y eso fue suficiente. Cualquiera que sea la situación, puede privarlos de su fuerza de voluntad, ni siquiera un sufrimiento severo. Puede influir en sus emociones, su bienestar y sus necesidades de gratificación; puede hacer que sus posesiones materiales parezcan irrelevantes, pero nadie puede arrebatarles sus experiencias positivas, si no quieren que esto pase. “Nadie pude borrar esos recuerdos hermosos registrados en su memoria, lo que se vivió y se recuerda queda grabado para siempre, es parte de la vida. La verdadera cosecha de su existencia”. (Lukas 2006:142).

Continuando con la autora en esta idea citada por la Dra. Lukas podemos entender y constatar como ella lo expresa, que cualquiera que sea la situación, por más dura que sea, siempre podemos encontrar en nuestro interior esa fuerza que eventualmente puede rescatarnos y que nos permite seguir adelante a pesar de las adversidades que se nos presenten como lo hemos mencionado anteriormente.

Hablando de esta capacidad que tenemos como seres humanos de elegir nuestra actitud ante lo sucedido, la capacidad que tenemos dentro de nosotros mismos, podemos encontrar como lo definen Guberman & Pérez (2005:17):

“Capacidad de oposición del espíritu con respecto a los condicionamientos somato psíquicos y circunstancias sociales. Esta fuerza de obstinación del espíritu es una posibilidad, una facultad que le permite al hombre ubicarse a una distancia fecunda para tomar una posición, que no es siempre necesaria y que se contrapone al paralelismo psicofísico.

Es una posibilidad, que le permite al hombre en una posición algo distanciada para poder tomar una posición donde escoge una actitud ante los acontecimientos; es decir una posición interior frente al destino, permitiéndole al hombre darle un viraje a su vida”.

Considerando las palabras de Frankl (2007:37), sobre la persona, afirma que “La persona no es solo unidad y totalidad en sí misma, si no que la persona brinda unidad y totalidad: ella presenta la unidad físicopsíquica – espiritual y la totalidad representada en la criatura hombre. Esta unidad y esta totalidad solo será brindada, fundada y dispersada por la persona; se constituye, se funda, y se garantiza solamente por la persona. Nosotros, los hombres, conocemos a la persona espiritual solo en coexistencia con su organismo psicofísico. El hombre, entonces, representa un punto de interacción, un cruce de tres niveles de existencia: lo físico, lo psíquico, y lo espiritual, pues es unidad o totalidad, lo espiritual del hombre se contrapone a lo físico y a lo psíquico. Precisamente en esto consiste a lo que una vez llame antagonismo noo-psíquico. Mientras que el paralelismo psicofísico es obligado, el antagonismo noo-psíquico es facultativo. Es siempre una posibilidad, simple poder; por supuesto un poder al que siempre hay que volver a apelar, y es el médico el que debe apelar: siempre de nuevo se trata de apelar al poder de resistencia del espíritu, como lo he designado. Contra la – solo aparentemente- poderosa psicofisis”.

En otra cita afirma que: “al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa. La última de las libertades humanas- la elección de la actitud personal- ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino”. (Frankl, 2001:99).
Para explicar más clara y profundamente, aquí mencionamos nuevamente cómo define el padre de la logo terapia, más ampliamente la oposición del espíritu y como se puede entender, nos habla de esta capacidad que tenemos las personas o individuos de poder abrir y ver más posibilidades con un auto distanciamiento, de las circunstancias para así poder darle un viraje a la situación y tomar distintas actitudes ante lo inesperado o doloroso que se nos presente en la vida, recurriendo a nuestro ser sabio interior y decidir nuestro camino o forma de responder a la vida, de ahí que nos podemos ligar a la voluntad de sentido posteriormente, y llenar de sentido, y de significado lo vivido, como vemos esta fuerza de oposición del espíritu nos lleva de la mano a una voluntad de sentido, una va de la mano de la otra. Aquí nos lo menciona en su libro La Presencia Ignorada de Dios Viktor Frankl (1977:101):

“La actuación de la conciencia, una vez que se ha encontrado ese único sentido del que hablamos, concluye en una captación de una forma, y ello en razón de lo que nosotros le llamamos la voluntad de sentido, descrita a su vez por James C. Crumbaugh, Leonard T. Maholick como la facultad propiamente humana de descubrir formas de sentido no solo en lo real, si no aun en lo posible”.

A continuación presento un párrafo citado por la maestra Rueda donde, nos manifiesta en sus palabras cómo en estos momentos de tanto dolor y oscuridad, es cuando podemos encontrar esta fuerza interna de cada uno: “al encontrarnos con el dolor de una pérdida, al final de su devastadora estela y de entre los escombros de una realidad que ya no es, sobre ese terreno dolido, vacío y silencioso puede revelarse más firme que nunca la fuerza desafiante del espíritu”. (Rueda, 2003:45).

Como ya hemos mencionado anteriormente, el hombre puede y tiene siempre la libertad de decidir cómo actuar y qué actitud tener ante los hechos dolorosos e inesperados, quiero mencionar algunos textos donde Pareja, citado por Joannis (2009:33), menciona la facultad del espíritu de oponerse a lo psicofísico: “así como existe un paralelismo psicofísico también existe un antagonismo psico-noetico (o la fuerza opositora del espíritu-humano ante la facticidad psico-física). Y es ante ese antagonismo psiconoético ante el cual se puede apelar.”

Y en este párrafo copiado textualmente del libro escrito por Frankl (2000:179), en “El hombre doliente”, se puede ver y entender con mayor claridad este concepto ya que nos habla de la libertad y responsabilidad que tiene el hombre de decidir ante los acontecimientos, muy a pesar de lo sucedido ya que el hombre es el único ser que tiene esa capacidad de decidir, a pesar de sus instintos lo que nos diferencia de los demás seres vivientes, y esto tiene que ver con la oposición del espíritu: “es verdad que el hombre, a veces no es libre de hecho; pero potencialmente sigue siendo libre. En efecto cuando no parece como libre, es porque ha renunciado-libremente – a su libertad. Cuando el hombre es arrastrado por sus instintos, “se deja llevar” de ellos. El hombre puede, pues, responder a sus instintos; pero esta misma respuesta depende de su responsabilidad. Según esto el hombre posee la libertad en cada caso, pero la posee no solo para ser libre, sino también para no serlo. Posee la libertad de elevarse y dejarse caer en los instintos. También la no libertad pertenece a su libertad, también la impotencia está en su poder”.

Dicho de otra forma en palabras de Frankl (2000:188), sería: “La persona es aquella dimensión del hombre que es capaz de oponerse siempre, a cualquier posición no solo a la parte externa, sino también en la interna”.

Podemos completar esta idea o concepto con esta definición: “El espíritu es la fuerza que se opone a los dictados de los destinos; es la fuerza que utilizamos para vivir a pesar de los destinos; es la fuerza que empleamos para decidir con libertad sobre nuestras circunstancias”. (Asencio & Unikel, s/a: 21).

