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Ernesto Rage Atala

¿Qué entendemos por un mundo en crisis?

¿QUÉ ENTENDEMOS POR UN MUNDO EN CRISIS?

Estamos viviendo en un mundo de violencia, zozobra e inseguridad, en donde existen amenazas de todo tipo y muy poco respeto por la dignidad del hombre. Concretamente, en la actualidad se está desarrollando un guerra injusta, en la que ha habido muchas muertes y millares de personas se han quedado sin hogar. Resuenan muchas voces pidiendo el fin de las hostilidades y la llegada de una paz duradera. Aunque desafortunadamente parecen ser voces que claman en el desierto.

Ciertamente no hay sólo un tipo de crisis, sino que existe una multitud de ellas; de aquí la imposibilidad de señalar el meollo de la crisis. Hay crisis sociales que nos hacen ver la tremenda injusticia de nuestro mundo. Existen, asimismo, fuertes crisis de valores, en donde estos, que un día fueron muy claros, en la actualidad nos presentan una gran confusión. Por otro lado vemos la gran cantidad de hogares destruidos, en donde los antiguos valores han dejado de ser importantes y los nuevos todavía no se los conoce adecuadamente. El ser humano sabe muchas veces lo que debe hacer, pero no lo que realmente quiere. Vive experimentando nuevos caminos, pero sin saber exactamente hacia donde va. Existen un tipo de pseudo valores disfrazados: detrás de una aparente democracia existe una dictadura que busca manipular los medios de comunicación para imponer sus “valores”… y podría seguir enumerando ejemplos que nos deben hacer pensar por dónde debemos caminar para acercarnos a la búsqueda del verdadero “sentido o sentidos de vida” del ser humano del tercer milenio.

En el momento de estar trabajando estas líneas, me preguntaba con sinceridad qué clase de crisis está viviendo nuestro mundo. Existe una gran violencia entre algunas naciones que amenaza con extenderse. La sensación general entre las naciones es de angustia y temor ante esta situación de violencia.

La realidad de la violencia que parece escapar a todo intento de conceptualización y catalogación. La violencia es un fenómeno tan extendido en la naturaleza, en la sociedad y en la historia, que los filósofos, psicólogos y sociólogos no han podido entenderse a la hora de tratar de analizarla y definirla (R. Bosc.).

Podríamos preguntarnos, como le hizo Viktor Frankl en vida, ¿de dónde brota la violencia? O dicho de otro modo: ¿Qué es lo que hace posible en el hombre la existencia de la violencia? Un intento de respuesta es la presencia de la agresividad en el ser humano. Si la violencia recorre nuestra historia, es porque la agresividad que subyace a la violencia está inscrita en el corazón del hombre. Por oro lado, se puede decir que aunque la agresividad tiene muchas otras formas de expresión, la violencia es una de las privilegiadas.

CRECIMIENTO A TRAVÉS DE LAS CRISIS

EL SUFRIMIENTO HUMANO

En esta ocasión me ha tocado hablar acerca de un mundo en crisis en nuestros días, pero enfocándolo desde un aspecto humanista y psicológico, con algunos elementos religiosos. Creo que uno de los aspectos más graves de este tema es el problema de las crisis personales en un mundo cambiante, en donde se han perdido muchos valores tradicionales y no han quedado otros en su lugar. Estamos viviendo en un mundo en el que no sabemos lo que realmente queremos, quizá tenemos una idea de lo que debemos hacer, pero tampoco nos permite sentirnos plenos.

Existen muchas amenazas de diferente tipo: guerras, crisis económicas, pérdidas del sentido de vida como personas, como grupo, como naciones y con fuertes peligros a nivel mundial. El verdadero y sano uso de la razón ha quedado a un lado. Todo aquello que en el pasado nos daba luz, paz y tranquilidad ha quedado a un lado; muchos de los grandes valores religiosos, morales, sociales, familiares y personales… han quedado en la penumbra. Las crisis nos han alcanzado en su vorágine y hemos perdido nuestra brújula hacia el sano crecimiento.

Sufrir es soportar el mal moral o físico, el dolor, la enfermedad, la angustia, la tristeza, la contrariedad, las privaciones, las ofensas y todo cuanto pueda desagradar o distorsionar la vida del ser humano.

Sabemos que en la vida del hombre no todo es felicidad, sino que el sufrimiento ocupa un lugar muy importante, es algo con lo que el hombre se encuentra inesperada e inevitablemente. Llega a ser, por lo menos en algún tiempo, una forma de vivir y no algo accidental.

El sufrimiento es una crisis que exige en el hombre haber ahondado en el significado, valor y sentido de su vida. Hay ciertas cosas que la persona sólo ve con lágrimas en sus ojos. En otras ocasiones se imponen cuando no se han querido aceptar pacíficamente. Por esto el sufrimiento tiene una función pedagógica, porque anuncia y crea una insatisfacción y una esperanza que nos lleva al crecimiento.

¿ QUÉ ES CRECIMIENTO ?

1) Es el dinamismo que empuja nuestra existencia en todas las formas que adopta: motivaciones, finalidades… ya que en ella todo tiende a crecer y a alcanzar un óptimo desarrollo.

a) Se busca actualizar el potencial que cada uno trae consigo.
b) Se realiza el sentido inmediato de la existencia.
c) Se procura el desarrollo interno de la conciencia, como consecuencia de la plenitud que trae el cumplir un deseo, un sentido. Esta plenitud es irreversible y permanece, ya que es la total actualización del potencial.
2) El potencial está constituido sustancialmente por tres cualidades básicas que construyen la complejidad de nuestra vida anímica:

1ª La energía: se derivan de ésta los diversos procesos energéticos, como la voluntad, el impulso de vivir, la capacidad combativa…

2ª La inteligencia: son los modos de conocimiento: la reflexión, el juicio, la intuición…

3ª La afectividad: son la gama de sensaciones y sentimientos: placer-displacer, afectivo-psicológicos, como la amistad, el afecto, la tristeza, amor-odio. En el aspecto espiritual: sentimiento de belleza, de armonía de adoración, de misticismo…

3) En la medida que logramos actualizar nuestra vida concreta este potencial, vivimos eficazmente en el exterior y con plenitud en el interior. Nuestra vida es proceso a través del cual cada uno es el creador de su propia plenitud. En la medida en que se realiza lo anterior, es la medida del propio crecimiento vital u pleno. Nosotros somos los únicos responsables de lo que vivimos.

4) El arte de la felicidad se puede sintetizar en los siguientes apartados:

a) La felicidad no depende de lo que pasa a nuestro alrededor, ni de lo que pasa dentro de nosotros. La felicidad se mide por el espíritu con el cual nos enfrentamos a los problemas de la vida.

b) La felicidad es un asunto de valentía… es tan fácil sentirse deprimido y desesperado.

c) La felicidad es un estado de la mente. No seremos felices en tanto no decidamos serlo.

d) La felicidad no consiste en hacer siempre lo que queremos; pero sí en querer lo que hagamos.

e) La felicidad nace de poner nuestros corazones en nuestro trabajo y de hacerlo con alegría y entusiasmo.

f) La felicidad no tiene recetas. Cada quien cocina con el sazón de su propia meditación.

g) La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida.

Para pensar correctamente (ética del pensamiento), Aristóteles se refirió al potencial que todo ser humano trae desde el nacimiento, y señaló la responsabilidad de actualizarlo; esto es, “convertir la potencia en acto”. La palabras son la riqueza que cada persona trae dentro de sí; pero actualizarla significa ponerla en práctica. Se suele hablar de tres etapas en la educación del conocimiento: el sentido de la verdad, el sentido de la fe y el sentido de la vida/misión.

1) El sentido de la verdad: renuncia y desprendimiento, es la verdad. La renuncia a nuestro sueños, a las expectativas y juicios previos. Cuando estamos tan llenos de la “verdad”, no podemos aprender más, ya no hay espacio.

a) La verdad es un punto de partida que se da en el entendimiento como una medida de higiene espiritual.

b) En un segundo momento, es la que enseña al pensamiento el camino a seguir, como decía el oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”, esto es, conocer la verdad de nuestra vida. El conocimiento de sí mismo es positivo, tiene un sentido dinámico, y por eso lo llamamos fe.

c) Aunque se ha dicho que la verdad es el comienzo de la sabiduría y de la libertad, esto no es categórico, porque una vez empezado ya no necesitamos repetir. Sócrates decía “yo sólo sé que no sé nada”. De aquí que la búsqueda del conocimiento debe partir de cero, como si no supiera nada.

2) El sentido de la fe: (en la búsqueda de la fe el interrogatorio es el instrumento). La segunda parte del “conócete a ti mismo” es la fe. Es el reconocer que nada sabemos y por estar vacíos podemos aspirar a saberlo todo. Este movimiento ascendente de conquista espiritual, queda expresado en el reto de conocernos a nosotros mismos. Es hacer consciente nuestro potencial humano, por eso mismo necesitamos un sentido. Fe no es credulidad. Es un conocimiento positivo y dinámico. Es la manera que tiene el futuro de hacerse presente. Desde el punto de vista existencial, la fe es la única fuente de todo progreso.

Dice Víctor Frankl: “… la fe tiene una extraordinaria importancia psicoterapéutica y psicohigiénica. Esta es una fe creadora que hace al hombre más fuerte, como una fe auténtica fe nacida de la fortaleza interior… Para quien así se fortalece, no existe nada carente de sentido, ya que para él nada acaece en vano. Todo tiene una finalidad, todo tiene un sentido, siempre hay un para qué.

Ningún pensamiento grandioso perece, aunque no llegue a ser conocido, ya que la historia interior de la vida de cada hombre, aun en todo su dramatismo y dolor, no pasará nunca en vano. Lo vivido por cada uno forma parte de sí, le engrandece, es siempre y a pesar de todo una realización creadora incomparablemente , mayor que cualquier gran obra literaria conocida que se pueda haber escrito.

3) La vocación y el sentido de vida: Tener ante nosotros una misión y encontrar la vocación dará sentido a nuestra vida. Dice Nietzsche: Quien tiene un por qué vivir, siempre encontrará un cómo. Frankl señala que la conciencia de una misión posee un valor, y afirma que nada ayuda tanto al hombre a vencer y soportar las dificultades objetivas y penalidades subjetivas, como la conciencia de tener una misión que cumplir. La vocación debe reunir las siguientes características:

1ª Ser completamente personal y exclusiva, ya que somos seres únicos e irrepetibles. En ella debe cumplirse nuestra unicidad.

2ª Satisfacer plenamente todas las aspiraciones del sujeto, ya que sólo así seremos creativos.

3ª Acrecentar en proporciones ilimitadas el rendimiento natural de nuestras facultades (potencialidad, riqueza interior…) hasta sus últimas consecuencias.

4ª La misión es siempre un deber moral específico. El carácter específico de la misión/vocación es doble. La misión/vocación no sólo cambia de unos individuos a otros por el carácter peculiar insustituible de cada uno, sino cambia también en el tiempo y de hora en hora.

Cada situación tiene un carácter particular, singular e irrepetible, como decía aquella famosa frase de Heráclito: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”. No son las mismas aguas, ni es el mismo momento, ni nosotros somos los mismos. Si no nos diferenciamos no existimos.

¿ QUÉ ES LA CRISIS ?

Existen varios vocablos que pretenden definirla. Uno de ellos es el vocablo chino Li K’AN, que quiere decir “antes de la consumación”, y sus dos caracteres significan “peligro y oportunidad” , esto significa ir del caos al orden, a un nuevo devenir, a cambio de carácter.

El término griego krineinn significa decidir, y sus derivaciones nos indican que la crisis es, a la vez que decisión, discernimiento, así como un punto decisivo para mejorar o cambiar . Crisis en sentido originario es juicio. Es elección en general, terminación de un acontecer en un sentido o en otro.

La crisis resuelve una situación y al mismo tiempo designa el ingreso a una situación nueva que plantea sus propios problemas.

1) Se pueden anticipar ciertas valoraciones cuando se especifica el tipo general de la crisis; v.gr., una crisis de crecimiento de un organismo o sistema es beneficiosa; pero una crisis de senectud, es, en cierto sentido, perniciosa.

2) La característica común a toda crisis es su carácter súbito y, en general, acelerado. La crisis nunca ofrece un aspecto gradual normal; parece ser lo contrario a la permanencia y estabilidad.

3) Entre las múltiples manifestaciones de las crisis, nos fijaremos en la individual-familiar. Esta designa una situación en la cual la realidad humana emerge de una etapa normal (o supuestamente normal) para ingresar a una fase acelerada de la existencia. En virtud de las crisis, se abre una especie de abismo entre un pasado que ya no se considera vigente y un futuro que todavía no está constituido.

Por lo general, la crisis humana, personal y familiar se refiere a la creencias y, por lo tanto, el ingreso en la fase crítica equivale a la penetración en un ámbito en el que reinan el caos, la desorientación, la desconfianza y la desesperación.

4) Las crisis se caracterizan por un colapso en la capacidad para resolver problemas. Sabemos que es característico de la vida humana a querer vivir orientada y confiadamente. De aquí que tan pronto se presenta una crisis se busque una solución rápida para salir de ella. En algunas ocasiones es provisional, cuando se va del fanatismo a la ironía. Otras veces es definitiva, cuando se logra sustituir las creencias perdidas por otras.

Se puede decir que la crisis y el intento de resolverla son simultáneos. Sin embargo, dentro de los caracteres comunes se dan múltiples diferencias en las crisis.

* Algunas son, por así decirlo, más normales, por lo cotidiano de ellas.
* Otras son más típicas, para las cuales hay soluciones prefabricadas.
* Otras más, son de carácter único y exigen un verdadero esfuerzo de invención y creación para salir de ellas.
* Algunas son efímeras y otras permanentes.
* Unas son parciales y otras por lo menos relativamente totales.

5) Se ha dicho en ocasiones que el ser humano es constitutivamente crítico. esto quiere decir que los hombres viven personal e históricamente en un estado de inseguridad ontológica (perteneciente al ser) y siempre en cambio. Por esta razón se puede entender que el hombre siempre es un problema para sí mismo. Desde este punto de vista no se podría decir que hay crisis, porque entonces todo periodo sería la particular modulación de una crisis permanente. En otras palabras, de crisis en crisis cambiamos y de crisis en crisis crecemos. Pero para crecer con la crisis hay que trabajar, de lo contrario, podemos salir disminuidos de cada una de ellas. Tenemos que aprender a asimilar las pérdidas que nos produzcan las crisis. Entre las crisis necesitamos un período de paz y reposo para asimilar la experiencia. De otro modo se puede caer en una crisis crónica.

Ante la incapacidad de la persona en crisis para resolverla, es necesario una ayuda exterior. Esta se puede definir como “intervención en crisis” , que consiste en auxiliar a la persona a afrontar un suceso traumático para debilitar los efectos del trauma, estigmas emocionales, daño psíquico para que se incremente la posibilidad de crecimiento al desarrollar nuevas habilidades, perspectivas de vida y mejores opciones. El proceso tiene dos fases:

1ª Intervención de primer orden o primera ayuda psicológica: esta ayuda necesita ser brindada de inmediato por aquellos que tuvieron el primer contacto con la víctima. Son procedimientos que toman poco tiempo, minutos u horas, y generalmente suelen ser proporcionados por asistentes comunitarios.

2ª Intervención de segundo orden: es el principio primordial de la terapia a personas en crisis. Esta intervención está dirigida a facilitar la resolución psicológica de la misma, lo cual toma más tiempo: semanas o meses. Es proporcionada por terapeutas y consejeros con conocimientos específicos y técnicas de evaluación y tratamiento.

Como ya se comentó anteriormente, las crisis son para crecer, y el sufrimiento es parte de la crisis. El sufrimiento exige una mística una forma de ser tratado y vivido, y no tanto una explicación. Más aún, no exige una respuesta de orden racional. Aunque el hombre exprese su dolor con una pregunta, en realidad lo que necesita es una actitud para afrontarlo y no una respuesta. En realidad no le interesa el diagnóstico, sino liberarse de un mal o sentirse con fuerzas para poder soportarlo.

Una de las características de las actuales generaciones es no querer aceptar que uno de los signos de los tiempos actuales es que tenemos que aceptar que e n el mundo existe mucho dolor y que no estamos preparados para enfrentarlo con una actitud logoterapéutica, esto es, buscarle el sentido aquí y ahora, siguiendo aquella frase de Frankl: vivir es sufrir, pero sobrevivir es encontrarle un sentido al sufrimiento.

El sufrimiento tiene un valor educativo como el de una corrección paterna o fraterna. Más aún, puede llegar a ser una forma de entrar en comunión con los hombres, a pesar de que el hombre sufra solo. Así, vemos en el A.T. de que el sufrimiento es una revelación para los profetas. Moisés y los profetas son figuras de Jesús, el siervo doliente de Yahvéh. Jesús sufre y deja a Dios ser Dios y al hombre ser hombre., pero con su fidelidad, , su obediencia y su aceptación da sentido al sufrimiento, ya que él no suprimió el sufrimiento, pero consuela a los que sufren. De hecho hace una bienaventuranza cuando se sufre por Él y por el Evangelio.

ALGUNAS IDEAS SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA

El hombre no se puede resignar a que todo en su vida termine con la muerte. "Un organismo no ama a otro organismo, sino que es un YO el que ama a un TÚ. Por esta razón, el amor puede sobrevivir al envejecimiento y a la muerte misma. Si el amante trasciende la corporeidad del ser amado, trasciende también su mortalidad. Al hablar de su espiritualidad, la persona se está revelando hacia algo más allá que la corporalidad y sensibilidad. Sólo conocemos la existencia espiritual, en cuanto unida al cuerpo y al alma, ya que no podemos saber lo que está más allá del cuerpo, del espacio y del tiempo. La pérdida de su mortalidad psicofísica gana la inmortalidad espiritual, que es lo que lo diferencia de los demás seres vivos. El hombre es un ser histórico y como tal no "ES", sino que "DEVIENE, ACONTECE". Está completo cuando cambia su vida".

