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Alejandro de Barbieri Sabatino

¿Puede el docente ser pesimista?

La educación y la medicina avanzan hacia la personalización y nos obligan a engendrar un nuevo modelo social. La prevención será más importante que la curación.
Eduard Punset

La enseñanza presupone el optimismo tal como la natación exige un medio líquido para ejercitarse. Quien no quiera mojarse, debe abandonar la natación; quien sienta repugnancia ante el optimismo, que deje la enseñanza y que no pretenda pensar en qué consiste la educación. Porque educar es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender y en el deseo de saber que la anima, en que hay cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias, hechos...) que pueden ser y que merecen serlo, en que los hombres podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento. De todas estas creencias optimistas y uno muy puede bien descreer en privado, pero en cuanto intenta educar o entender en qué consiste la educación no queda más remedio que aceptarlas. Con verdadero pesimismo puede escribirse contra la educación, pero el optimismo es imprescindible para estudiarla... y para ejercerla. Los pesimistas pueden ser buenos domadores pero no buenos maestros.
Fernando Savater en El valor de educar

Siempre se ha dicho que los primeros educadores son los padres. Pero en esta oportunidad quiero detenerme a reflexionar acerca de los docentes y su tarea. Eduard Punset, investigador español, sostiene que la educación y la medicina avanzan hacia la personalización. Nos invita a poner énfasis en la prevención. De aquí que la tarea del educador cobra más sentido en la actualidad y nos presenta nuevos desafíos. El síndrome del Burnout (o síndrome del «quemado») que educadores, docentes, psicólogos, entre otros trabajadores, experimentan hoy en día, tiene que ver con este desgaste al que están sometidos o expuestos diariamente, ya que el alumno hoy no llega «educado a clase». Antes, llegaba educado. La tarea del docente era instruirlo en su materia, pero el niño ya entraba al aula educado. Recuerdo que cuando di ―en un liceo de Montevideo― el taller de Cuidando a los que cuidan: prevención de burnout en docentes, levantó la mano un profesor y me dijo: «Alejandro, yo soy profesor de filosofía, yo sería feliz, si pudiera dar clase de filosofía». Este testimonio grafica muy bien la situación actual; el docente, antes de dar clase, tiene que educar a su alumno. Ejemplos: «Sáquese el gorro, siéntese derecho, no ponga los pies sobre el banco, pida permiso, no discuta con su compañero, etcétera, etcétera». Esta es una de las causas del desgaste actual del docente: debe educar aparte de dar su materia. A esto se suma la multiplicidad de roles que este tiene: es docente, también es padre, o madre, profesional, y debe cumplir con todo eso. Por lo tanto esto contribuye a la pérdida del sentido de la tarea, el docente ya no llega libre, creativo y con ganas al aula, sino que llega desgastado por su propia vida personal y por la desmotivación que surge también del aula. A su vez, el docente se siente exigido a «ser divertido». Es lo que la cultura actual le impone al docente. ¿Cómo competir con un Iphone o con la «civilización del espectáculo» para que el alumno sostenga la atención? Imposible. Creo que debemos enfrentar el tema por otro lado; si basamos nuestro cimiento pedagógico en competir con aquello que nos entretiene, estaríamos errando el camino. Los científicos, filósofos, pensadores, psicólogos y economistas están planteando que debemos ampliar nuestra comprensión del concepto de felicidad, un concepto basado en los vínculos, en un sentido de vida, en una alimentación sana, en un trabajo pleno, en tener tiempo para perder el tiempo, en el ejercicio físico, la actitud de agradecer, invertir dinero en «experiencias» y no en cosas, escuchar música, salir a bailar. No se puede bailar y estar triste al mismo tiempo. Estas premisas que proponen los investigadores nos enfrentan el desafío de integrarlos en nuestro plan de estudios y actividades diarias, sea en la escuela o en el trabajo. Frente al boom de internet, de las redes sociales y de las pantallas, surgen investigaciones que por ejemplo, establecen una relación entre mirar televisión hasta altas horas de la noche o permanecer en la computadora y el aumento de las probabilidades de padecer una.

Conclusión: apague el televisor, vamos a ir a dormirnos como si fuéramos un bebé que está aprendiendo a dormir. Vamos a la cama con un libro, y luego nuestro psiquismo nos lo agradecerá, porque no solo estaremos protegidos contra la depresión, sino que estaremos leyendo. Cuán importante es dejar las pantallas y volver a leer. La mayoría de los alumnos actualmente, solo puede tolerar cinco minutos de un video de YouTube. Su psiquismo, difícilmente puede sostener una lectura de una hora, donde hay que imaginar los personajes y seguir una trama día a día. Los hijos de los ingenieros de Google, Apple, Yahoo, eBay, y varias otras empresas claves en el desarrollo de la informática e internet, llevan a sus hijos a una escuela donde en las clases no hay computadoras, usan lápices, papel y plasticina. No hay pantallas, no están permitidas en el salón de clase y sus maestros prefieren que no las usen en la casa.  (1)