Por otra parte quiero citar a Frankl (1994:66), quien afirma que: “el hombre en cuanto a persona espiritual, que sufre de una depresión endógena puede hacer frente a esta afección del organismo psicofísico y de esta forma mantenerse al margen del curso de la enfermedad orgánica. De hecho, en la depresión endógena se tiene que ver con una afección psicofísica; pues en ésta lo psíquico y lo físico se hallan coordinados y sincronizados. A la depresión psíquica le acompañan anomalías somáticas de la menstruación, de la secreción de los jugos gástricos u otras cosas por el estilo. La persona ésta melancólica con el estómago, con todo su ser, en cuerpo y alma, pero con el espíritu. Sólo es afectado el organismo psicofísico, no la persona espiritual, no podría ser afectada de ninguna forma. Ceteris paribus, que un hombre se distancié de su depresión endógena, mientras que otra se deja caer en ella, no depende de la depresión endógena sino de la persona espiritual. Es decir, esta realidad espiritual – en otras palabras, la persona – lleva a cabo está auge existencial descrito más allá de si mismo en virtud de lo que en el análisis existencial llamamos fuerza de obstinación del espíritu. Así vemos que al paralelismo psicofísico se opone un antagonismo psiconoético. La fuerza de obstinación del espíritu es una simple posibilidad y no una necesidad. Obstinarse siempre es posible, pero no siempre le es necesario al hombre. El hombre siempre puede obstinarse pero no siempre debe de ninguna manera el hombre debe hacer uso siempre de la obstinación del espíritu. No necesita siempre utilizar su ayuda”.

Sólo cuando el hombre se confronta consigo mismo, lo espiritual y lo corporal-psíquico se separan. (Frankl, 1994).

Finalmente, por lo que se refiere al medio ambiente, se vuelve a mostrar que éste tampoco constituye todo el hombre, que más bien todo depende de lo que el hombre hace de él, de qué actitud toma frente a él.

Lo que se une a la posición natural de un hombre es su actitud personal, su toma de posición personal respecto a todo esto, respecto a todo tipo de disposición de y de cualquier situación. Ahora bien, esta actitud eo ipso ya no puede ser objeto de una de las ciencias indicadas; se sustrae a cualquier acercamiento de este tipo. Ésta se realiza en una dimensión aparte. Además, esta actitud es esencialmente una actitud libre; en última instancia, es decisión. Y si ampliamos este sistema de coordenadas con la última dimensión posible, entonces esta consistiría en lo que siempre es posible gracias a la libertad de la actitud personal: es el cambio existencial.

Ahora bien, todas las circunstancias externas así como todos los estados internos de mi existencia, y según esto en especial también cualquier competencia psíquica, forman parte de aquello dentro de lo que existo: incluso me puedo mantener en principio al margen de dicha competencia, a saber, en virtud de aquel antagonismo noopsíquico y que hemos opuesto heurísticamente al paralelismo psicofísico o en virtud de aquella fuerza de obstinación del espíritu que capacita al hombre para imponer su carácter humano a pesar de los estados somato-psíquicos y de las circunstancias sociales. (Hasta aquí lo citado de Frankl, 1994:66-99-102).

Con relación al vínculo entre lo espiritual y lo anímico, Frankl, (2000:96), critica a Klages, en un artículo que escribió sobre “El espíritu como adversario del alma”, afirmando que: “Vio con lucidez esta escisión del ser, con una cesura especial, con un hiato entre lo espiritual y lo anímico; pero colocó erróneamente el acento axiológico, como si hubiera que proteger el alma, desde la perspectiva humana o humanista, frente a la “irrupción” del espíritu en la vida, en la existencia. Podemos afirmar que Klages articulo bien, pero acentuó mal”.

Continuando con Frankl (2000:180), hemos visto ya que el espíritu se puede definir como aquello que se contrapone a sí mismo. “Hay algo que podemos llamar antagonismo psiconoético facultativo. Este antagonismo responde a la capacidad del hombre para distanciarse de lo psicofísico. En lugar de identificarse con los instintos, el hombre se distancia de ellos, si bien, desde esa distancia, puede decirles “si”.

Esto es lo que constituye en definitiva lo humano del hombre; la posibilidad de distanciarse de los instintos y de no identificarse con ellos; esto no puede hacerlo el animal, porque en cierto modo, ya es idéntico a sus instintos. Por eso el animal no experimenta ningún antagonismo, sino que vive siempre en paralelismo psicofísico desde la realidad psicofísica unitaria. Pero el hombre empieza a ser hombre en el punto donde puede enfrentarse a la realidad psicofísica. Constatamos en el hombre la totalidad corpóreo-anímica-espiritual”. (Frankl, 2000:180).

La logoterapia ha procurado explotar el antagonismo facultativo entre la existencia espiritual y la facticidad psicofísica. La logoterapia apela a la persona, a la facultad del espíritu de contraponerse a lo psicofísico, de resistirlo, a ese “poder de resistencia del espíritu”; a este poder recurre, a este poder se remite. (Frankl, 2000:180).

Y continúa diciendo que: “El hombre enfermo debe madurar humanamente dentro de esa circunstancia, de ese destino que el elemento psicofísico introduce en su vida, en su existencia; debe sobreponerse a su desgracia psicofísica para estar más alto espiritualmente. (Frankl, 2000:186).

Me gustaría terminar con este texto de Frankl (2003:106), donde nos habla de su experiencia en los campos de concentración y de lo que veía: “En última instancia, parecía que el colapso físico-psíquico dependía de la actitud espiritual-moral; y “esta actitud era libre” y aunque al ingresar en el campo se le quitaba todo al prisionero, incluso las gafas y el cinturón, le quedaba la libertad; y permanecía con él literalmente hasta el último momento, hasta el último suspiro. Había la libertad de comportarse “de este modo, o de aquel otro” y había un “esto o un aquello”. Y aquí y allá había algunos que eran capaces de suprimir su irritación y superar su apatía. Eran aquellos hombres que pasaban por entre los barracones del campo y los lugares de reunión con una buena palabra por aquí y un último pedazo de pan de sobras por allá. Eran los testigos vivientes de este hecho: que no estaba en modo algún predeterminado que el campo hiciera que uno se convirtiera en un típico “KZler”, ( prisionero de un campo de concentración) o que uno, incluso en este estado de coacción, incluso en una situación fronteriza extrema del hombre, continuara siendo un ser humano. En cada caso dependía de la decisión”.

No puede, por tanto cuestionarse que un prisionero no tenía por qué sucumbir, de modo necesario y automático, a la atmósfera del campo. En virtud de eso que, en otro contexto, ha llamado el “poder retador del espíritu humano”, había la posibilidad de mantenerse por encima de la influencia del entorno. Si de algún modo tuve la necesidad de probar que este poder retador del espíritu es una realidad, el campo de concentración resultaba ser un experimento crucial. (Frankl, 2003:106).

CAPÍTULO CUATRO

SENTIDO DE LA VIDA

Para empezar este capítulo, voy a citar el texto de Frankl (1977:104), titulado “La Presencia Ignorada de Dios”, en donde nos habla del concepto de “Sentido de Vida”, y afirma que: “el sentido no se relaciona únicamente con una situación determinada, sino también con una persona determinada envuelta en esa situación. En otros términos, el sentido no solo se transforma de día a día y de hora en hora, sino que varía también de hombre a hombre. Es un sentido tanto “adsituationem como ad personam”.

El sentido, hemos dicho, va ligado a una situación única y particular, pero además existen unos universales del sentido ligados a la condición humana como tal. Estas posibilidades generales de sentido constituyen lo que llamamos: “valores. El hombre experimenta cierto alivio a consecuencia de estos valores de orden más o menos general, los principios morales y éticos tal como cristalizan en el seno de la sociedad humana a lo largo de su historia”. (Frankl, 1977:104).

Sigo con Frankl (1997), cuando ofrece una distinción entre el sentido y el fin, nos dice que los animales persiguen fines pero los hombres persiguen sentidos. El hombre no vive impulsado por sus instintos, tiene la capacidad de cuestionarse lo que hace, y de cambiarlo si lo considera necesario, tiene la capacidad de hacerse responsable, de decidir, y de modificarlo.

Buscar sentido es ese trabajo exclusivamente humano e individual para vivir responsablemente y con significado, cada momento de vida. Para poder vivir de esta manera el hombre necesita apoyarse de su fuerza del espíritu, es decir del cumplimiento de sus valores.