Siempre existe la posibilidad de encontrar el sentido, ya que éste se encuentra en la vida misma, en la existencia como una tarea, en la vivencia de un ideal, etc. No obstante, el hombre no es capaz de conocer el sentido absoluto, la totalidad, porque el absoluto para él es inalcanzable, y rebasa su capacidad de comprensión. No es posible para el ser humano conocer el supersentido, sólo es posible creer en él, tener fe. Esta fe en un supersentido es ya un sentido.

Buscar el sentido es lo mismo que sentir. De aquí la dificultad que tiene la existencia para encontrar el sentido y el fundamento de su propio ser.

Sólo se puede entender al hombre desde Dios. Sin embargo, el hombre únicamente puede encontrar el acceso a Dios partiendo de sí mismo. Para enseñar el camino hacia Dios, se hace desde lo emocional. Tenemos una nostalgia (necesidad) dentro de nosotros que se refiere a Dios. La sed demuestra la existencia del agua. La fe comienza cuando debemos elegir, decidirnos por una de las posibilidades.

Dios es impensable, sólo podemos creer en EL y amarlo. Nunca podemos resolver lo superior en lo inferior, sino superar lo inferior en lo superior.

Por otro lado, siendo el espíritu humano de índole personal, concluimos que es también el espíritu divino al cual nos referimos con un tú, ya que el amor siempre es a una persona. La oración es un acto humano que hace presente a Dios como un tú.

Lo religioso se puede desvanecer en lo indefinido, por lo que necesita una forma simbólica que lo limite: la tradición confesional. Empero, muchas veces existe el peligro de la pérdida del contenido religioso. Así, por ejemplo, la sangre sin venas se derrama; pero las venas sin sangre se esclerotizan.

La patodicea se pregunta que sentido tiene el sufrimiento. La teodicea, a su vez, se pregunta por qué Dios lo permite. Es necesario recordar en lo referente al supersentido, que no es posible aplicar los criterios humanos para juzgar a Dios con mentalidad pragmática. Así, dice Frankl, si yo le digo algo a un perro con el dedo, éste no va a mirar hacia ése algo, sino hacia el dedo levantado. Lo mismo le sucede al hombre ante el sufrimiento.

LA BÚSQUEDA DEL SENTIDO

Víctor Frankl, en su obra "La psicoterapia al alcance de todos" (1986), dice: "Si la felicidad radica en entender que no es tanto lo que yo puedo esperar de la vida, sino lo que la vida está esperando de mí" , estaremos entrando en el proceso de la búsqueda de sentido.

Todos los días los seres humanos nos preguntamos ¿cuál es la razón de mi existir? pero son muy pocos los que inician el proceso de búsqueda continua, y menos aún los que creen haberlo encontrado. El sentido de vida está mucho mas allá de todas las fronteras construidas por el hombre mismo, ya que lejos de encontrarse fácilmente, es menester construirse a sí mismo para poder darle forma a lo que comúnmente conocemos como YO.

Frankl habla del significado de la palabra “esperanza", ya que un sentido que no se concibe sin acción se habrá quedado pendiente. El sentido de la vida está ligado con la acción, por eso la tarea del hombre será la BÚSQUEDA.

BIBLIOGRAFÍA

Buber, M. (1977), Yo-tú. Nueva Visón: Buenos Aires-

Frankl, V. (1992), Psicoanálisis y existencialismo. F.C.E: México.

Frankl, V., (1995), El hombre en busca de sentido. Herder: Barcelona.

García de Alba, J.M. (1984), El valor de tu vida. Edit. Iteso: Guadalajara, México.

González, E. (1995), Crecimiento a partir de las crisis. Un enfoque logoterapéutico. Editorial Cóatl: México.

Navarrete, R., (1997), El crecimiento personal. Edit. San Pablo: España:

Análisis Existencial de la Conciencia

De hecho sucede que lo que llamamos conciencia alcanza una profundidad inconsciente. Es en donde tienen su origen las grandes y auténticas decisiones del ser humano.

La conciencia es prelógica e irracional. Lo que nos descubre la conciencia es algo que está por hacerse real y que ha de realizarse previamente. Surge entonces la cuestión de cómo se hará real, si no es anticipado espiritualmente. Este anticiparse, esta anticipación espiritual, se da en lo que llamamos intuición. La anticipación espiritual ocurre en un acto de “visión”.

El amor contempla y descubre posibles valores en el “tú” amado. Anticipa en su visión espiritual lo que un hombre concreto puede encerrar en sí mismo, en cuanto a posibilidades personales aún no realizadas. El amor y la conciencia sólo pueden moverse por caminos intuitivos. La misión de la conciencia es descubrir en hombre “lo uno y lo necesario”. En otras palabras, se trata de esa única y exclusiva posibilidad que sería, de alguna manera, un valor de situación, un deber ser, que no puede ser abarcado por ninguna ley moral. El instinto vital descuida lo individual. La conciencia incluye siempre el “ahí” concreto de mi ser personal.

Así como la conciencia descubre “lo uno necesario”, el amor, a su vez, descubre lo único posible; es decir, las posibilidades únicas en su género que ofrece la persona amada. En el amor, el hombre es un ser que decide. De hecho, una elección amorosa es sólo verdadera cuando no se encuentra dictada por impulsos. Mientras un yo sea impulsado hacia un tú, por un ello, no es posible hablar de amor. El YO es quien se decide por un TU.

No sólo la conciencia y el amor tienen sus raíces en una profundidad intuitiva del inconsciente espiritual, también la conciencia artística. El artista que quiere ejecutar su obra más consciente posible, la lleva a un completo fracaso artístico (a causa de la hiperreflexión). Es necesario que se le devuelva su confianza en el inconsciente.

La psicoterapia trata de hacer a toda costa que algo se vuelva consciente, ya que el terapeuta sólo efectúa esta operación provisionalmente. Su tarea es la de hacer consciente algo inconsciente, para restituirlo finalmente a su inconsciencia. Facilita el paso de una potencia” inconsciente a un acto consciente. El objetivo es crear, en definitiva, un hábito nuevamente inconsciente.

Allí, en donde el yo (espiritual) penetra y se mueve en una esfera inconsciente como en su propio terreno, puede hablarse de conciencia, amor y arte. Por otro lado, en donde el ello (psicofísico) hace irrupción en la conciencia, hablamos de neurosis o psicosis.

LA INTERPRETACIÓN ANALÍTICO-EXISTENCIAL DE LOS SUEÑOS

En los sueños -productos auténticos de inconsciente- no sólo intervienen elementos del inconsciente impulsivo, sino también del inconsciente espiritual.

El sueño viene a dar expresión a la voz de aviso de la propia conciencia. En el análisis de los sueños se requiere objetividad y sinceridad de parte del analizado. De parte del investigador, una imparcialidad incondicional que no le haga cerrar los ojos en lo que se refiere a los hechos de la espiritualidad inconsciente.

Hay sueños en los que existe una advertencia al durmiente. En otros, figura un reproche o en ocasiones un rechazo por algo... Sin embargo, siempre proceden de la conciencia, esto es, de lo más íntimo del inconsciente espiritual.

Lo religioso se encubre a veces pudorosamente. Sería un error confundir tal pudor con un inhibición neurótica. El pudor desempeña en el amor una marcada función protectora. Su tarea consiste en impedir que, algo que es objeto absoluto, llegue a convertirse en objeto de espectadores. De esta manera, se puede decir que el amor tiene “aversión” a ser observado. Por esta razón huye de toda publicidad, ya que por ésta el hombre teme que algo sagrado en él sea profanado. En otras palabras, por la contemplación extraña o propia, el amor se desyoifica y se elloifica.

La religiosidad implica -por lo menos en la misma medida que el amor- una verdadera intimidad. Es íntima al hombre en un doble sentido: está “en lo más hondo” de él; y como el amor, se halla también bajo la protección del pudor. Aun la religiosidad auténtica se esconde de toda publicidad para seguir siendo auténtica. Se oculta para no traicionarse a sí misma.

Los pacientes suelen tener miedo de “traicionar” su experiencia religiosa “íntima” de dos maneras. Tanto en el sentido de divulgarla, como en el de hacerle traición. Esto último lo temen en cuanto que no quieren que su experiencia íntima caiga en manos de alguien que posiblemente sea incapaz de concebirla en su propio ser, de comprenderla como algo propio de la persona. Temen que vean en esa experiencia algo impropio; v.gr. que el terapeuta vea su experiencia como una sublimación o ponerla al descubierto como algo no personal; algo que no pertenece a la esencia del yo, sino a la del ello.

Los pacientes se encuentran dispuestos a comentar, por ejemplo, su vida sexual más íntima, descendiendo incluso a detalles. No obstante, esos pacientes empiezan a sentirse cohibidos en cuanto se toca su vida religiosa íntima. Su camino religioso parece estar fuera de toda discusión. Quizá el no respeto a este punto sea un aspecto que favorezca la represión de la religiosidad, de su ocultamiento psicológico del yo consciente.

LA TRASCENDENCIA DE LA CONCIENCIA

Toda libertad tiene un “de qué” y “un para qué” es libre el hombre. La respuesta es ser impulsado, i.e. que su yo tiene libertad frente a su ello. En cuanto a su para qué, el hombre es libre, se puede contestar que para ser responsable. La liberad de la voluntad humana consiste, por tanto, en una libertad de ser impulsado para ser responsable, para tener conciencia.

“Sé dueño de tu voluntad y siervo de tu conciencia”, dice Frankl. Esta frase la entiende de la siguiente manera:

1) Sé dueño de tu voluntad: dueño de mi voluntad lo soy ya por el hecho de ser hombre, pero con la condición de entender debidamente “ser hombre”, de comprenderlo como ser libre, de concebir todo mi ser existente como plenamente responsable.

2) Siervo de tu conciencia: la conciencia debe ser, por tanto, algo distinto de mí mismo. Tiene que ser algo que esté por encima del hombre. Este hombre que escucha la voz de la conciencia tiene que ser algo extrahumano. Sólo puedo ser siervo de mi conciencia si, al entenderme a mí mismo, entiendo a la conciencia como un fenómeno que trasciende a mi“mero ser hombre”. En consecuencia, me comprendo a mí mismo y comprendo mi existencia a partir de la trascendencia.

Por lo tanto, sólo puedo ser “siervo de mi conciencia” cuando el intercambio con ésta es un auténtico diálogo y no un monólogo, cuando mi conciencia es algo más que mi propio yo, cuando es portavoz de algo distinto de mí mismo.

La conciencia no podría tener voz, ya que ella misma es voz: voz de la trascendencia. Esta voz sólo la escucha el hombre, pero no procede de él. Con esta luz, la expresión persona vendría a adquirir un nuevo significado, ya que ahora podríamos decir que en la conciencia de la persona humana (per-sonat) resuena una instancia extrahumana. Esta instancia extrahumana ha de ser forzosamente de carácter personal. La conciencia como hecho psicológico inmanente nos remite por sí misma a la trascendencia.

La conciencia sólo se nos hace comprensible a partir de una región extrahumana. Como señor de mi voluntad soy creador; como siervo de mi conciencia, soy criatura. En otras palabras, para explicar la condición humana de ser libre, basta la existencialidad; para explicar la condición humana de ser responsable, debo remitirme a la trascendentalidad del“tener conciencia”.

La conciencia -que ya desde un principio se ha considerado como modelo del inconsciente espiritual- se convierte en una especie de punto clave en el que se nos revela la esencia trascendental de este inconsciente espiritual.

El hombre religioso e irreligioso

Se ha dicho ya que la conciencia es la voz de la trascendencia. Por lo tanto, ella misma es trascendente. En consecuencia, el hombre irreligioso es aquel que ignora esta trascendencia de la conciencia. El hombre irreligioso tiene conciencia, responsabilidad, pero no se pregunta más allá, no pregunta por el “ante qué” de su responsabilidad, ni por el “de dónde” de su conciencia. El hombre irreligioso es aquel que acepta su conciencia en la facticidad psicológica de ésta. Separa, por así decirlo, antes de tiempo. Considera a la conciencia como una cosa última, como la postrera instancia ante la cual ha de sentirse responsable.

El hombre irreligioso se ha detenido antes de tiempo en su camino en la búsqueda de sentido, porque no ha ido ni se ha preguntado más allá de la conciencia. Es como si hubiera llegado a una cumbre inmediatamente inferior a la más alta. La pregunta es, ¿por qué no sigue adelante? Quizá porque no quiere dejar de seguir teniendo “tierra firme bajo sus pies”; porque la verdadera cima se esconde a su vista y se halla oculta por la niebla. Posiblemente, en esta niebla, en esto desconocido, nuestro hombre no se atreve a internarse. A ello sólo se atreve el hombre religioso. ¿Qué impide a ambos, allí en donde uno se queda parado y el otro se decide emprender la ruta final, se despidan mutuamente y sin rencor?

El hombre religioso debería ser capaz, asimismo, de respetar esta decisión negativa de su prójimo. Debería no sólo reconocerla como posibilidad de principio, sino aceptarla como realidad de hecho, ya que la libertad de tal decisión ha sido creada por Dios y puede incluso negar a su Creador.

El hombre en ocasiones se contenta con negar únicamente el nombre de Dios, ya que así como se requiere un poco de valentía para confesar abiertamente algo una vez que se ha conocido, también se requiere un poco de humildad para llamar a eso mismo con la palabra que los hombres vienen utilizando desde hace miles de años: DIOS.

El psicoanálisis llama a la conciencia “súper yo”. A éste lo deriva de la introyección de la imagen del padre.

El deber se presupone siempre en alguna forma a todo querer. Porque así como yo sólo puedo responder si me han preguntado; de la misma manera, como toda respuesta, hace necesario un“a qué” y este “a qué” ha de ser anterior a la respuesta misma. De la misma manera,“ante que” de toda responsabilidad precede a la responsabilidad misma. Mi “deber” tiene que presuponerse en cuanto a “que debo querer”.

La nostalgia de Dios, mi ansia de penetrar en el campo de fuerzas divino, es en mí algo primario.

RELIGIOSIDAD INCONSCIENTE

El análisis existencial se vislumbra, según Frankl, como un proceso en tres estadios:

1º Partió del hecho fenomenológico primario del ser hombre, como ser consciente y ser responsable.

2º En una segunda fase, se internó en el campo de la espiritualidad inconsciente, al añadir con su logoterapia, lo espiritual a lo psíquico.

Aprendió y enseñó a ver lo espiritual dentro del inconsciente. Al “ello”, como inconsciente impulsivo, le sumó el inconsciente espiritual, como un nuevo hallazgo.

Descubrió aquella profundidad inconsciente en donde tienen lugar las grandes y existencialmente decisiones auténticas .

Además de la conciencia de responsabilidad (responsabilidad consciente), tenía que haber necesariamente algo así como una responsabilidad inconsciente.

Al reconocer el inconsciente espiritual, sale al paso de toda posible intelectualización y racionalización unilateral respecto a la esencia del hombre.

3º En una tercera etapa o estadio, el análisis existencial descubre dentro de la espiritualidad inconsciente del hombre, algo así como una religiosidad inconsciente, en el sentido de un estado inconsciente de relación a Dios. Esta especie de“fe inconsciente” en el hombre (inconsciente trascendental), significa que existe siempre en nosotros una tendencia inconsciente hacia Dios. Precisamente por eso hablamos de la presencia ignorada de Dios.

No quiere decir que Dios, en sí mismo y por sí mismo, sea inconsciente. Significa, más bien, que Dios a veces nos es inconsciente, i.e. que su presencia nos es reprimida y por tanto oculta.

Para entender esto hay que precaverse contra posibles desviaciones, como creer que el inconsciente es divino. No sólo no es divino, sino que no se le puede atribuir ningún atributo divino, como la omnisciencia. Tampoco es algo por sí mismo; no es un “ello” independiente. Jung situó la religiosidad inconsciente en el “ello”. Desde su punto de vista, el yo no es responsable de lo religioso. Para este autor, la religiosidad la tendríamos que agradecer a un “impulso religioso”.

La verdadera y auténtica religiosidad no tiene carácter impulsivo, sino decisivo. El inconsciente trascendental no es un inconsciente determinante, sino existente. La religiosidad inconsciente emerge del centro del hombre, de la persona misma, en cuanto a que la profundidad de la persona en el inconsciente espiritual no se queda reprimida.

La religiosidad no puede ser innata porque no se encuentra encadenada a lo biológico. No se niega que el ser humano se encuentra ya con algo por donde canalizar su religiosidad con algo existente, que hará suyo de manera existencial. Sin embargo, ésto que hemos encontrado, estas imágenes primeras no son arquetipos cualesquiera, sino que son las plegarias de nuestros padres, los ritos de nuestras Iglesias, las revelaciones de nuestros profetas y los ejemplos de nuestros santos.

Existen tradiciones suficientes a nuestra disposición. Nadie tiene necesidad de inventarse primero a Dios. Pero tampoco ninguna persona la trae consigo en forma de arquetipos innatos.

Esta religiosidad primordial ya existente en el origen y luego reprimida en muchos hombres es ingenua, en el sentido de una fe de tipo infantil.

Actualmente no le damos ya más vueltas al problema del “futuro de una ilusión”, sino que con mucha más razón nos preocupamos de la eternidad y actualidad, o mejor dicho, omnipresencia de esa realidad que constituye -como se nos ha puesto de manifiesto- la religiosidad del hombre. Es una realidad que puede permanecer o hacerse inconsciente o igualmente ser reprimida.

La tarea del análisis existencial consiste en actualizar esta realidad espiritual inconsciente, pero siempre presente. Ir hasta el fondo del modo de ser neurótico, investigar su última causa alegable y en ocasiones se encontrará que esta causa acusa una deficiencia, esto es, que su relación a la trascendencia se encuentra perturbada o reprimida.

Respecto a esta represión, se podrá escuchar de algunas personas: “racionalmente soy incrédulo; pero con el sentimiento puede ser que crea, a pesar de todo”.

La religiosidad psíquicamente enferma es una neurosis obsesiva. Cuando la fe se atrofia, parecería como si se deformara o desfigurara. Hay muchas cosas que nuestra situación cultural que merecerían el calificativo de “neurosis obsesiva común al género humano”, para emplear los términos de Freud, muchas, excepto una: la religión.