Se educa a puro pizarrón, tiza, y el docente, claro. No se puede sustituir el vínculo pedagógico, persona a persona, por un instrumento, una herramienta, que debe quedar siempre en el lugar de herramienta. La sociedad de consumo lleva a los niños y sus padres a un estilo de vida de «todo ya». Esto confunde empacho con felicidad. La felicidad es un proceso de búsqueda que también incluye la frustración para llegar al final del camino. Volviendo a nuestros docentes, retomo la segunda cita de este capítulo. El filósofo español, Fernando Savater, nos confronta y nos alienta a basar nuestra tarea como docentes en un OPTIMISMO SÓLIDO. Si usted está pasando un momento pesimista, no entre al aula, tampoco a la sala de profesores. Tenemos que poder sostener nuestros dolores en nuestro mundo íntimo y privado. Usted puede ser pesimista en privado, dice Savater. Pero hemos perdido lo íntimo y lo privado, se ha desdibujado la esfera privada de manera que solemos decir todo lo que nos pasa al compañero de trabajo. Ese no es encuentro profundo, es una mera autoexpresión, sin un fin de comunicación que no ayuda a combatir el pesimismo ni permite entrar al aula con actitud optimista. Cuando el docente trabaja sin sentido o no encuentra sentido a su tarea, está vulnerable al burnout. ¿Cómo nos damos cuenta de esto? Porque va a trabajar sin ganas, como obligado o como empujado, no es creativo, no se siente libre, por lo tanto tampoco es responsable, no puede ver nada valioso en sus alumnos ni en sus compañeros docentes y termina fatigado. El descanso de verano en las vacaciones tampoco lo restauran para arrancar otro año de manera más optimista. En cambio, cuando el docente se siente libre, es creativo, no vuelve a utilizar las mismas fotocopias de hace años, sino que inventa algo nuevo, se siente vivo en la relación pedagógica y puede contagiar vida a sus alumnos. Este es el objetivo de la presente reflexión, tomar conciencia de que debemos ayudar a nuestros alumnos a recuperar el entusiasmo por la tarea y, para eso, es esencial profundizar en los docentes, que ellos mismos puedan recuperar ese entusiasmo para luego trasmitirlo. Esta actitud optimista no quiere decir ser divertido. El profesor puede ser aburrido, pero ser al mimo tiempo profundamente optimista en su creencia de que los alumnos pueden cambiar el mundo, que pueden perfeccionarse como personas, como dice Savater. Este es el gran desafío actual: restaurar al docente para que entre al aula con actitud optimista. Si su actitud al presentarse frente a los alumnos es pesimista, solo podrá domarlos, sin llegar a educar. ¿Cuáles son las patologías que más han crecido en los centros educativos públicos y privados? La agresividad, el bullying, el cyberbullying, el déficit atencional, las dificultades para poner límites, dificultades para obedecer órdenes, etcétera. Todas relacionadas con la crisis de autoridad actual del padre y de la madre en cada casa y luego de los educadores. El niño ya no ve al padre ni a la madre ni al educador, como un «modelo a seguir». Todo es verborragia. Esta falta de la figura paterna (autoridad, jerarquía, límites) es la causa del desborde emocional de muchos niños hoy. Para reordenarnos, es preciso volver a cada casa y ocupar el lugar de padres y no ceder. En segundo lugar, el docente deberá educar con optimismo; de lo contrario no hay educación y el niño queda víctima de sus pulsiones. De esta manera tendrá más probabilidades de asumir conductas agresivas. ¡Por favor, no domemos niños! ¡No somos domadores, somos educadores de personas que con libertad y responsabilidad deben tomar la vida en sus manos! Este es el gran desafío. De no ser así, seguiremos año tras año alarmándonos frente a las cifras de depresión y adicciones, pero sin cambiar culturalmente la sociedad para que estas cifras bajen, y para crecer en una sociedad más solidaria, menos «animal» y más «humana».

A orillas de otro mar, otro alfarero se retira en sus años tardíos. Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia. Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoge los pedacitos y los incorpora a su arcilla.
Eduardo Galeano en El libro de los abrazos

Por último, este texto de Eduardo Galeano nos ilumina para integrar el sentido de la vida como una actitud de agradecimiento hacia nuestros padres y abuelos, para que luego nuestros hijos y alumnos sigan el camino. No se puede avanzar sin una postura firme en nuestras tradiciones, que son los «acervos de sentido» que nuestra comunidad familiar y educativa tiene y sobre las cuales se sostiene. Un centro educativo debe ser una «comunidad de vida», un lugar donde se den los pilares de la autoestima para poder lanzarse hacia un futuro pleno y óptimo de sentido. El sentido del presente incluye el pasado, desde donde nos paramos, para lanzarnos hacia el futuro. Los tres tiempos coexisten en uno, que es este, mi presente cotidiano que amenaza perderse si no rescato del pasado lo pleno de sentido para proyectarme a un futuro con esperanza. No se puede educar sin esperanza.

Ps. Alejandro De Barbieri Sabatino - CELAE
Psicólogo - Logoterapeuta -Cel: 094 303697 / tel: 26281024
FB: alejandro.debarbieri / Twitter: @AleDeBarbieri
Radio Oceano (93.9 FM): "Texto y Contexto" martes 18.30 hs
Radio Espectador (810 AM): "Miradas Encontradas" , Martes, 10.30 h
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La cura por la palabra escrita. De la “talking-cure” a la “writing-cure”

Una de las cosas que Viktor Frankl tuvo la oportunidad de hacer durante su internación en los campos de concentración fue escribir. En pequeños papelitos que mantenía ocultos fue registrando sus ideas. De esa manera comenzó a realizar la idea de escribir un libro, lo cual lo “mantuvo vivo”. También escribió luego de salir del campo y de esa manera registró su proceso vivencial. 

En este trabajo nos propondremos presentar el uso de la palabra escrita (en diferentes versiones) como una herramienta muy iluminadora para el proceso de logoterapia.

Hoy en día estamos viviendo una época en donde las comunicaciones electrónicas han mostrado ser una herramienta para la relación cotidiana. Los terapeutas tenemos la obligación de incorporar este nuevo mundo para comprender mejor a nuestros pacientes y hacerlos más comprometidos con su proceso. No podemos mirar todo esto como “cosas de los jóvenes” y así distanciarnos de la realidad. Intentaremos hacer comprender la importancia de la palabra escrita del paciente, la palabra escrita del terapeuta, sus ventajas y dificultades.

Para ejemplificarlo, presentaremos dos casos en donde el uso de estas herramientas facilitó el proceso de terapia, mejoró la relación del paciente consigo mismo, lo hizo ser más creativo y activo.

Escribo desde que tengo uso de lápiz, no por cierto de razón, que todavía no la alcanzo. 

Pablo Neruda.

INTRODUCCIÓN

Estamos reunidos hoy acá porque hace muchos años, una persona vivió un hecho muy traumático y decidió sentarse a escribirlo. Esa persona fue Viktor Frankl. Enclaustrado en el campo de concentración, angustiado y preocupado por la suerte de sus seres queridos y por su logoterapia, empieza a escribir en papelitos para que sus palabras lo trasciendan a él mismo (más allá de su muerte).

Luego, como todos sabemos, al salir del campo, se encierra a relatar y escribir su experiencia. Me imagino lo doloroso que debe haber sido este proceso. Cuando probablemente una reacción normal, y de muchos, fue la necesidad de olvidar lo vivido, para poder seguir adelante. Sin embargo, Frankl, decide sacarlo afuera, revivir el dolor reciente para poder curarse. Y escribirlo. Dejarlo escrito para siempre. 

Vemos que hay una secuencia del acto de escritura y su propia vida, su proceso de elaboración del dolor y de la pérdida. Y, por supuesto, como todos sabemos, escribiendo relatando en el fondo del sufrimiento, la esperanza.

El libro El hombre en busca de sentido es uno de los libros más vivenciales de Frankl, quizá le siga después Lo que no está escrito en mis libros. Al tratarse de sus memorias, este último también tiene un carácter más vivencial que otros. La obra restante de Frankl se ve teñida de su ser más racional. Es interesante destacar como su primer libro sigue siendo la puerta de acceso a la logoterapia. La vivencia como dadora de sentido. 