El órgano para encontrar el sentido es la conciencia, nuestra voz interior, desde nuestra parte más sabia, por lo que la conciencia es el órgano para encontrar significado. La conciencia se apoya más en la intuición que en la razón, es la capacidad intuitiva de encontrar, rastrear y encontrar el sentido, es la brújula para encontrar sentido a cada situación de nuestra vida. (Frankl, 1977).

En una palabra, la conciencia es un “órgano del sentido”. Podría definirse como la facultad de decidir y localizar ese único sentido que se esconde detrás de cada situación.

La actuación de la conciencia, “una vez que se ha encontrado ese único sentido de que hablamos, concluye en la captación de una “forma” (Gestalt), y ello en razón de lo que nosotros llamamos voluntad de sentido, descrita a su vez por James C. Crumbaugh y Leonrd T. Maholick como la facultad propiamente humana de descubrir formas de sentido no sólo en lo real sino aun en lo posible.” (Frankl, 1977:103)

Cuando no captamos el sentido de la situación en su momento se pierde, pero los valores son los que no nos dejan perder la visión del sentido. Los valores no pueden solo captarse a través de los sentidos, también se necesita del conocimiento intelectual, el intuitivo y el emotivo. Los valores se basan en nuestras creencias, constituyen el lazo más importante entre la persona y la realidad, tienen una relación muy importante con la autoestima de la persona.

Es muy importante confiar en esta parte sabia de nosotros mismos, y en nuestros valores ya que ellas son las que nos guían y los únicos que sabemos lo que es realmente importante y valioso para nosotros, somos nosotros mismos. (Hasta aquí Frankl, 1977).

A continuación citaré a Unikel (2007:139), quien explica el concepto de sentido de vida y cómo se conforma: “El sentido es la parte más valiosa de cada situación. Así se define el sentido en la logoterapia, pero ¿Cómo puede encontrarse?. La actitud básica de la apertura y el dejarse interpelar desemboca en un proceso concreto. Ese proceso se efectúa de modo tal que, al ser confrontados con la realidad de cada situación, surge una sensación de sentido de manera más o menos conciente. Esta sensación puede ir definiéndose lentamente como una imagen que emerge de la niebla o puede caer como un rayo en plena conciencia. En cualquier caso-y aunque tenga mayor o menor grado de claridad y certeza, el hombre posee cierto “olfato” para descubrir con que finalidad ha sido creada cada hora y qué seria mejor hacer o dejar de hacer en cada momento. Esta capacidad intuitiva para descubrir el sentido de cada situación es una capacidad innata del hombre para la evidencia, para la certeza: es la conciencia.”

Los valores se forman como respuesta de las necesidades personales, pueden ser por influencia cultural, expectativas de los padres, amistad, etc, pero solo los valores de una persona madura son flexibles, son propios y realistas, tomando en cuenta los sentimientos y necesidades de otras personas. (Frankl, 1977).

Los valores están en nuestra parte espiritual y nos ayudan a encontrar sentido a nuestras situaciones y los podemos hallar en estas tres dimensiones como Frankl (1977), nos lo menciona: valores de creación, valores de experiencia, valores de actitud.

Valores de Creación

Como medio para darle sentido a la vida, como ya lo hemos mencionado anteriormente están los valores de creación, que tienen relación con el trabajo y los podemos clasificar en varias categorías, tomado de Asencio y Unikel (2004:45,46), quienes afirman lo siguiente:

1.- El trabajo que le da misión a mi vida: es la forma que tengo de hacerme presente en el mundo, de aportar algo y poder hacerme responsable de ello, de esa manera podría convertirse en una misión de vida, el sentido de ella.

2.- el trabajo como vínculo con los demás: es lo que les ofrezco a los demás, mi respuesta concreta, y cotidiana para crear algo al servicio de los demás, este es el vinculo que me une con los demás, con la comunidad.

3.-la importancia de todo tipo de trabajo: muchas veces hacemos cosas sin entender el fin del la situación circundante, es decir hacemos cosas sin conocer el fin de ese acto, más bien si sabemos que es parte de una cadena sin fin, pero que si tiene un para que veríamos este trabajo desde otra perspectiva. Es una cadena de producción pero esto no lo priva de su importancia.

4.- el trabajo como prolongación única e instituible de mi mismo: mi trabajo es como una extensión de mí, nadie puede hacerlo como yo, solo yo lo sé hacer de esa forma. Dice Pareja, es más importante el modo del como hago mi trabajo que el trabajo mismo. Este concepto nos habla más del ser en el trabajo que en el hacer del mismo, es decir que es muy importante mi unicidad del como hago las cosas.

5.-el trabajo como la aportación a la construcción de la comunidad:

Lo que yo aporte a los demás, solo tiene su razón de ser en la manera en la que ello impacte a la sociedad. Es hallar tu ser al servicio de los demás, la auto trascendencia. Por lo que hemos visto este valor de relación en todas sus clasificaciones habla de mí hacer, desde diferentes lugares para el mundo y los demás, lo que yo doy.

En el valor de experiencia, también llamados valores de vivencia, encontramos lo importante de recibir, el poder abrirme a la vivencia, a la experiencia, Frankl nos dice que: “son un camino, en cierto modo pasivo por lo que todo aquello que el ser humano tiene que conquistar……le cae por sí mismo en el regazo….(a través de los valores de experiencia) me abro, me dispongo a recibir, estoy dispuesto a compartir a estar en comunión”.

Como ejemplo tenemos la experiencia de ser amado por alguien más, la experiencia del arte, la experiencia de sentir afecto por los demás. Se caracterizan por su gratuidad, son aquellos valores que el ser humano está capacitado para recibir del mundo por su contacto con la naturaleza, por medio de sus sentidos y su contacto con los demás a través del amor.

Los valores de actitud, están compuestos por tres situaciones que son inevitables de vivir y que no se puede hacer nada contra la adversidad de la vida, son conocidas como la triada trágica, así las llamo Frankl, y también conocidas como el triple desafió, y son: el sufrimiento, la culpa, y la muerte.

El por qué de esto, es que de una manera u otra estamos en contacto con la muerte ya sea con la propia o la de alguien más, pero eso nos recuerda constantemente que somos seres finitos, con un principio y un fin y eso es inevitable. El sufrimiento es la conciencia de nuestro dolor, y eso es también inevitable. Como somos seres en constante movimiento de toma de decisiones y no somos perfectos, también podemos equivocarnos y estar en contra de nuestras decisiones tomadas, por lo que al sentir ese enfado con nosotros mismos, sentimos culpa, también es inevitable.

Si analizamos el sufrimiento puede llegar a ser sordo y sin sentido, la culpa puede llagar a encontrar al hombre diferentes caminos a través de la angustia, son las actitudes mas conmovedoras que puede tocar un ser humano ante situaciones adversas que le pueden dejar vacíos, por lo que para Frankl los valores de actitud son los privilegiados por que regalan otro enfoque de vida y con ellos otra oportunidad:“incluso cuando la vida queda reducida a la mínima expresión y todo parece carente de significado, permanece aun la libertad fundamental de escoger la propia actitud frente al destino.”

“Esta elección quizá no cambie el destino, pero ciertamente cambia a la persona”
(Frankl, 1997: 134-146)

Aquí podemos utilizar el sufrimiento en realización, o transformar una tragedia personal en un triunfo, encontrando un sentido a su sufrimiento, la culpa en conversión, y la muerte en un estimulo para la acción responsable, siempre y cuando el ser humano sepa recurrir a los valores de actitud.