PSICOTERAPIA Y RELIGIÓN

¿Qué relación inmediata puede existir entre todas las cuestiones abordadas y la práctica e investigación médica? A decir verdad, al profesionista terapeuta no le interesan las cuestiones religiosas. Cuando de alguna manera surgen, está obligado como profesionista de la salud a observar una tolerancia sin reservas. Esto no quiere decir que se desinterese de la religiosidad o irreligiosidad de su paciente, sino como médico, en su condición de hombre y de creyente, le han de interesar en gran manera cosas como éstas. No obstante, deberá tener mucho cuidado en que esta religiosidad llegue a manifestarse espontáneamente. Por esto deberá aguardar con calma hasta que se produzca tal manifestación. Esto le será más fácil si de antemano sabe que existe una religiosidad latente, aun en las personas declaradas irreligiosas.

El médico con fe no sólo se limita a creer en su Dios, sino que cree también en la fe inconsciente del paciente. No sólo tiene plena conciencia de su propia fe en Dios, sino que al mismo tiempo cree en El como Dios inconsciente en su paciente, aun cuando sabe que éste último concepto “todavía no” ha llegado a ser consciente.

La religiosidad sólo es auténtica en donde es existencial. Allí en donde el hombre no es de algún modo impulsado a ella, sino que se decide por la misma. Más aún, ha de llegar también a un punto en que brote espontáneamente. Jamás un hombre ha de ser apremiado a ella.

Una persona no puede ser impulsada por el ello o apremiada por el terapeuta a tener una auténtica religiosidad. Al igual que en los complejos reprimidos, sólo se logra la curación si se llegan a ser conscientes espontáneamente. De la misma manera sucede en el caso de la religiosidad inconsciente: sólo puede curarse la persona si consigue que brote con espontaneidad la religiosidad.

La logoterapia no puede ni desea sustituir a la psicoterapia, sino complementarla.

El deber de ventilar frente a un paciente creyente puntos de vista religiosos, no lo tiene jamás el terapeuta como terapeuta, sino sólo como un creyente que habla a otro creyente.

Por más que la religión pudiera tener efectos psicoterapéuticos eficaces, su motivo primario no es en absoluto el de psicoterapeuta. Su fin no es una curación, sino la salvación del alma. La religión no es ningún seguro a una vida tranquila o a una ausencia de conflictos. La religión da al hombre más que la psicoterapia, pero también exige más de él.

Del mismo modo que la dignidad del hombre se funda en su libertad, una libertad que llega hasta el “NO”, es decir, hasta el punto en que el hombre puede incluso a decidirse a cerrar sus puertas a Dios, así también la dignidad de la ciencia descansa en esta libertad incondicional que garantiza a la investigación su propia independencia.

Al hablar de dignidad, se podría definir como “el valor en sí mismo”, en contraposición al valor útil, como valor para mí. Por esta razón es importante no hacer de la psicoterapia una sierva de la teología. Su valor es por efecto y no por intención.

Si alguna vez la psicoterapia llega, por su lado, a probar que el alma humana es lo que creemos que es, lo habrá conseguido únicamente como ciencia autónoma que es y quiere seguir siendo.

Cuando menos se aplique la psicoterapia a convertirse en “servidora de la teología”, tanto mayores serán los servicios que de hecho podrá prestar a esta última. No es menester ser sierva para servir.

LOGOTERAPIA Y TEOLOGÍA

El fin perseguido por la psicoterapia es la curación psíquica. En cambio, el fin de la religión es la salvación del alma. El sacerdote, en ciertos casos, luchará por la “salud” del alma de su creyente, exponiéndose conscientemente a aumentar en éste las tensiones emocionales. Posiblemente no las trabajará, porque su motivo no es psicohigiénico. Puede suceder que en sus resultados obtenga efectos psicohigiénicos o psicoterapéuticos, aunque no se lo haya propuesto, causándole alivio en su camino a la trascendencia y con el Absoluto. La dimensión en que avanza el hombre religioso es superior. Tiene una mayor amplitud que la dimensión en la que se desenvuelve la psicoterapia.

El ser humano en su existir, no va en busca de placeres o de poder, ni siquiera de una plena realización de sí mismo, como la de llenar su vida de sentido. Por eso en la logoterapia se habla de una“voluntad de sentido”.

El ser humano está orientado de por sí a un sentido, aunque apenas lo conozca. Se trata como de un preconocimiento de sentido. Esto constituye la base de lo que llamamos “voluntad de sentido”. Ya sea que el hombre quiera y reconozca o no lo haga, cree en un sentido desde que comienza a respirar. Incluso el suicida tiene un sentido, si no es el de la vida, lo será el de la muerte.

El enfermo desahuciado que goza de lucidez, podría comprender que todo lo tiene perdido. Sin embargo, sigue esperando. Espera hasta el fin. Pero, ¿ qué es lo que espera ? Quizá es una esperanza ilusoria de curación en este mundo, o bien, se trata de una esperanza trascendente, que es propia de la esencia humana, que nunca puede estar sin esperanza.

Cuando la psicoterapia considera el fenómeno de creer, no como una fe en Dios, sino como una fe en un sentido, entonces le es enteramente legítimo ocuparse de este fenómeno.

Ser religioso significa preguntarse apasionadamente por el sentido de nuestra existencia. Este fenómeno tiene muy poco que ver con la miopía religiosa que al parecer una persona ve en Dios y para él sólo cuenta una cosa: que el mayor número de personas crea en él, a través de una manera prescrita por una determinada confesión religiosa.

El amor y la fe no pueden ser manipulados. Se producen cuando surge ante ellos un contenido y objeto adecuado.

La logoterapia NO nos aparta de la religión, pero sí de aquellas confesiones que parece que no tienen otro objeto que luchar entre ellas. Esta actitud lleva al abandono de sus ideales. Vamos hacia una religiosidad personal, una religiosidad a partir de la cual cada persona encontrará su lenguaje propio, personal, el más afín a su naturaleza íntima cuando se torne a Dios. No obstante, esto no quiere decir que dejen de existir rituales y símbolos comunes.

Cada religión puede acercar al hombre a la verdad, que es una. En todas ellas se pueden dar equívocos e incluso mentiras. Empero, cualquier religión pueden servir al hombre de vehículo para llegar a Dios. Al único Dios.

CURA DE ALMAS MÉDICA

Aunque no lo quiera, el terapeuta es llamado hoy a tener que dar consejo en cuestiones de angustia vital, ajenas a toda enfermedad. No puede evitarse que los hombres angustiados acudan hoy día, en mayor número, en busca de un consejero experimentado. Se trata de un terapeuta; no de un pastor de almas.

Con frecuencia la psicoterapia termina por desembocar en una cura de almas, aun en ocasiones en que no lo sabe o no lo quiere saber. El terapeuta debe consolar a las almas. En ningún caso es esto misión exclusiva del psiquiatra. Es simplemente tarea de todo médico en ejercicio. No obstante, el médico no puede dar sentido a la vida del paciente, quien ha de encontrarlo por sí mismo. A la logoterapia no le incumbe juzgar sobre el sentido o la falta de él, sobre valores o ausencia de ellos.

Sabemos que el sentido de la vida no puede idearse, sino que hay que descubrirlo. El hombre en ciertas circunstancias no puede comprender el sentido, sino que debe interpretarlo. Esto NO significa que esta interpretación se haga arbitrariamente. En efecto a cada pregunta corresponde sólo una respuesta, que es la correcta. A cada problema sólo una solución, la que vale. A cada situación le corresponde un sólo sentido, que es el único verdadero.

El sentido debe ser encontrado, pero no puede ser producido. Así se comprende que el hombre que no es capaz de encontrar un sentido a su vida, no lo puede inventar. Entonces buscará la manera de refugiarse fácilmente de su falta de sentido, en el absurdo o un sentido meramente subjetivo. Con esto se corre el riesgo de pasar por alto el sentido verdadero, los auténticos quehaceres y problemas del mundo real.

EL ÓRGANO DEL SENTIDO

El sentido no sólo debe, sino puede ser encontrado. Para lograrlo, el hombre es guiado por la conciencia, que es “un órgano del sentido”. Podría definirse como“la facultad de descubrir y localizar ese único sentido que se esconde detrás de cada situación; como la facultad propiamente humana de descubrir formas de sentido, no sólo en lo real, sino hasta en lo posible”.

El sentido no sólo se transforma día a día y de hora en hora, sino que varía de hombre a hombre.

La conciencia puede inducir al hombre a error. Más aún, hasta el último instante y hasta el suspiro final, el hombre no sabe realmente si ha realizado el sentido de su vida o si ha sido víctima de un engaño. Ignora si no será tal vez la conciencia del otro la que ha podido tener razón. Esto no significa que no haya una verdad. Sólo puede haber una verdad, pero nadie puede saber si es él mismo o es el otro quien la posee.

El sentido va ligado a una situación única y particular. Sin embargo, existen unos “universales” del sentido, ligados a la condición humana como tal. Estas posibilidades generales de sentido constituyen lo que llamamos “valores”. El hombre experimenta cierto alivio a consecuencia de estos valores más o menos generales. No obstante, sólo lo consigue al precio de verse sumido en conflictos.

Existen situaciones en las que el hombre se ve confrontado con una pluralidad de valores entre los que tiene que elegir. En otras palabras, se debe escoger entre principios que se contradicen entre sí. La conciencia es la única que hace que el hombre tome su decisión con libertad (no arbitrariamente) y responsabilidad.

La persona sigue siendo libre ante su conciencia; pero esta libertad consiste solamente en elegir entre dos posibilidades: seguir el dictamen de la conciencia o hacer caso omiso de sus advertencias. Cuando la conciencia se reprime, vamos a parar al conformismo o al totalitarismo.

Las posibles interferencias entre los campos de acción de los valores podrían ser sólo aparentes. Vivimos en una época que se caracteriza por un sentimiento de falta de significado. La educación ha de poner el máximo empeño en no proporcionar solamente ciencia, sino también en afinar la conciencia, para que el hombre sea lo suficientemente perspicaz para interpretar la exigencia inherente a cada una de sus situaciones particulares..

Vivimos en una sociedad de abundancia en todos los sentidos. Cada vez se amontonan más libros y revistas sobre nuestras mesas de trabajo. Si el hombre, en medio de todo este torbellino de estímulos, quiere sobrevivir y resistir a los medios de comunicación de masas, debe saber qué es lo importante y qué no. Qué cosa es lo fundamental. Qué es lo que tiene sentido y lo que no lo tiene.

LA AUTOCOMPRENSIÓN ONTOLÓGICA PRERREFLEXIVA DEL HOMBRE

Ser hombre significa hallarse permanentemente confrontado con situaciones de las que cada una es al mismo tiempo don y tarea. La tarea de una situación consiste en realizar su sentido. Esto nos da la posibilidad de realizarnos nosotros mismos mediante el desempeño de dicha tarea. Cada situación es un llamamiento que debemos escuchar y al que debemos obedecer.

El hombre no sólo busca un sentido, sino que también lo encuentra. Ve un sentido en el hecho de hacer o crear algo. De la misma manera, ve un sentido en experimentar y vivir algo, en amar a alguien. Asimismo, ve sentido en una situación desesperada ante la que se encuentra indefenso... Lo que importa es la actitud y postura con la que se enfrenta a su destino irremediable e inmutable. Esta actitud le permite dejar constancia de algo de lo que sólo el hombre es capaz: transformar el dolor y el sufrimiento en algo positivo.

No existe ninguna situación en la vida que realmente carezca de sentido. Los aspectos aparentemente negativos de la existencia humana, en especial el dolor, la culpa y la muerte (triada trágica), pueden llegar a transformarse en algo positivo, cuando se afrontan con la postura y actitud correctas.

Para el hombre, la vida es una cadena de situaciones en las que él mismo se ve envuelto y que tiene que ir tratando de dominar de un modo o de otro, según los casos y situaciones... con un sentido determinado que le reclama y concierne a él solo. Esa comprensión primordial de sí mismo, le dice que ha de procurar, por todos los medios a su alcance, ir en busca de ese sentido y encontrarlo.

Dr. Ernesto Rage Atala
Socio Fundador de SMAEL S.C.
Director Académico de SMAEL (1989)
Licenciado en Derecho
Lic. En Filosofía
Lic. En Teología
Mtría y Doctorado En Orientación y Desarrollo Humano (UIA)
Doctorado en Psicología. (UIA)

 

BIBLIOGRAFÍA

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Yalom, I., (1984), Psicoterapia existencial. Barcelona: Ed. Herder.
 

Sentido de Vida en Jóvenes Unversitarios. Universidad Iberoamericana. Un estudio descriptivo

Primera parte

Estamos viviendo en un período de transición en el que los antiguos valores están vacíos para muchas personas y las costumbres tradicionales han perdido habilidad. Es un momento en que la persona encuentra una enorme dificultad para encontrarse a sí misma en su mundo, que resulta difícil de superar.

Uno de los mayores problemas del ser humano a fines del Siglo XX, es encontrarse carente de significado. Es un momento en que la tecnología se ha desarrollado enormemente, como nunca en la historia del hombre, y que lo empequeñece; pero al mismo tiempo es una época de angustia o de aburrimiento. Algunos autores han hablado de esta época como la era de oro y de la angustia. Se vive una fuerte “crisis de identidad o pérdida del sentido de significación”. Algunas personas han estado hablando de que, aun cuando supieran quiénes eran, no importarían como individuos.

Camus (1956 y 1979) y muchos otros, ha señalado que para mucha gente el sentido de ser un tornillo en el engranaje es muy amenazante. Para muchos “rebeldes” lo que los ha llevado a sublevarse, es la necesidad que tienen de obligar a las autoridades o sistemas impersonales a mirarlos y reconocerlos
para admitir que existen y que tienen poder.

May (1990) habla de una sensación de insignificancia. Cuando viven este sentimiento, sufren un debilitamiento paulatino de su sentido de responsabilidad humana ¿Por qué cargarse de responsabilidades si lo que uno hace no cuenta realmente para nada y, de todos modos hay que estar con los nervios de punta para huir? Existe una fuerte impotencia ante las heridas. No obstante, el ser humano nunca renuncia fácilmente o a la ligera, a su impotencia. La ansiedad fuerte lleva a la apatía. Ésta, a su vez, a un odio creciente que desemboca en un mayor aislamiento de la persona respecto de su prójimo. Un aislamiento que finalmente aumenta el sentimiento de insignificancia y desamparo del individuo.

Más adelante, dice May (op. Cit), la suspicacia y la enemistad hacia el vecino se tornan aceptables y “morales”, demanera que causaría verdadero horror en tiempos normales. Es la desintegración del sentimiento de significación como individuo que tiene el hombre y, en consecuencia, la pérdida de su capacidad para tomar decisiones y asumir responsabilidades individuales.

Cuando el individuo pierde su significación, aparece una sensación de apatía como expresión de su estado de enamoramiento de la conciencia y obviamente existe un fuerte peligro de que se desplace en dirección al hombre que espera que las drogas lo hagan sentirse más cómodo y que las máquinasno sólo satisfagan todas sus necesidades, sino quebajo la forma de mecanismos psicoanalíticos lo hagan feliz y capaz de amar.

El demonio, dice May, no es la tecnología, sino el hecho de que se sucumba a la tentación de usarla como una manera de evitar la ansiedad, lo único que logrará es sentirse a la larga más ansioso, aislado y alineado, porque progresivamente lo va despojando de su conciencia, como una persona centrada y plena de significado. El empleo autodestructivo de la tecnología, consiste en utilizarla para llenar el vacío de nuestra propia conciencia disminuida. Por otro lado, el desafío que enfrenta el hombre moderno, es la posibilidad de ampliar y profundizar su propia conciencia para llenar el vacío creado por el fantástico crecimiento de su poder tecnológico.

La pérdida de la vivencia del significado de uno mismo, desemboca en el tipo de ansiedad que Paul Tillich (citado por May, op. Cit.) denominó, la ansiedad de falta de sentido. O lo que Kierkegaard califica de ansiedad “como el temor de la nada” (ibid). Existe una nueva neurosis propia de la segunda mitad del Siglo XX, a la que Frankl (1979) llama noogénica. Ésta puede formularse de diferentes maneras. Algunas de ellas son:

¿Cuál es el significado de mi vida? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Por qué vivimos? ¿Por qué nos ponen en este mundo? ¿Para qué vivimos? ¿De acuerdo con qué principios tenemos que vivir? Si tenemos que morir y nada es perdurable, ¿qué sentido tiene vivir?

León Tolstoy (1975), relata en su obra Mi confesión, el tormento que le causó reflexionar acerca de las cuestiones, y que estuvieron a punto de llevarlo al suicidio. Él comenta que las razones que tuvo fueron algunas de estas preguntas existenciales:

¿Cuál será el resultado de lo que estoy haciendo ahora y de lo que haré mañana? ¿Cuál será el resultado de toda mi vida? En otras palabras, ¿por qué vivir? ¿Por qué desear algo? ¿Por qué hacer algo? Aún más sencillo: ¿Hay algún significado en mi vida que no destruya la muerte que me está esperando?

Mucha gente ha muerto porque no consideraba que valía la pena vivir. De aquí que la cuestión del significado de la vida es la más urgente de todas. Jung, en su obra Practice of psychotherapy (1966), decía que la carencia de un sentido vital inhibía la plenitud de la vida y, por tanto, “era un equivalente a la enfermedad”. Más aún, escribió que la “carencia de un significado vital desempeña un papel crucial en el desarrollo de la neurosis”. Hegel, citado por Jaffe en su obra Myth of Meaning (1962, p. 145), dice: Sin el mundo, Dios no es ningún Dios... Dios es Dios, en la medida en que se conoce a sí mismo, y este conocimiento de sí mismo es su conciencia a través del hombre y del conocimiento que éste tiene de Dios. Thomas Man (citado también por Jaffe en la obra mencionada,p. 140), expresa lo siguiente: Con la generación de la vida a partir de la materia inorgánica, la finalidad última era la creación del hombre. Con él se inició un gran experimento cuyo fracaso hubiera sido el fracaso de la creación misma...Independientemente de si es cierto o no, al hombre le conviene actuar como si lo fuese. 