Esta experiencia de Frankl, que relato como inicio de este trabajo, nos es familiar a todos. Seguramente nosotros recordamos hechos difíciles (o no) de nuestra vida, y recordamos haber ido escribiendo, en diarios, en notas, en cuadernos, en poemas, aquellas vivencias. Esta es la necesidad del hombre por dejar testimonio vivencial a través de cuentos y relatos; la necesidad por concretar en la escritura las vivencias que nos harán trascender, que hablarán de nosotros aún cuando nosotros ya no estemos. 

Como dice el escritor uruguayo Eduardo Galeano: “Escribo para poder juntar mis pedazos”. Cuando uno escribe lo vivido, arma el puzzle de sí mismo, se enfrenta con el propio dolor y con la esperanza de superarlo. Pero, llegar al punto de escribir, implica un trabajo con uno mismo, vencer resistencias y animarse. Animarse a encontrarse, a perderse, a volverse a encontrar.

Hoy en día estamos viviendo una época en donde las comunicaciones electrónicas han mostrado ser una herramienta para la relación cotidiana. Los terapeutas tenemos el desafío de incorporar este nuevo mundo para comprender mejor a nuestros pacientes, y más aún para ayudarlos a comprometerse más con su propio proceso. No podemos mirar todo esto como “cosas de los jóvenes” y así distanciarnos de la realidad. 

En este trabajo nos propondremos presentar el uso de la palabra escrita (en diferentes versiones) como una herramienta muy iluminadora para el proceso de logoterapia, proceso de hacer consciente lo espiritual reprimido.

Intentaremos hacer comprender la importancia de la palabra escrita del paciente, la palabra escrita del terapeuta, sus ventajas y dificultades.

Así también, presentaremos dos casos en donde el uso de estas herramientas facilitó el proceso de terapia, mejoró la relación del paciente consigo mismo, lo hizo ser más creativo y activo.

1. El sentido de la palabra escrita

La palabra escrita como testimonio de lo que somos, de lo que estamos siendo, de lo que queremos ser.

Cuando le preguntaron a Borges sobre un libro suyo, del cual se cumplían ya 20 años de publicado, respondió: “hace ya tanto tiempo que he escrito ese libro que no se puede decir que yo sea el autor”.
La paradoja de nuestra identidad queda escrita para luego ser leída y releída por nosotros y por nuestros seres queridos y por aquellos a quienes no conocemos, pero queremos que quieran lo que nosotros queremos, queremos que nos conozcan, queremos quererlos.

Gracias a la intención de Frankl y a la dedicación de escribir nace su logoterapia, se redime, se cura de su dolor y sigue adelante. Muchos de nosotros conocemos esa experiencia. Una experiencia de íntima relación conmigo mismo, de soledad, en donde necesito escribir, escribirme, dar cuenta de mi mundo emocional.

Quizá al principio, escriba para que nadie lo lea, sólo para mí mismo, para saber quien soy, para encontrarme en mis palabras. Luego los amigos nos van convenciendo de que vale la pena, de que la palabra vale y de a poquito nos vamos animando a compartir lo escrito.

2. La palabra escrita y la terapia

Hace ya algunos años que ha surgido la llamada “terapia narrativa”. Dentro de esta denominación, está comprendida una gran gama de enfoques y de usos de las narraciones en psicoterapia.

Este es un aporte personal, que refleja mi quehacer en la clínica, con mis pacientes y conmigo. No podría afirmar o negar el vínculo con la terapia narrativa, o si se podría plantear una logoterapia narrativa.

Cabe aclarar que no se trata sólo del uso de cuentos en psicoterapia, como metáforas portadoras de significados, para facilitar el proceso o para hacerle ver al paciente un contenido. En este caso, se trata de invitarlo a que escriba sobre el propio proceso de terapia, sobre lo que va sintiendo, lo que ha pasado en la semana, si surgió algún recuerdo, si después de la última sesión se quedó pensando en algo, etc. Así como también registrar sueños, pensamientos, traer viejos escritos propios, etc.

En el transcurso de un proceso terapéutico, uno vive muchas emociones, recuerdos, pensamientos, sensaciones que a medida que vamos tocando ciertos temas, nos invaden. Si logramos escribirlas, se facilita el proceso de encuentro con uno mismo, nos hace ser más honestos con nosotros, con lo que nos pasa.

Cuando el paciente realiza su psicoterapia sólo con frecuencia de horario semanal y luego vuelve a la siguiente semana para cumplir con el rito, es importante ir generando cierta conexión entre semana y semana, para que el proceso no se “deposite” sólo en la hora semanal de encuentro con el terapeuta.

Porque la terapia no es sólo esa hora; la terapia es la vida, es todo lo que pasa antes, durante y después; y la palabra escrita, el recuerdo espontáneo, el registro de emociones, el correo de un familiar que le dice que lo extraña, el mail que le envió a su madre dos años atrás donde le cuenta lo sola que se siente, etc. Todas estas vivencias están allí depositadas en computadoras, deseando salir a la luz. Son un espejo infalible e ineludible para el paciente, ya que es más que la palabra de su terapeuta, es casi como un sueño, una carta que se ha escrito para sí mismo.

La palabra escrita ayuda a la derreflexión. Hay pacientes que se resisten a escribir sus vivencias porque saben que una vez escritas “no se podrán arrepentir”. Mientras la palabra es “hablada” queda en un “no-mundo”, un mundo íntimo entre paciente y terapeuta, un mundo silencioso.

Cuando sale a luz lo conversado, siempre es objeto de miedos e inseguridades. Cuando nuestra palabra como terapeuta sale del consultorio y es revelada a otros, siempre nos preocupamos pensando: “¿Habrá entendido la madre de mi paciente (padre, médico, novio, etc.) lo que quise decir?” Y si nuestra palabra es escrita entonces corremos mucho más riesgo. Estas reflexiones nos hacen pensar en los primeros terapeutas que tuvieron el coraje de contar lo que hacían y decían en el ámbito secreto y privado del consultorio. Y mucho más en los grandes narradores de la psicoterapia de hoy, que logran transformar con gran maestría un “caso de psicoterapia” en una “historia de vida”. Porque de esto se trata, somos grandes receptores de historias, de vida, historias de desamor, de desesperanza y de sufrimiento. Es sumamente importante que esta historia pueda ser contada, guardada, reservada para cuando el paciente quiera recurrir a ella lo pueda hacer.

