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Felipe Miramontes

Volver a los escritos de Viktor E. Frankl

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Descripción: 

En el presente libro el autor propone que un estudio serio de los fundamentos teóricos y prácticos del análisis existencial y la logoterapia abre caminos a diversos ámbitos de aplicación y contribuye al desarrollo de la creatividad del logoterapeuta-analista existencial en su trabajo clínico, preventivo y de acompañamiento existencial.

El logoterapeuta ingénito. Testimonio de un despertar a nuevas relaciones

 

Al logoterapeuta no se le forma, se le ayuda a despertar"

Kiwi

 

Hoy, sentado en el lomo del mundo, miro hacia atrás tratando de encontrarme con el que fui ayer, con el que comenzó a formarse como logoterapeuta hace tres años. Un largo -¿largo?- camino me ha traído hasta aquí, a este ejercicio de autodistanciamiento. Hoy por hoy me parece suficiente lo vivido en mi formación, sin embargo, quiero más, más de las personas que he conocido, más de la compañía, más del espacio libre y cariñoso, más de todo lo que me ha posibilitado el ser persona con todo: espíritu, responsabilidad, libertad, poesía, amor, deseo –y a veces necesidad- de otros.

 

Las puertas del paraíso se me han abierto en esta vida, gente hermosa recorriendo la misma senda, sufriendo sus propios duelos, desconociendo su propia sombra, viviendo en la inconsciencia, queriendo ser perfectos sin haberlo conseguido aún, maldiciendo por esto último. Gente que ha tenido experiencias límite. Personas, mujeres y hombres con edades dispares, casi todas y todos mayores que yo. Lo primero que me propuse fue hablarme de “tú” con ellas y ellos. Es decir, hablarles desde algo que despertaba en mí por aquellos momentos, desde el corazón, donde todos tenemos un sitio y miramos de frente al otro, amorosamente.

 

Antes de ingresar al Diplomado en Logoterapia presentía yo que estaba en el lugar correcto, me hice el propósito de aprovecharlo todo. Intuía lo que hoy es una realidad en formación: estaría trabajando en el instituto como facilitador, haciendo investigación, aportando lo mejor de mí para la Logoterapia. Hoy puedo decir que han sucedido tantas otras cosas que nunca siquiera soñé. Los sueños han rebasado mi realidad y se han apoderado de mi futuro. Cada día surge algo que me indica que no estaba equivocado en mi intuición. A la par de esto, mi vida, como persona y como profesionista y amigo y hermano e hijo, entre todo lo que es mi vida, se ha visto también afectada, en evolución, ha ganado en sentimiento y en gozo. Puedo decir que conozco mi vida, que la aprecio, que la descubro día a día, que no lucho contra mí mismo sino acompañándome en el trajín cotidiano, que soy consciente de lo que hasta ahora me ha limitado, que mi espíritu emerge como la exhalación.

 

Mi interior ha cambiado. Mi forma de enfrentar los problemas es otra. Mi actitud ante la vida es distinta. El que soy está a gusto con la vida ahora. Yo mismo he podido ver la dignidad de mi persona. Antes de este diplomado un montón de gente, desde mi familia hasta personas que veía unos instantes, me hablaban de mi potencial, de lo bueno que percibían de mí, de mis habilidades, mi sensibilidad, mi autenticidad. En fin, de cosas que yo mismo no podía ver. Hasta alguien alguna vez me dijo esta frase: “Felipe, si abrieras tus alas no cabrías en este salón”. En algún momento, no recuerdo cuál, comencé a pensar que tal vez tenían razón,  comencé a dudar pero ahora de mis dudas. Y resultó. Cuando me paré frente al espejo de la vida -ese espejo mágico donde se puede ver tanto el pasado como el presente, a veces incluso se vislumbra el futuro-, cuando limpié mis ojos y me sacudí la suciedad, pude verme como realmente había sido, me vi completo, humildemente, compasivamente. Desde ese momento fui otro. Ha sido un paso valiosísimo para que todos estos tres años valieran la pena. De otra manera hubiese sido como siempre, hubiese estudiado, obtenido un reconocimiento y a lo que sigue. Esta vez pudo ser distinto, mi propia aceptación fue un detonante para ello. Hoy por hoy puedo decir que la Logoterapia me ha ayudado a descubrir aquello valioso que siempre ha estado en mí, reafirmó el sentido de mi vida, me hizo vivir distinto. Ha sido como aquellos eventos para los cuales uno se prepara toda la vida y sólo llegan cuando uno está listo. El crecimiento personal que esto me ha permitido ha sido de lo mejor que hasta ahora me ha sucedido. A partir de ello se me han abierto puertas que hasta ahora ni sabía que existían.