Para complementar este tema me gustaría citar a Frankl (1997:108):

“No hay ninguna situación en la vida que realmente carezca de sentido. Esto significa que los aspectos aparentemente negativos de la existencia humana, y en especial esa tríada trágica en la que se incluye dolor, culpa y muerte, pueden llegar también a transformarse en algo positivo cuando se afrontan con la postura y actitudes correctas. Todo esto lo sabe el hombre de la calle, aun cuando no seas capaz de traducirlo en palabras”.

Dos aspectos constitutivos en el sentido de vida son el hecho de que las situaciones son singulares e irrepetibles, es decir que no hay la misma situación dos veces y que nadie la puede vivir ni contestar de la misma forma. La pregunta es, si la finitud del hombre, es decir la muerte puede privar de sentido la vida? Por el simple hecho que seguro llegaré………….. por el contrario: “si el hombre fuese inmortal, podría con razón demorar cada uno de sus actos hasta lo infinito, no tendría el menor interés en realizarlos precisamente ahora, podría dejarlos perfectamente para mañana o pasado mañana, para dentro de una año o diez. En cambio, viviendo como vivimos en presencia de la muerte como el límite infranqueable de nuestro futuro y la inoperable limitación de todas nuestras posibilidades nos vemos obligados a aprovechar el tiempo de vida limitado de que disponemos y a no dejar pasar en balde, desperdiciándolas, las ocasiones que sólo se nos brindan una única vez y cuya suma “finita” compone la vida. (Frankl, 1997:103).

El que el ser humano sea finito es un factor básico del sentido mismo de la vida, ya que nos enseña lo irreversible de la vida misma. El hombre es quien con lo que le va presentando la vida, o destino lo va transformando en su mayor parte en valores, algunas veces viviendo, otras padeciendo y de esta forma encontrar en su existir los valores de creación, de vivencia o de actitud. “no es, pues, necesario, ni mucho menos, desconectar de ningún modo la muerte de la vida, ya que, en realidad, la vida no puede concebirse sin la muerte.”(Frankl, 1997:107).

La vida no puede ser vista como un fin en sí, de la misma forma que Frankl (1997:109), nos dice que no podemos encontrarle el sentido a la vida solo pensando en su realización de sentido en ella, si no que lejos de ello, recibe sentido esta por otros factores no biológicos, como el espiritual, moral, estéticos, etc. “La vida no trasciende de sí misma” en longitud”- en el sentido de su propia propagación-, sino “en profundidad” – en cuanto apunta a valores-o “en anchura”, en la comunidad”.

Frankl (1997:56), como lo hemos mencionado anteriormente nos habla de que la vida tiene un sentido mas no es éste el único sentido de la vida, sino que nos habla de un supra sentido o un sentido último, el que va a llenar de sentido el haber existido, como ejemplo. Por eso dice que “exactamente del mismo modo que un animal no puede, trascendiendo de su medio, llegar a comprender nunca el mundo de los hombres que está por encima de él, el hombre no puede llegar nunca a comprender qué es lo que está por encima de su mundo propio; puede a lo sumo, llegar a vislumbrarlo -por medio de la fe- o bien entrar en contacto con él, si ese mundo superior irrumpe en el mundo propio del hombre por medio de una revelación.” (56:1978).

Podemos comprender aquí que la fe es un “sentido superior”, la cual tiene una extraordinaria importancia terapéutica, y psicohigiénica. Esta es una fe creadora, hace al hombre más fuerte, como autentica fe que es y nace de una fortaleza interior. Para quien vive con esta fe y realmente la tiene, nada de lo que ocurre es carente de sentido, nada pasa en vano ni por pasar, sino que todo está perfectamente planeado y tiene un para que.

Hemos hablado de la importancia de la finitud para el sentido de vida, también de un último sentido, donde después de esta vida entenderemos el sentido total de ella, hablando ciertamente de una dimensión que está por encima de nosotros, con el cual nos podemos conectar por medio de la fe, y también podemos encontrar que a través de experiencias dolorosas y a través del sufrimiento es que el hombre puede encontrar madurez y crecer, como nos lo menciona Frankl, “la plenitud de dolor no significa, ni mucho menos, el vacío de la vida, por el contrario, el hombre madura en el dolor y crece en él, y estas experiencias desgraciadas le dan más de lo que habrían podido darle muchos éxitos amorosos.” (Frankl 1997:65).

El sufrimiento crea una tensión entre el ser y el deber ser, esto quiere decir, me hace sufrir lo que acontece, ya que pensamos que debería de ser de diferente forma, no aceptando ni reconociendo la existencia del destino. Entre esta tensión del ser y el deber ser podemos encontrar como ejemplo el duelo donde lo racional esta por debajo de las emociones sabias del hombre es decir, cuando tenemos un duelo y lloramos parecería carente de todo sentido ya que para que llorar ante algo que es irreversible, sin embargo este duelo tiene sentido, ya que cuando lloramos a un ser querido y que perdimos, es como si ese ser siguiera viviendo dentro de nosotros, ya que rebasa el tiempo empírico y sigue viviendo de modo subjetivo en el plano del tiempo interior, nuestro duelo se encarga de tenerlo presente y vivo. “El duelo, por su parte, posee el sentido y la fuerza de hacer que siga existiendo, en cierto modo, lo que ha dejado de existir.”(Frankl 1997:169)

El sentir dolor también nos habla de nuestra alma y que al igual que los demás sentimientos o sensaciones tienen un para que o una meta que cumplir en nosotros, por lo que al igual que los sentimientos placenteros, como nos dejamos sentir y o trabajar en ellos, dejándonos procesarlos: “del mismo modo que la anestesia quirúrgica puede conducir a una muerte narcótica, la anestesia espiritual puede acarrear la muerte espiritual. A fuerza de reprimir constantemente las reacciones emotivas, tan plenas de sentido propio, para evitar la sensación de dolor o de pena que llevan aparejadas, acaban embotándose en el hombre la vida afectiva.” (Frankl 1997:171).

A veces el hombre solo puede vivir su vida en el sufrimiento, y por eso me gustaría completar con esta cita: “Es, en efecto, el análisis de la existencia el que nos descubre el sentido del sufrimiento, el que nos revela que el dolor y la pena forman parte, con pleno sentido, de la vida, del mismo modo que la indigencia, el destino y la muerte. No es posible separarles de la vida sin destruir su sentido mismo. Querer amputar la miseria, y la muerte, el destino y el sufrimiento, vale tanto como pretender quitarle a la vida su forma propia y especifica. Son precisamente los golpes del destino, descargados sobre la vida en la forja ardiente del sufrimiento, los que le dan la forma y su estructura propias.” (Frankl 1997:172)

CAPÍTULO CINCO
METODOLOGÍA

El término metodología designa el modo en que enfocamos los problemas y buscamos las respuestas. Nuestros supuestos, intereses y propósitos nos llevan a elegir una u otra metodología. (Taylor & Bogdan 1984:15).

El fenomenólogo busca comprensión por medio de métodos cualitativos tales como la observación participante, la entrevista en profundidad y otros, que generan datos descriptivos.