Y lo más increíble aún, estas historias forman parte de nuestra historia. Son parte de mi vida cotidiana, de mi lucha cotidiana por vivir; forman parte de mi historia.

Repaso mis archivos, los mails que me mandan los pacientes, los chat que mantienen con sus novios que están lejos o cerca, los sueños que han registrado cuidadosamente. Todo esto descansa en mis archivos y siento ganas de pedirles permiso a todos para contar su historia. Porque todas son historias que merecen ser contadas, merecen salir del cajón olvidado para iluminar otras vidas. Para ayudarnos a ayudar a los demás, para poder identificarnos con los otros. Recordemos que Anna O. hablaba de la “talking-cure”. El pasaje de la palabra hablada a la escrita ya se está haciendo y se hace desde hace tiempo, desde otros lugares y espacios. Hoy día el espacio terapéutico es nutrido no sólo de la palabra hablada, sino también de la palabra escrita del propio paciente.

El paciente escribe sobre lo que le pasa en la vida (sueños, preocupaciones), luego esto lo trae al proceso de terapia, se lo trabaja y entonces esto vuelve a reciclarse nuevamente. En otros trabajos anteriores hemos subrayado que “lo que cura es el vínculo.” Este trabajo intenta seguir en la misma línea, sumando estrategias para favorecer y acrecentar el vínculo entre paciente y terapeuta.

La logoterapia propone por parte del paciente una actitud activa-participativa, haciéndose responsable de su recuperación. En este sentido se contrapone al modelo médico tradicional, en donde el médico era el portador del saber, el paciente ignoraba las causas y remedios a su enfermedad y aquel le aplicaba la medicina adecuada. Michael Lambert, presidente de la Society for Psychotherapy Research, logró ponderar en diversos estudios la contribución respectiva de los distintos factores responsables del cambio (Asay, T. y Lambert, M., 1999). Estos son los resultados:

  • Técnica del terapeuta: 15%
  • Expectativas positivas del paciente: 15%
  • La relación terapéutica: 30%
  • Factores del paciente: 40% (actividad, participación, motivación, involucramiento y creatividad).

Estas investigaciones apoyan, de alguna manera, los enfoques de psicoterapia que dan mayor importancia al paciente y su actividad. Pero claro está que para que el paciente tome este lugar el terapeuta también debe estar muy activo, ser creativo y lograr que su paciente se involucre.

Por todo esto, entonces, es que sugerimos el escribir como parte de lo que algunos llaman “trabajo entre sesiones”. Personalmente, siempre les pido a mis pacientes al final de cada sesión que “no se desconecten” de lo que hemos trabajado ese día, para facilitar el proceso.

3. Ventajas de la incorporación de la escritura al proceso de psicoterapia

Compromiso: El invitar al paciente a escribir aumenta su compromiso para con su propio proceso de curación, lo mantiene “conectado” con él mismo y con su proceso, entre una sesión y otra; es decir, ayuda a mantener la continuidad del mismo, ya que se reduce el “corte” que algunos pacientes hacen entre una sesión y otra.

Participación activa: Lo hace sentirse más activo y disminuye la proyección de la “cura” o de la palabra mágica en el terapeuta. El paciente es protagonista de su propia recuperación.

Expresión de sentimientos: Facilita la expresión de sentimientos y emociones. En el caso de la “terapia on line” estas manifestaciones están mediadas por la palabra escrita y ayudadas por los llamados “emoticons”. La necesidad de usar la palabra escrita impone por momentos la manifestación de ciertas emociones y sentimientos; sentimientos que en una situación de encuentro presencial pueden llegar a ocultarse o quizás dejar a la libre interpretación que el terapeuta haga de lo no verbal. Al mediar la palabra escrita parecería que los sentimientos tienen que ser explicitados verbalmente ya que no se pueden percibir a través de lo gestual.

Favorece la derreflexión: El paciente deja de rumiar sobre sí mismo para plasmar la idea en el papel. Aquellas personas perfeccionistas se pueden ver beneficiadas, ya que dejan la duda en el papel, logran desprenderse de ella.

Favorece el autodistanciamiento: Tomamos distancia de lo que nos pasa, ya que escribir implica un proceso secundario de elaboración sobre lo vivido.

4. Terapia a dos manos

En este proceso de integrar la escritura a la psicoterapia se pueden encontrar varias situaciones y a su vez observar como dice Yalom, que hay un proceso y un contenido.

1.1 El paciente escribiendo en la hora de terapia

En primer lugar, se podría dar el hecho de escribir en la misma sesión de terapia, cosa que a mí no me ha sucedido, pero muchas veces me han comentado mis pacientes: “debería sacar apuntes”, por la necesidad de recordar lo que hemos hablado o conversado.
En general es típico que el terapeuta tome nota. Otro cambio de paradigma (junto con el de la palabra escrita del terapeuta hacia el paciente) sería este, el dejar unos minutos finales para que el paciente escriba lo que desee llevarse.

1.2 El paciente escribiendo fuera de la hora de terapia

Aquí es donde se lleva a cabo generalmente el proceso de escribir. Se le sugiere a la persona que escriba sus sueños, sus preocupaciones, temores, etc. En definitiva, que escriba libremente lo que ha vivido en la semana. Por lo general el paciente selecciona dos o tres situaciones que quiere compartir.

A esto se le puede sumar que nos envíe por mail alguna de estas mismas situaciones que ha vivido, pero que de la cual tiene “material escrito”. Se puede tratar de mails o conversaciones por chat con su pareja o ex pareja, o con algún padre o amigo. Entonces el relato verbal es nutrido por las palabras que él mismo escribió. Esto permite ver los distintos significados que se le atribuyó al mismo hecho. Y además que palabras escogió para expresar esos sentimientos.

1.3 El terapeuta escribiendo en la hora de terapia

Suele ser lo más tradicional. En mi experiencia sólo escribo los sueños y las primeras sesiones, hasta tener una idea clara de nombres y personas importantes del paciente.

1.4 El terapeuta escribiendo fuera de la hora de terapia

Esto es fundamental ya que nos permite tomar distancia de nuestros pacientes, ver sus problemas desde otra óptica y vernos a nosotros mismos también desde otro lugar. Aquí intervienen las supervisiones individuales o grupales que facilitan este proceso.

El silencio

El silencio es el vientre que cobija las palabras por nacer.

Hay un factor que me parece importante destacar, es el vínculo entre el inconsciente espiritual, el silencio y el escribir. El inconsciente espiritual ha sido quizás uno de los aportes más importantes de Frankl.