Teilhard de Chardin, en su obra El fenómeno humano (1974), sugiere la existencia de una coherencia cósmica en su ley de “complicación controlada”, y dice que la vida es una sola unidad; que todo el mundo viviente es un organismo gigantesco que, mediante unas directrices predestinadas, entra en proceso evolutivo. De este modo, toda evolución constituye un proceso ortogenético, y es así como los factores internos de un organismo en desarrollo determinan el resultado final del proceso evolutivo cósmico, proceso encaminado a llevar al ser humano a un estado absoluto de amor y unión espiritual.

Según el autor, cada individuo, al desempeñar un papel en esta empresa compartida, obtiene un sentido de su significado personal. Añade: Aunque sólo una pequeña fracción de aquellos que tratan de escalar las alturas de la realización humana llegan cerca de la cima, es imperioso que haya muchos escalando. De lo contrario, es posible que nadie llegue a la cima. Las multitudes de seres anónimos y olvidados no habrán vivido en vano, con la condición de que hayan hecho el esfuerzo de escalar. De esta manera se llega a una entrada común y compartida hacia el reino sobrehumano. Las puertas del futuro sólo admitirán una avanzada de todos juntos, en una dirección que puedan tomar en conjunto, para lograr la renovación espiritual de la tierra. 

Asimismo, Jung, en su obra Memories, Dreams, Reflexions (1961), dice que en nuestro siglo se creó un fuerte compromiso religioso, y él pensaba que nadie puede curarse o encontrar un sentido vital sin recuperar sus creencias religiosas, ya que el propósito de la vida personal era completar la labor de Dios en lo relativo a la creación.

Frankl (1969), en su obra The will of meaning, comentó que el 20% de las neurosis que encontró en su práctica clínica, tenía un origen noogénico, esto quiere decir que se derivan de que carecían de un sentido vital. Agrega el autor que las crisis de falta de sentido vital, que aún no han configurado una neurosis, son todavía más comunes y que abarcan a la mitad de sus pacientes en un hospital de Viena. Más aún, dice Frankl, la falta de sentido vital es: la tensión existencial fundamental. Para él, la neurosis existencial es equivalente a la crisis de falta de sentido vital.

Salvador Maddi (1970, p. 137), en su artículo “The Mith of Meaning in the works”, dice que la enfermedad existencial proviene de un fracaso generalizado en la tarea de encontrar un sentido vital. En otro lugar, este autor indica que la “neurosis existencial” es aquella en la cual el componente cognoscitivo es “la carencia de un sentido vital o la incapacidad crónica para creer en la veracidad, importancia, utilidad o valor, de cualquiera de las cosas a las que uno se dedica o podría dedicarse” (cfr. también: Maddi, 1967). Benjamin Wolman (1975, p. 50), en su artículo “Principles of International Psychotherapy”, define así a la neurosis existencial: Es el fracaso para encontrar un significado en la vida, el sentimiento de que uno no tiene ninguna razón para vivir, para luchar, para esperar... de que uno es incapaz para encontrar una meta o una directriz en la vida, el sentimiento de que, aunque los individuos se esfuercen mucho en su trabajo, en realidad no tienen ninguna aspiración”. N. Hobbs (1962, p. 742) en su artículo publicado en American Psychologist, dice: “La cultura contemporánea produce con frecuencia un tipo de neurosis diferente de las que describió Freud. Si las neurosis de nuestros días ya no se caracterizan por la represión y la conversión... no es tanto por la falta de un conocimiento interno, sino más bien por la carencia de un propósito y de un significado para la vida”. 

La psicoterapia incluye también, en el fondo, la meta de la exploración resuelta de uno mismo. El terapeuta tiene que aceptar y examinar de entrada todas las preguntas fundamentales.

Por tanto, la cuestión del sentido, la más sorprendente e insoluble de todas, no puede negarse en la psicoterapia. Yalom (1984) habla acerca de las diferencias entre el “significado”y el “propósito”. Dice que tienen connotaciones diferentes, aunque en el uso convencional se suele emplear indistintamente ambos términos. Los define de la siguiente manera:

1° Significado: se refiere al sentido, a la coherencia. Es un término general para indicar lo que se desea expresar por medio de algo. La búsqueda de significado quiere decir búsqueda de coherencia. El ser humano necesita de un significado. El hecho de vivir sin él, sin metas, valores o ideales, parece provocarnos considerables trastornos. Más aún, en casos extremos, puede llevarnos a la decisión de poner fin a nuestra vida. Frankl señaló que dentro del campo de concentración, era muy poco probable que sobreviviera un individuo con poca noción de significado de su vida.

Aparentemente necesitamos principios absolutos e ideales fuertes que nos permitan aspirar, así como guías para configurar nuestras vidas. Según la teoría existencial, el mundo es contingente, es decir, que todo lo que es pudo haber sido de otra manera. Que los seres humanos constituyen su propio yo, su mundo y sus limitaciones dentro de ese mundo. Que no existe ningún significado universal, ni un gran diseño en el mundo, ni ninguna guía para vivir que no sean las que crean los individuos. Significado tiene connotación de “importancia” o “consecuencia”. Por tanto, está la pregunta siguiente: ¿Cómo puede un ser, que necesita un significado, encontrarlo en un mundo que no lo tiene?

2° Propósito: se refiere a la intención, la meta, la función.Cuando preguntamos ¿cuál es el propósito de algo?, estamos inquiriendo sobre su papel o función. ¿Qué cumple? ¿Cuál es su finalidad? Sentido de vida. El autor va a hablar acerca de dos aspectos del sentido de vida: El sentido terrenal y el sentido cósmico.

1) Sentido terrenal. Éste habla acerca de la pregunta sobre cuál es el significado de mi vida. Abarca un propósito: el que posee un sentido del significativo, vive la vida como algo que tiene un propósito o una función que cumplir, una meta fundamental a la cual se consagra el ser humano. Éste puede tener fundamentos completamente ajenos a toda religión, es decir, que se puede tener un sentido personal del significativo sin poseer un sistema de significados cósmicos.

2) Sentido cósmico. Es una indagación acerca de la vida en general o la vida humana en particular, encaja dentro de un patrón global y coherente. Implica que existe un diseño previo, externo y superior al individuo, que invariablemente se refiere a una ordenación mágica o espiritual del universo. El que posee este sentido, suele experimentar también un significado terrenal, esto es, que el propio sentido terrenal consiste en la realización o armonización con el significado cósmico; v. gr., una persona puede concebir la vida como una sinfonía en la cual se le asigna a cada vida la interpretación de uno de los instrumentos. Un individuo puede creer en el significado cósmico, pero ser incapaz, al mismo tiempo, de comprender su propio lugar en ese gran diseño. Asimismo, puede sentir que, debido a su conducta, ha perdido el derecho a ocupar su puesto en el plan cósmico. Sin embargo, sufremenos por la falta de sentido vital que por el sentimiento personal de culpa o de “haber caído”.

La tradición religiosa judeocristiana ha ofrecido un amplio esquema de significados, basados en el principio de que el mundo y la vida humana son parte del plan divino ya establecido. La justicia divina es un corolario de ese postulado: La vida que se vive en forma apropiada, tendrá una recompensa. El “significado de la vida” del ser individual, está ordenado por la divinidad: la tarea de todo ser humano es averiguar y cumplir la voluntad de Dios. Sin embargo, ¿cómo se puede saber cuál es esa voluntad? Existen varias posibles respuestas:

a) Un enfoque fundamentalista: Dios está contenido en la palabra sagrada, y la vida pura es aquella que se ciñe estrechamente a las escrituras.
b) Sólo es necesario tener fe. No sabemos nada con certeza, ya que sólo tenemos atisbos y conjeturas acerca de los significados de Dios. No podemos albergar la esperanza de conocer la mente de Dios.
c) En el S. Xvii, Pascal dijo: “La rama no puede aspirar a conocer el significado del árbol. El ser humano no puede albergar la esperanza de comprender en toda su plenitud, el significado de algo que existe más allá de su comprensión (Frankl, 1965).
d) Otra hipótesis acerca del sentido cósmico, es que la vida humana debe estar consagrada a la imitación de Dios. Él representa la perfección y el propósito de la vida es luchar por la perfección; así:

1) Aristóteles, por ejemplo, consideró que la perfección intelectual era la más elevada (con él toda la tradición racional que inició).
2) Maimónides, en su Guía de perplejos, definió las cuatro principales vías para lograr la perfección.

  1. La perfección de la posesión física: ésta la rechazó por ser imaginaria y perecedera.
  2. La perfección del cuerpo: también la rechazó porque no permite diferenciar al hombre del animal.
  3. La perfección moral: aunque le parecía digna de alabanza, la consideraba limitada por cuanto a los demás, en lugar de a la persona misma.
  4. La perfección racional: a ésta la considera como la “verdadera perfección humana”, ya que permite al ser humano convertirse en hombre. Esta perfección es la meta última, porque gracias a ella el hombre puede comprender a Dios.

e) Parece ser que el significado cósmico inherente a la concepción religiosa del mundo, permite numerosas interpretaciones del propósito de la vida individual, algunas de ellas son doctrinas u otras imaginarias. Así, Jung, citado Por Jaffe en su obra Mith of Meaning (p. 130), decía que nadie puede curarse o encontrar un sentido vital sin recuperar sus creencias religiosas... y que el propó- sito de la vida personal era completar la labor de Dios en lo relativo a la creación. Jung (1960) dice: “El hombre es indispensable para completar la creación. En realidad es el segundo creador del mundo, porque es el único que le ha dado a éste su existencia objetiva. Sin ella, sin que nadie la escuchara, sin que nadie le viera, comiendo en silencio, reproduciéndose, muriendo, inclinando la cabeza a lo largo de millones de años, se hubiera hundido ya en lo más profundo de la noche del no ser, hasta desaparecer”.

f) Frankl (1990) cita a Einstein (1950), quien dijo: “Ser religioso significa haber encontrado una respuesta a la pregunta de cuál es el sentido de la vida”. Asimismo, dice Wittgewnstein (1960), citado por Frankl (op. Cit.) “Creer en Dios es ver que la vida tiene sentido”

SEGUNDA PARTE

RESUMEN:

Se presentan los resultados de dos cuestionarios aplicados a 282 estudiantes de la Universidad Iberoamericana acerca del sentido de la vida que tienen y de sus dificultades noógenas o de sentido de vida a fin de conocer si han alcanzado un equilibrio crítico. Dentro de los principales resultados se encontró que las mujeres en contraste con los hombres, tienen un mayor significado en sus vidas, sensación de libertad y disposición a considerar que la vida merece la pena. Quienes asisten a tratamiento psicológico suelen encontrarle sentido a la muerte y tener menos ideas suicidas que quienes no han asistido a algún proceso psicoterapéutico.

Palabras clave: sentido de vida, significado, satisfacción por la propia vida, miedo a la muerte, libertad, neurosis noógena, universitarios, logoterapia, vacío existencial.

El cumplimiento del sentido de vida hace feliz a las personas. Cuando esté no sucede, se intenta conseguir el sentimiento de felicidad por medio de un rodeo, v. gr. substancias químicas, drogas, alcohol, etc. Cuando se busca la felicidad por la felicidad, se pierde, dado que el ser humano está siempre orientado a algo que no es el mismo (de manera egocéntrica). Lo que busca realmente NO es la felicidad en sí sino un fundamento para ser feliz.

En la actualidad uno de los principales problemas que provoca el vacío existencial, es la falta de sentido, especialmente en la juventud. Es importante, por tanto clasificar la información para tener un punto de partida que nos ayude a entender lo que significa esta “neurosis noógena”, que ha sido considerada como una de las que provocan con más fuerza la angustia existencial en esta segunda mitad del siglo XX. Maslow (1969) dice que está de acuerdo con Frankl en que las personas que buscan la autorrealización directamente, separada de una misión en la vida, de hecho no lo logran. Más aún, que la voluntad de sentido es lo que primariamente concierne al hombre.

Cuando se da una voluntad frustrada de sentido, entonces se compensa, ya sea por la búsqueda de placer (Freud) o por la voluntad de poder (Adler). La búsqueda del placer como fin no sólo se opone a la autotrascendencia, sino que obstruye el camino a la propia consecución del placer. Cuando más se busca el placer, tanto más se diluye .

Frankl (1988) dice que el ser humano no sólo tiene un propósito de significado, sino también un sentido personal de responsabilidad. La vida es un camino de apreciación y, por tanto, la persona debe responder, pero tiene quedar una solución propia. Para la logoterapia de Frankl, la responsabilidad sería la verdadera esencia de la existencia humana. se trata de una “educación para la responsabilidad”. Por esta razón la educación debería ocuparse no sólo de trasmitir conocimientos, sino también de refinar la conciencia para que el hombre sea capaz de escuchar en cada situación la exigencia que contiene. De acuerdo con esto, dice Frankl (op. Cit), que al parecer se ha perdido la vigencia de los diez mandamientos. Sin embargo, existen diez mil mandamientos que están comprendidos en las diez mil situaciones con que se enfrenta la vida.

Frankl, en su artículo “La autotrascendencia como fenómeno humano”, (1966, 97-107), dice:

El aburrimiento y la apatía son cada día mayores. Lo que he denominado Vacío Existencial puede señalarse como la neurosis masiva de nuestro tiempo”... “Lamentablemente, continúa, el Vacío existencial se refuerza en la vida académica actual, dado el reduccionismo predominante que prevalece en la misma”. El autor se ha ce las siguientes preguntas: ¿Cómo pueden los jóvenes hallar una vida que valga la pena ser vivida y que tenga sentido, si se les adoctrina de acuerdo al reduccionismo? ¿cómo pueden preocuparse por ideales y valores si se les interpreta como simples mecanismos de defensa? Agrega el autor. “Se puede asumir que una sólida filosofía de la vida es lo que necesita para superar el vacío existencial”.

En su libro Ante el vacío existencial (1979) Frankl habla del sufrimiento de la vida sin sentido. Dice que cada época tiene sus neurosis y que cada tiempo necesita su psicoterapia. Freud hablaba de una frustración existencial, el cual se observa a nivel mundial. Dice Frankl que el hombre ha perdido gran parte de sus instintos que lo guíen (como lo hace el oso al invernal), y al mismo tiempo los valores tradicionales han perdido su fuerza. De este modo ha desperdiciado muchas de las posibilidades de elección: no sabe lo que quiere y puede hacer. De aquí que en muchos casos quiere lo que quieren los demás (conformismo) o acata la voluntad ajena (totalitarismo).

Esta frustración existencial puede desembocar en una sintomatología neurótica y que entonces se llama neurosis noogénica o neurosis del vacío existencial. El hombre tiende “genuinamente” a descubrir un sentido en su vida y a llenarlo de contenido, a lo cual llama Frankl “voluntad de sentido”. Esta es una motivación que no se deduce ni deriva de otras necesidades. Frankl (1988) discrepa de Maslow, respecto a que la voluntad de sentido pertenece a las necesidades superiores, que sólo pueden cubrirse si las necesidades inferiores han sido satisfechas. Frankl sostiene, como resultado de sus investigaciones, que tanto personas que están en extrema pobreza como en la opulencia se preguntan por el sentido de su vida.

Frankl (1988) habla dentro de esta “sólida filosofía de la vida” de la necesidad que existe de vivir esta realidad a través de tres caminos que tiene que ser humano para lograrlo. Son los valores de creación, de experiencia y de actitud. Por medio de estos senderos el hombre puede encontrar y descubrir el “sentido de su vida”. De aquí surgen las propuestas fundamentales de la logoterapia.

  1. Aceptar que la búsqueda del sentido de mi vida es la expresión de mi impulso hacia el crecimiento, hacia la salud.
  2. Buscar mi autoconocimiento, la autoexploración de mí mismo con honestidad.
  3. Reconocer que soy un ser único e irrepetible. Que nadie ha nacido ni nacerá igual a mí. Que nadie hace lo que yo hago y vive como yo vivo, y lo que yo realizo es único.
  4. Aceptar la responsabilidad que tengo “yo-y-sólo-yo” sobre mi vida y de responderle a la vida sobre los retos que me plantea.
  5. Ejercer mi capacidad inevitable de elección, de libertad y hacerme cargo de las consecuencias de mis elecciones. Por tanto, la verdadera libertad es la capacidad de elección.
  6. Desarrollar mi capacidad de “dar” a los demás y al mundo. De ofrecer algo de mí a los demás.
  7. Desarrollar mi capacidad de “recibir” de los demás y del mundo. De abrirme a la experiencia.
  8. Ser capaz de “actuar” dignamente frente a las tragedias inevitables de la vida, esto es, la triada trágica: el sufrimiento, la culpa y la muerte.
  9. Trascenderme a mí mismo para encontrar lo mejor de mí en contacto verdadero con los demás y con el Misterio (se le puede llamar Dios, el Todo, etc.

Ante esta situación, Frankl hace una de las preguntas más difíciles de contestar: ¿cuál es el sentido de la vida? En las diversas conferencias que imparte (1986, 1987, 1988), se hace esta pregunta de distintas maneras. Sin embargo enfatiza dos aspectos muy importantes:

  1. Cada persona tiene que encontrar su propia respuesta. La respuesta del individuo sólo puede ser válida para sí mismo y respecto a un momento determinado de su vida, ya que el hombre y su situación están sujetos a un cambio constante y, de la misma manera, cambia el sentido que en cada caso se le exige consumar.
  2. El otro aspecto muy importante es que esa respuesta es la clave de la “angustia” de nuestro tiempo. Este es el problema fundamental de la logoterapia. Uno de los aspectos más importantes acerca del sentido de la vida es tener la capacidad de vivir especialmente con responsabilidad y libertad.

Antecedentes sobre el sentido de vida.