Los métodos cualitativos son tan antiguos como la historia escrita (1984:17), a partir del siglo 19 y principios del 20, lo que ahora denominamos métodos cualitativos fueron empleados conscientemente en la investigación social. La frase metodología cualitativa se refiere en su más amplio sentido a la investigación que produce datos descriptivos: “las propias palabras de las personas, habladas o escritas, y la conducta observable. La metodología cualitativa, a semejanza de la metodología cuantitativa, cosiste en más de un conjunto de técnicas para recoger datos, es un mundo de encarar el mundo empírico”. Entre algunas de sus características podemos mencionar:

1. La investigación cualitativa es inductiva. Los investigadores siguen un diseño de la investigación flexible.
2. En la metodología cualitativa el investigador ve al escenario y a las personas en una forma holística.
3. Los investigadores cualitativos son sensibles a los efectos que ellos mismos causan sobre las personas que son objeto de su estudio.
4. Los investigadores cualitativos tratan de comprender a las personas dentro de un marco de referencia de ellas mismas.
5. El investigador cualitativo suspende o aparta sus propias creencias, perspectivas y predisposiciones.
6. Para el investigador cualitativo, todas las perspectivas son valiosas, no busca la verdad es igual de importante el psicólogo que el paranoide.
7. Los métodos cualitativos son humanistas, llegan a conocerlas en lo personal y a entender lo que ellas sienten.
8. Los investigadores cualitativos le dan énfasis a la validez en su investigación. “Las mediciones cuantitativas son cuantitativamente precisas; las evaluaciones cualitativas están siempre sujetas a los errores del juicio humano”.
9. Para el investigador cualitativo, todos los escenarios y personas son dignos de estudio.
10. La investigación cualitativa es un arte, siguen lineamientos orientadores, pero no reglas; nunca es el investigador esclavo de un procedimiento o técnica. (Taylor & Bogdan, 1984:20-24).

Herramienta Metodológica

La herramienta metodológica utilizada para este trabajo fue el testimonio que de acuerdo con Piña (1989:131-132), afirma que “según mi punto de vista, será un nombre reservado al relato en el cual una persona se re¬fiere, a través de sus vivencias personales, a algún suceso histórico o medio so¬cial del cual fue testigo, sin que el eje de su narración sea necesariamente su propia evolución a través del tiempo”.

El testimonio consiste en una presentación por escrito de lo que significó para mí y cómo viví la muerte de mi hermano mayor, para luego hacer el respectivo análisis del mismo y de ahí sacar los resultados y conclusiones de la investigación.

CAPÍTULO SEIS

ANÁLISIS DE LA HERRAMIENTA

En este capítulo les comparto mi experiencia vivida en este duro evento, mencionándoles partes de mi testimonio donde pude identificar algunos pasos del proceso del duelo al igual que algunos conceptos de la logoterapia, como fue lo propuesto como objetivo del presente trabajo.

Los apartes del testimonio van entre comillas y en letra cursiva y mis comentarios y análisis van entre paréntesis en letra normal.

A continuación empiezo el análisis del testimonio, de acuerdo a lo señalado:

“Desde el sábado por la noche empecé a sentir una angustia que nunca antes había sentido”.

(Intuición)

“En el camino a casa de mis papas yo quería llamar al doctor de la familia, pero ni siquiera podía recordar su número telefónico, estaba muy nerviosa”.

(shock)

“Pasaron minutos que se nos parecieron horas, yo brincaba de un lado a otro como trompo, por toda la casa, por momentos me ponía a rezar y hacer intercambios con D´os. Le decía que si mi hermano se paraba y vivía, yo cuidaría más las leyes de la Tora, cosa que no hacía, como cuidar más mi kashrut, rezaría diario, cuidaría mi vestimenta y cuidaría mi relación con el prójimo al igual que mis palabras, estaba segura que de esa manera la íbamos a librar, pronto pasaría todo”.

(Como lo explico en el capítulo del duelo, aquí yo empiezo a hacer negociaciones)

“Después de varios minutos abrieron la puerta, se veía mi hermano tirado en el piso, salieron los doctores, se iban ya no había nada que hacer, pero como ellos tenían que salvarlo para eso eran los doctores, sentí una desesperación, impotencia, dolor quería yo hacer algo, ¿pero qué? No era creíble lo que pasaba, solo quería morirme. Yo en un estado de trance lloraba, recuerdo que me avente entre la esquina de un mueble y el piso, donde unos segundos quería desaparecer y así fue por unos segundos donde no recuerdo nada”.

Pareciera que lo que estaba pasando no era a mí, me sentía ajena, nada tenía sentido, ni lo que veía, ni sentía, ni oía, solo desasosiego, confusión y un sentimiento de injusticia y miedo”.

(Aquí podemos ver negación y enojo, parte del proceso de duelo)

“Cuando venia la gente a darnos a mi familia y a mí sus condolencias y me decían una y otra vez que lo sentían, que mi hermano era una gran persona, era como si me lo repitieran para recordármelo y que lo fuera creyendo. Me parecía como si estuviese viendo algún programa en la tele o una película en el cine, que no era yo quien lo estaba viviendo.

Con el tiempo al extrañarlo y ver que no regresaba, que no vendría más y pasaban los días y las semanas, empecé a ver que todo era verdad”.

(Es como el comienzo de aceptación)

“Empezaba una nueva vida para mis papás, hermana y para mí, una vida desconocida, jamás vista, llena de dolor, tristeza, y desesperanza. Cuando vi las caras de mis papas al día siguiente y vi que no eran más ellos mismos, lo entendí. Entendí que lo único que podía hacer era apoyarlos, no dejarlos solos, demostrarles mi amor y apoyo incondicional. Entendí que nada volvería a ser como antes, que mis papas podían o querían dejarse morir, cosa que yo no soportaba, necesitaba que estuvieran conmigo, no los podía perder a ellos también”.

(En este proceso de tratar acercarme más a la aceptación, también empiezo con una nueva tarea o un nuevo sentido, el de acompañar a mis papas y tratar de inyectarles sentido a ellos, para no perderlos).

“Yo quería que todos se fueran, los odiaba, solo veían el dolor en el que nos encontrábamos. No podía entender que lo hacían por amor. Yo no quería nada, solo la que era anteriormente mi vida, pero eso ya era imposible, me sentía anestesiada por momentos, sin ganas ni de respirar.

Yo era como un fantasma caminando, ya que no sabía lo que estaba pasando, no podía asimilarlo, solo veía pasar los eventos como si no fueran de mi vida propia, nada tenía lógica en mi cabeza, solo veía ir y venir gente, me abrazaban y me besaban, pero yo estaba aturdida, no tenía ni mente ni fuerzas para pensar, parecieron días agonizantes”.

(Podemos ver cómo el proceso del duelo no es por pasos precisos ya que se pueden dar alterados y sin orden, es más después de tocar alguno de ellos no significa que ya no se puede volver a sentir, como el enojo y negación que vemos aquí cuando por otro lado en el párrafo de arriba empiezo a tocar la aceptación, aun cuando por ratos volvía la negación).

“Me dolía tanto la garganta tanto que no podía ni pasar la saliva, era un dolor peculiar, nunca jamás sentido, me dolía el pecho los ojos de tanto llorar y la cabeza, pero nada me importaba. Hasta el día de hoy no se qué fue lo que pasó con mis hijos esos días, yo me desentendí de ellos sólo los veía a ratos. Seguía sin entender lo que había sucedido, con un gran dolor en el alma, no podía pegar ni un ojo para dormir, a pesar del cansancio tan fuerte que tenía, me sentía ajena a todos, hasta a mi esposo e hijos”.

(Dolor, y aislamiento)

“Era difícil ver cómo para todos seguía todo igual y dentro de nosotros, de mi, todo era diferente. Mis días eran pesadillas, el dolor era abrumador y agotador, no podía ver mi futuro ni siquiera por unas horas, era como permanecer clavada en el dolor personal y familiar a través de los minutos, pensar en una ausencia importantísima que se sentiría próximamente, la cual no se podía reemplazar con algo o alguien más, era un dolor devastador, donde se desgarraba el alma. Ese dolor era tan profundo que el alma estaba bloqueada, sin sentir nada solo el dolor, el cuerpo cansado y anestesiado. Deseaba que todos sintieran el dolor que yo sentía, tenia desgarrada el alma y mi mundo paralizado y derrumbado.