Cuando uno logra conectarse consigo mismo, en este mundo loco y ruidoso que vivimos, necesitamos el silencio. Estar en silencio, en paz, permanecer en silencio para poder después dejar que las palabras nazcan, parir palabras que sean mariposas cargadas de sentido. Si no, permanecer en silencio hasta que puedan volar. Mientras tanto, el silencio es el vientre que cobija las palabras. Para que puedan ser, para que puedan nacer deben salir desde nuestra íntima conexión con nuestro inconsciente espiritual dormido. En él radican nuestras posibilidades no desarrolladas; todo logoterapeuta debe trabajar para “activar” el contacto con el inconsciente espiritual reprimido, hacerlo salir, hacerlo consciente. 

Creo que el hábito de ponerse a escribir lo que a uno le pasa puede transformarse en un acceso al inconsciente espiritual privilegiado.

En primer lugar, nos obliga a sentarnos a pensar en nosotros mismos, aislarnos del mundo circundante para saber cómo estoy hoy, cómo me siento. Luego de tomar contacto con mis sentimientos y pensamientos (el lenguaje sentipensante) entonces lo pongo en palabras, lo registro, lo anoto, lo guardo para siempre.

Hay personas (sean pacientes o no) que hacen mucho ruido cuando hablan. Hablan ladrando, hablan en disarmonía, con bronca, con rocas. Cuesta escucharlas, cuesta que se escuchen a sí mismas. Primera misión: escribir para que puedan dejar de hablar para afuera, que se escuchen a sí mismos, abandonen el teatro de la exposición, abandonen la necesidad del aplauso para meterse en sí mismas. No dejemos que nos conviertan a nosotros en el “auditorio semanal asegurado”. No nos dejemos convencer. Quedémonos en silencio, esperando, conectando su ansiedad con su desesperación y con su angustia. En silencio. Un silencio comunicador, un silencio amigo, silencio paridor de sentido.

Después vendrán las palabras.

5. Sobre el proceso (lo escrito en la terapia)

Ahora cabe reflexionar sobre qué hacer con lo escrito. Es momento de pensar sobre cómo incorporar lo escrito al proceso terapéutico.

Cuando uno le sugiere al paciente la inclusión de la palabra escrita en la terapia, se le plantea que puede enviarnos lo que quiera por mail, sus trabajos, sus preocupaciones, miedos, etc. Para evitar posteriores dificultades, el encuadre que planteo es el siguiente: “yo no te respondo el mail” (simplemente confirmo que fue recibido), lo charlamos en la sesión. El e-mail está abierto para recibir información y conversarla después directamente (distinto a lo que ocurre en la “terapia on line”).

En la sesión, por lo general, doy un primer espacio para que la persona cuente lo que quiera, luego a medida que transcurre el encuentro voy incorporando el material que envió por mail.
El proceso es similar a cuando le planteamos que traiga sus sueños. Al principio se sienten un poco desorientados, nos dicen que ellos no sueñan, etc. Pero luego, en el transcurrir de las semanas, empiezan a aparecer lo sueños.

Lo mismo sucede con los escritos, al principio se resisten, pero luego empiezan a llegar los sueños escritos o conversaciones por chat, textos escritos hace tiempo atrás o que fue escribiendo en la semana, etc.

Todo esto nos habla de nuestro paciente. Y la persona sabe que cuando expone algo que ha escrito se entrega mucho más al proceso de terapia, ya que aumenta el compromiso consigo mismo y con el proceso de terapia.

Muchos reaccionan diciendo “por favor no lo leas” como una resistencia primaria pero que es vencida rápidamente ya que se dan cuenta que allí en lo escrito están ellos mismos. Recuerdo una paciente que me escribió y me puso: “haceme acordar que ésta también soy yo, porque después cuando estoy ahí contigo, me hago ‘trampas al solitario’”. Esta parte es la más importante, ya que no podemos pasar por alto que si hay un material escrito, debemos tomarlo en cuenta y utilizarlo. Se puede tratar de sueños, que al ser traídos ya escritos por el paciente, implica el haberse tomado un tiempo para pensar sobre ellos. Facilita a su vez el tener que escribirlos durante la terapia, cosa que en aquellos pacientes que sueñan mucho, sueños largos y complejos, que requieren un buen tiempo para trabajarlos en la sesión. 

En este proceso es tiempo ahora de reflexionar sobre lo escrito, hacer que el paciente lea él mismo lo que escribió y comentarlo. Investigar qué emociones tuvo cuando lo estaba escribiendo y qué es lo que siente ahora. 

En la terapia presencial algunos critican que el escrito del paciente puede estar cargado de racionalizaciones. Lo ideal en este caso es que si nosotros sentimos que es así, tenemos al paciente delante para poder planteárselo y ver que opina él. 

Muchas veces uno tiene la sensación que la palabra escrita del paciente es un espejo sobre su “sí mismo” más fiel o genuino que el que le devuelve el terapeuta. Aquí queda claramente expuesto que el terapeuta es un catalizador de un proceso que el paciente lleva en sí mismo, pero para el cual necesita al otro. Una cosa es recordar lo que dijo el terapeuta (cosa que es muy importante y que los pacientes siempre recuerdan muy bien) y otra es recordar lo que, como paciente, “me dije y me digo a mí mismo”.

Como dice Octavio Paz: La contradicción del diálogo consiste en que cada uno habla consigo mismo al hablar con los otros, y la del monólogo, es que nunca soy yo sino otro el que escucha lo que me digo a mismo (Ver Anexo 2) .

6. La terapia on line

Desde hace algunos años ha crecido, gracias a la universalización del internet, la posibilidad de recurrir a apoyo psicológico por este medio. Al comienzo era a través de los e-mails, pero luego con la incorporación de las cámaras web, el chat, (msn, yahoo, etc.) se pasó de una consulta puntual a la demanda de un proceso terapéutico.

En internet hay psicólogos que cuentan que empezaron a asistir pacientes por esta vía, cuando uno de sus pacientes “presenciales” pasó a vivir a otro país. Al principio le enviaba mails contándole sus cosas, hasta que después solicitó “ordenar” sus encuentros, vía on line, como cuando estaban en la terapia tradicional. En mi caso personal, los pacientes se acercaron a la logoterapia a través de nuestro sitio web, y a partir de allí solicitaron un acompañamiento.

El lenguaje escrito tiene características propias que facilitan la terapia on-line: Stubbs (1980) afirma que el lenguaje escrito no representa directamente al oral, incluso las formas escritas suelen perder algo de carácter secundario y adquirir un carácter primario e independiente.