Estamos viviendo un periodo de transición en el que los antiguos valores están vacíos para muchas personas y las costumbres tradicionales han perdido viabilidad. Es un momento en que la persona encuentra una enorme dificultad para encontrarse a sí misma en su mundo, situación que le resulta difícil de superar.

Uno de los mayores problemas del ser humano de fines del siglo XX es encontrarse carente de significado. En un momento en que la tecnología se ha desarrollado enormemente, como nunca en la historia del hombre y que lo empequeñece; pero al mismo tiempo es una época como la de oro y de la angustia. Se vive una fuerte “crisis de identidad o pérdida del sentido de significación”. Algunas personas han estado hablando de que, aun cuando supieran quiénes son, no importarían como individuos.

May (1990) habla de una sensación de insignificancia. Cuando viven este sentimiento, sufren un debilitamiento paulatino de su sentido de responsabilidad humana. ¿ Por qué cargarse de responsabilidades si lo que uno hace no cuenta realmente par nada y, de todos modos hay que estar con los nervios de punta para huir ? Existe una fuerte impotencia ante las heridas. No obstante, el ser humano nunca renuncia fácilmente a su impotencia o a la ligera. La ansiedad fuerte lleva a la apatía. Esta, asu vez, a un odio creciente que desemboca en un mayor aislamiento de la persona respecto de su prójimo. Un aislamiento que finalmente aumenta el sentimiento de insignificancia y desamparo del individuo.

Cuando el individuo pierde su significación, aparece una sensación de apatía como expresión de su estado de enamoramiento de la conciencia. Obviamente existe un fuerte peligro de que el individuo se desplace en dirección al hombre que espera que las drogas lo hagan sentirse más cómodo y que las máquinas no sólo satisfagan todas sus necesidades, sino que bajo la forma de mecanismos psicoanalíticos lo hagan feliz y capaz de amar. La pérdida de la vivencia del significado de uno mismo, desemboca en el tipo de ansiedad que Paul Tillich (citado por May, op. Cit.) denominó la ansiedad de falta de sentido. O lo que Kierkegaard califica de ansiedad “como el temor de la nada” (ibid)

Existe una nueva neurosis propia de la segunda mitad del siglo XX, a la que Frankl (1979) llama n o o g é n i c a “. Esta puede formularse de diferentes maneras. Algunas de ellas son: ¿Cuál es el significado de mi vida? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Por qué vivimos? ¿Por qué nos ponen en este mundo? ¿Para qué vivimos? ¿De acuerdo con qué principios tenemos que vivir? Si tenemos que morir y nada es perdurable, ¿qué sentido tiene vivir?

León Tolstoy (1975) relata en su obra Mi confesión, el tormento que le causó el reflexionar acerca de las cuestiones, y que estuvieron a punto de llevarlo al suicidio. El comenta que las razones que tuvo fueron algunas de estas preguntas existenciales: ¿Cuál será el resultado de lo que estoy haciendo ahora y de lo que haré mañana? ¿Cual será el resultado de toda mi vida? En otras palabras, ¿Por qué vivir? ¿Por qué desear algo? ¿Por qué hacer algo? Aún más sencillo: ¿Hay algún significado en mi vida que no destruya la muerte que me está esperando? Mucha gente ha muerto porque no consideraba que valía la pena vivir. De aquí que la cuestión del significado de la vida es la más urgente de todas. Jung, en su obra Practice of psychotherapy (1966), decía que la carencia de un sentido de vital inhibía la plenitud de la vida y, por tanto, “era un equivalente a la enfermedad”. Más aún, escribió que la “carencia de un significado vital desempeña un papel crucial en el desarrollo de la neurosis”. Hegel, citado por Jaffe, en su obra Myth of Meaning, (1962, p. 145) dice: Sin el mundo, Dios no es ningún Dios... Dios es Dios, en la medida en que se conoce a sí mismo, y este conocimiento de sí mismo es su conciencia a través del hombre y del conocimiento que esté tiene de Dios. Thomas Man (citado también por Jaffe en la obra citada, p. 140), expresa lo siguiente: Con la generación de la vida a partir de la materia inorgánica, la finalidad última era la creación del hombre. Con él se inicio un gran experimento, cuyo fracaso hubiera sido el fracaso de la creación misma... Independientemente de si es cierto o no, al hombre le conviene actuar como si lo fuese.

Teilhard de Chardin, en su obra El fenómeno humano (1974) sugiere la existencia de una coherencia cósmica en su ley de “complicación controlada”, y dice que la vida es una sola unidad; que todo el mundo viviente es un organismo gigantesco que, mediante unas directrices predestinadas, entre el proceso evolutivo. De este modo, toda evolución constituye un proceso ortogenético y, así como los factores internos de un organismo en desarrollo determinan su resultado final del proceso evolutivo cósmico, proceso encaminado a llevar al ser humano a un estado absoluto de amor y unión espiritual.

Según el autor, cada individuo, al desempeñar un papel en esta empresa compartida, obtienen un sentido de su significado personal. Añade: Aunque sólo una pequeña fracción de aquellos que tratan de escalar las alturas de la realización humana llegan cerca de la cima, es imperioso que haya muchos escalando. De lo contrario, es posible que nadie llegue a la cima. Las multitudes de seres anónimos y olvidados no habrán vivido en vano, con la condición de que hayan hecho el esfuerzo de escalar. De esta manera se llega a una entrada común y compartida hacia el reino sobrehumano. Las puertas del futuro sólo admitirán una avanzada de todos juntos, en una dirección que puedan tomar todos en conjunto, para así lograr la renovación espiritual de la tierra.

Así mismo, Jung, en su obra Memories, Dreams, Reflexions (1961), dice que en nuestro siglo se creó un fuerte compromiso religioso, y él pensaba que nadie puede curarse o encontrar un sentido vital sin recuperar sus creencias religiosas, ya que el propósito de la vida personal era completar la labor de Dios en lo relativo a la creación. Frankl (1988) en su obra La voluntad de sentido, comenta que el 20% de las neurosis que encontró en su práctica clínica tenían un origen noogénico, esto quiere decir que se derivan de que carecían de un sentido vital. Agrega el autor que las crisis de falta de sentido vital que aún no han configurado una neurosis, son todavía más comunes y que abarcan a la mitad de sus pacientes en un hospital de Viena. Más aún, dice Frankl, la falta de sentido vital es LA tensión existencial fundamental. Para él, la neurosis existencial es equivalente a la crisis de falta de sentido vital.

Salvador Maddi (1970, p. 137) en su artículo “The Mith of Meaning in the works”, dice que la enfermedad existencial proviene de un fracaso generalizado en la tarea de encontrar un sentido vital. En otro lugar, este autor indica que la “neurosis existencial” es aquella en la cual el componente cognoscitivo es “la carencia de un sentido vital o la incapacidad crónica para creer en la veracidad, importancia, utilidad o valor de cualquiera de las cosas a las que uno se dedica o podría dedicarse” (cfr. también: Maddi, 1967).

Benjamin Wolman (1975, p. 50), en su artículo “Principles of International Psychotherapy.” define así a la neurosis existencial:

“Es el fracaso para encontrar un significado en la vida, el sentimiento de que uno
no tiene ninguna razón para vivir, para luchar, para esperar... de que uno es
incapaz para encontrar una meta o una directriz en la vida, el sentimiento de que,
aunque los individuos se esfuercen mucho en su trabajo, en realidad no tienen
ninguna aspiración”.

N. Hobbs (1962, p. 742) en su artículo publicado en American Psychologist, dice: “La cultura contemporánea produce con frecuencia un tipo de neurosis diferente de las que describió Freud. Si las neurosis de nuestros días ya no se caracterizan por la represión y la conversión... no es tanto por la falta de un conocimiento interno, sino más bien por la carencia de un propósito y de un significado para la vida”.
La psicoterapia incluye, también, en el fondo la meta de la exploración resuelta de uno mismo. El terapeuta tiene que aceptar y examinar de entrada todas las preguntas fundamentales. Por tanto, la cuestión del sentido, la más sorprendente e insoluble de todas, no puede negarse en la psicoterapia.

Para Yalow (1984) existen dos proposiciones aparentemente opuestas e igualmente ciertas, dice:

1) El ser humano necesita de un significado:
Cuando vivimos sin él, sin metas, valores o ideales, parece provocarnos trastornos considerables, que pueden culminar con el suicidio. Sin embargo, los individuos que se enfrentan a la muerte, como Frankl en el campo de concentración, pueden vivir mejor su vida, esto es, vivirla con plenitud y entusiasmo, si están dotados de un propósito.

2) El concepto de libertad nos dice que lo único absoluto verdadero es que no hay absoluto.
Según la teoría existencial el mundo es contingente, esto es, que todo lo que es pudo haber sido de otra manera. Que los seres humanos constituyen su propio yo, su mundo y sus situaciones dentro de ese mundo. Más aún, no existe ningún significado universal, ni un gran diseño en el mundo, ni una guía para vivir que no sean las que crean los individuos. En otras palabras: ¿”Como puede un ser que necesita un significado encontrarlo en un mundo que no lo tiene”?

Sartre (1974) expresa acerca de la filosofía de la vida: todo lo que existe ha nacido sin ninguna causa, se tambalea por el mundo y un día muere por accidente. Nuestro nacimiento, agrega el autor, no tiene sentido alguno ni tampoco lo tiene el hecho de morir. Su concepto de libertad deja al hombre sin ningún significado personal y sin guías de conducta. Sin embargo, el autor en otra de sus obras: Las moscas, concede un valor a la búsqueda de significados, llegando incluso a sugerir caminos de búsqueda: encontrar un hogar y una camaradería en el mundo, la acción, la libertad, la rebelión contra la opresión, el servicio a los demás, la autorrealización y el compromiso; sin embargo, por encima de todo, está el compromiso.

Yalom , (1984, pp. 506-507) comenta que en el mundo occidental, la tradición religiosa judeocristiana ha ofrecido un amplio esquema de significados, basados en el principio de que el mundo y la vida humana son parte de un plan divino ya establecido. La justicia divina es el corolario de ese postulado: si de vive la vida en forma apropiada, tendrá una recompensa. De aquí que “el significado de la vida” del ser individual está ordenado por la divinidad. La tarea de toda persona es “averiguar y cumplir la voluntad de Dios”. Frankl dice que el sentido de vida no se inventa, sino que se descubre. Por tanto, el logoterapeuta no puede indicar a la persona cuál puede ser su sentido de vida. Es por esto que en la presente investigación se pretende conocer el sentido de vida en jóvenes universitarios, las dificultades (neurosis noógenas) que tienen y su posición crítica al respecto. Se encontraron algunas variables socio demográficas.

METODO

Sujetos

Al analizar los determinantes de la población objeto de estudio (12,000 alumnos), se escogió a través de un muestreo no probabilístico por cuotas, de acuerdo alas diferentes divisiones de la universidad, un tamaño de muestra representativo del parámetro o población total con el fin de poder generalizar las inferencias de una muestra de 282 estudiantes de la UIA.

Instrumentos

Se utilizaron los siguientes cuestionarios de actitudes que las personas deben clasificar y puntuar de acuerdo con una escala de 7 puntos en cada uno de los ítems; la posición cuatro se considera “neutral” y se emplean distintos términos descriptivos para las posiciones 1y 7, a saber:

a) PIL (Purpose in life test)

Entre los años 1963-64 se ensayó una medición psicométrica a propósito de la “frustración existencial” en el Bradley Center de Columbia (Georgia, U. S. A.). Crumbaugh y Maholick desarrollaron y validaron este test, basado en los conceptos de Frankl. Aunque tiene tres partes, sólo se verificó científicamente la primera, que contiene 20 ítems con perfiles de polaridad (la segunda tiene 13 reactivos y la tercera es abierta) ( Cfr Crumbaugh y Maholick (1964). El planteamiento que proponía el test era tratar de encontrar las posibilidades que corresponden a la concreción de la voluntad de sentido. Para encontrar lo anterior, se interrogó a numerosas personas, ya que la sólo intuición no era suficiente.

El test tiene cinco aspectos:

  1. Significado de vida: tiene siete ítems (3, 4, 7, 12, 17, 20) se refieren explícitamente a un propósito o a una misión.
  2. Satisfacción por la propia vida: aburrida, rutinaria, excitante o dolorosa. Tiene seis ítems (1, 2, 5, 6, 9, 19).
  3. Libertad: tiene tres ítems (13, 14, 18).
  4. Miedo a la muerte: tiene un ítem (15)
  5. Explorar si la persona considera que su vida merece la pena: tiene un ítem (10).

Yalom (1984) sintetiza en cinco grandes puntos los hallazgos que se han logrado a través de la investigación de la prueba del PIL y son los siguientes:

  1. La carencia de un sentido vital se asocia con la psicopatología en un sentido lineal; esto es, a menor proporción de significado vital, mayor gravedad en los síntomas psicopatológicos.
  2. Un sentido positivo en el significado vital se asocia con creencias religiosas profundamente arraigadas.
  3. Un sentido positivo en el significado vital se asocia con los valores de trascendencia de uno mismo.
  4. Un sentido positivo en el significado vital se asocia con la pertenencia a grupos, con la consagración a causas y con la adopción de metas vitales claras.
  5. El significado vital debe contemplarse desde una perspectiva que permita apreciar su desarrollo: los tipos de significados vitales cambian a lo largo de la vida del individuo, ya que existen otras tareas que tienen que cumplirse antes de conseguir el desarrollo de los significados.

b) Logo- Test.

En Viena se elaboró el LOGO-TEST por Elisabeth Lukas entre los años 1963-64, cuyo proceso se encuentra descrito en Frankl (1988), junto con otros investigadores. La pregunta básica fue: ¿Cuáles son las posibilidades que corresponden a la concreción de la “voluntad de sentido” que son capaces de colmar la necesidad natural de sentido del hombre tal como lo postula la logoterapia?

Los autores pensaron que, dado que la problemática del sentido en una vida término medio normal, está más bien latente en la conciencia, y sólo toma cuerpo debido al estrés, a la frustración o al defecto extremo de tensión, durante la encuesta fue necesario atraerla directamente al plano consciente. Es un test abreviado para descubrir dificultades noógenas en el ámbito de la normalidad.

Se validó según dos criterios: la autovaloración de la persona referente a su propia orientación al sentido y un criterio interno o sea el psicograma de Rorschach de la persona. El test se estandarizó y posee una normación de cuartiles o bien de deciles. Su significado práctico reside en que le da la alarma cuando las dificultades noógenas ya han alcanzado una proporción crítica y podrían señalar el momento necesario de la intervención logoterapéutica.

c) DATOS GENERALES

En la primera hoja del formulario se les preguntaron datos generales: Sexo, edad, licenciatura, semestre que cursa, estado civil, ingresos mensuales familiares, si trabaja, con quien vive, se está asistiendo a algún tipo de psicoterapia y tipo de psicoterapia.

Procedimiento

Se llevó a cabo una amplia investigación bibliográfica acerca del tema. Básicamente se analizarán textos provenientes de la psicología y filosofía humanista existencial. Se realizo un estudio de campo de tipo ex post facto en población estudiantil universitaria. Aunque existen ya algunas investigaciones y, por tanto, ciertas hipótesis acerca del sentido de vida. A través del estudio se pretende lograr una nueva aproximación al fenómeno en esta población. Esto nos dará una base para la elaboración de posteriores hipótesis de trabajo. asimismo, será prospectivo porque se va a registrar la información conforme se vayan presentando los hechos.

Se solicito la colaboración voluntaria de los alumnos y se dio una breve explicación acerca de los objetivos de la investigación. Se utilizará la prueba psicológica del propósito de la vida, de James Crambaugh y Leonard Maholick. Este cuestionario llamado PIL o “prueba de los propósitos vitales”, consta de 20 ítems que la persona debe clasificar y puntuar de acuerdo a una escala de siete puntos. En cada uno de los ítems, la posición 4 se considera “neutral” y se emplean distintos términos descriptivos para las posiciones 1 y 7. Por ejemplo, el ítem 1 dice: “Generalmente me encuentro...” La posición 1 afirma: completamente aburrido; mientras que la 7 dice: exhuberantemente entusiasmado.

Y Logo test, que es otro cuestionario, consta de 2 partes: la primera con 9 reactivos de una escala del 1 al 7, y la segunda parte con 7 reactivos y 4 opciones de respuesta: Siempre, muy frecuentemente, pocas veces y nunca. Ambos cuestionarios son de autoaplicación y se les proporcionaban en los salones de clases en una sola sesión de 20 minutos aproximadamente.

Con los datos así obtenidos se efectuaron análisis estadísticos usando el paquete estadístico Stat View 512+ (1992), para llevar a cabo la descripción de la muestra e identificar diferencias entre los puntajes obtenidos en las dos aplicaciones de los instrumentos. Se hicieron diversos cortes de la población de estudio (estudiantes universitarios UIA), con variables sociodemográficas: sexo, edad, tipo de carrera, semestre que cursa, estado civil.

RESULTADOS

Los resultados que se exponen a continuación se refieren a la muestra obtenida (n= 282 sujetos) 159 de sexo masculino y 123 de sexo femenino. Con una media de edad X= 21.46. Del total de sujetos, 29 estudian primer semestre; 31 de segundo semestre; 47 de tercer semestre; 37 de cuarto semestre; 30 de quinto semestre; 28 están en sexto semestre; 30 en séptimo; 23 en octavo; 21 en noveno; 4 en décimo, y sólo 2 sujetos en undécimo semestre. Al preguntarnos su trabajan contestaron 70 sujetos que sí lo hacen y 207 no trabajan.

207 estudiantes viven con su familia nuclear (padres y hermanos), 28 sólo con su mamá y hermanos. 8 únicamente con su padre, 12 solos, 3 con sus hermanos, y 23 en otras condiciones, por ejemplo: abuela, esposo, amigos, novio, casa de asistencia, etc.

En cuanto a su religión, 217 sujetos son católicos, 14 judíos, 11 cristianos, 14 no profesan ninguna religión y 11 otras, por ejemplo: musulmana-mahometana, testigos de Jehová, ecuménica, protestante, etc.