 

He vivido este proceso con un compromiso intenso. Hoy ni yo mismo me reconozco. Y es que la Logoterapia no ha sido únicamente una formación profesional, ha tenido que ser necesariamente un proceso personal primero, para que después emergiera esa vivencia para poder estar genuinamente con el otro, con los otros. Es un libro leí la siguiente frase y estuve de acuerdo con ella: “No estudiamos para la escuela sino para la vida”. Hoy lo sé, y cada cosa que realizo la vivo primero para mí, la proceso, la asimilo. Sé que sólo así podré ponerla afuera. Sé que de este modo cuando aflore lo inconsciente, traerá lo mejor de mí, porque todo estará grabado en lo más profundo, personal de mi ser, en mi espíritu.

 

Por cierto, esto del espíritu era para mi al principio un gran suplicio. No hallaba la manera de contactarlo, o no podía ver que ya lo había hecho, y dudaba de su existencia, se me hacía lejanísimo o imposible. Llegué a pensar que esto era cosa sólo de aquellos y aquellas que creían en Dios. En otro momento, conforme avanzaba el diplomado me fui dando cuenta de lo hasta ahora velado para mí: yo también tenía un espíritu y había acudido a él siempre sólo que le ponía otros nombres. Fue una alegría descubrir que desde niño estuve en contacto con él. Sucedió que hasta en un momento de inspiración tuve la fortuna de conocer a dios, a mi dios personal e íntimo. Aquella revelación se me hizo presente cuando caminaba rumbo a mi trabajo, a las seis de la mañana por las calles del centro y con una oscuridad despidiéndose. Fue allí donde pude ver el sentido completo de la vida y de la muerte. Fue allí que incorporé nuevas creencias a mi vida, nuevas formas de vivirla y vivenciarla: “La lucha es de igual a igual con uno mismo, y eso es ganarla”.

 

Esto no podría haberlo logrado sin la compañía amorosa de las personas asignadas a mi formación. Por alguna causa fueron ellas y no otras las que han estado aquí. Alguna de ellas me des-cubrió, esto quiere decir que me ayudó a quitarme el velo que cubría mi rostro y que me hacía insensible para mí mismo, arremetió contra mis inseguridades y hasta me devolvió el gusto por escribir e hizo realidad mi sueño de seguir publicando. Otra de ellas me guió en la profundización del conocimiento y la ternura, ha sido tierra fértil dispuesta, amorosa. Alguien más me enseñó la poesía de la vida cotidiana, con los sufrimientos y las alegrías inherentes, encontrando en mis valores un sustento rico para cantar. Así han sido todas: con humor, con amor.

 

Como dije antes, los sueños que alguna vez tuve han rebasado mi realidad. Ahora tengo la oportunidad no sólo de ser facilitador en el instituto, sino que también puedo hacer investigación, encargarme de los escritos de los demás y revisarlos para su publicación, estar en contacto directo con Leti y trabajar con ella en sus textos. Tengo encargos que deleitan mi vida, tengo proyectos que la dimensionan y dirigen al infinito, estoy construyendo mi propio “granero” y almaceno allí todo esto que me sucede. Además hay tantos y tantos proyectos más, que me faltaría vida para realizarlos.

 

Yo no sería logoterapeuta si algo más no hubiese sucedido. Yo no sería logoterapeuta si no hubiese comenzado un formal proceso personal de logoterapia. Y como todo lo que aquí narro, también tuve la suerte de encontrarme con una logoterapeuta que con paciencia y amor me ha acompañado en mi camino. A veces yo mismo no me entiendo y ella me ayuda a hacerlo. De varias maneras. He aprendido con ella a hacer silencios, a hablar lo necesario, a estar para el otro, a respetarlo, a buscar la forma de exploración más fecunda.

