El amor, como
fenómeno específicamente
humano, tiene un proceso de formación.
Sin hacer a un lado la dimensión
de la sexualidad infantil, el
análisis existencial frankliano,
parte inicialmente de la premisa
de que la pubertad es el comienzo
de la maduración sexual.
Ya que la pubertad es el momento
de "la irrupción de
lo orgánico en lo psíquico.
Las características de
las vivencias de la sexualidad
en este momento evolutivo, pueden
resumirse de la siguiente manera:
1) Lo sexual
no se vive tan claramente como
psicológico, sino como
el impacto somático endócrino
que se refleja psíquicamente.
2) Esta sexualidad
está todavía sin
forma, es amorfa. Le es necesaria
la fase de la "integración".
3) La fase
de integración supone que
la sexualidad va organizándose
y logrando una orientación
enmarcada en lo personal del individuo.
4) De una tendencia
pulsional, sin meta ni dirección
concretas, se pasa poco a poco
a la tendencia personal, concreta,
o al encuentro completo con el
Tú, con la intencionalidad.
5) La "intencionalidad"
es la maravillosa capacidad humana
que permite que la pulsión
sexual que dejada a sus propias
fuerzas no ve ni se dirige a alguien
concreto tenga una orientación
hacia una determinada persona.
La intencionalidad no reside en
la pulsión misma, sino
en la tendencia erótica
inmanente que, a su vez, no es
fruto de una sublimación.
Frankl señala
que la tendencia "erótica"
está presente en muchos
momentos de la relación
humana que NO son aspectos genitales,
como es la amistad entre los seres
humanos. La tendencia de lo erótico
de tipo "inmanente",
canaliza la sexualidad a partir
de las pulsiones genitales hacia
el plano de lo psíquico
(anímico), hasta llegar
al plano o dimensión de
lo espiritual (lo autotrascendente)
y permite que se oriente hacia
otra persona diferente de uno
mismo, con quien se puede entablar
una relación Yo-Tú,
y a quien se puede amar. Frankl
habla de la "construcción
de la humanización",
que es algo que se va construyendo
día a día, y que
es parte del "sentido de
la vida".
El amor es
uno de los posibles caminos para
encontrar un significado a la
vida. No obstante lo expuesto
arriba, dice el autor, que no
es necesariamente el mejor camino,
y da las siguientes razones:
1) Nuestra
existencia terminaría en
un triste pasado y nuestra vida
sería realmente pobre si
dependiésemos de la necesidad
de experimentar o no la felicidad
en el amor...
2) Más
aún, dice Frankl, el individuo
que ni ama ni es amado puede planear
su vida con un alto nivel de significación.
Sin embargo, añade, cuando
falta el amor, es más probable
que se deba a un rasgo neurótico
que simplemente al destino.
3) El atractivo
físico tiene relativamente
poca importancia, y su falta no
es, desde luego, una razón
para resignarse y renunciar al
amor. Renunciar al amor engendra
resentimiento, ya que siempre
es indicativo de una sobrevaloración
o infravaloración del amor.
a) Poner excesivo
interés en la apariencia
o en la belleza exterior, conduce
a la desvalorización de
la persona, como tal. El atractivo
sexual (sex appeal) es impersonal.
Las relaciones basadas en el sexo
son superficiales, no son amor.
Las personas que mantienen una
relación de este tipo,
no desean el amor, ya que éste
implica responsabilidad.
b) Cuando el
amor es verdadero se experimenta
como un valor eterno. El hombre
puede confundir la atracción
con el amor, pero tarde o temprano
se da cuenta de su error.
c) El neurótico
teme las tensiones de la infidelidad
del amor no correspondido y, por
lo tanto, evita las oportunidades
que se le presentan de amor. Este
tipo de personas necesitan una
reeducación para hacerse
más abiertos y receptivos,
para esperar todo lo necesario
hasta encontrar el único
y verdadero amor feliz, que puede
aparecer después de muchos
amores desafortunados. Con psicoterapia,
esta tendencia a salir huyendo
debe cambiarse por una actitud
abierta.
d) La madurez
psicosexual, que comienza a desarrollarse
con la pubertad, puede sufrir
tres clases de trastornos, con
lo que se producen tres tipos
diferentes de neurosis sexuales:
1º El
tipo "resentimiento":
se produce en la última
etapa del desarrollo sexual, cuando
el deseo sexual se transforma
en tendencia erótica hacia
una persona. Puede ocurrir después
de una desilusión amorosa;
v.gr. un joven que piensa que
nunca encontrará a alguien
a quien respete y al mismo tiempo
desee sexualmente. Se sumerge
entonces en la sexualidad sin
emoción alguna, sin amor,
volviendo de esta manera, a una
etapa inferior del desarrollo
psicosexual.
Continúa...