Al preguntarle si han asistido a algún proceso terapéutico, 63 si lo han hecho y 218 no han recibido ningún tratamiento. Los principales tipos de terapia recibida son: sujetos, psicoanálisis, 1 alumno terapia humanista, 3 con orientación psicoanalítica, 3 han estado en terapia grupal, 1 en atención psiquiátrica, 3 en terapia familiar y 8 se pueden agrupar en otras, por ejemplo: individual, de lenguaje, orientación vocacional, hipnosis, desarrollo humano, etc.

Para determinar si existían diferencias entre los puntajes de las diferentes escalas de los instrumentos, se realizaron comparaciones postest únicamente con las variables sociodemográficas para todos los sujetos utilizando pruebas T para muestras independientes y análisis de varianza con la prueba de Scheffé.

Se encontraron diferencias significativas en el Test de Sentido en los puntajes de los factores: Significado (X = 40.87 M y X = 42.05 F), Libertad (X= 16.06 M y X = 17.13 F) y en explorar su la persona considera que su vida merece la pena (X= 5.86 M y X = 6.22 F). Siendo los puntajes más altos para las mujeres en todos los factores del PIL que el de los hombres. Sin embargo en el Logotest no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en cambio los puntajes fueron mas altos para los hombres.

Se dividieron a los sujetos en 4 grupos de edades: grupo 1 (18-20 años), grupo 2 (21 a 23 años) grupo 3 (24 a 26 años) y grupo 4 mayores de 26 años. No se encontraron diferencias estadísticamente significativas en ninguno de los factores de los instrumentos.

Dependiendo de la carrera que estudiaban se les agrupo por 5 divisiones: Arte, Ciencias del Hombre, Humanidades, Ciencias e Ingenierías y Ciencias Económico-Administrativas. No se encontraron diferencias estadísticamente significativas en ninguno de los factores de los instrumentos aplicados.

En relación a su estado civil se encontró solo una diferencia estadísticamente significativa en el factor de satisfacción por la propia vida entre los solteros y casados.

Por último, en la variable relativa a si han asistido o no a algún tratamiento psicoterapéutico, se encontró una diferencia estadísticamente significativas en el factor: Ideas suicidas (X= 5.11 Sí y X = 5.94 No) y una tendencia en los resultados a un nivel de significancia de .04 en el factor miedo a la muerte ( X = 4.62 Sí y X= 5.13 No).

DISCUSION

El hombre tiene toda la carga de la familia sobre él. De aquí que al preguntarse sobre su sentido de vida se incrementa su depresión y tiene un menor propósito o misión de vida.

La mujer ve con mayor posibilidad el suicidio que el hombre. Sin embargo, cree que la vida vale más la pena vivirla que ellos. La mujer está empezando a vivir otros roles sexuales que la angustian, pero no pueden renunciar a las tradiciones.

El sentido de vida del estudiante universitario de la Ibero está consolidado. Por lo tanto, en relación a la variable edad, no se observan diferencias estadísticamente significativas, se da la protección familiar y universitaria, así como el que no se han enfrentado aún a la vida profesional fuera de la universidad.

En cuanto al estado civil, el casado tiene un sentido de vida más aburrido, rutinario, menos excitante y es, al parecer, más dolorosa su vida.

La experiencia terapéutica confronta la vida de los pacientes-clientes, ya que ayuda a conocerse. Existe un menor miedo a la muerte; sin embargo, muchas veces no les gusta lo que ven y se responsabilizan. Hay un principio de realidad más que un principio de placer.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Chardin, T., (1974) El fenómeno humano. Madrid: Taurus.
Crumbaugh, J., Maholick, L., (1964). “An Experimental Study in Existencialism: The approach to Frankl´s Concept of Noogenic Neurosis”. Journal of Clinical Psychology, 20, 200-207.
Crumbaugh, J., (1968) “Cross- Validation of Purpose of Life Test”. Journal of individual Psychology, 24, 74-81.
Frankl. V., (1966) “Self Trascendence as a Human Phenomenon”. Journal of Humanistic Psychology, 6 (1966) 97-107.
Frankl, V., (1979) Ante el vacío existencial. Barcelona: Herder.
Frankl, V., (1988) La voluntad de sentido. Barcelona: Herder.
Hoobs, N., (1962) American psychologist, 17, (49-59). Jaffe, Myth of meaning.
Maddi, S., (1979) Search of meaning, en The Nebraska Sysmposium on Motivation, University of Nebraska Press Lincoln.
Maslow, A., (1969) “Comments on Dr. Frankl´s Paper”, en A.J. Suitich y M.A. Vich (dirs), Readings in Humanistic Psychology, Free Press, Nueva York.
May, R., (1990) Dilema humano. México: Gedisa.
Sartre, J., (1974) A puerta cerrada. Buenos Aires: Losada.
Tolstoy, L., (1975) Mi confesión. Obras completas (2 vols.). Madrid: Aguilar.
Wolman, B., (1975) Principles of International psycotherapy, “Psycotherapy: theory, research and practice”, 12, (1975), 49-59.
Yalom, I., (1984) La Psicoterapia existencial. Barcelona: Herder.

 

El dilema humano

Introducción

Uno de los grandes problemas que estamos vivivendo como seres humanos es el tremendo y acelerado avance de la ciencia moderna que han llevado al hombre a un progreso sin precedentes; pero también a problemas no previstos. Se puede hablar de un avance en el conocimiento de los secretos de la naturaleza, de una economía de la abundancia, de un enorme adelanto en los conocimientos científicos, médicos y culturales… Sin embargo, existen grandes limitaciones: los peligros de un mundo dividido, una fuerte pobreza, violaciones ecológicas (amenazas de guerra químicas y aun nucleares), y no se ven soluciones serias. Todos deseamos la supervivencia, pero probablemente la solución deberá depender menos de la tecnología y más de una mejor comprensión de nuestros sistemas sociales y de nosotros mismos. Así como una vivencia más elocuente y significativa de los valores humanos y religiosos del hombre.

 

La Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual, del Concilio Vaticano II (1956), (G.et Spes), dice en su proemio:

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia”.

La misma Constitución dice que en nuestros días, el género humano, admirado de sus propios descubrimientos y de su propio poder, se formula con frecuencia preguntas angustiosas sobre la evolución presente del mundo, sobre el puesto y misión del hombre en el universo, sobre el sentido de sus esfuerzos individuales y colectivos, sobre el destino último de las cosas y de la humanidad.

La Iglesia, en boca del Concilio Vaticano II (ibid.) expresa que la mayor prueba de solidaridad, respeto y amor a toda la familia humana es dialogar con ella de todos estos problemas, aclarárselos a la luz del Evangelio y poner a disposición del género humano el poder salvador que la Iglesia, conducida por el Espíritu Santo, ha recibido de su Fundador. Es a la persona a la que hay que salvar. Es la sociedad humana a la que hay que renovar. Es, por consiguiente, el hombre, todo entero, cuerpo, alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad, quien será objeto de este proceso. De la misma manera, la psicología se ha preocupado por esta problemática. Así, dice H. Cantril, citado por Coleman y Hammen (1977 p. 4):

“A medida que más y más personas a lo largo del mundo se sumergen más y más en la era científica, las consecuencias psicológicas de ésta en su pensamiento y en su conducta se tornan cada vez más complicadas. El impacto surge en diversas formas: la gente empieza a sentir las potencialidades de una vida más abundante que puede ser alcanzada por medio de la tecnología moderna. Se vuelven conscientes de la inadecuación de muchas instituciones y prácticas actuales de tipo religioso, político y social. Advierten los peligros que el poder y las relaciones de estatus existentes pueden tener para su propio desarrollo. Vagamente perciben la inadecuación de muchas de las creencias y códigos aceptados por sus mayores y, posiblemente, por ellas mismas, a temprana edad. El resultado es que más y más gente está adquiriendo una esperanza de “una vida mejor”, así como un sentimiento de frustración y ansiedad por no poder vivir esa vida potencialmente mejor, que sienten que debería estar a su alcance”.

Es un hecho que el mundo cambia con increíble rapidez. Con mucha frecuencia los estudios realizados son obsoletos al terminar la licenciatura. Frankl dice que el hombre ha perdido su instinto, como el que tiene el oso, de dormir durante el invierno, pero también nuestras costumbres, tradiciones y aun valores han cambiado con el mundo. Ya no se tiene claro lo que se “debe hacer”, como en generaciones pasadas, pero tampoco se sabe lo que se “quiere hacer”. Existen grandes problemas de comunicación entre padres e hijos, entre maestros y alumnos, incluso entre los jóvenes y los mayores. Para muchas personas los valores se han hecho totalmente subjetivos: los acepto si me gustan o los rechazo si me disgustan. Asimismo, se están dando fuertes cambios sociales, en donde este problema comunicacional se vive entre la organización e institución y el individuo.

La tensión de la vida moderna dentro de nuestra sociedad se revela por las grandes cantidades de drogas, alcohol, tranquilizantes. Las consecuencias son alienación del individuo, las identidades perdidas y la deshumanización en general. Estamos viviendo, también, una enorme violencia y desajuste de la personalidad con grandes desórdenes mentales. Por otro lado, existe, como un mal de nuestra época, un fuerte vacío existencial que ha agudizado el suicidio entre los jóvenes. En muchos casos ni siquiera es consciente, se rebeló de su “madre” de muchos siglos.

Uno de los temas que tienen en común con la religión es el de la felicidad. De hecho ésta ha sido la búsqueda ancestral del hombre, aunque en ocasiones no con mucho éxito, ya que se ha desviado al buscarla directamente y no como una razón para ser feliz, esto es, “como una voluntad de sentido”, como apunta Frankl.

Se trata de una de las ideas más acariciadoras del ser humano, la meta más ambicionada de cualquier persona. La realización más adecuada de todo individuo. Se puede decir que la auténtica felicidad se encuentra en el fondo de la persona. A pesar de que no es una tesis nueva, con frecuencia se rechaza, o se olvida con facilidad.

Como construimos nuestro mundo personal

Powell, S.J., (1997 pp. 15-16), al hablar de que la felicidad es una condición natural y que debemos aceptarnos como somos, dice:

“Tendemos a aferrarnos a las cosas, incluyendo las ideas. Nos rehusamos a sacrificar ideas, como quién soy. Sin embargo, es indispensable renunciar a ciertas ideas viejas para crecer. Debo aprender cómo desprenderme de la imagen fija de quién soy. Si quiero crecer debo desengancharme de mi pasado. Debo darme cuenta de que soy quien soy, una persona en proceso que está siempre aprendiendo, cambiando y creciendo. La única realidad importante es quién soy en ese momento. No soy quien solía ser. Tampoco soy todavía quien seré. Y, por sobre todo, debo saber esto: soy quien se supone que sea, y estoy cabalmente capacitado para hacer cualquier cosa que se supone que haré con toda mi vida.”

Aristóteles decía que “no hay nada en la inteligencia que antes no haya pasado por los sentidos”. De aquí que en nuestra vida estamos captando continuamente una serie de informaciones a través de nuestra percepción. Las variaciones en los estímulos físicos conducen a cambios de percepción, pero que nuestras mentes son incapaces de comprender todo estímulo. Selectivamente atendemos a ciertos aspectos del ambiente.

Aquello que atendemos está afectado:

a) Por las características del ambiente.
b) Por factores internos, como motivación.

De aquí que seamos únicos e irrepetibles. Cada persona, de acuerdo a su propia experiencia, las explica de un modo diferente. Por esta razón, las interpretaciones que realiza cada quien a lo largo de su vida, varía de las demás. Generalmente estamos formando un “mundo personal”.

Uno de los procesos básicos para determinar cómo percibimos un estímulo dado, es la categorización; esto es, relacionamos los estímulos con los conceptos que hemos formado en el pasado.

Obviamente, existe en “este mundo” una gran fragilidad en cuanto a la objetividad de nuestras percepciones, ya que sin darnos cuenta, añadimos elementos que pueden desfigurar o distorsionar el dato recibido del exterior. En ocasiones difieren diariamente los puntos de vista con respecto al mundo del vecino. Por eso existen muchas dificultades en la comunicación (pareja, familia, compañeros…).

Se puede decir que la neurosis es el arte de hacerse infeliz con estructuras distorsionantes. El neurótico es la persona que se especializa en aplicar formas desafortunadas allí en donde otros pueden aplicar formas positivas. Por tanto, el alivio de la neurosis no reside en el cambio de las circunstancias externas, sino en el cambio de la forma o estructura que el sujeto aplica a ese dato externo
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Ellis (1973. P. 29), dice, al responderse a la pregunta ¿qué es un neurótico?: “Básicamente es un individuo que siempre procede de manera ilógica, irracional, inapropiada e infantil. Si bien en teoría es capaz de pensar por su cuenta y de organizar una vida provechosa y feliz, en realidad su conducta no llega a ser inteligente, no alcanza sus más caras ambiciones y sabotea sus mejores potenciales”.

Hay un proverbio oriental que dice: “Cada uno fabrica sus propios fantasmas y muere a mano de ellos”; así:

a) El pesimista tiende a aplicar formas oscuras.
b) El optimista aplica formas color de rosa.
c) El fariseo aplica formas rígidas y moralizantes.
d) El suspicaz siempre está viendo “moros con tranchetes”
e) El temeroso aplica formas que le hacen sentir miedo ante situaciones completamente inocuas

En síntesis:

El mundo que fabricamos no depende exclusivamente de las circunstancias externas. Cada persona puede tomar consciencia de las formas que aplica y puede, por consiguiente, cambiarlas. Sin embargo, también aprendemos a desarrollar en nosotros una imagen de Dios, conforme a la cual fuimos creados, y de esto vamos a tratar a continuación.

Ser a imagen y semejanza de Dios

Muchas personas tratan de encontrar a Dios con toda sinceridad. Sin embargo, si se les pregunta qué es lo que quieren decir exactamente con eso, de qué manera podría suceder ese encuentro, les resultaría difícil dar una respuesta llena de significado. Aunque obviamente si existe algo que podemos llamar “encontrar a Dios”.

Hay varias formas de hacerlo.

1) En todas las religiones importantes se habla de la regla de oro, que es “amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”. Del Dios revelado nos hablan las religiones. Dentro de la judea-cristiana se nos dice que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios (Gen. 1, 26-27). San Agustín dijo: “Nos creaste para ti y nuestro corazón sólo encontrará la paz en ti”.
Dentro del cristianismo aprendemos a conocer a Dios a través de la Sagrada Escritura y de la Tradición. Es una religión de amor a Dios, a nuestro prójimo y a nosotros mismos.

2) Por otro lado, se trata de un proceso muy concreto. No es algo brumoso, irreal o ilusorio. Encontrar a Dios significa hallar nuestro ser verdadero, la imagen y semejanza de Dios, conforme a la cual fuimos creados. Si nos encontramos a nosotros mismos, estamos hasta cierto punto, en un nivel de armonía. Podríamos percibir y comprender las leyes del universo.

Somos capaces de realizarnos, de amar y experimentar la dicha; somos verdaderamente responsables de nosotros mismos. Tendríamos la integridad y el valor de ser nosotros mismos, aun a costa de perder la aprobación de los demás. Todo esto significa que has encontrado a Dios. También se le podría llamar “volver a casa desde la autoalienación”.

3) Encontrar a Dios es la única manera de alcanzar la felicidad. Y se le puede encontrar aquí y ahora mismo. ¿Cómo? A menudo la gente se imagina que Dios se encuentra inconmensurablemente lejos en el universo y que es imposible alcanzarlo. Eso está muy lejos de la verdad. El universo entero se encuentra dentro de cada persona, de modo que Dios está dentro de cada quien. Cada criatura viviente tiene una parte de Dios dentro de sí. La única manera de alcanzar esa parte divina que se halla adentro de uno, es recorriendo el empinado y estrecho camino del autodesarrollo (hacerse persona). La meta es la perfección. La base es conocernos a nosotros mismos. Esto significa enfrentar muchos rasgos poco halagadores.

4) Este proceso supone una búsqueda larga, continua e interminable. Algunos aspectos son los siguientes: ¿Qué o quién soy? ¿Qué significan mis reacciones, no sólo mis actos y pensamientos? ¿Mis acciones están respaldadas por mis sentimientos o tengo motivos detrás de esos actos que no corresponden con lo que me gusta creer sobre mí mismo o con lo que me gusta que crea el resto de la gente? ¿He sido honesto conmigo mismo hasta ahora? ¿Cuáles son mis errores? Es un hecho que la mayoría de las personas ignora una buena parte de sus debilidades (por muchas razones). Esto representa un gran obstáculo, incluso para aquellos que han avanzado en este camino. No es posible sobreponerse a lo que se desconoce. Cada defecto es una cadena que nos ata. Pero con el abandono de una imperfección, se rompe una cadena y nos hacemos más libres acercándonos a la felicidad. La felicidad es para cada individuo, pero es imposible alcanzarla si no se eliminan las causas de la infelicidad, es decir, de los propios defectos o cualquier tendencia que rompa alguna ley espiritual.

Para quienes realmente se desarrollan, existe una profunda y apacible satisfacción, seguridad y sentimiento de plenitud. Cuando estas cosas hacen falta, significa que no estamos en el camino correcto o que no hemos alcanzado la liberación que nos está destinada, una vez que hayamos superado las dificultades iniciales que hay en este camino. Sólo cada uno de nosotros conocerá la respuesta y en qué parte del camino nos encontramos. Nadie más puede ni tiene que responder a esta pregunta en nuestro lugar. Por otro lado, sabemos que siempre habrá problemas en la vida, pero eso no debe desanimarnos. Más aún, es posible que la forma externa del conflicto interior que estamos trabajando en este momento, no pueda disolverse tan rápidamente.

Mientras más dirijamos las corrientes internas del alma hacia los canales correctos, cambiarán más las formas exteriores correspondientes, lenta pero seguramente. Sabemos que el problema exterior no puede desaparecer Automáticamente hasta que el proceso no se haya realizado por completo. La impaciencia sólo será un obstáculo. Si estás en el camino correcto, vivirás y sentirás la gran realidad del mundo de Dios en tu vida diaria. Ya no será una teoría o un mero conocimiento intelectual. Vivirás en este mundo y sentirás sus efectos sobre ti.