 

Hay algo que me ha ayudado a dimensionar el alcance de todo lo vivido: son los congresos a los que he asistido. Al ver, o mejor dicho sentir, a toda la gente que por allí se mueve percibo una sensación extraña en el aire. Desafortunadamente es extraña porque sucede a veces y no sucede siempre. Se trata del encuentro corazón a corazón entre muchas personas que conforman una comunidad, y lo hacen durante un pequeño lapso de tiempo, se conocen diez minutos y ya está, se abre el pecho y sale lo más íntimo y auténtico de cada uno. Me he hallado sorprendido de todo lo que se mueve en mí durante estas convivencias, en esos momentos puedo decir que vivo mi ser como un todo, siento una completud radiante, me vivo como una unidad y una totalidad desbordante. Aún hoy siento su vibración en mí, me conmuevo en el recuerdo y trato de revivirlo a diario con otras personas.

 

Hoy puedo decir que a través de todo este proceso me veo mejor siendo persona, con mis altas y mis bajas, con todo lo que hace de mí un ser único, singular e irrepetible. Este proceso me ha servido para poder decir esto: Lo que he visto y sentido aquí es algo que en el fondo de mí sabía que existía, lo presentía en algunas ocasiones y lo añoraba en otras porque lo había visto en mí, aunque lo había perdido de vista por alguna razón. Hoy puedo decir, sin pretensión alguna, que ha despertado en mí el logoterapeuta que soy, que he sido. Aquel logoterapeuta ingénito despertó. Sé que todo lo vivido me ha puesto en este camino, que todo el sufrimiento y los llantos y las pérdidas, las alegrías y triunfos y amores, han estado allí para algo, me han escogido a mí para algo. He cambiado mis gafas con que ver el mundo. En algún momento escribía que me gustaba una frase de Tavo Paz que dice “Tienes los sueños demasiado claros, sólo te hace falta una filosofía fuerte”, y por entonces añoraba encontrar esa filosofía que me sostuviera en pie, que me hiciera vivir como quería vivir, en donde cupieran todos mi sueños. La encontré en el Análisis Existencial y la Logoterapia de Viktor Frankl. Este ha sido uno de los descubrimientos más importantes de mi vida, a través de él se me han abierto las puertas del mundo, de la vida. He despertado y no pienso dejarme vencer de nuevo por la apatía y el nihilismo, estoy convencido de que vivo a contracorriente, a contracultura porque todo lo que hoy se pregona no es sino muerte y yo quiero vivir, quiero dejar aquello que pueda servir a los que vienen, quiero ver a los que vienen y a los que están como personas no como cifras abstractas o cosas desechables. Quiero decir que “Todo mi entorno está entendido en el amor, que nos tuvieron los que fueron hace tiempo. Y hoy hace un buen día para hablar de los que están aquí, trazando el bienestar de todo aquel que vendrá...” . Hay hasta quien me mira mal, aquellos a los que esto les parece una locura, tan sólo porque no soy el triste de antes, el depresivo, el negativo, el que mandaba todo a la chingada y se refugiaba en su casa por lapsos demasiado grandes como para preocupar a cualquiera. Pero, y aquí sí que hay pero que valga, los hay también quienes celebran conmigo estos descubrimientos, alumbramientos de nuevas vidas llenas de sonrisas a pesar de todo, de dios y de diosas, de sentidos por vivir.

 

Esto expresa la re-significación de este mundo nuevo, de la vida que amanece cada día, del amor que nace de poder mirar al otro a los ojos, del compromiso de trabajar por aquellos otros que parece que no existen. La deconstrucción ha comenzado.

 