Yo había perdido mi mejor amigo, mi confidente, mi identidad, mi apoyo y mi protección, me sentía sola en este mundo”.

(Vemos enojo, aislamiento, depresión)

“Poco a poco y por circunstancias de vida tuve que empezar a ir y venir, pero nada era igual, todo tenía una sensación de incompletud y tristeza, empecé a sobrevivir pero no a vivir. Veía a muchachos de su misma edad y pensaba que él podría haber sido ese muchacho, a donde fuera y lo que hiciera él estaba conmigo, pero con dolor y mucho coraje porque él no estaba conmigo.

Me imaginaba constantemente que sonaría el azotón de la puerta principal de casa de mis papas y entraría él, como siempre, pero recordaba y veía que tenía que aceptar la realidad y eso ya era imposible.

Dentro de mí me preguntaba ¿Por qué a ellos que han sido tan buenos papas?”.

(Enojo, negación)

“Pasaba el tiempo y yo no sabía de qué se trataba la vida, amanecía desesperada, deprimida sin ganas de hacer nada ni de planear nada, quería estar sola con mi sentir, solo lo podía compartir con quienes sabia me comprenderían, mi hermana y papas”.

(Depresión, aislamiento).

“Pasó el primer año y por primera vez fui al panteón con mi familia a visitarlo ya que era su aniversario, no me imaginé lo que sentiría; al principio fue muy impactante darme cuenta que lo que veía era solo unas piedras o una lápida y yo lo que quería era verlo a él, pero al menos pude decirle todo lo que sentía y quería que supiera aunque sabía que no tenía que ir ahí para hacerlo.

Fue reconfortante saber que todavía podía hablar con él, pero con el tiempo comprendí que siempre lo podía hacer, desde mi corazón”.

(Aquí podemos ver como nos dice Frankl, que el duelo no es racional si no espiritual, ya que el llorar no cambia las cosas, pero el hacerlo nos permite de alguna forma darle espacio e importancia a la persona que hemos perdido y desde ahí encontrar la forma de relacionarnos con el y sanar).

“Mi mama siempre tuvo fe, la que le ayudo a salir adelante y a nosotros como familia también. Fue ahí cuando descubrí que mi mama era fuerte, a pesar de que su dolor era inmenso, insoportable, se preocupaba por nosotros, ya que nosotros a pesar de las circunstancias seguíamos vivos, y ella quería que estuviésemos lo mejor posible, viendo hacia un futuro, de hecho se adelantaba a lo que estaba por suceder con el único fin de acolchonarnos los momentos duros, para que fuesen menos dolorosos, sobre todo a mi papa; no me atrevería a decir que su dolor era menor, porque no lo fue así, pero ella era la que nos contenía y guiaba.

Hoy me puedo dar cuenta que trascendió porque a pesar de su inmenso dolor buscaba la manera de darnos su amor”.

(Aquí podemos observar cómo mi mama en su dolor también encontró un sentido al darnos amor a los que seguíamos vivos, tal y como la logoterapia nos menciona, que siempre que tengamos un para qué vivir, encontraremos el cómo, y eso fue lo que mantuvo en pie a mi mama).

“Nos enteramos que la que era la novia de mi hermano se iba a casar, nos dió gusto por ella, pero no era mi hermano con quien lo haría y eso me dolió, enojó he hizo sentirme fatal”.

(Enojo y depresión).

“Transcurrieron los años, lo extrañamos en cada fiesta, día especial y días ordinarios, cada aniversario vamos al panteón y pasa la misma escena desgarradora y desgastante con mi papa, pero con el tiempo yo empecé a prestar más atención al presente y de mis seres queridos, ese era y es el mensaje que rescato de esa gran pérdida, amar y darles lo mejor posible de mi, a ellos los que me dan sentido a mi existencia, así que empecé por estar y poner atención a ellos, empezando por recatarme a mí, en integrarme con esta pérdida como una nueva persona, porque eso fue lo que me sucedió, murió una parte de mí con mi hermano y rescaté lo que quedó de mi para empezar a construirme nuevamente como persona y proponerme nuevos retos”.

(Negociación y aceptación)

“Fue después de los primeros años, que algo dentro de mi me decía que no podía continuar de esa forma, en la misma posición de enojo con el mundo y tristeza, en la posición de víctima, la vida seguía y yo necesitaba volver a fluir con ella, eran ganas y también una necesidad, ya que yo estaba viva y podía ayudar a los seres que mas adoro, me di cuenta que habían quienes dependían de mi, mis hijos, y ellos necesitaban de una buena madre, responsable y cariñosa”.

(Aceptación, a demás de encontrar un nuevo sentido a mi vida)

“Al pasar un año de la muerte de mi hermano, como hacemos los judíos iba a asistir al templo, mi esposo me pidió que me contuviera y no sufriera de más, yo sentí enojo y coraje hacia él, pero fue entonces cuando me dijo que él creía que yo estaba embarazada, y como por la gran depresión que tenía ya no reglaba, no me había dado cuenta, no sentía ni siquiera mi cuerpo y si así fue ya tenía meses de embarazo y no lo sabía, fue una sensación tan rara, lloraba por la muerte de mi hermano pero por otro lado yo estaba concibiendo vida, no sabía qué tan contenta o triste me sentía, en ese momento, y lo era increíble que yo ni siquiera me hubiese dado cuenta, sentí una llamada de atención a mí misma y de la vida misma.

Yo seguía viva tenía que encontrarle disfrute a mi vida, necesitaba despegarme de mi hermano y concentrarme más en mí, en mis hijos y esposo, además de esa forma no podía ayudar a nadie, mucho menos a mis padres”.

(Enajenación, negociación y aceptación).

“Me sentía como una especie de persona, totalmente anestesiada, donde las emociones tenían la misma intensidad en la tristeza, no me permitía tocar o sentir alegría, era como un opacamiento de emociones y sentimientos en una sola línea recta, donde no hay lugar para el disfrute y ni siquiera identificación de necesidades, tan bloqueada estaba que ni me percaté de la ausencia de la menstruación”.

(Enajenación, disociación)
“Cuando les compartí la noticia a mis papas de mi embarazo, vieron un poco de esperanza en la vida. Cuando nació le hicieron su circuncisión con un amor y una alegría indescriptible, con él llego una nueva visión de vida, donde se dieron cuenta que todavía les quedábamos mi hermana y yo en vida, que los adoramos y necesitamos.

El dolor iba a estar presente, pero podrían sentir otras cosas y vivir de otra manera, desde ese momento mis papás han dedicado sus días a estar con nosotras, nuestros hijos y esposos, demostrándonos su gran amor y entrega, llenando de sentido sus existencias con solo el amor que nos entregan a cada momento”.

(Aquí podemos ver los valores de experiencia de los que nos habla Víctor Frankl ya que a partir del amor, de darlo y recibirlo, podemos llenar de sentido nuestras vidas, también vemos la fuerza opositora del espíritu, de donde mis papas sacan su fuerza para sostenernos y amarnos, contestando a lo inevitable que les presenta la vida con lo que tienen, en este caso sus hijas y nietos, de esta manera que lo podemos hacer después los demás integrantes, cada quien en su forma y en su momento).

“Cuando mi hijo nació, le llamamos igual que mi hermano y pusimos expectativas en él, le dimos un papel que desempeñar, de tal forma que él se la pasaba investigando cómo era su tío para comportarse como él, eso fue debido a la situación por la que se encontraba la familia entera, y a que mi hijo quería sanarnos siendo igual. Me di cuenta a tiempo de esto y empecé a llamarlo por sus dos nombres de manera que pudiera ir diferenciándose y que se fuera identificando con él mismo.