Podemos considerar, por otro lado, que la tendencia "oculcentrista" de la sociedad hace más factible que la terapia se desarrolle mediante el lenguaje escrito por el hecho de que no se oye sino que se ve (White M. y Epson D., 1993). Estos son algunos de los autores que comienzan a considerar la posibilidad de una terapia escrita. 

Ventajas y desventajas de una psicoterapia on line

Otros argumentos que dejan en evidencia las ventajas de la terapia on line se van sumando a los mencionados antes; por ejemplo el hecho de permitir un registro literal y sencillo de las sesiones. Ello facilita el repaso de la sesión, y llegar a nuevos descubrimientos que mejoran la ayuda ofrecida al paciente.

A su vez, el paciente podrá hacer una relectura de la sesión llevándole al afianzamiento de los avances, a nuevas reflexiones, que a su vez provocarán cambios al cliente, que en definitiva es el objetivo de la terapia.

Otro aspecto a considerar es que el terapeuta tiene la oportunidad de “pensar” lo que le escribe al paciente.

Muchas veces nosotros no pensamos lo que decimos, y muchas veces eso está bien, ya que somos espontáneos y directos. Pero otras tantas conviene pensar lo que uno dice, y al tener que escribirlo esto ayuda. Sin embargo, también, los que usan el chat lo saben a menudo, uno escribe también rápidamente lo que piensa, sin mediar, sin censura, incluso como para no arrepentirse. O sea que la terapia “on line”, juegan elementos que también están en la terapia “tradicional”. Uno debe pensar cuándo conviene decir o escribir, y cuando no. Puede facilitar el hecho de animarse como terapeuta a decir cosas que en la terapia presencial, no se animaría. Y esto puede favorecer el trabajo terapéutico.

Por otro lado, algunas personas sostienen que en lo escrito pueden aparecer mecanismos de defensa, y esto es muy cierto. Pero también en la terapia hablada aparecen estos mecanismos y tratamos de detectarlos y desarmarlos. En mi experiencia no me he encontrado con más desventajas que las que encuentro en la terapia presencial.

Claro está que hay algunas dificultades como el no ver al paciente cara a cara, no poder escuchar su voz en el caso de que no tenga micrófono, etc.

Por otro lado, como el sistema es no presencial, uno no tiene la misma certeza de si va a seguir o no en el proceso de terapia. Esto quiere decir que en la terapia presencial, cuando uno se encuentra con resistencias y defensas, uno lucha para que el paciente se quede, evitar la huída producto de las resistencias y podamos ayudarlo. En cambio en la terapia “on line” no tenemos más recursos que nuestra palabra y esto puede hacer más difícil el “mantener al paciente en el proceso”, fortalecer el vínculo, lograr ligazón emocional, alianza terapéutica.

Si a la otra semana el paciente no se conectó entonces será difícil volver a contactarse con él. De cualquier manera, esto también pasa en la terapia presencial.

Es esta dificultad lo que hace, por lo general, que se trate de un acompañamiento más breve que lo tradicional. Las consultas suelen ser precisas, un problema de pareja, depresión, etc. y la persona espera que en pocas consultas se resuelva. Aquí tenemos que luchar contra las psicologías de TV, las psico-recetas para ser feliz. Hay pacientes que pueden engancharse muy fácilmente con un enfoque que “vende” soluciones a su problemática en pocas consultas. Esto es bien difícil de trabajar a la distancia, pero hay que estar atentos para identificarlo y poder trabajarlo con el paciente y mostrarle nuestra manera de hacer logoterapia.

La logoterapia no da recetas para ser feliz, así que la persona que viene buscando esto rápidamente podrá cambiar de enfoque o lo que es mejor, quedarse para ver un poco más allá de la receta. 

En definitiva, vemos que todo transcurre en forma muy similar a la terapia presencial; todo puede jugar entorpeciendo o favoreciendo el proceso. Lo importante es tomar en cuenta todos estos elementos y saber manejarlos en el encuentro.

7. Cambio de paradigma: la palabra escrita del terapeuta

He aquí el otro cambio de paradigma. El terapeuta ha empezado a escribirle a su paciente. Hasta ahora estábamos protegidos por el manto de silencio de los grandes curadores. Bastaba nuestra presencia y una buena escucha para que el paciente se curara. Recordemos que según Kaiser, el terapeuta cura simplemente por estar con el paciente. Siempre y cuando tenga cuatro características de personalidad: interés por la gente; un enfoque teórico que ayude al paciente a comunicarse libremente; ausencia de patrones neuróticos que obstaculicen el encuentro y receptividad. Pero con esto no basta. Claro que estas características siguen siendo válidas, pero ahora se suma que nuestra palabra aparece escrita. No sólo no basta con esto, sino que el ambiente oscuro y misterioso que se forma cuando dos personas se transforman en terapeuta y paciente ahora pasa a formar parte de un ámbito público y de acceso fácil.

Ahora nos referiremos a la terapia “on line”. Ya que es aquí donde fundamentalmente se da nuestra exposición a través de la palabra escrita.

Sin embargo, la palabra escrita del terapeuta puede aparecer, como decía antes, en la terapia tradicional, a través de los mails y SMS. Para cambiar una hora, para chequear si llegó un mail, etc. Para todo esto y mucho más el paciente nos puede enviar un SMS y al igual que durante la sesión de terapia, también en estas respuestas debemos cuidar nuestras palabras, palabras que quedan escritas. 

Nos exponemos más, es verdad. Pero quizá también ganemos más al final. Quizá también el paciente sienta que estamos más cerca. Por mi parte, cada vez que algo pasa entre sesión y sesión (sea el haber visto a un paciente o un intercambio electrónico) no dejo de comentarlo en la sesión siguiente. Me parece fundamental no dejar pasar estos hechos y usarlos a favor de la terapia. Nuestra palabra escrita en msn, e-mails, psicoterapia “on line”.

Aquí se plantea un problema adicional. Ahora que estamos haciendo terapia “on line”, nuestras sesiones pueden ser grabadas y archivadas. Lo cual es una enorme ventaja, ya que nos permite repasar nuestras intervenciones, planificar la futura entrevista, etc. Pero un componente persecutorio amenaza con alterar nuestra paz y nuestra tranquilidad. En mensajes de texto, en msn, en correos electrónicos, estamos más expuestos, nuestras respuestas vagan por internet de paciente a paciente, a su madre, a su padre, a su ex terapeuta, a terapeutas de la competencia, etc. Ya no somos “amos y señores” de nuestro espacio. Nuestro espacio trasciende el ámbito terapéutico y nos hace sentirnos más desnudos.