Y sí, hoy puedo ver al otro a los ojos porque puedo verme a mí mismo a los ojos. Hoy puedo acompañar el sufrimiento del otro porque he tocado mi propio sufrimiento, lo he vivido y ahora me acompaño en él. Puedo “encontrarme” con el otro porque en todo este camino me he encontrado a mí. Puedo estar con el otro porque a través de todo lo que constituye mi propia vida, con lo agradable y lo desagradable, en el día y en la noche, solo o acompañado, estoy conmigo en todo momento. Puedo hoy sentir al otro y vibrar con él, escucharlo, verlo, ayudarlo, curarlo, porque he aprendido a curarme a mí mismo, ya la sanación será la parte que cada quien ponga de sí para volver a la senda o para descubrirla por vez primera. Hoy puedo estar con el otro y verlo de frente y tratarnos de “tú a tú”, o mejor dicho de “yo a tú” porque he reconocido mi propia dignidad. Hoy puedo guiar al otro hacia una actitud que le permita hacerse cargo de su vida porque he podido hacerme cargo de la mía, he podido, como dicen mis amigas feministas, empoderarme. Hoy no tengo miedo de hacerle daño al otro cuando no sepa “qué técnica utilizar” porque sé que cuento con el mejor instrumento: yo mismo y mi propio corazón. Hoy sé que al otro apenas le ayudan las palabras o los discursos, sé que lo que quiere es ser escuchado y yo sé escuchar porque me he escuchado, hice caso de los gritos de auxilio pidiendo ayuda, estoy convencido de que lo que cura es el encuentro porque yo me he podido encontrar con otros, he pedido ser escuchado y a veces eso me ha bastado. Hoy sé que lo que hago profesionalmente es valioso para el otro y que por ello merezco el pago por mi trabajo. Hoy puedo junto al otro construir un mundo distinto fundado en el amor, hoy construyo el “nosotros” poniendo lo mejor de mí sin que duela, y este es el mejor indicador de que lo hago con amor y no como obligación. He descubierto que el poder de la palabra está en el silencio y que lo mejor a veces es hacer silencio sin incomodarme “porque no hago nada”. He aprendido que el otro es responsable de su propia vida porque en lo personal he aprendido a soltar lo que no me corresponde, sé que de esta manera puedo acompañar mejor al otro, y lo que es más, hoy por hoy no siento que lo abandone o que me sienta lejano. Hoy puedo validar los sentimientos del otro sin juzgarlo porque he aprendido a validar los míos sin juzgarme. Puedo compartir con el otro no los por qué sino los para qués. Aunque a veces tenga que morderme la lengua estoy cierto de que los tiempos y los procesos son personalísimos, aprendí a respetarlos cuando acepté y respeté los míos sin violentarme. Aprendí a compartirme sin temor a perder “mi pedestal” porque hoy sé que ese pedestal no existe cuando estás junto o frente a una persona. Sé que puedo ayudar al otro siempre y cuando pueda diferenciar lo que es mío de lo que es de él, por lo que ha sido necesidad imperiosa el autodescubrimiento constante y sincero, ah, y una bolsita al lado mío para poner mis pertenencias. 

 

Hoy sé que el camino continúa y sé también que yo estoy en él, comprometido. Hoy se me logoterapeuta y también me sé legoterapeuta porque sé que mucho de lo que pueda aprender no ha venido aún, sino que vendrá con los pacientes y con mi vida personal de ahora en adelante. Puedo decir que ahora que estoy por terminar la especialización en Análisis Existencial y Logoterapia tendré toda la vida por delante, por lo que ahora ya tendré tiempo de estudiar a Frankl a fondo. El camino apenas comienza. Y yo estoy listo para vivir como que hoy es el primer día del resto de mi vida. 

 

Walt Whitman dice que todo adiós es el saludo a algo nuevo, yo estoy de acuerdo. A mí me gusta la palabra sacrificio, y sé junto a Walt que cuando algo se escoge algo también se deja. Sin embargo, esto lo he sabido siempre, entonces, ¿a qué tanto sufrimiento? Lo que pasa es que antes yo quería todo y sentía que podía tenerlo todo a la vez, me sentía perfecto y omnipotente. Hoy me sé apenas un hombre de carne, huesos y nervios... alma... y espíritu. Casi nada ¿no?

 

Al final de este viaje

 

Al final de este viaje en la vida quedarán

nuestros cuerpos hinchados de ir

a la muerte, al odio, al borde del mal.

 

Al final de este viaje en la vida quedará

nuestro rastro invitando a vivir,

por lo menos por eso es que estoy aquí.

Somos prehistoria que tendrá el futuro,

somos los anales remotos del hombre,

estos años son el pasado del cielo,

estos años son cierta agilidad con que el sol te dibuja

en el porvenir, son la verdad o el fin,

son dios.

 

Quedamos los que puedan sonreír

en medio de la muerte, en plena luz,

en plena luz, en plena luz,

en plena luz, en plena luz,

en plena luz.

Al final de este viaje en la vida quedará

una cura de tiempo y amor,

una gasa que envuelva un viejo dolor.

Al final de este viaje en la vida quedarán

nuestros cuerpos tendidos al sol

como sábanas blancas después del amor.

 

Al final del viaje está el horizonte,

al final del viaje partiremos de nuevo,

al final del viaje comienza un camino,

otro buen camino, que seguir descalzos

contando la arena,

al final del viaje estamos tú y yo, intactos.

 

Quedamos los que puedan sonreír

en medio de la muerte, en plena luz,

en plena luz, en plena luz,

en plena luz, en plena luz,

en plena luz.

 

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