En la relación Yo–tú está la creatividad. En esta relación se vive el amor, el dolor, el sacrificio, el sufrimiento… al mismo tiempo, una adhesión, una libertad, una esperanza, una exigencia, una alegría y una paz… que se pueden integrar con creatividad. Es una relación de persona a persona. La primera es con el Dios amoroso que nos creó a su imagen y semejanza, que nos impele a vivir nuestras relaciones interpersonales, creativas y de calidad, con las características antes mencionadas.

Ninguno de nosotros está solo. El amor de Dios está siempre en nuestras vidas y nos acompaña en todo momento. Debemos vivir en paz y seguir nuestro camino hasta el encuentro pleno con Él.

Por todo lo anterior, es muy importante conocernos y aceptarnos como somos. John Powell (op. Cit. Pp. 17 y ss.), habla de diez signos que él considera evidentes en aquellos que se aceptan a sí mismos:

1° Las personas que se aceptan a sí mismas, son felices. Las que disfrutan sinceramente lo que son, siempre tienen buena compañía en los momentos buenos y malos.

2° Las personas que se aceptan a sí mismas, se acercan a los demás con mayor facilidad. Mientras más nos aceptamos como somos, mayor será nuestra confianza de que seremos del agrado de los demás.

3° Las personas que se aceptan, siempre están dispuestas a ser amadas y sanamente halagadas. Si de verdad nos aceptamos y disfrutamos, comprenderemos que otros nos amen.

4° Las personas que se aceptan, tienen la facultad de ser en “verdad” ellas mismas. En la medida en que me acepto sincera y gozosamente tal como soy, me rodeará la autenticidad que proviene de la genuina aceptación de sí mismo.

5° Las personas que se aceptan, lo hacen tal como son en el presente. El que fui ayer es historia. El que seré mañana es desconocido. Aunque no es fácil desprenderse del pasado o de fantasear el futuro, se puede decir que la única aceptación verdadera debe dirigirse hacia quien su yo es en este momento.

6° Las personas que se aceptan, pueden reírse de ellas mismas con frecuencia y fácilmente. Tomarse demasiado en serio es un síntoma casi inconfundible de inseguridad. Una antigua beatitud china decía: “Bienaventurados los que pueden reírse de sí mismos, porque nunca dejarán de divertirse”. Esto supone una seguridad interior que nace de la aceptación de sí mismo.

7° Las personas que se aceptan, tienen la capacidad de reconocer y satisfacer sus propias necesidades. Ellas están en contacto con sus propias necesidades físicas, emocionales, intelectuales, sociales y espirituales. Y la caridad comienza en casa. Si no me amo a mí mismo, ciertamente no podré amar a los demás. Más aún, buscan vivir el estilo de vida equilibrado que satisface sus necesidades.

8° Las personas que se aceptan, son personas de libre determinación. Obtienen sus pautas de su propio interior, no de otras personas. Hacen lo que piensan que es correcto y apropiado y no lo que los demás puedan pensar o decir. Saben decir no, sin un persistente sentimiento de remordimiento o culpa.

9° Las personas que se aceptan, establecen un contacto con la realidad. Esto supone aceptarnos realmente como somos y a los demás como son, implica, entre otras cosas, no vivir en la fantasía de lo que puede ser o hacer.

10° Las personas que se aceptan, son seguras de sí mismas. En otras palabras, saber ser asertivas. Sostener nuestro derecho a que nos tomen en serio. A tener mis propias decisiones, a entrar en relaciones como iguales, esto es, relaciones yo-tú. No manejar la manipulación del desvalido, del auxiliador compulsivo de los desvalidos. La gozosa aceptación de nosotros mismos nos reta a ser asertivos, a respetarnos, a expresarnos abierta y honestamente; no agresivamente.

 

¿Cómo podemos conocer a Dios?

1° Lo más sencillo y rudimentario es el conocimiento en función de imágenes y conceptos. Este es el modo típico del catecismo y de la teología. Sin embargo, este modo dista mucho de ser el más
adecuado. El sujeto aplica una forma a la materia que le viene del exterior, y de esta manera forma su imagen y concepto de Dios. Entre estos conceptos referentes a Dios, se encuentran los siguientes: el Padre, el Señor, el Altísimo, el Ser perfecto, el Infinito, el Creador, la Bondad suma, el Ser supremo… La teología es una elaboración mental en función de conceptos, raciocinios, tesis y demás instrumentos propios del intelecto. El concepto de Dios es la base de estas elaboraciones mentales.

2° Es el de la intuición o captación holística del Ser. Gracias a este procedimiento el hombre no aplica una forma o estructura a los datos que percibe. Es un conocimiento más puro, pero también
más obscuro. En consecuencia, menos adaptado a las definiciones y raciocinios del nivel científico.
El conocimiento holístico o intuitivo, es el conocimiento de Dios más apropiado en el terreno religioso. Es posible que una persona con sano espíritu religioso no sepa definir a Dios, pero gracias al conocimiento holístico tiene una comunicación más cercana e íntima que el anterior.
Allport (1960), habla, respecto de la religión, que existen dos aspectos muy importantes:

1° El de la religión intrínseca o madura, que puede proporcionar sentido y dirección a la vida. Rechaza la postura más típicamente freudiana de que la religión constituye una manifestación de una enfermedad neurótica. Vivimos rodeados de muchas incógnitas y, a pesar de los grandes adelantos de la ciencia, el “sentido de la vida” no se ha manifestado al hombre de nuestros días como apareció entre los filósofos de la antigua Grecia.

2° La religión extrínseca (como se expresó arriba), está llena de ritualismos que han perdido su verdadero sentido. El símbolo no expresa ya su significado, es decir, no se sabe el porqué de sus acciones. Simplemente se vive la “orden”, pero sin saber lo que realmente significa.
La verdad lógica es la verdad ontológica

1ª. La verdad lógica es la adecuación de la mente con la realidad. Esta es la definición tradicional. La mente capta un dato a partir de la realidad y consigue una adecuación con ella. Sin embargo, es
posible la distorsión, ya que cada sujeto defiende su propio punto de vista como el único verdadero, y ataca a las divergencias que se den con su propio pensamiento, como si todos los demás estuvieran en el error.

2ª. La verdad ontológica es la adecuación del ser consigo mismo. El hombre se aproxima a esa verdad ontológica por medio de su mente, pero el conocimiento ordinario tiende a colocar una diferencia con respecto al ser en sí mismo. Por lo tanto, se puede decir que la verdad lógica es sólo una aproximación a la verdad ontológica. Es un hecho innegable que cada uno tiene su propia perspectiva para ver y juzgar las cosas. Esto no es una teoría. Lo que interesa, entonces, es investigar si acaso existe un procedimiento humano para llegar a captar el ser en sí mismo, si la verdad lógica puede llegar a identificarse con la verdad ontológica.

Sentido de vida

Cada persona tiene un sentido de vida que difiere del de los demás. Más aún, difiere del propio de un momento a otro. De aquí que el sentido de vida general, no es tan importante como el concreto de la vida de cada persona, en un momento dado (Frankl, 1946a, p. 107). Toda persona tiene una misión que debe cumplir y ésta es eminentemente dinámica. Sabemos que cada instante es único e irrepetible y cada tarea participa de esa unicidad en su oportunidad de instrumentarla.

Jung (citado por Yalom, 1984) dice que la falta de sentido le parece una enfermedad porque inhibe la plenitud de la vida. La carencia de un significado vital desempeña un papel crucial en el desarrollo de la neurosis. En última instancia hay que entender la neurosis como un sufrimiento del alma que no ha descubierto su significado. Aproximadamente la tercera parte de mis casos, dice Jung, no padecen de ninguna neurosis clínicamente definible, sino la falta de un sentido y propósito de sus vidas.

Jung (1955, p. 26), dice: “Cuando digo religión, no quiero decir un credo”. Sin embargo, es cierto que en alguna medida toda confesión se basa originalmente en la experiencia de lo numinoso, y por otra parte, en el “pistis”, la lealtad, la confianza, la fe respecto a un aspecto numinoso definido como experimental y la subsiguiente alteración de la conciencia… Es decir, que “religión” es el término que designa la actitud peculiar de una conciencia que ha sido alterada por la experiencia de lo numinoso. Por lo que podría decirse que el término “religión” expresa la particular actitud de una conciencia transformada por la experiencia de lo numinoso.

Por lo tanto, la religión es un asunto de experiencia. El hombre no conoce a Dios como un concepto teológico, sino como una experiencia a partir de la cual pueden formularse los subsiguientes conceptos. Por esta razón Jung se refiere a Dios como la imago de Dios o el símbolo de Dios, dado que un símbolo, por su propia naturaleza, es capaz de revelar la realidad de modos vedados a cualquier otro medio.

Otros de los grandes psicólogos, como Allport, Maslow, etc., consideran la presencia religiosa del hombre como un aspecto vital e importante en su encuentro consigo mismo. Asimismo, se puede citar a otros investigadores como Vogler y Ebersole (1983), Bergin (1983), Sharkey y Maloney (1986)…

Abgano (1974, p. 1006), dice en cuanto al sentido religioso, que es “la creencia en una garantía sobrenatural ofrecida al hombre para su propia salvación, así como las practicas dirigidas a obtener y conservar esta garantía”.

a) La garantía que apela la religión es sobrenatural: porque va más allá de los límites a los que pueden llegar los poderes reconocidos como propios del hombre. De que obra puede obrar también en donde tales poderes se reconocen como impotentes y de que el modo de acciones es misterioso o inescrutable.

b) El origen sobrenatural de la garantía: no implica necesariamente que sea ofrecida por una divinidad y que, por tanto, la relación con la divinidad sea necesaria a la religión. En realidad,
dice el autor, existen religiones ateas.
Frankl (1974, p. 81), dice:

“la religiosidad sólo es auténtica allí en donde es existencial, es decir, allí donde el hombre no es impulsado de algún modo a ella, sino que él mismo se decide por ella”.

La religión es un fenómeno del hombre y del paciente. Un fenómeno entre muchos de los que encuentra la logoterapia. En principio, tanto la existencia religiosa como la no religiosa son para la Logoterapia, fenómenos coexistentes, es decir, que frente a ellos el logoterapeuta debe adoptar una actitud neutral (Frankl, 1977, p. 109).

Propósito en la vida

En los Evangelios encontramos una frase de Cristo que nos dice: “La verdad os hará libres”. La vida del ser humano es una búsqueda consciente o inconsciente de esta realidad, ya que el intelecto lucha por encontrar la verdad. Su voluntad desea obtener un bien más grande. Su imaginación suspira y su alma anhela una vida más plena. Y a través de todas estas vías el hombre intenta llegar a una meta de la vida, al objetivo de su existencia.

Es un hecho que el ser humano se enfrenta a una serie de sentimientos de fragilidad, de impotencia, de desamparo y al temor de una muerte que es inevitable. El mayor deseo del hombre es existir, y no se resigna a dejar de ser, a no estar, a no permanecer, a no sobrevivir. La muerte se asocia con la nada y al referirnos a ella significa negación, carencia y vacío.

El hombre se encuentra en una crisis que derrumba sus esperanzas y proyectos futuros. La búsqueda de respuestas se puede considerar como un absurdo. El problema está allí: es angustioso, torturante, especialmente en las horas de reflexión o en los momentos dolorosos de la existencia. Esto puede ser el inicio de una situación de momentos dolorosos de la existencia. Esto puede ser el inicio de una situación de frustración existencial. Este hecho nos puede llevar a dos tipos de respuesta:

1ª Vivir con esta frustración, caer en la desesperanza y en la depresión.

2ª Replantearse el sentido de la existencia: la vida puede tener un propósito, a pesar de todas las dificultades que se nos presentan. Más aún, es posible que tenga el poder de NO destruir el sentido último de cada vida humana.

Los cuestionamientos sobre la esencia del hombre y sobre el significado de su existencia siempre han estado allí, se imponen por sí mismos e irrumpen en la existencia y se plantean por su propio peso. No obstante, esta reflexión se presenta en general cuando el hombre se enfrenta con el choque con la realidad y vive la experiencia de la frustración, de la derrota o del fracaso.

Gavaert, (1974, p. 15) comenta que:

“el infortunio, un accidente de tráfico, la muerte de los padres, de la esposa o de un hijo; la guerra, el genocidio, los campos de concentración… nos arrancan cruelmente de la dispersión para ponernos frente al problema del significado fundamental de la propia existencia”.

La derrota de nuestros propósitos o proyectos, el cansancio de vivir, el no poder alcanzar la paz constante y una felicidad real. La soledad y el abandono, en una palabra, lo que uno es y lo que le gustaría ser en plenitud, son otras opciones que nos invitan a meditar y a producir los cuestionamientos de siempre:

¿Quién es el hombre? ¿Quién soy? ¿Para qué he nacido? ¿Para qué vivo? Éstas y otras más son interrogantes que se presentan independientemente del credo religioso al que se haya afiliado un hombre.

El vacío existencial no es en realidad un hecho patológico. Esta abrumadora conciencia de la carencia de significado es el primer “signo de recuperación”. Poner en cuestión el problema del sentido de la vida no es una enfermedad, sino una verdadera expresión del ser humano. Esta expresión hay que concluirla, llevarla a cabo, ya que muchos hombres hacen de su paso por la tierra una tragedia sin sentido, una vida estéril y frustrada, una existencia vacía e inútil… y al hacerlo se hacen culpables de no haber vivido… el hombre debe “hacer de su vida una experiencia fantástica e indescriptible” (Villanueva, 1985, p. 236).

Hambre de pan y hambre de sentido

Todos sabemos lo que significa el hambre, sólo tenemos que echar una mirada a nuestro alrededor, para ver cuánta gente sufre por no tener qué comer ni en dónde vivir. De acuerdo con Maslow estaría preponderantemente en su primer escalón de la pirámide, en donde habla de las necesidades básicas. No obstante, existe otro tipo de hambre. La depresión de la gente joven se puede atribuir al hecho de que ellos se decían: estoy en paro; por tanto, soy un inútil y, por consiguiente, mi vida carece de sentido. En realidad, se trata de una carencia de sentido lo que había provocado la depresión. Cuando se logra vivir un trabajo o actividad significativa, desaparece la depresión, a pesar de que el estómago pueda seguir vacío. Frankl comenta un caso en el que uno de esos “parados” le gritó: “Lo que queremos, lo que nos hace falta, no es sólo dinero, gracias al cual podamos vivir; sino en primer lugar, algo por lo que podríamos vivir: algo que dé sentido a nuestra vida”.

No existe sólo una necesidad de pan, sino que con toda seguridad existe hambre de sentido. Desafortunadamente, esto se tiene poco en cuenta actualmente. El sentido no es tenido en cuenta por la sociedad. Las personas pueden tener un buen trabajo, incluso éxito, pero desean suicidarse porque encuentran su vida carente de sentido.

Vacío interior

Estamos viviendo una época de gran automatización en la que la tecnología ha traído grandes beneficios a la humanidad; pero también ha generado fuertes problemas como el desempleo o, en el mejor de los casos, un incremento de tiempo libre. No sólo hay tiempo libre de algo, sino también para algo. No obstante, dice Frankl, el hombre existencialmente frustrado no conoce nada con lo que podría llenar su vacío existencial. La existencia del fenómeno del aburrimiento refuta la afirmación de que la total homeostasis, la satisfacción perfecta de necesidades, significaría realización y no más bien lo contrario de realización, es decir, carencia y vacío.

El hombre debe hacer frente a la pregunta de cómo debe enfrentarsu tiempo: incluso el envejecimiento de la población confronta al hombre en su trabajo profesional y con su vacío existencial. Tanto la vejez como la juventud, se hacen la pregunta acerca de la voluntad de sentido. En este fenómeno aparece la llamada “frustración espiritual” como un elemento decisivo. La frustración existencial apenas se puede soportar y empuja a una compensación y a un aturdimiento.

El vacío existencial no siempre se pone de manifiesto. En ocasiones está latente, larvado, enmascarado… Existen unas “máscaras” detrás de las cuales se esconde este vacío: la voluntad de poder, la voluntad de dinero… son formas para enmascarar la voluntad de sentido. Se vive una depresión que se puede manejar con un exceso de trabajo (neurosis de domingo) o al contrario, como en el caso de México, con paros. Ahora bien, la depresión depende no sólo de “paro”, sino que se considere la vida como carente de sentido o no. No sólo hay estómagos vacíos, sino un vacío interior, y éste existe con o sin trabajo. Puede existir a pesar o a través del trabajo, ya que el vacío existencial se ha convertido en una neurosis de masas a nivel mundial. Se han elaborado test (PIL, Logo tests…) y estadísticas de investigadores de todo el mundo.

Nuestra sociedad industrial aspira a satisfacer todas las necesidades del hombre. Como necesidad de consumo, produce algunas necesidades para después poderlas satisfacer. Sin embargo, queda una sola necesidad sin satisfacer, la más humana de todas, la voluntad de sentido.

Ahora bien, ¿cómo se exterioriza ese sentimiento omnipresente de carencia de sentido o sentimiento de vacío? Frankl menciona como características principales el aburrimiento y la indiferencia.

1° El aburrimiento: se puede definir como una falta de interés. En muchos casos al hombre de hoy le falta un verdadero interés por el mundo.

2° La indiferencia: como una falta de iniciativa. Para completar el cuadro, se puede decir que ante la falta de interés se le añade la falta de iniciativa.

Lo que les falta a los hombres es el compromiso de empeñarse en algo que es digno de compromiso, la entrega a una tarea por la que se pueden decidir libremente. Según la encuesta del IFG, en Austria, el 29% de los austriacos encuentran muy poco sentido a la vida. Según las estadísticas de la “Caritas” alemana entre jóvenes, se llega al 42%. No obstante lo expuesto, el médico tratará de manejar el vacío interior con medicamentos (un coctel ataráxico); esto es, reducir el problema a situaciones somatógenas, que ignora lo espiritual. El psicólogo tratará de reducir la problemática espiritual a aspectos psicológicos, tratando de evitar el valor del sufrimiento inmodifi-cable. La voluntad de sentido representa el fenómeno más humano que posiblemente pueda existir, ya que no considera al sufrimiento que no se puede evitar, como patológico o enfermizo. Así, dice Nietzsche: “Sólo quien tiene un por qué vivir, soportará casi cualquier cómo”.