No podemos controlar lo que nuestro paciente hará con el texto que le enviamos, o con toda una sesión de chat. Debemos asumir este riesgo y hacernos responsables, pero es riesgoso, está claro. Aunque por otro lado, puede favorecer enormemente el acceso de otras personas a la terapia, ya que al ver una sesión de un amigo, puede perder el miedo, cae la idealización o el “fantasma” que podría tener sobre una terapia.

El proceso de curación, tan lleno de magia, de misterio y de autoridad, como dice Yalom, empieza a ser descubierto y develado.

Ahora nuestro poder queda a la “vista” de la gente. Entonces ya no se trata de algo que pasa entre dos personas, donde no queda nada registrado, sólo “charlan”. Ya no se trata de la “talking cure” de Anna O. Se trata de permitir que otros presencien este proceso de deshollinar la chimenea. Quizá sea una manera de permitir que otros conozcan cómo se deshollina, con qué palabras, con qué herramientas, y probar así que el proceso de aliviar el dolor humano, no es exclusivo de los terapeutas por tener un título universitario.

¡Cuántas personas solas se juntan en los chats para aliviar la soledad y buscar pareja! Y cuántas personas sin ser terapeutas logran aliviar el dolor, aunque sea por un día o por una noche, aliviar la soledad. Quizá no sea terapia, quizá sea sólo una manera de estar más cerca, pero quizá esa palabra amiga del otro lado impide un intento de suicidio, impide un acto compulsivo o impulsivo, impide una relación sexual sin cuidados, sólo para huir de la soledad.

Cualquiera que ha chateado sabe que no hay ningún misterio. Es igual a la realidad, uno entra a la sala de chat (no hablo ahora de terapia “on line”) y enseguida encuentra alguien interesante con quien hablar o no encuentra a nadie, o alguien que no dice nada que nos llame la atención. Igual que en la vida real. Porque el chat es algo más que lo virtual. O quizás, lo virtual es real, no es una realidad paralela o escondida. Somos todas personas tratando de comunicarnos. Aunque el otro invente otra personalidad en algún lugar esa personalidad que inventó me habla de él.

Entonces si aplicamos todo esto a la terapia “on line” nos encontraremos con una oportunidad riquísima para acercar nuestra palabra, nuestra voz, nuestro rostro, para ayudar al otro. Esto quiere decir que si la persona nos busca es por algo y para algo. Quizá en la terapia “on line” hay varias debilidades que hay que tener en cuenta. Entonces, nuestra palabra ha quedado ahora escrita, no está de por medio nuestro tono de voz, ni están nuestros silencios. Está escrito, está dicho, no hay manera de disimular ni de decirle al paciente “en realidad lo que le quise decir…”. Más allá de lo que quise decir está lo escrito, y a partir de esto seguir construyendo la relación.

Claro está que todo esto que vengo planteando puede hacer que muchos de ustedes reaccionen en forma defensiva y no se animen a escribir nada. No se asusten. No es esta mi intención sino todo lo contrario. Saber el riesgo que corremos, pero saber también que todo es a favor de encontrarnos con el hombre doliente, el Homo patiens.

Recordemos a Binswanger, maestro de Frankl, cuando decía “el terapeuta debe estar dispuesto a arriesgar la seguridad de su propia existencia”. El terapeuta escribiendo, a la vez sobre el proceso de su paciente y sobre sus propios sentimientos, logra ser más consciente de la importancia del vínculo terapéutico. Cuando el paciente se encuentra con un mail nuestro, una llamada o un mensaje, se sorprende por lo general, porque a pesar de no ser psicoanalistas la gente sigue pensando que lo somos, entonces interpreta cada movimiento nuestro como una salida del “encuadre”. Y sí, nos salimos del encuadre para encontrarnos con él, para acercarnos. Pero con cuidado, sin invadir, con cariño, pero sin temer a la verdad como dice Neruda, sin temer a sorprender y sorprendernos.

8. El uso de la literatura asociada a las vivencias del paciente

En realidad desconozco si hay en la psicología actual alguien que utilice esto que voy a describir. Y puede ser otro recurso. Se me ocurrió mas allá de mi gusto por la literatura, estudiando la técnica de la Psicoterapia Simbólica. En este enfoque se le sugiere al paciente mediante relajación, una imagen para trabajar ciertos aspectos. Pero contrariamente al ensueño dirigido clásico donde hay imágenes predeterminadas, el terapeuta puede intervenir. Entonces si el paciente está bajando hacia el sótano de su casa, oscuro y no ve nada, no hay ventanas, el terapeuta al ver angustiado a su paciente puede intervenir en su “imaginación” y sugerir: “abra una ventana”. La técnica tiene variantes, transcribo lo esencial para que se comprenda.

Llevando esto al uso de la escritura, a medida que escuchaba a mis pacientes, se me ocurría que sus vivencias se parecían a cosas que había ya leído. 

Describo a continuación lo que me sucedió con una paciente:

Se trata de una chica de 30 años, vive sola, trabaja en un instituto educativo. Viene superando un proceso de separación de pareja con mucha angustia. 

Se fue de su casa en el interior del país hace 10 años y vive sola hace ya tiempo. En determinado momento, entran a su casa cuando ella no está y la roban. Esto hace surgir elementos de angustia muy fuertes, no puede dejar la casa sola, se enferma. Le cuesta mucho recuperarse. En determinado momento de la consulta sus resistencias a salir de la casa, me recuerda el cuento de Cortázar Casa Tomada”. Como sé que a ella le gusta la literatura se lo digo, ella me responde: “Sí lo conozco, yo hubiera hecho exactamente lo mismo”. (Remito al lector a la lectura del cuento, está en el libro Bestiario de Cortázar.)

Lo interesante es que llegado el final del cuento y viendo que su actitud es la misma que la de los personajes, la invito a que ella re-escriba el final del cuento, para ayudarla a salir de la casa. Incluso inventamos otros personajes que podría haber en la historia, que ella asocia con situaciones de su vida actual. En resumen se trata de re-escribir el cuento cambiando el final, una especie de “ensayo para la vida”, para su vida real. Es una manera de imaginar otra realidad posible. Tratamos de esta manera de corregir su “pasividad incorrecta” en actividad correcta al decir de Frankl.
Se trata de ayudar a “asir futuro”. El futuro es un puente a inaugurar, como dice Benedetti. Para esto el cuento con el final deseado e imaginado nos puede hacer soñar con otro final posible.