Hablé con mis papas haciéndoles ver el daño que le podíamos provocar a mi hijo, y se aplicaron de una manera increíble, a pesar de su dolor, enfocándose solo en el bienestar de mi hijo, dejando de lado sus necesidades neuróticas que hayan tenido. Fue mucho tiempo de trabajo, hoy es un niño sano, y único sin tener que cumplir las expectativas que teníamos en él”.

(Aquí podemos ver una parte de la negociación, donde no queremos aceptar la realidad como tal y deseamos sustituir a la persona por alguien más).

“Entré a desarrollo humano, y en una de las tareas me dejaron hacer mi genograma, después de haber hablado por varias ocasiones lo maravilloso que era que mi hijo se llamara como mi hermano, me pidió la maestra que me pusiera de pie, cerrara los ojos y me pusiera en el lugar de mi hijo, que tratara de identificar mis sensaciones, percibir mis emociones y energía; fue ahí cuando me di cuenta de el daño que podía hacerle, y tuve la necesidad de que se identificara como una persona independiente y separarlo de la imagen de mi hermano, fue en ese ejercicio donde sentí la enorme carga o responsabilidad que yo y mi familia poníamos sobre de él. El amor hacia él me dió la valentía para poder ayudarlo a encontrarse a sí mismo”.

(Aquí recurro a mi responsabilidad de madre y a mi libertad de las cuales habla la logoterapia al igual que a mi resiliencia, apelando a mi libertad de voluntad).

“Empezamos a vivir de una forma diferente con una huella, pero gozando el presente y a los presentes”.

(El sentido del momento del que nos habla Frankl)

“Viajé con mis papas y mis suegros, fue muy bueno para que ellos se dieran cuenta que todavía les hace falta hacer, ver y vivir cosas a demás de permitirse disfrutar, aunque en su interior sólo deseaban estar al lado de mi hermano”.

(Valores de experiencia)

“La tristeza de mis papas se ve en sus ojos, todos los días (y a mí me duele su dolor), pero también el amor que nos tienen a los que hoy estamos aquí”.

(Valores de creación).

“En desarrollo humano fue donde empecé a reconstruirme como persona, recogiendo todos los pedacitos que yo era en ese momento después de una perdida que me ayudaba a sostener mi base, me encontré, a partir de esta triste experiencia y de mucho trabajo, me conocí, y busque mi seguridad, (ya que antes solo la tenia a su lado); el cariño, la alegría y todo lo que soy y puedo llegar a ser con la finalidad de llegar a ser mejor ser humano cada día, para mí y para los demás, queriendo ser mejor mamá, hija, esposa, hermana, amiga, nuera, etc”.

(Aquí es donde comienzo a visualizar y descubrir lo que empieza a ser mi sentido de vida)

“Me di cuenta también de que tenía una culpa horrible porque sentí que abandoné de repente a mi segundo hijo, él tenía tan solo cuatro meses cuando todo sucedió, le tuve que quitar el pecho y no pude estar cerca de él los siguientes meses por orden médica, ya que al percibir mi angustia y dolor, bajó de peso. Era un tema que no podía ni hablarlo, hasta que también dentro del mismo curso lo pude trabajar para después poder enfrentarlo y hablarlo con él”.

(Aquí fue el aislamiento, no quería ni podía estar con alguien).

“Hoy me lleno de los momentos que comparto con mis hijos tratando de darles lo mejor de mí, y guardo en mi corazón como gasolina para mi alma esos momentos que los veo felices, sus travesuras, sus ocurrencias pero sobre todo su amor y experiencias donde demuestran lo que han aprendido, lo que son y lo que pueden llegar a ser.”

(Aquí me enfoqué en ver lo que sé que tengo, en el sentido del momento y en los valores de experiencia que es lo que descubro y valoro, después de este evento el “amor”)

“Seguí buscando ayudar a mis papas, hijos y sobre todo a mí misma, tratando de dar amor a los que más me importan por que descubrí que es una manera de darme a mí misma, pensar antes de actuar, responsabilizándome de mí misma, tratando de darle la importancia a cada evento, sin maximizar o minimizar, tratando de responder a la vida y las circunstancias asertivamente, sin tener que sufrir innecesariamente, porque ya viví y sé lo que es el sufrimiento”.

(Me empiezo a responsabilizar de mí misma y empiezo a elegir usando mi libertad).

“A partir de mi experiencia decidí tener muchos hijos, para que ellos se acompañen, apoyen, en fin, porque aprendí que un hermano es inigualable. Me duele mucho que no lo hayan conocido, solamente por lo que les platico de él, ellos lo llevan en un lugar en su corazón.

“Hoy puedo decir que me duele con todo mi ser su ausencia, pero a partir de este gran dolor y pérdida tan significativa, aprendí lo que es el presente, a valorar las oportunidades que nos brinda la vida, a vivir el momento, a valorar a me gente, a tratar de ser mejor ser humano cada día, a conocerme, a reconstruirme, gracias a eso hoy encontré mi propia individualidad, mi identidad, lo que me ha servido para poder respetar a cada quien como es, y verlo como una persona única y especial”.

(A partir de mi duelo es como descubro mi unicidad e irrepetibilidad, y las posibilidades de sentidos de los que habla la logoterapia).

“Todos estos años han sido de mucho trabajo personal, dolor, tristeza pero también encuentro en ellos amor y felicidad; para mí y mi familia fue una nueva forma de ver y vivir la vida, con una huella imborrable, pero de esa manera siempre tendremos presente su rectitud, honestidad, carisma, integridad, como era el, nunca lo olvidaremos, mientras siga vivo en nuestros corazones y mentes, seguirá vivo por siempre, en cada acto, suceso o decisión, por lo mucho que nos dio a todos y hablo sobre todo lo que me dio a mí, lo amo y le doy las gracias por haber y seguir siendo mi hermano”.

“Te extraño”.

(De esta forma es como yo le doy sentido a su ausencia y le dedico cada acto que hago o cada pensamiento que tengo, mismos que me han ayudado a ser mejor persona y llenar de sentido de vida).

Con este análisis termina el capítulo correspondiente al análisis de la herramienta y paso enseguida a los resultados y conclusiones.

CAPÍTULO SIETE

RESULTADOS

La respuesta a la pregunta correspondiente al planteamiento del problema: ¿Se puede sustentar en un trabajo de investigación la importancia de la fuerza de oposición del espíritu, en el sentido de vida, ante la pérdida de un hermano?; es afirmativa, ya que sí se puede apelar al recurso de la fuerza de la oposición del espíritu para dar sentido a la vida ante la pérdida de un hermano.

Tal y como quedó demostrado en el capítulo anterior en donde señalé cómo después de pasar por el proceso del duelo, que es necesario ante toda pérdida, donde parece que no hubiera sentido y ningún lugar a dónde poder ir, con el tiempo va apareciendo el sentido, apelando a lo que tenemos en ese momento.

En mi caso concreto, me ayudó mucho, el tener dos hijos por quienes ver y un esposo con quien compartir, al igual que contar con el admirable apoyo y cariño de quienes se encontraban en circunstancias similares a las mía, viendo hacia adelante, por supuesto que mis padres y hermana se convirtieron en una especie de recarga de energía, comprensión y amor cada vez que estaba a su lado.

En estos duros momentos me di cuenta que mi situación se podía empeorar si continuaba yo en la misma posición, dejando a lado a los seres a quienes amaba y dependían de mi, mis hijos que apenas eran unos pequeños, necesitaban de mi cuidado al igual que a mi esposo quien estaba adolorido y totalmente descuidado de mi parte, vi que me encontraba ya lejos de él, por estar sumida en un intenso duelo, y como consecuencia nos encontrábamos en dos caminos distintos, eso me preocupó y me asustó mucho, el pensar que también lo podía perder a él, de una u otra manera, fue cuando entró en mi esta duda o ganas de vivir de diferente forma. En este momento especial concienticé que tenía motivos para vivir, un esposo a quien amar y con quien compartir, al igual que unos niños a quienes cuidar y dar lo mejor de mí.