El análisis existencial es búsqueda de sentido, pero concreto, tanto en la peculiaridad de cualquier persona como en la singularidad de cualquier situación. Es un sentido ad personam et ad situationem, ya que sólo se puede atribuir una relevancia terapéutica a un sentido concreto y personal semejante.

Falta de modelos

A lo expuesto anteriormente, se junta la falta de modelos que nos muestren con su vida el ejemplo de la entrega a una tarea. Las personas que tienen mayor impacto no son los políticos, ni los investigadores, ni los artistas célebres o deportistas conocidos, sino las personas “que superan las situaciones difíciles”. Las que con grandes sacrificios personales intervienen a favor de otros y los ayudan. Estos constituyen el 47% (Instituto imas, Australia). De acuerdo con el Instituto Fessel, el 83% de los jóvenes expresan el deseo de ayudar a otras personas.

Al parecer, las anteriores cifras no son totalmente aplicables a países tercermundistas. Sin embargo, la orientación de sentido, vista desde la perspectiva psicológica, no sólo es importante para vivir, sino también para sobrevivir.

Suicidio crónico

Existe un enorme peligro para las jóvenes generaciones que se perfilan como una “generación sin sentido y sin futuro”, ya que este vacío existencial amenaza con proliferar aquella “triada neurótica de masas: depresión, adicción y agresión”, lo que significa prácticamente suicidio, en el sentido estricto de la palabra, suicidio crónico en el sentido de la drogodependencia y, sobre todo, violencia contra otros. Frankl habla de “recuperación” a través de una exigencia por medio de una tarea. La pregunta que se hace el autor es: si la entrega voluntaria a una tarea común es capaz de superar la agresividad y la violencia, ¿se podría aplicar esto a los grupos y aun a la humanidadentera?

El hombre en busca del sentido último

Para Freud la motivación humana primaria es el principio de placer, y el principio de realidad es una extensión de aquél. Sin embargo, el principio del placer está al servicio de otro más amplio: el principio de la homeostasis, cuya meta es la reducción de la tensión, para recuperar el equilibrio interno.Por otro lado, Adler ve en el hombre a un ser que lucha por superar una cierta condición interna, esto es, su sentimiento de inferioridad, del que trata de desembarazarse desarrollando la búsqueda competitiva de superioridad, un concepto que en gran parte coincide con la voluntad de poder de Nietzsche.

Comenta Frankl que Freud no tomó en cuenta una característica humana fundamental: la autotrascendencia. En otras palabras, es el hecho intrínseco que el ser humano siempre está relacionado con y señala a algo o alguien distinto de sí mismo. Frankl dice que a través de la autorreflexión ontológica comprensiva, el hombre sabe que se está autorrealizando en la medida que se olvida de sí mismo, y se olvida de sí mismo, al “darse” a sí mismo, ya sea sirviendo a una
causa noble o amando a otra persona. “La autotrascendencia es la esencia de la existencia humana”.

Tanto Freud como Adler trabajan en la psicología de lo profundo. Frankl más bien habla de una psicología de altura que toma encuenta las aspiraciones superiores de la psique humana. En otras palabras, no sólo se trata de la búsqueda de placer o poder por parte del hombre, sino también su voluntad de sentido. Se puede decir que es necesario reconocer que la cima espiritual es tan poderosa como su profundidad instintiva.

La primera trata de los fenómenos específicamente humanos, como son el deseo del hombre de encontrar un sentido para su vida y hacerlo realidad; o bien, aquellas situaciones de la vida de los individuos que lo obligan a enfrentarse consigo mismo. A esto Frankl le llama voluntad de sentido. En la actualidad, la voluntad de sentido se ve frustrada a nivel mundial. Existe un número creciente de personas que están obsesionadas por un sentimiento de falta de sentido —insignificancia, absurdidad—, que a menudo va acompañado del sentimiento de vacío existencial, que se manifiesta principalmente por el aburrimiento (falta de interés por el mundo) y la apatía (ausencia de iniciativa para hacer algo o cambiar algo).

Una de tantas definiciones que se han hecho del hombre, es la que dice que es un ser que se hace preguntas. Y ciertamente, una de las preguntas más profundas: ¿existe realmente un sentido en mi vida? Más aún, ¿existe tal sentido?

Frankl (1988) dice que, en cierto modo, el vacío existencial puede muy bien ser considerado como una neurosis sociógena. Tanto la sociedad industrializada como la de consumo están en condiciones de satisfacer todas las necesidades humanas y aun crear nuevas. Sin embargo, la más humana, la necesidad de encontrar y hacer realidad un sentido en nuestras vidas, se ve frustrada por esa sociedad. Lo alienan de sus propios valores y desarraigan de sus tradiciones.

Las generaciones más jóvenes son las que se ven más afectadas por el sentimiento resultante de carencia de sentido. Fenómenos como la adicción, la agresividad y la depresión se deben, en último análisis, a un sentido de futilidad. Parece ser que se olvidan que la vida tiene un sentido bajo cualquier circunstancia.

Cada situación vital con la que tenemos que enfrentarnos nos plantea una demanda, una cuestión a la que nosotros debemos responder, haciendo algo con la situación indicada. Es un hacerse repentinamente consciente de una posibilidad sobre el telón de fondo de la realidad. Sabemos que la vida nunca deja de ofrecernos un sentido hasta el último momento de nuestra existencia. Frankl dice que existen tres caminos principales que conducen a la realización de sentido:

  1. Valores de creación: consisten en llevar a cabo una acción o crear una obra.
  2. Valores de experiencia: supone experimentar algo o encontrarse con alguien. En otras palabras, el sentido puede hallarse no sólo en el trabajo, sino también en el amor.
  3. Valores de actitud: este camino es el más importante: es enfrentarnos a un destino que no está en nuestras manos cambiar, nos sentimos interpelados a sobreponernos y a crecer más allá de nosotros mismos, esto es, a cambiarnos. En este camino, el autor habla de la triada trágica: dolor, culpa y muerte. Sin embargo, también habla del optimismo trágico: se trata de sacarle la vuelta al sufrimiento ineludible, a la culpa inexcusable y a la muerte inevadible.

De esta manera:

a) El sufrimiento se puede convertir en servicio, en una realización y logros humanos. El sentido se puede alcanzar a pesar o mediante el dolor inevitable. Si es evitable, hay que quitar la causa, ya sea biológica, psicológica o sociológica. Sufrir innecesariamente sería masoquismo, más que un gesto heroico.
b) La culpa es un cambio hacia algo mejor.
c) La muerte, es un acicate para la acción responsable. Esto es, ver en la transitoriedad de la vida un incentivo para actuar comprometidamente.

Frankl, al hablar del sentido último, hace el siguiente planteamiento:

Un chimpancé no puede comprender el sentido del sufrimiento, en función de lo que éste viva en un experimento científico. De la misma manera, el hombre tampoco podrá entender el valor del sufrimiento a través de la dimensión espacio temporal (con un enfoque científico). La ciencia deja en la sombra el sentido último, pero no por eso lo va a negar. Lo incognoscible no tiene que ser necesariamente increíble. Es fundamental pasar a una tercera dimensión,la espiritual, que está más allá de la mera razón o inteligencia, para poder obtener una respuesta integral.

Logoterapia y religión

Es un hecho que no todo puede explicarse en términos significativos. Hay cosas que aparecen como imposibles desde un punto de vista puramente intelectual. Por eso, como se decía arriba, lo incognoscible no es necesariamente increíble. Donde el conocimiento cesa, la antorcha pasa a manos de la fe. No es posible decidir intelectualmente si cada cosa carece de un sentido último, o por el contrario, si detrás de todo se esconde dicho sentido. Donde fracasa el conocimiento intelectual, hay que echar mano de una decisión existencial. Desde este ángulo se pueden ver las cosas como absolutamente significativas o absurdas. Creer a través de la fe, es una forma de pensamiento con una realidad sobreañadida, a saber, la existencialidad del sujeto pensante. El existencialismo dice “nada es realmente nada”. Dios no es una cosa entre otras, sino es Ser (con mayúscula, como dice Heidegger). Por tanto, no se puede situar al ser último en el mismo plano de las cosas.

Existe un abismo entre lo que está llamado a servir de símbolo y lo que debe ser simbolizado. El símbolo nunca puede identificase con aquello que simboliza. Por ejemplo, si se quiere simbolizar el cielo, se podrán pintar algunas nubes. Sin embargo, éstas no son el cielo; más bien, lo ocultan y nos impiden verlo. No obstante, son un símbolo. De la misma manera, lo divino se simboliza por algo que no lo es: sus atributos son propiedades humanas e incluso demasiado humanas.

A Dios se le representa de forma más o menos antropomórfica. Sin embargo, esto no nos autoriza a descartar la religión por sus ingredientes antropológicos. Frankl (1990, p. 292), citando a Konrad Lorenz (1987), dice: “Si compara usted la validez de la cosmovisión de la mujer de un granjero de los Alpes, con la validez de la visión del mundo de B.F. Skinner, descubrirá que la mujer del granjero, la cual cree en la inmaculada concepción de la Virgen María, en el Buen Dios y en todos los santos, está más cerca de la verdad que el behaviorista”.

Por otro lado, dice Frankl, (op. cit.) que siempre que nos embarcamos en un antropomorfismo acrítico, nos exponemos sin duda a una serie de trampas en las que podemos caer. Se puede definir la religión como “un sistema de símbolos, es decir, símbolo de aquello que los seres humanos no están capacitados para captar en términos conceptuales”. Sin embargo, ¿no es acaso la necesidad de símbolos, la capacidad de crearlos y de servirse de ellos, una característica del ser humano como tal? ¿No se reconoce en la capacidad de hablar y de comprender el habla, un rasgo distintivo de la humanidad? Sin embargo, al comparar la religión con el lenguaje, se debería tener muy presente que nadie está autorizado a afirmar que el lenguaje particular que yo hablo es superior a cualquier otro. En todo lenguaje es posible llegar a la verdad única o caer en el error uno mismo y mentir.

Frankl (1990, p. 294-295) dice que es necesario afrontar tanto el problema del pluralismo lingüístico como el religioso, ya que en este último, la religión aparece escindida en diversas confesiones, y una confesión no puede ser superior a las demás. El autor se pregunta si tarde o temprano será posible que se supere el pluralismo religioso para dar paso al universalismo de una religión. Él mismo contesta diciendo que en su opinión no es probable que una especie de esperanto religioso pueda servir como sustitutivo de las confesiones individuales. Más bien, la religión tiene que hacerse algo profundamente personalizado, que a cada ser humano le permita hablar un lenguaje propio cuando se dirija al ser último. No se trata de que las confesiones particulares con sus instituciones y organizaciones desaparezcan, ya que hay y seguirán habiendo símbolos comunes a las diversas comunidades. De la misma manera que diversos idiomas tienen el mismo alfabeto.

Quizá los conceptos de Dios de algunas confesiones son estrechos. A menudo describen (¿denigran?) a Dios. Es la deformación de un concepto sólido de divinidad. Es necesario presentar una imagen creíble de Dios, al mismo tiempo que los creyentes han de actuar en forma que resulte creíble. En otras palabras, no se trata de que sus representantes traten de configurar una imagen de Dios, como alguien que primordialmente está interesado en ser creído e insiste rigurosamente en que quienes crean en él deben afiliarse a una iglesia particular. Añade Frankl (op. cit.) que la manera de dirigirse a la divinidad debe ser en la forma de expresión más personal posible. A este modo de hablar se le llama oración. Orar es hablar de persona a persona. Es el clímax de la relación “YO-TU”, que de acuerdo al pensamiento de Martín Buber representa la cualidad por excelencia de la existencia humana, a saber, su dimensión dialógica. Por otro lado, dice Frankl, los diálogos no sólo son interpersonales, sino también intrapersonales, esto es, diálogos interiores, dentro de nosotros mismos. Son entre un ego y un alter ego. El autor (1990) ofrece una definición de Dios a la que llegó cuando tenía 15 años: “Dios es el interlocutor de nuestros más íntimos soliloquios”. Es decir, siempre que usted se habla a sí mismo con total sinceridad y en soledad última, aquel a quien usted se está dirigiendo puede ser llamado con toda razón DIOS. Esta definición, dice Frankl, burla la bifurcación entre cosmovisión atea y la teísta. La diferencia entre ellas emerge sólo después, cuando la persona no religiosa insiste en que sus soliloquios son precisamente eso: monólogos consigo mismo. En cambio, la persona religiosa interpreta los suyos como auténticos diálogos con alguien distinto a ella misma. Esto último supone una gran rectitud y sinceridad supremas. Añade Frankl (op. cit. p. 297), “Estoy seguro de que, si Dios existe realmente, no les va a echar en cara a quienes se dicen ateos el hecho de haberle confundido con su propio yo y haberle dado, como consecuencia, un nombre equivocado”. Dice Frankl (1990) que la cuestión que está pendiente es saber si realmente existen “personas ateas”. En su libro “La presencia ignorada de Dios” (1988), dice que cada una de las personas existe y muestra su presencia un cierto sentido religioso, aunque soterrado o reprimido en el inconsciente. En otras palabras, parafraseando a Freud, que dijo que no sólo el hombre es a menudo más inmoral de lo que cree, sino que es también mucho más de lo que piensa, Frankl dice que a menudo el hombre es mucho más religioso o creyente de lo que él está dispuesto a admitir.

a) Esta omnipresencia de la religión —entendida en su más amplio sentido—, su ubicación en el inconsciente, puede explicar el hecho de que personas que se consideran ateas, sean más capaces de encontrar un sentido a su vida que aquellas que se consideran a sí mismas creyentes, como demuestran empíricamente los test y las estadísticas.
b) No es extraño que esta religión inherente —aunque sin explicitar—, pueda ser más persistente de lo que se podría esperar, hasta el punto de que es capaz de desafiar tanto a las circunstancias internas como externas, hasta un grado difícil de creer. Frankl (1988) expresa que una vida religiosa pobre no podía hacerse remontar simplemente al impacto de una imagen negativa del padre. Ni la peor imagen del padre impide que la persona alcance una sólida cosmovisión religiosa.
c) En cuanto al medio ambiente, la fe en Dios es incondicional o no es fe en lo absoluto. Si es incondicional, se mantendrá firme ante cualquier cosa, por grave que sea, como el holocausto nazi. Si no es incondicional, se desmoronará ante la perspectiva de que un solo niño tenga que morir. Dice Dostoievski: No existe un punto crítico para el regateo con Dios, Por ejemplo, razonando: “Hasta seis mil o incluso un millón de víctimas del holocausto yo mantengo mi fe en ti, pero a partir de un millón de víctimas ya no hay nada que hacer y, aunque lo siento, renuncio a seguir creyendo en ti”.
d) Frankl comenta que entre las personas que vivieron la experiencia de Auschwitz, el número de las que sintieron que su vida religiosa se hacía más profunda, a pesar de la experiencia, fue mayor con mucho, que el de las que abandonaron la fe. Las dificultades y catástrofes contribuyen a debilitar una fe ya de por sí débil, mientras que robustecen una fe fuerte.

En síntesis, del pensamiento de Frankl se pueden hacer las siguientes reflexiones:

1ª Frankl dice, que después de sugerir una definición tan operativa de religión, tan imparcial y neutral como la suya (que abarca el agnosticismo y ateísmo), hace las siguientes afirmaciones:

a) Que como psiquiatra (psicólogo) estaba autorizado a abordar el tema de lo religioso.
b) Que a través de su exposición, se mantuvo en el plano que convenía a un psiquiatra, al tratar la religión como un fenómeno humano o, más específicamente, como una consecuencia de lo que
en su opinión constituye el fenómeno humano por excelencia, a saber, la voluntad de sentido. Se atreve a decir que la religión se ha revelado como la realización o cumplimiento de lo que ahora podemos llamar, la voluntad de sentido último.

2ª La definición que propone Frankl, se aproxima mucho a la presentada por grandes pensadores como: Albert Einstein (1950), que dice así: “Ser religioso significa haber encontrado una respuesta a la pregunta de cuál es el sentido de la vida”. Ludwig Wittgenstein (1960) dice: “Creer en Dios es ver que la vida tiene un sentido”.

3ª Frankl (1990) se hace la siguiente pregunta: ¿hasta qué punto estas tres definiciones de religión pueden ser aceptadas por la teología? Los psiquiatras, añade, sólo pueden mantener abierto el diálogo entre la religión y la psiquiatría, con un espíritu de tolerancia.

4ª El hombre necesita de un significado. El hecho de vivir sin él, sin metas, valores o ideales, parece provocar algunos trastornos considerables. En casos extremos puede llevar al ser humano a la decisión de poner fin a su vida.

5ª El ser humano necesita de ideales y aspiraciones, así como guías para configurar sus vidas. Existe una tendencia a la búsqueda de significado, que lo lleva a enfrentar y organizar los acontecimientos que ocurren al azar en su vida, igual que todas sus experiencias para resolver su situación existencial.

6ª Cuando la persona no tiene la capacidad de encontrar coherencia, no sólo se muestra inquieta e insatisfecha, sino también desamparada. Si tiene un sentido, experimenta seguridad y dominio, y nos aferramos a él como si en ello nos fuera la vida (op. cit. 553).

7ª La búsqueda de significado es paradójica, ya que cuando más nos empeñamos racionalmente en buscarlo, menos lo encontramos. Las preguntas que nos planteamos acerca del significado siempre van más allá de todas las respuestas.

8ª El significado consta de un sentido de plenitud que implica compromiso; éste nos permite encontrar una respuesta a la carencia de significado, con independencia del origen de esta carencia. El compromiso pleno nos ayuda a organizar los eventos de la propia vida conforme a un patrón coherente.

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