La vida de las palabras

Nosotros no somos las palabras que dicen lo que somos
Pero también soy lo que digo
Nosotros no somos las palabras que mienten sobre lo que somos
Pero también soy mi mentira
Nosotros no somos las palabras que hablan sobre lo que somos
Pero también somos lo que hablamos
Las palabras nos reflejan y nos velan
Nos construyen, nos tapan, nos muestran
Si no puedo ser sin decir, entonces qué son los que no dicen?
Cuál es la palabra del niño?, la del sordomudo?
Dónde están sus palabras no dichas?
Yo quiero decirme a mí mismo, 
quiero encontrarme en lo que digo y en lo que escribo.
Yo quiero hablar de mí, hablar de lo que me pasa y de lo que siento
Quiero encontrarme con mis palabras, mi lenguaje, mi código secreto.
Quiero olvidarme de mis contraseñas, quiero hablarte
Si no estás tú, que sentido tienen mis palabras?
Para quién voy a hablar?

Alejandro de Barbieri

En el fondo todos queremos vivir una vida que merezca la pena ser escrita.
Y todos nosotros tenemos una vida digna de ser escrita y guardada.

* Alejandro De Barbieri Sabatino
Psicólogo Clínico y Logoterapeuta
Director del CELAE
Montevideo URUGUAY
alejandro@logoterapia.com.uy

ANEXO 1

Historia de Eduardo O.

Se trata de un hombre de 50 años, vive solo, ha cursado anteriormente dos años de terapia psicoanalítica tradicional, que dice no haberle servido. Se encuentra deprimido, sin ganas de nada. Como he explicado, en el transcurso de la terapia se le invita a escribir. En este caso copio textualmente sus reflexiones a partir de este texto que yo le envié:

Sobre la felicidad:

“Hoy tenemos una tendencia muy marcada a convertir la felicidad nada más que en un estado de placer. Nos hemos olvidado de aquel viejo concepto griego y judeocristiano que asociaba la felicidad a un proyecto de vida y a la paz de la conciencia, una paz que se lograba con la certeza de haber trabajado por ese proyecto. Por lo tanto, esa felicidad podía muy bien convivir con el sufrimiento y aún con el rechazo colectivo, que suelen ser lo contrario de lo que busca el placer" (Tomás de Mattos).

Alejandro: 

Gracias por el texto de De Mattos. Desde hoy que me quedé pensando en eso. Creo estar bastante de acuerdo. Eso de creer y/o querer que la felicidad sea un estado de placer, llevaría a querer estar en ese estado de placer constantemente para ser felices. Cosa que parece imposible. Los momentos de placer nos hacen estar felices, pero lo importante, o por lo menos a mí me gustaría no estar feliz por momentos sino SER feliz. Y ahí coincido con De Mattos. Coincido en la teoría, pero más me gustaría poder llevarlo a la práctica y ahí está lo difícil para mí. Creo haber sido de alguna forma feliz, con el simple hecho de tener expectativas, proyectos o tan sólo fantasías. Y eso lo perdí. Debería buscar la causa. Y partir de ahí puede ser que haya agarrado el sentido inverso, o sea de buscar la felicidad a través del placer (material, físico, etc.) pero no lo encrontré y así estoy. Antes, o sea, cuando, supuestamente era o me sentía feliz, o por lo menos no me sentía mal (es como la salud, cuando la tenés no sos consciente, lo sos cuando no la tenés), creo que no le daba tanta importancia a los placeres en general, si supongo que alguno en particular. Tal vez pueda ser por ahí que venga parte o todo mi problema, de intentar ser feliz a través de la búsqueda del placer, y no de un "proyecto de vida", de expectativas, de fantasías. De tener una meta real o no que, como hablamos hoy, te cree un camino, un recorrido, buscando esa meta y que ese camino, recorrido, sea lo que te haga sentir bien, que tenga ( y aquí aparecería nuestro amigo Frankl) un sentido, repito real o no, mejor dicho, posible o quimérico, pero lo que si es real y tangible sea el camino en sí mismo y el sentirse bien en él, ser feliz recorriéndolo, y volvemos a De Mattos, aunque haya contratiempos, sufrimientos y rechazos. Che! Me puse un poco filosófico de más!! Ojalá fuera tan fácil lograrlo como escribirlo!!

Veremos si por este lado puedo lograr algo, si puedo no sólo escribirlo y teorizar sino convencerme íntimamente de que esto sea realmente así y llevarlo a cabo. y ahí, además de De Mattos y Frankl, intervenís fundamentalmente vos. No te pido casi nada !!! No??? 

Cómo verás a pesar de ser lunes no estoy tan mal. No fue un lunes tan malo como pintaba esta mañana, lo que si parece que malo o bueno los lunes estoy inspirado. Pero realmente en esta definición de la felicidad De Mattos creo encontrar de alguna manera esos conceptos y/o sensaciones que me cuesta encontrar y definir. Me entusiasma, sea este o no, tener un camino un poquito más concreto por donde agarrar, aunque no sea ni el único ni el acertado. Bueno dejo por aquí, porque creo que si sigo me voy a ir por las ramas y me pierdo por ahí...

Preparate por lo que te toca!! Fuera de broma, gracias, nuevamente.

Un abrazo, 

E.

ANEXO 2

“El crecimiento del yo amenaza al lenguaje en su doble función: como diálogo y como monólogo. El primero se funda en la pluralidad; el segundo, en la identidad. La contradicción del diálogo consiste en que cada uno habla consigo mismo al hablar con los otros; la del monólogo en que nunca soy yo, sino otro, el que escucha lo que me digo a mí mismo. La poesía ha sido siempre una tentativa por resolver esta discordia por medio de una conversión de los términos: el yo del diálogo en el tú del monólogo. La poesía no dice: yo soy tú; dice: mi yo eres tú. La imagen poética de la otredad. El fenómeno moderno de la incomunicación no depende tanto de la pluralidad de sujetos cuanto de la desaparición del tú como elemento constitutivo de cada conciencia. No hablamos con los otros porque no podemos hablar con nosotros mismos. Pero la multiplicación cancerosa del yo no es el origen sino el resultado de la pérdida de la imagen del mundo. Al sentirse solo en el mundo, el hombre antiguo descubría su propio yo y, así, el de los otros. Hoy no estamos solos en el mundo; no hay mundo. Cada sitio es el mismo sitio y ninguna parte está en todas partes. La conversión del yo —en tu imagen que comprende todas las imágenes poéticas— no puede realizarse si antes el mundo no reaparece. La imaginación poética no es invención sino descubrimiento de la presencia” (Octavio Paz, Los signos en rotación y otros ensayos, Barcelona, Altaya, 1995, pp. 309-342).