Desde mi dolor por la ausencia de mi hermano aprendí a valorar lo que sí tengo y lo que aun puedo hacer por ellos; el dolor sigue y seguirá ahí presente, pero ahora con un nuevo mensaje, saber que hoy puedo dar y hacer cosas por los que amo, reconociendo este dolor que nunca se irá, mas aprendí a vivir con él, encontrándole un para qué, es decir, un sentido.

Aprendí a dar y recibir el amor de quienes me rodean y forman parte de mí, valorando cada nueva oportunidad que se presenta para compartirlo y acompañarnos, cuidándonos los unos a los otros, creciendo como personas independientes y como familia. Es decir, una vivencia real de los valores de creación.
El estar rodeada de gente maravillosa, de amor y cuidados me dejaron ver que la vida es algo más que simple vida, son oportunidades que podemos tomar y llenarlas de sentido, desde la forma con la que hablo a mis hijos o padres, y el cómo estar con ellos, de qué forma me doy a ellos, y es así cuando mi vida empieza a tomar un nuevo rumbo ya que a pesar de este inmenso dolor soy privilegiada de tener este colchón lleno de amor y comprensión que me deja poder ver más allá de lo que en ese momento mis ojos y tristeza me dejaban ver, para poder reencontrarme con lo que había y hay hoy en día.

De tantas cosas que tengo, sin duda, lo más importante para mí, son mi familia, es decir, mis hijos y esposo, a partir de que mis padres me confortaron desde ellos, pude dar vuelta y ver que habían “algunos” ahí esperándome, para los cuales yo era importante, y ellos lo eran para mí, pero lo había olvidado. Cuando alcanzo a ver esto, es cuando empiezo a llenar de sentido y significado mi vida, dejando de pensar sólo en mi y en la gran tristeza que sentía, me permití entonces sentir algunas otros sentimientos, como amor, alegría, y otros más, los cuales empezaron a dar diferentes colores a mi vida a pesar de mi dolor que no se borró, pero sí empezó a acomodarse de tal manera que ya pudiera tocar otras cosas más allá del dolor.

El darme cuenta de que mi tercer hijo quería ser como su tío, desde esa necesidad de confortar a la familia, al principio fue conmovedor y hasta tierno, mas en mi proceso de vida me di cuenta que no podía seguir siendo de esa manera ya que él no estaba siendo quien realmente debía ser, por tratar de imitar, al igual que no se respetaba él mismo, por amor a quienes el amaba y no contaba con la madurez de lo que hacía. Yo, en calidad de su mama, sí la tenía y no estaba haciendo nada para detenerlo, ya que en algún lugar de mi corazón quería que también reemplazara a mi hermano, sin embargo con solo reconocer que él es único e irrepetible y que también tiene su sentido de vida propio, me ayudó para disociar esta realidad y entonces ayudarlo a ser él mismo. Como ya mencione antes, mis papas y familia me ayudaron en este camino para que se encontrara a él mismo.

Fue entonces cuando reflexioné sobre mis actos y pensamientos y vi que todavía estaba enganchada con mi hermano, él ya no estaba y necesitaba desprenderme de él desde otra forma, otro lugar, necesitaba soltar aun cuando mi dolor estaba presente. Me di cuenta de que sino ponía atención al presente, se iría y no regresaría, que dependía de mí si ayudaba a mi hijo o me quedaba en el pasado, por lo que este nuevo reto que me presentó la vida, también me ayudó a encontrar sentido a mi vida y quererla, respetar a las personas, sobre todo a mi familia.

 

CAPÍTULO OCHO

CONCLUSIONES

Las conclusiones a la cuales llegué fueron varias, como ejemplo, puedo afirmar que a pesar de las adversidades que nos encontramos a lo largo de la vida y por muy difíciles que sean, siempre tienen, la posibilidad de un para qué, solo que hay que descubrirlo poco a poco y con el tiempo.

Muchas veces no entendemos lo que nos pasa y queremos explicárnoslo, sin embargo pienso que, muchas veces, la respuesta no está en el saber el por qué de lo sucedido, ya que ahí solo vamos a encajonarnos a tomar una posición, la cual solo nos llevará a sentirnos peor de lo que estamos, en cambio si aceptamos lo sucedido y nos preguntamos el para qué de un evento tan doloroso, podemos llenar de sentido este dolor tomando diferente actitud ante lo sucedido, y así poder ver más allá de nuestro dolor, ayudándonos y ayudando a otros.

Para esto es importante trabajar con uno mismo y darle tiempo al tiempo, ya que como vimos anteriormente es importante llevar a cabo un proceso de duelo.

Cuando soy capaz de encontrarle un para qué a lo sucedido, es cuando empiezo a darle sentido al evento y este no se construye sino que se descubre a través de nosotros mismos, no tiene un tiempo especifico, solamente a medida que estemos preparados para descubrirlo es cuando va saliendo a relucir.

Como lo menciono en mi testimonio hay indicadores de sentido, es decir, las señales que me van guiando hacia este sentido, por ejemplo, cuando hablo de valores de creación, aun cuando no son parte de mi trabajo de investigación, aparecen, al darme cuenta que tenía motivos para recuperarme y estar lo mejor posible en el aquí y el ahora, para poder darles lo mejor a mis hijos, eso me fue llevando a descubrir mi sentido, al igual que la responsabilidad que tenía para con mis padres quienes a pesar de ser los directamente afectados, no perdieron de vista el estar presente para mi hermana y para mí, dándonos lo mejor de ellos, y es justamente a esto a lo que le llamamos valores de experiencia. Al igual que descubro que el amor que pueda yo transmitir a otros es un motor que me impulsa todos los días.

También podemos encontrar una de las vías hacia el sentido como es la responsabilidad, que en el testimonio la pude ver conmigo misma, en mi reconocerme como una persona única e irrepetible, ya que fue conmigo con quien tuve que trabajar para poder descubrirme, quién era y con qué contaba para hacerle frente a la situación, descubriendo mi sentido de vida, (cuando murió mi hermano murió con él, la Jenny que se colgaba de él), al igual que la responsabilidad que me reclamaba la vida por ser madre, esposa e hija.

De igual manera hablo de la libertad, otra vía de sentido, a la cual aprendí a recurrir, dándome cuenta que contaba con otras opciones y oportunidades, diferentes a las que había elegido durante mi duelo. En mi responderle a las situaciones de vida, cuando mencioné que quise un cambio de vida, al sentir que podía perder a mi esposo, pero sin lugar a dudas, quiero enfatizar el cambio de actitud ya que fue lo más importante en mi proceso, el querer descubrir el para qué de lo sucedido, dejando atrás el papel de víctima de la situación, que era así como me sentía y actuaba en esos momentos; sólo cuando pude responsabilizarme como nos lo dice la logoterapia (el pasado ya pasó, pero qué quiero hacer con lo sucedido, cómo lo quiero procesar: como víctima o con responsabilidad), me ayudó a descubrir nuevas formas de vivir y de sentir.

A partir de nuestra dimensión espiritual, la cual cuenta con la posibilidad de la libertad y la responsabilidad de las elecciones que hacemos, y que además son ilimitadas, aprendí que podemos contactar esta fuerza inmensa que nos lleva a decirle sí a la vida a pesar de todo y esta fuerza es real y sin duda, Viktor Frankl, acertó cuando la describió maravillosamente como el el poder de oposición del espíritu.

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